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martes, 17 de agosto de 2010

CARMEN GAONA DE SOSA GAUTIER - EL MEDALLÓN (CUENTO) / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - VEINTITRES CUENTOS DE TALLER (1988).


EL MEDALLÓN
Cuento de
CARMEN GAONA DE SOSA GAUTIER
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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EL MEDALLÓN
A dos kilómetros de la casa corría un arroyo profundo, tan cristalino que se podía ver hasta la más mínima piedrita del fondo. Fue ahí donde su marido se acercó un día de verano para dar agua a su caballo. Aprovechó el agua también él para saciar su sed, mojarse el pelo y lavarse la cara; para refrescarse en fin, pues había sido un día caluroso y pesado. En eso vio algo brilloso que traía la corriente, alargó una mano y logró tomarlo: era un hermoso medallón de oro, con un pequeño brillante incrustado. Parecía muy antiguo. Lo contempló y se sintió como hipnotizado. Tomó su montura y a todo galope se dirigió hacia su rancho. El cansancio se le había pasado, estaba muy contento, eufórico.

- ¡Jacinta! -gritó al llegar a la casa-. Ella quedó sorprendida porque él era un hombre que jamás levantaba la voz.

- ¡Jacinta!, volvió a llamar.

- ¡Vení a ver lo que encontré en el arroyo!

Después de contarle lo del hallazgo, le pidió que trajera la cadena que su madre le había regalado hacía muchos años y así pudo colgarse el medallón al cuello.

-Este es el objeto de la suerte y nos traerá felicidad -dijo- porque sentí algo raro y electrizante al tocarlo.

Efectivamente ese año y el siguiente fueron de bonanza el tabaco, el maíz y la yerba les había dejado una buena suma, pudieron así comprar unas cuantas lecheras y bueyes, comenzaron a levantar cabeza y llegaron a ser lo que se podía llamar una familia "holgada económicamente".

Pasó el tiempo y cuando el hijo mayor cumplió veinte años el padre le regaló el medallón porque se sentía viejo y enfermo, tenía cerca de setenta y cinco años. Se había casado siendo un hombre maduro, pero como Jacinta era mucho más joven que él, le había dado dos hijos.
Poco tiempo después, cuando ya el padre no estaba, el hijo menor se hizo cargo de la pequeña estancia. El mayor, que más gustaba de los libros que del campo, fue a estudiar a la capital, ahí conoció a una chica brasileña con quien se casó y la pareja fue a vivir al Brasil.

La madre nunca más supo de él, las comunicaciones eran difíciles; ya se hablaba de una posible guerra.

En el año 1868 el hijo menor, que era un muchacho de amplio espíritu y buen carácter, partió para el frente después de recomendar a la madre el cuidado de su hijita y vender casi todo lo que tenían para ayudar al pueblo porque ya comenzaba el hambre.

Mucho sufrimiento pasó doña Jacinta en ese tiempo, muchísimas noches soñó con sus hijos, se pasaba los días rezando y pidiendo a Dios que los mantuviera vivos.

Pero una tarde, ya terminada la guerra, volvió el hijo menor. Era otra persona: nervioso, triste, taciturno, hasta sus pasos parecían cansados, a menudo se daba a la bebida y solía repetir:

-He matado a valientes, he matado a cobardes y sobre todo he matado a traidores, quienes se dejaban morir sin resistencia. Todo esto lo decía con rabia y amargura y se le llenaban los ojos de lágrimas.

Un día cayó enfermo, pero nunca se supo lo que tenía; fue desmejorando rápidamente; no ayudaba en nada, no quería vivir, hasta que una noche fría y lluviosa se fue para siempre.

Después de terminados los rezos, Doña Jacinta arreglando el baúl del hijo, encontró muy bien escondido un pequeño cofre y cuando lo abrió, vio el medallón que había sido de su marido y luego del hijo mayor.

Mucho lloró la madre, se hacía mil conjeturas y sobre todo se preguntaba: "¿Había sido realmente el medallón de la suerte? ¿Fue felicidad lo que les trajo?".

Vivía encerrada en su tristeza pero ella tenía que vivir.

Una noche de tormenta y después de mucho cavilar, tomó el medallón, fue hasta el arroyo y lo arrojó con fuerza, vio gracias a los relámpagos cómo la corriente lo arrastraba con furia. Un trueno hizo temblar la tierra.

Al llegar a la casa estaba empapada y tiritando, pero más tranquila; se sentía como liberada y con ganas de olvidar. La nieta dormía- apaciblemente en su catrecito.

En el patio se oía caer el agua sobre el zinc.
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CARMEN GAONA DE SOSA GAUTIER
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TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
Talleres Gráficos
EDICIONES Y ARTE S.R.L.,
Asunción-Paraguay 1988 (136 páginas).
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miércoles, 11 de agosto de 2010

CARMEN GAONA DE SOSA GAUTIER - LA VENGANZA SECRETA / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - QUERIENDO CONTAR CUENTOS (1985).


LA VENGANZA SECRETA
Cuento de
CARMEN GAONA DE SOSA GAUTIER
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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LA VENGANZA SECRETA
Corría el año 1.830, doña Leonor se mecía en un sillón de esterilla que había sido traído de España por su abuelo paterno.

Con la frente levemente arrugada, pensativa, tal vez arrepentida, ayudaba a vestir a su hija Clara quien iría al cumpleaños de una amiga. Jamás le contaría su secreto, prefería morir antes.

A veces, la soledad es necesaria para meditar, pero ahora tenía que hacer frente a su conciencia y recordar.

Era Leonor veinte años atrás, una joven morena y espigada de carácter alegre y generoso. Nunca le había pasado por la imaginación que Tomás, su Tomás, la engañaba con otra. El romance había sido, breve, pero intenso.

Esa noche no había podido conciliar el sueño; recordando con tristeza que hacía nada más que una semana, el día de San Juan habían pasado toda la noche juntos; ¡Y parecían tan felices!.

A la mañana siguiente, casi al alba, Leonor cebaba mate a Don Manuel, hombre amiga y colaborador del Dr. Francia, tío y padrino de Leonor con quien ella vivía desde que había quedado huérfana.

Al poco rato escuchan un trote de los caballos y el andar lento de la carreta; se asoman a la ventana y lo que ella vió la hizo palidecer; tuvo que apoyarse en uno de los pilares para no caer.

Eran seis hombres; todos engrillados, en uno de los costados de la, carreta iba Tomás. Se lo notaba demacrado, esquelético; pero la cabeza la llevaba muy altiva y como desafiante.

-"Mañana irán al bajo esos hombres", dijo don Manuel; "se los acusa de haber conspirado la noche de San Juan; también está entre ellos Tomás ese joven inteligente y buen mozo que, según dicen, debía de casarse con Mercedes en estos días".

Era el momento de hablar pero Leonor seguía muda, indignada, dolorida. No hablaría; esa sería su venganza. A la tarde siguiente pese a la llovizna fina casi imperceptible que caía, se dirigió a la Casa de Gobierno donde vió que estaba reunida mucha gente que pedía clemencia para los presos. Un soldado montaba guardia en la puerta; otro se acercó a informar que los reos habían sido ejecutados aquella mañana temprano.

Tomás, su Tomás ya no sería de nadie pensó, y con pasos lentos e inseguros se dirigió hacia la vieja casona colonial, se dejó caer en el sillón, ese sillón donde su madre la hamacaba cuando aún era muy pequeña; ¡Cuánto secreto familiar guardaba esta reliquia!. Leonor nunca más tuvo amores con nadie.
CARMEN GAONA DE SOSA GAUTIER.
TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
Imprenta-Editorial
Casa América,
Asunción-Paraguay1985 (172 páginas).
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