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martes, 1 de noviembre de 2011

MAURICIO CARDOZO OCAMPO - MIS BODAS DE ORO CON EL FOLCLORE PARAGUAYO (MEMORIAS DE UN PYCHÃI) / Editado con los auspicios del FONDEC, Tercera Edición 2001





MIS BODAS DE ORO CON EL FOLCLORE PARAGUAYO
(MEMORIAS DE UN PYCHÃI)
Editado con los auspicios del FONDEC
QR PRODUCCIONES GRÁFICAS
Tel.: 595 21 214295
Asunción – Paraguay
Tercera Edición 2001 (420 páginas)



PEEME GUÃRÃ CHE RUGÜY ÑEMOÑARÉ
Pe nde pópe amoĩ che anguecoi, che angatá, jha che angapyjhy ratarendy, che ñe’ãme mosusú pyré, co’ã che syva ry’ai poty nda jha’eiramo yepé mba’e guasú, pe yujhúne ipypé opoñy che purajhei re, tetã rayjhú anguecoi, aipórõ icatú jha’e: ñande rugüy... ñande ñe’ẽ jha ñande purajhei... rayjhú pápe mosusú pyré.
Para vosotros, los de mi misma sangre En vuestras manos pongo mi inquietud, mi lucha y luz de la dicha amasadas en el fondo de mi corazón; estas flores, sudor de mi frente y aunque no sean grandes cosas, encontrarán vibrando en mis canciones, el amor permanente hacia nuestro pueblo y entonces puedo decir: por nuestra sangre... por nuestro idioma... por nuestros cantares... elaborado todo en lo profundo de mis sentimientos.
MAURICIO CARDOZO OCAMPO


PRÓLOGO
Con su "GALOPERA", auténtica expresión Folclórica del Paraguay a través de su ritmo musical, su danza, su vestimenta típica y su estampa popular impregnada en la gracia y las alegrías del pueblo, don MAURICIO CARDOZO OCAMPO logra, ciertamente, su inmortalidad en el ámbito de las tradiciones de nuestro pueblo.
Hijo de la tierra, sensible al sentir del pueblo, conoció la geografía y la sicología de una Patria y los representantes genuinos de su dimensión espiritual logrando con ello identificarse, por medio de sus éxitos musicales, con el patriotismo y el nacionalismo de un pueblo que, como el Paraguay, tiene pasaporte de música y poesía en el mundo entero.
El Río de la Plata pulió sus virtudes espirituales y artísticas, volcándolo hacia la literatura del folclore, para integrarse de este modo a estudiosos, conferencistas y escritores de la materia.
Producto de largos años al servicio de nuestro folclore, dentro y fuera de nuestras fronteras, lo constituye su libro "PARAGUAY FOLCLÓRICO", parte de cuya reproducción pone su contribución valiosa a esta edición bajo el título de "MIS BODAS DE ORO CON EL FOLCLORE PARAGUAYO".
Don MAURICIO CARDOZO OCAMPO, artista al fin, palpa el futuro turístico de nuestro país y se hace responsable de la literatura que mañana ofrecemos a nuestros visitantes. Música, danzas y leyendas. Materias afinadas en el amplio conocimiento de sus estudios y que serán valiosos presentes ilustrativos sobre el espíritu de nuestro pueblo.
Paraguay despierta al auge del turismo nacional e internacional. Y para proseguir en la ruta del éxito necesita de todos sus valores, de sus intelectuales, de sus economistas, de sus artistas, de su pueblo. Todo por ofrecer al turista lo mejor que tiene el Paraguay en materia audiovisual, maravillosamente encuadrado en el encanto de sus paisajes, y contando, como contamos hoy, con la paz política todopoderosa fuerza-Dios mediante- que está impulsando el progreso ascendente de la Nación.
Apreciamos de verdad esta ponderable contribución de don MAURICIO CARDOZO, Jefe del Departamento Folclórico de la Dirección General de Turismo, y lo felicitamos por su trabajo, por sus BODAS DE ORO con el folclore y por el ejemplo dignificante que ello involucra.
Dr. ALEJANDRO BRUGADA GUANES
Director General de Turismo

PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN

"Cuando muera quiero descansar bajo la tierra,
y  ojalá que de mí surja un lapacho... "
(Mauricio Cardozo Ocampo)

MAURICIO CARDOZO OCAMPO, mi padre, murió en Buenos Aires el 5 de mayo de 1982. Sus restos mortales yacen enterrados bajo la sombra de un tayy amarillo, en el cementerio de Ybycuí.
"Sapy’ante che co’e
opá che pytú, pueblo Ybycuí
mba’eicha tamo upé nde pohei
apytu’umí". ("Che pueblo porá”)
Han transcurrido veinte años desde su fallecimiento. Mi madre, FIDELINA FLEYTAS, inspiradora de "PARAGUAYA LINDA", "REGALO DE AMOR", "MORENA", "AÑORANZAS" y "CHE MORENA MÍ", partió el 5 de marzo de 2002 hacia su encuentro y también para unirse a sus hijos AMAMBAY y OSCAR, quienes prematuramente emprendieron el camino sin regreso. A veinte años de distancia, el eco de las palabras de mi padre aún resuena en el silencio de los recuerdos:
"No tenés derecho a quejarte, si sos la mujer más cantada del Paraguay... " (Mauricio Cardozo Ocampo).
Ante algunos reclamos de mi madre, aquellos que son comunes en la matrimonial convivencia, estas palabras surgían espontáneas, y el inapelable poder de aquella frase transformaba el pasajero enojo en una dulce y cómplice sonrisa.
"En esta casa, el que no canta, no baila o no ejecuta algún instrumento, no come... " (Mauricio Cardozo Ocampo).
En nuestro hogar de infancia, estas palabras constituían la ley fundamental de supervivencia, y emanaban desde la religión de nuestra familia: la música. La devoción hacia el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, fue creciendo como sentimiento primordial y con espíritu misional debía ser volcado al mundo. Nacidos en Buenos Aires, mis hermanos y yo, crecimos, sin embargo, en medio de la añoranza de un país soñado, en la tristeza de sus vicisitudes y en la esperanza del reencuentro. Estas vivencias hogareñas, sazonadas con las alegrías del chipá y del mbeyú con que nos deleitaba nuestra abuela Silveria, instalaron en lo más profundo del sentimiento familiar un amor infinito hacia la cultura paraguaya y a cada una de sus manifestaciones.
El libro "MIS BODAS DE ORO CON EL FOLCLORE PARAGUAYO (MEMORIAS DE UN PYCHAI)", estructurado sobre las experiencias de una vida plenamente dedicada al cultivo del arte y de la música paraguaya, trascendió la vivencia personal y familiar y se instauró en la mera subjetividad del pueblo paraguayo. El afán del libro, destinado a nutrir el sentimiento colectivo con la afirmación de sus valores patrimoniales, aún tiene plena vigencia. Esto se hace manifiesto en el constante reclamo de lectores interesados en el mismo, y ello nos propulsó hacia una nueva publicación.
Esta es la tercera edición del libro que comúnmente se lo conoce como "MEMORIAS DE UN PYCHAI", y que hoy sale a la luz gracias a la ayuda financiera ofrecida por el FONDEC. Del mismo modo es noble reconocer el apoyo brindado por la Fundación TIERRANUESTRA, por el Centro Paraguayo Japonés y por Arandurã Ediciones. En nombre de la familia Cardozo Ocampo, sea pues para todos ellos nuestro sincero reconocimiento.
ANÍBAL CARDOZO OCAMPO
Asunción, mes de mayo de 2002




BAJO EL SIGNO DE LA CIGARRA
De acuerdo a la creencia popular, el destino es el que marca el derrotero humano y a la vez ese destino se desenvuelve bajo determinado signo, debo confesar que a mí me correspondió el signo de la cigarra, pues desde muy niño empecé a cantar y ya en mis bodas de oro con el Arte, sigo cantando todavía.
Sin embargo, no todo son flores, quiero decir música, en la vida de un músico. En nuestro medio, no era bien mirado el hombre que andaba con la guitarra o con algún otro instrumento musical en las manos, pues se consideraba sinónimo de haraganería, una persona desafecta al trabajo y no era valorado el papel tan importante que desempeña dentro de la sociedad.
La estrechez económica casi siempre marcha pareja con el Arte, pero con mi signo de Tauro, tozudo y empecinado, nunca aflojé y menos mencionar la palabra "claudicar". Hubo épocas en que fui poseedor de importantes sumas de dinero, pero como el músico no es economista, ese dinero voló y, a la música volví con más empeño, con más ahínco, hasta hoy.
ELOY MARTÍN PÉREZ, un bohemio flautista, fue mi inspirador. Llegó a Ybycuí, mi pueblo natal, allá por el año 1918 y es uno de mis personajes inolvidables, por la profunda huella artística que dejó en mi ser. También perenne, es el recuerdo de mi maestro JUAN J. ROJAS, quien me enseñó las primeras letras musicales y la flauta. Don SANTIAGO BARRIOCANAL, oriundo de mi pueblo, gran amante del arte, fue el gestor del traslado de estos maestros a Ybycuí.
Ya de conscripto en la Banda de Policía, fueron mis impagables maestros: NICOLINO PELLEGRINI y SALVADOR DÉNTICE y mis compañeros consejeros: SIXTO BENÍTEZ ROJAS, el poeta FÉLIX FERNÁNDEZ y el flautista ROGELIO CUBILLA, quienes con sus enseñanzas y ejemplos modelaron mi espíritu musical y ocupan un lugar íntimo en mi alma.
NACE UN DUO. Cuando la movilización del año 1928, conocí a ELADIO MARTÍNEZ en Tacumbú, asiento de la Artillería N° 1, en donde matizábamos las horas de franco y descanso, con guitarra y canciones, y allí nació el DÚO MARTÍNEZ-CARDOZO.
Ya en la desmovilización, gracias a la intervención del canciller chileno CONRADO RÍOS GALLARDO, que lanzó aquella proclama que decía: "Cualquier agresión contra el Paraguay será considerada como una agresión a Chile", recuperamos la paz y el DÚO MARTÍNEZ-CARDOZO salió a tomar rumbos artísticos.
ADIOS A LA PATRIA. En el año 1931 actuaba en Asunción una Compañía Uruguaya de Comedias, encabezada por HÉCTOR CUORE y el dúo fue contratado para realizar los fines de  fiesta y salimos con ellos de Asunción el 31 de mayo de 1931. Recorrimos varias provincias argentinas, para luego internarnos en el estado de Rio Grande Do Sul (Brasil), finalizando nuestro contrato y gira en la capital uruguaya.
EN MONTEVIDEO. Por primera vez llegaba al Uruguay una expresión folclórica paraguaya y fuimos recibidos con mucha simpatía, a raíz de la luminosa huella dejada por nuestro AGUSTÍN BARRIOS. Aquellas personas que compartieron con él horas de arte, se interesaron por nosotros, nos rodearon y entre ellos apareció el gran compositor uruguayo EDUARDO FABINI, quien nos llevó contratados para actuar en el S.O.D.R.E. de Montevideo, cuya sede era el Teatro Oficial "Urquiza" y actuamos por largo tiempo en teatros, clubes y emisoras privadas.
EN BUENOS AIRES. Esta ciudad resultó para nosotros un gran campo de acción artístico. Nos hicimos de muchísimos amigos, admiradores y colegas artistas, entre ellos una figura señera del teatro argentino, Dr. ENRIQUE T. SUSINI (aún vive) y él nos incorporó a su Compañía de Comedias Líricas y actuamos más de seis meses en el Teatro Odeón, con la obra "MADAMA LYNCH" y luego salimos por el interior y exterior del país, contando en aquella oportunidad con la colaboración de nuestro gran arpista desaparecido FÉLIX PÉREZ CARDOZO. Fueron también colaboradores del dúo, GUMERSINDO AYALA AQUINO y PRUDENCIO GIMÉNEZ.
EL PRESIDENTE ELECTO DEL PARAGUAY, DR. EUSEBIO AYALA, EN EL "ODEÓN"
Una agradable sorpresa nos causó saber que en uno de los palcos del Teatro "Odeón", presenciando la Comedia "Madama Lynch", se hallaba el entonces Presidente electo de la República, Dr. EUSEBIO AYALA, y al terminar nuestra actuación el Dr. Susini, nos llevó a saludar al ilustre compatriota, quien nos manifestó que con nuestra labor de difusores del arte paraguayo, estábamos honrando al Paraguay y que continuásemos en esa tarea. Nuestra actuación con el Dr. Susini fue la llave que nos abrió las puertas de los centros culturales, artísticos y sociales constituyéndonos entonces en artistas muy solicitados y trabajamos en varias emisoras como Radio Cultura, Argentina, Prieto, Splendid y Belgrano (entonces L.R.3 Radio Nacional), con mucho éxito y comenzamos a grabar un centenar de discos en el sello Odeón, al cual pertenecí posteriormente durante veinte años.
CRUZ ROJA PARAGUAYA. Corría el año 1932, desatada ya la guerra chaqueña, oportunidad en que nos presentamos ante nuestra representación diplomática, a la sazón Ministro Plenipotenciario el Dr. VICENTE RIVAROLA, para acudir a la Patria como tantos otros compatriotas y fue él quien nos indicó que nos quedásemos en Buenos Aires a trabajar con la Cruz Roja Paraguaya para recolectar fondos, medicamentos, instrumentales de cirugía, lo cual se logró con mucho éxito por la gran actividad desplegada por esa institución y por otra parte, por la gran simpatía del pueblo argentino hacia la causa paraguaya, y así fue como los artistas paraguayos trabajamos intensamente en festivales en los teatros y cines porteños, bajo la benemérita organización paraguaya.
Deseo destacar el gesto de un médico argentino de apellido JORGE, entonces Director del Hospital Durand de ésa y de una dama argentina, directora de escuela, la Sra. LÍA GENSER DE TÍVOLI, que tomaron con fuerza un pedido hecho desde el Chaco por el Dr. JOSÉ ARCE, argentino, incorporado a la Sanidad paraguaya, del envío urgente de un aparato esterilizador de instrumentos de cirugía muy costoso. Estas dos personas, con la colaboración del DÚO MARTÍNEZ-CARDOZO realizaban festivales, al margen de la Cruz Roja Paraguaya y cumplimos con éxito el pedido, enviando dicho aparato. Este episodio, sin duda, ha de figurar en las memorias del famoso Dr. JOSÉ ARCE, gran amigo del Paraguay, recientemente desaparecido.
Mientras seguía la titánica lucha en el Chaco, y en uno de los combates de Nanawa, perdió la vida mi hermano BONIFACIO. Este doloroso impacto, dio oportunidad a que naciera la guarania “PUEBLO YBYCUÍ”.
En el transcurso de la guerra, muchos fueron los heridos que llegaban a Buenos Aires para su recuperación, internándose en distintos hospitales, entre ellos el mayor KEIN, teniente LUIS A. VELILLA, capitán ROS, el hoy general RAMOS GIMÉNEZ, el Dr. BOJANOVICH, capitán ORUÉ, sargento LÓPEZ, otros y otros, quienes en las horas de visita, recibían el aliento musical de la Patria, llevado por los artistas paraguayos.
NACEN LAS PEÑAS FOLCLORICAS EN BUENOS AIRES. La primera fue la "PEÑA GAUCHA" que funcionaba en el subsuelo de Tacuarí y Victoria (hoy Hipólito Irigoyen), que fue el origen de la actualmente importante peña folclórica "EL CEIBO", donde MARTÍNEZ-CARDOZO fue colaborador desde sus inicios, juntamente con FÉLIX PÉREZ CARDOZO y el poeta correntino OSVALDO SOSA CORDERO. Ya en el núcleo de "EL CEIBO" se incorporaron el hoy tan famoso ATAHUALPA YUPANQUI, el dúo OCAMPO-FLORES, RUIZ-ACUÑA, etc. Estas dos peñas fueron mojones para el nacimiento de varias otras. A la fecha, han proliferado tanto estos centros artísticos culturales en todos los barrios, que pasan ya el millar y allí, con unción y cariño bailan y cantan su folclore, además de otras expresiones telúricas.
VUELVE LA PAZ. Al terminar la contienda, la Cruz Roja Paraguaya (Comité Paraguayo), se disuelve y con ese núcleo importante de paraguayos y argentinos, se resuelve fundar el Círculo Paraguayo. Aquí termina la colaboración efectiva en favor de la Patria triunfante y el dúo Martínez-Cardozo, siente la satisfacción de la misión cumplida.
CONJUNTO "ÑANDE  KOGA". Mientras tanto iban en auge, cobrando carta de ciudadanía, las dulces guaranias y las alegres polcas paraguayas y era necesario entonces presentar conjuntos de otra naturaleza, para matizar los clásicos de arpa, guitarra y canto y así fue como formé el conjunto "ÑANDE KOGA", compuesto ya por violines, violoncelo, contrabajo, flauta, clarinete, arpa, guitarra y canto. Muchos de nuestros cantores más populares grabaron con este conjunto: AGUSTÍN BARBOZA, AGUSTÍN LARRAMENDIA (RUBITO), CARLOS REYNAL, DELFÍN FLEYTAS, CHINITA DE NICOLA, TEÓFILO ESCOBAR, LUCIO RUBÍN, ANGEL BENÍTEZ. El dúo de los HERMANOS CÁCERES, RIVERO-ECHAGÜE, NÚÑEZ-BEDOYA, EDMUNDO PIZARRO, LUIS ALBERTO DEL PARANÁ, el dúo BARRIOS ESPÍNOLA y otros. El CONJUNTO "ÑANDE KOGA" perteneció por muchos años al sello Odeón y grabó apreciable cantidad de discos que fueron impactos en nuestro país como "AMAMBAY, "LAS 7 CABRILLAS", "PUEBLO YBYCUÍ”, "PARAGUAYA LINDA", "MI DESTINO", "REGALO DE AMOR", "ESTRELLITA", "CAÑONERO", "VOLVERÁS A SOÑAR", "QUÉ LINDA ES MI BANDERA!", "RINCÓN GUARANÍ, "TAPYI JHA’EÑÓ", "MARIZA DE PUNTA PORÃ", "ANGÉLICA", "CHE CORAZÓ YARA", "CO’ẼTÍ YAVÉ", "BRISA SUAVE", etc.
NACE UNA ENTIDAD ARTISTICA QUE MARCO UNA ETAPA IMPORTANTE PARA EL ARTE PARAGUAYO, EN EL RIO DE LA PLATA. A esta altura de su carrera, este dúo continúa con sus trabajos artísticos y ya aumentaba en Buenos Aires el número: de artistas paraguayos, lo que hizo nacer una necesidad de unidad para la mejor difusión de la música nuestra y con un grupo selecto de artistas, fundamos la "AGRUPACIÓN FOLCLÓRICA GUARANÍ”, en un banco de la Plaza del Congreso: luego nos facilitó su local la Peña "EL CEIBO".
Un listado de guerra, organizador, culto, sereno, sin ser artista, fue la persona que llevó adelante esta nucleación filarmónica y, si se quiere, a la cúspide el arte paraguayo, fuera de la Patria. Nos referimos al entonces Tte. LUIS A. VELILLA, hoy teniente coronel. Esta Agrupación llegó luego a aglutinar todos los valores paraguayos que llegaban a la capital porteña y, seguro de omitir nombres de esta campaña en pro de nuestro arte, recordamos a JOSÉ ASUNCIÓN FLORES, FÉLIX PÉREZ CARDOZO, SAMUEL AGUAYO, HERMINIO GIMÉNEZ, GUMERSINDO AYALA AQUINO, DIOSNEL CHASE, JULIÁN ALARCÓN, FRANCISCO ALVARENGA, JULIO ESCOBEIRO, ROSITA MEDINA, FAUSTINO ZÁRATE, AGUSTÍN BARBOZA, EMILIO VAESKEN, EMILIO BOBADILLA CÁCERES, CRISTÓBAL CÁCERES, DELFÍN FLEYTAS, CARLOS MIGUEL GIMÉNEZ, AGUSTÍN (RUBITO), LUCIANO y GENEROSO LARRAMENDIA, FIDELINO CASTRO, TEÓFILO NOGUERA, PABLO MALDONADO y sus hijas BLANCA, POCHA y CELIA, JUAN y VALENTÍN ESCOBAR, ROSA MARÍA MONTERO (ARAZÁ OCARA), SANTIAGO CORTESI, ROMILDO ECHEVERRI, CLOTILDE y MARGARITA PINHO INSFRÁN, MATÍAS GÓMEZ, FÉLIX MORENO, PRUDENCIO GIMÉNEZ, YOLANDA FORESTIERI, DORITA NORBY, ESTHER ACUÑA FALCÓN, SARA BENÍTEZ, SARITA ANTÚNEZ, MIGUEL MÉNDEZ CHAMORRO, CASTORINA DE CHAMORRO, JUAN FRANCISCO PÉREZ, ANTONIO ORTIZ MAYANS, JUAN SORAZÁBAL y ANDRÉS GUEVARA, MANUEL GONZÁLEZ GODOY, JACINTO HERRERA, SEVERO RODAS, QUINTÍN IRALA, FELIPE MENUTTI, DAMACIO ESQUIVEL, EULOGIO CARDOZO, los hermanos OSIDES y RAMÓN RODAS, el cantor argentino EDUARDO RAYO, SANTIAGO TALÍA, NELLY PRONO, LILIAN RIERA, HÉRIB CAMPOS CERVERA, AUGUSTO ROA BASTOS, CONCEPCIÓN LEYES DE CHAVES, OSVALDO y MANUEL W. CHAVES, CRISTÓBAL PÉREZ ORTIZ, RAMÓN SEGOVIA, BLAS ORTIZ y los Dres. GUIDO POLLITZER, CARLOS F. ABENTE y Prof. MIGUEL FERNANDO SORIA, que prestaban a los artistas sus servicios profesionales, gratuitamente. Eran socios protectores: Dr. HORACIO MONTES DE OCA, PEDRO ARANDA, JAIME SICONIC, HORACIO MÉNDEZ AYALA, BENJAMÍN BLOTO, RAMÓN ALTIMIRA, CAYETANO MONTIEL, RAQUEL MARTÍNEZ, RÓMULO MARTÍNEZ y JOSÉ BRAGATO.
Esta agrupación musical llegó a convertirse en una importante sociedad artística. Muchos fueron los conciertos ofrecidos en teatros como el "MUNICIPAL", "NACIONAL DE COMEDIAS", "POLITEAMA", "JOSÉ VERDI", llegando a presentar importantes orquestas sinfónicas con la colaboración de la Asociación del Profesorado Orquestal (APO) y otras veces con músicos del Teatro Colón. También organizaba ciclos culturales con distinguidas personalidades como los profesores JOSÉ IMBELLONI, JUAN FRANCISCO JACOBE, ENRIQUE DE GANDÍA, KURT PAHLEN, PAULOTI, IBARRA GRASSO y GERMÁN ARCINIEGAS. También editó una revista, órgano de la entidad y vocero de sus inquietudes, con el título de "PARAGUAY".
Cuando la filmación de la película argentina "PRISIONEROS DE LA TIERRA" fueron requeridos elementos de la Agrupación, entre varios AGUSTÍN BARBOZA, GUMERSINDO AYALA AQUINO Y el dúo MARTÍNEZ-CARDOZO, oportunidad para que naciera la guarania "MENSU RESAY" y la polca "ANIKE PEICO VAÍ".
DISTINTOS RUMBOS. En el año 1939, el dúo toma distintos caminos y luego de un tiempo, ELADIO MARTÍNEZ vuelve a Asunción; yo continúo dedicándome siempre al arte y a mi mejoramiento cultural e inicio mis estudios de armonía y otros conocimientos técnicos, con los maestros ISIDRO MAIZTEGUI, GILARDO GILARDI y JACOBO FISCHER y entre música y cantos, formé mi hogar con la colaboración de una extraordinaria mujer paraguaya, en donde la religión es el Arte y la armonía familiar perfecta y así nacieron "PARAGUAYA LINDA"... "CHE MORENAMÍ"... "REGALO DE AMOR"...
NACE GALOPERA. La nucleación benéfica "DAMAS PARAGUAYAS" de Buenos Aires, que presidía la señora KILÍ ACEVAL DE GARAY, solicitó mi colaboración para realizar un festival en el Salón "Unione e Benevolenza", presentando estampas paraguayas y recordando escenas vividas en la tierra lejana, presenté la "DANZA DE LA GALOPA" y allí estrené mi canción, hoy tan conocida "GALOPERA", que es la que más satisfacciones me ha proporcionado. Ya en el calor del hogar y con la presencia de los niños OSCAR, ANÍBAL y AMAMBAY, surgen los valseados "AMAMBAY" y "ESTRELLITA" y para recordar mejor a la Patria inolvidable, salen a luz "AMÉRICA INDIA", "CENTAURO DE YBYCUÍ''... "QUÉ LINDA ES MI BANDERA!"... esta última para mi familia constituye un himno que siempre entonamos en conjunto.
MUNDO GUARANI. Años atrás, los editores en Buenos Aires decían que la música paraguaya no era comercial. Ante ese desinterés y siendo nuestro deseo y una necesidad difundir nuestras composiciones, surgió la idea de una editorial paraguaya y así creamos la EDITORIAL “MUNDO GUARANÍ”, que llegó a editar un centenar de obras paraguayas. Este hecho despertó el interés público y ni qué decir de los editorialistas, surgiendo entre ellos la puja por editar nuestra música, como EDITORIAL FERMATA, JULIO KORN, LAGOS, PERROTTI, etc., quienes al final, asediaban a los compositores compatriotas. Luego, teniendo resuelto mi regreso a la Patria, encontrando una buena oferta, la vendí.
CLUB FOLCLORICO "RINCÓN GUARANI". Llegando a una etapa profesional y siendo socio activo de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), en la cual formé parte como socio fundador y ya teniendo mi orquesta folclórica organizada, con la colonia paraguaya aumentada en su afluencia y cesada su actividad la AGRUPACIÓN FOLCLÓRICA GUARANÍ, fundé el CLUB FOLCLÓRICO "RINCÓN GUARANÍ". Tuve la satisfacción de ser el gestor de un centro social, artístico-cultural, donde desfiló lo más granado del arte paraguayo: FÉLIX PÉREZ CARDOZO, SAMUEL AGUAYO, JOSÉ ASUNCIÓN FLORES, HERMINIO GIMÉNEZ, al frente de importantes orquestas sinfónicas, CAYO SILA GODOY y entre los argentinos ARIEL RAMÍREZ, ALBERTO CASTELAR, MIGUEL PADULA, EDUARDO RAYO y muchos más.
Este club funcionó por muchos años en el distinguido SALÓN "PRÍNCIPE" y fue refugio y lugar de encuentro de los compatriotas que llegaban al Río de la Plata por diversos motivos. Nuestro club necesitaba un himno y con la colaboración del profesor VIRGILIO CENTURIÓN, integrante de mi orquesta, compusimos la canción que fue popularizada con el nombre de "RINCÓN GUARANÍ”. A la sazón se hallaban en Buenos Aires, para su reparación, los cañoneros "Paraguay" y "Humaitá" y su dotación era asidua concurrente al Club Leonardo Martínez, de su tripulación, me llevó un tema que dio origen a la canción patriótica "CAÑONERO", que fue estrenada con la asistencia de todo el personal y coreada por ellos y el público asistente, lo que hizo vivir un momento de emoción patriótica, ante la presencia de los marineros paraguayos en el escenario, cantando con voz vibrante.
"CHE SYMI PORA". La añoranza de mi hogar de niño... de la madre lejana en las horas de nostalgia; el recuerdo de la mujer paraguaya, heroica, sufriente, estoica, en la persona de mi madre, hija de una Residenta, dio motivo para que formulase una sencilla canción: "CHE SYMI PORA", mi homenaje a ese "Dios sin ateos" que lastimosamente se nos va de este mundo y cuya presencia no puede ser suplantada. También otra muy sentida canción, que emociona cuando se escucha fuera de la Patria: "MOMBYRY GÜIVE", con la feliz colaboración de doña INA ROLÓN DE RAMOS GIMÉNEZ, esposa de nuestro escritor y poeta, don LEOPOLDO RAMOS GIMÉNEZ, con quienes compartíamos las nostalgias del terruño.
DECRETO LEY N° 94 "FEDERICO CHAVES". En una de mis tantas visitas a Asunción, entre tertulias y serenatas, se hablaba entre colegas y amigos, sobre la sentida necesidad de la protección autoral, que en materia de leyes en nuestro país, era una laguna. Llevamos nuestra inquietud hasta el entonces Presidente de la República, Dr. FEDERICO CHAVES, quien nos escuchó con interés y nos pidió le llevásemos el proyecto de ley.
Al día siguiente, en la siesta de un verano de 1951, en la calle Gral. Santos, en el domicilio de los MORENO GONZÁLEZ, bajo los árboles, en una máquina portátil se tecleaba la fórmula del proyecto de ley. Éramos tres personas: el Dr. EZEQUIEL GONZÁLEZ ALSINA, el profesor JUAN CARLOS MORENO GONZÁLEZ y MAURICIO CARDOZO OCAMPO. Así fue una realidad la protección autoral para los músicos e intelectuales del Paraguay, el Decreto Ley N° 94 “Federico Chaves".
FUNDACIÓN DE "AUTORES PARAGUAYOS ASOCIADOS" (APA)
Ya con el amparo de la Ley 94 de Propiedad Intelectual, los autores y compositores, tanto tiempo desheredados, se movilizaron, con la necesidad de agruparse para ejercer este derecho largamente soñado. Había que formar una sociedad de autores como las similares del mundo y se realizó la primera reunión en el Ateneo Paraguayo, Independencia Nacional y Pte. Franco, el 1° de julio de 1951. Se formó la primera Comisión Directiva, o sea el primer Directorio, creándose una Carta de Principios, para su gobierno, siendo el primer Presidente, el historiador y hombre de letras don JUAN E. O'LEARY; Vicepresidente, Prof. JUAN CARLOS MORENO GONZÁLEZ; Secretario, MAURICIO CARDOZO OCAMPO; Vicesecretario, ANICETO VERA IBARROLA; Tesorero, GUILLERMO T. BERTONI; Vocales, ELADIO MARTÍNEZ, ARTURO ALSINA, etc., etc. Se propusieron varias siglas para el nombre de la sociedad y fue aceptada la propuesta hecha por el Dr. EZEQUIEL GONZÁLEZ ALSINA: "A.P.A." (AUTORES PARAGUAYOS ASOCIADOS).
VUELTA A LA PATRIA. Pero la añoranza de la Patria estaba latente y volví, ya con mi familia, obedeciendo a ese llamado misterioso de la tierra colorada, en donde mi raíz está hondamente prendida y con el propósito de traer mi contribución artística, sumando así mis conocimientos adquiridos en mi larga carrera en el extranjero y de integrarme a mi país nunca olvidado. Abrimos "Una Mansión del Arte en un lugar de ensueño". Se llamó "SOLAR GUARANÍ" y formé la agrupación de carácter folclórico que bauticé "BANDA OCARA", la que me brindó muchas satisfacciones por la acogida que tuvo de parte del público asistente y también por los propios músicos que la integraban, pues ejecutábamos antiguas páginas olvidadas, pero auténticamente paraguayas.
DOS ACUARELAS ASUNCENAS. Un espíritu inquieto y culto, historiador, costumbrista, diplomático y poeta, me leyó unos versos sobre una acuarela con el título de "CAMBÁ LA MERCÉ” y me dejó una copia. Al día siguiente, con un llamado telefónico le anunciaba que ya tenía la música. Entusiasmado con esta primera colaboración, el Dr. HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL, a quien me estoy refiriendo, me invitó para visitar una comunidad de morenos en Loma Campamento, aledaña a San Lorenzo, famosa por sus expresiones costumbristas, devotos acérrimos del Santo Rey. Después de apreciar sus ritos y danzas, nació "SAN BALTAZAR" y ambas fueron estrenadas en el Teatro Municipal "Ignacio A. Pane", en homenaje al Primer Magistrado de la Nación, general Alfredo Stroessner.
REGRESO A BUENOS AIRES. Como dije más adelante, el músico no es economista y cuando revisé el "Debe" y "Haber" de mis libros, no había nada y entonces, aprovechando una solicitud del Instituto de Bellas Artes "Romano", vuelvo a Buenos Aires para enseñar folclore a sus alumnos y me dedico de lleno a la docencia, al estudio y a la investigación del folclore. Asisto a clases, participo de simposios, festivales y mientras tanto actúo en dos temporadas, al frente de la Orquesta Estable de L.R.4 Radio Splendid (años 59-60) y otras dos (60-61) dirigiendo la Orquesta Estable de L.R. 1 Radio "El Mundo", haciendo música paraguaya.
LITORALEÑA. En ese ínterin de mis actividades, surge en Buenos Aires el zarandeado asunto de la voz espuria de "LITORALEÑA", que no era otra cosa que un mote puesto a la música paraguaya, o mejor dicho, al ancestral ritmo paraguayo. Aquí empezó mi ardorosa lucha a través de los periódicos, radios, disertaciones, etc. Esto me deparó muchas amarguras y también muchas satisfacciones, pues, por otra parte, entendidos folclorólogos argentinos aceptaban mi tesis, me apoyaban y estimulaban en esta campaña. Hoy tengo la satisfacción de que el asunto "litoraleña" haya amainado y muchos son ya los folcloristas en la Argentina, que lo han rechazado.
REGRESO DEFINITIVO A LA PATRIA. Como siempre hacía mis visitas esporádicas al terruño y en una de esas oportunidades recibí la invitación de Autores Paraguayos Asociados (APA), para acompañar a la agrupación artística que asistía al 1er. Festival Latinoamericano de Folclore, en la ciudad de Salta. También fui de la partida con la misma delegación y en el mismo carácter, en los dos festivales siguientes.
A mi regreso fui invitado por el general Marcial Samaniego, patriota y espíritu selecto, para incorporarme a la Dirección General de Turismo, como titular del Departamento Folclórico, donde actualmente me encuentro y desde entonces he tenido la oportunidad de organizar disertaciones, conferencias y espectáculos de carácter folclórico y a la vez escribo en los principales diarios de Asunción, sobre el mismo tema. Hoy, al frente del CONJUNTO FOLCLÓRICO "PERÚ RIMÁ", estoy empeñado, en primer lugar, a exhumar, recopilar, documentar y difundir las páginas de antaño, para salvar este patrimonio nacional. Nuestro primer L.P. ha resultado todo un éxito y estamos en la tarea de preparar la selección para un segundo L.P.
RECORDANDO NUESTRAS ANDANZAS CON ELADIO MARTÍNEZ
Eladio Martínez y yo vivíamos en Buenos Aires, en una pensión de la calle Bulnes 1926, donde nos llevó aquel compatriota y amigo, Pedrito Casco y cuya dueña era doña CLARA DE FERNÁNDEZ.
Cuando FÉLIX PÉREZ CARDOZO formó parte artística con nosotros, a raíz de nuestro contrato con la Compañía del Dr. ENRIQUE SUSINI, en el Teatro "Odeón" con la comedia "MADAMA LYNCH", vino a vivir en nuestra pensión donde también vivía GUMERSINDO AYALÁ AQUINO (AYALITA). Se integró después al grupo paraguayo de la calle Bulnes aquel joven guaireño de espíritu selecto y culto, que era artista de alma, ENRIQUE GARCÍA CASARTELLI.
Corría el año 32 y la guerra del Chaco estaba en plena efervescencia y llegaban a la pensión los amigos compatriotas, ávidos de conocer y comentar las noticias de la Patria. Recordando con Eladio tantas horas vividas, vino a nuestra mente una tarde en que llegó hasta nuestro refugio, como otros tantos, un bohemio del Guairá, FEDERICO RIERA.
Traía a leernos su obrita teatral "TIERRA GUARANÍ" y además, el tema incipiente de la canción "ASUNCIÓN", que deseaba incluir en la citada obra. Había que terminar la canción, solicitándonos Riera nuestra colaboración al efecto. Mientras GARCÍA CASARTELLI tejía y destejía los versos con Riera, Eladio y yo nos empeñábamos en completar los pasajes de la primera parte, para hacer entre los dos, la segunda parte y terminamos la canción. Así nació ASUNCIÓN, siendo testigo de esta anécdota GUMERSINDO AYALA AQUINO.
Ensayamos "TIERRA GUARANÍ” y la estrenamos en el Salón Teatro "José Verdi" de la Boca, Alte Brown 736, donde se cantó por- primera vez "ASUNCIÓN". La interpretó ELADIO MARTÍNEZ, que hacía el papel de CAPITÁN CANCIO; GARCÍA CASARTELLI, el de SARGENTO POLVORÍN y yo, de soldado PERÚ'Í. Con el beneplácito de los compatriotas que abundaban en el citado barrio, reprisamos este espectáculo en el cine-teatro "Olavarría".
Llevamos entonces la canción "ASUNCIÓN" a las peñas folclóricas, que recién empezaban en Buenos Aires, con un éxito extraordinario, hasta que una cantante, asidua colaboradora de las peñas, OLGUITA MONTES, se enamoró de ella, la aprendió y la cantó en ritmo de rumba. De ahí nació nuestra inquietud por declararla en el Registro de la Propiedad Intelectual y unos pocos días después, llegó Riera a nuestro reducto de Bulnes, anunciándonos que ya la había registrado, pero solamente a su nombre, quedando en esta forma, excluidos sus coautores: ELADIO MARTÍNEZ, ENRIQUE CASARTELLI y MAURICIO CARDOZO OCAMPO.
Esta anécdota la recordábamos con el poeta GUMERSINDO AYALA AQUINO, hace unos días, que fue también colaborador del DÚO MARTÍNEZ-CARDOZO de aquella época, a raíz de las declaraciones de FEDERICO RIERA, en un reportaje del diario "La Tribuna" del domingo 20 de setiembre de 1970, olvidando este hecho.




LA MÚSICA, PAN ESPIRITUAL


En el Paraguay, la música es el pan espiritual insustituible de todas las horas. Los paraguayos viven realizando sus actividades con música; ella señala su alegría, su esperanza, su optimismo; su quebranto, tristeza o dolor; en una palabra, marca paso a paso, etapa por etapa, todas las inquietudes de su vida.
A esta tierra saturada de música y canciones, pareciera que la Providencia o el destino dotara de sonidos para aplacar tanto dolor y tanta desventura sufrida, que su raleada población encuentra aliciente en sus desgracias y trueca así su llanto en música, su tristeza y dolor, en risas y cantos.
En esta tierra todos cantan: el labrador, el tropero, el patrón y el peón cantan o silban mientras realizan sus tareas; la mujer canturrea mientras pedalea su máquina, lía su cigarro, o pisa el maíz en el mortero; cuando teje su ñandutí, al traer el agua de la fuente o al realizar cualquier labor hogareña, siempre canturrea y ni qué decir cuando arrulla al fruto de sus entrañas, sus labios murmuran la más dulce canción.
El que se ausenta, se convertirá en poeta o músico para cantar a la amada lejana, a la madre o a su valle querido, tocado íntimamente en lo más profundo de su ser, por la sentida añoranza, y esto producirá el milagro de un toque mágico, que hará florecer en sentidos versos o en dulces melodías, e irá enriqueciendo, fabulosamente, el parnaso popular del Paraguay.
Podemos afirmar que la presencia de la música siempre está latente en todas las actividades del pueblo paraguayo y hay tanta verdad en lo que decimos, que no existe actividad pública o privada en que no esté presente el toque musical.
La vida cívica de los partidos políticos del Paraguay tiene sus respectivas polcas, que es como decir su himno cívico, que constituye una divisa sonora y es también un medio para conquistar nuevos adeptos.
La mentalidad campesina no concibe la existencia de un partido político que no posea su polca, y a este respecto recordamos una anécdota ocurrida en rueda de compatriotas en Buenos Aires, donde hablábamos de música y de política. Allí oímos contar a uno de los contertulios: "Al surgir a la vida cívica un nuevo partido, fue invitado a formar parte de esa agrupación un personaje apodado "Sargento Luqueño", que era muy estimado. A esa invitación contestó que "iba a pensar primero" y que después daría la respuesta. Después de unos días, al preguntársele su resolución, el Sargento Luqueño contestó: "Mire, mi amigo, resolví no afiliarme al partido de ustedes, peẽ nico ne’ira voí ni polca pe recó" (ustedes ni polca tienen todavía).
El héroe máximo de nuestra nacionalidad, nuestro Mariscal de Acero, Francisco Solano López, a quien músico y poeta le rindieron una página que le acompañará en su ruta hacia la inmortalidad y cuyos sones ya retumban hacia lo eterno; es "CERRO CORÁ" de FÉLIX FERNÁNDEZ y HERMINIO GIMÉNEZ, que, acertadamente fue declarada por nuestro Gobierno, canción nacional.
El Partido tradicional Colorado tiene su polca que lleva su nombre y es de autor anónimo, pero en el Álbum de Aristóbulo Domínguez "AIRES NACIONALES PARAGUAYOS", se menciona: "Es de pertenencia de A. Guerresi, maestro de banda cuando la presidencia del General PATRICIO A. ESCOBAR - 1887. Lo comprueban personas que viven de aquella época, como así mismo, pruebas que tiene el autor de esta obra".
La polca "COLORADO" es alegre y de por sí incita al enfervorizamiento; es de inmensa popularidad y hasta llegó a conquistar un apodo: "N° 1" y en las reuniones públicas o privadas, cuando un participante desea escuchar su ejecución, basta que levante un solo dedo, para que los músicos la interpreten.
El Partido Liberal tiene la polca "18 DE OCTUBRE", que señala una fecha de la lucha cívica y quedó como un segundo himno de dicha agrupación, desplazando prácticamente a la anterior "POLCA LIBERAL". Estas páginas que se han folclorizado quedaron grabadas profundamente en el alma paraguaya, de tal modo que en la actualidad, ni siquiera se recuerda quiénes fueron sus autores.
¡Cuántas lágrimas derramadas y cuántos hogares enlutados causaron las interpretaciones de las polcas "COLORADO" y "18 DE OCTUBRE"!... por causa del fanatismo de los rivales partidarios y que tuvieron por escenario reuniones públicas y privadas, aunque con más frecuencia y los hechos ocurrieron en las fiestas campesinas.
La conocida página musical "SAJONIA", la ejecutaban ya las orquestas asuncenas, antes de 1904, mas, cuando ese año atracaron los revolucionarios a bordo del barco rebelde, ese puerto se bautizó con el nombre de 48
"PUERTO SAJONIA" y la galopa, ya entonces popular, se rebautizó con el mismo nombre. Actualmente la polca "SAJONIA" se canta con una letra que pertenece al poeta correntino OSVALDO SOSA CORDERO y con el título de "CHE PARAGUAĨ POTI".
La memoria del General BERNARDINO CABALLERO, figura legendaria de la Patria, héroe de la Guerra Grande, creador del gran Partido Colorado y reconstructor de la nación guaraní, tuvo el homenaje sonoro de los músicos populares en la hermosa galopa "GENERAL CABALLERO" y la canción "CENTAURO DE YBYCUÍ".
En el transcurso de la década del 20, cuando el Partido Liberal fue dividido en dos grupos, se compusieron inmediatamente dos nuevas páginas musicales: “SACO MBĨKĨ” y "SACO PUKÚ", cuyas denominaciones correspondían a cada uno de los grupos disidentes. La primera pertenecía a la fracción acaudillada por EDUARDO SCHAERER (a quien también le fue dedicada una polca que lleva su nombre) y la otra por JOSÉ P. GUGGIARI, ELIGIO y EUSEBIO AYALA. Además este último grupo tenía otra polca dedicada especialmente a exaltar el nombre de Guggiari y es la conocida con el título sonoro de "JOSÉ P.", que fue muy difundida, explicándose esta popularidad, por ser el triunfador en aquella querella partidaria. Este dirigente tuvo además otra pieza musical, cuando surgió su candidatura a la Presidencia de la República: “NDETA MANTE VOÍ”. Con anterioridad a todo lo que hemos nombrado, debemos recordar la polca "ALÓN", que era el seudónimo del dirigente político JOSÉ DE LA CRUZ AYALA.
En la década del 20, el Partido Colorado también se dividió en dos fracciones, lo que dio motivo al nacimiento de dos polcas paraguayas, una con el título de "COLORADOS ELECCIONISTAS" y la otra "COLORADOS ABSTENCIONISTAS".
En la revolución de 1922, la antigua polca "PIRIRÍ PORORÓ" se rebautizó con el título de "PONCHO JHOVĨ”; este título fue aplicado porque a la sazón estaba muy en boga como prenda de campaña, una tela "bayeta" de vivo color azul y como este color simboliza al Partido Liberal, las tropas revolucionarias optaron por este poncho, de allí proviene su popularidad.
La emotiva página titulada "NDE RESÁ PORÃ" conocida con el nombre de "CA'AZAPÁ" y cuya autoría se atribuye a otro autor, fue dedicada a una bella joven de esa ciudad, llamada ROSITA ALDERETE, por ELOY MARTÍN PÉREZ, su verdadero autor, quien se sintió herido por la flecha de Cupido. A esta dulce melodía le fue adaptada la poesía "MAERAVÉ NDOICOI" de CARLOS A. JARA, constituyéndose también en resonante éxito en la década del 20. Posteriormente, ya en 1922, en el fragor del combate de Paraguarí, entre las fuerzas gubernistas, cuyo jefe comandante era el teniente Estigarribia, más tarde nuestro héroe máximo de la guerra chaqueña (1932-1935) y el bando rebelde encabezado por el coronel Chirife (el “Tigre"), nació "LA CANCIÓN DEL SOLDADO", letra de RAFAEL RÍOS, cantada también con la melodía de "NDE RESÁ PORÃ" y es vigente.
Ante el peligro de esta guerra amenazante que oscurecía el límpido ciclo patrio, un poeta popular, EMILIANO R. FERNÁNDEZ, dando su voz de alerta como una clarinada, formuló hermosas canciones patrióticas como "1º DE MARZO", "ROJAS SILVA RECÁVO" y "CHE LA REINA". Estas canciones integran el repertorio permanente de los intérpretes populares.
Cuando la guerra chaqueña, nombres de lugares, fechas y hechos gloriosos de las armas paraguayas fueron inmortalizados en músicas y canciones patrióticas, nacidas en el fragor de la lucha y así surgieron páginas como "BOQUERÓN", "FORTÍN TOLEDO", "FORTÍN NANAWA", "PARAPITÍ PORA' (FANTASMA DEL PARAPITÍ) y otras. Y fueron compuestas para exaltar el sacrificio de la lucha habida en los inhóspitos lugares chaqueños, y la última composición nombrada fue dedicada por sus autores: JULIO ESCOBEIRO y GUMERSINDO AYALA AQUINO, al coronel Rafael Franco, por ser el héroe que cruzó el Parapití, que era la frontera natural de los guaraníes, como lo indica su nombre autóctono que data de épocas remotísimas.
Las huestes comandadas por el citado militar y que realizaron la hazaña de cruzar dicho río, venciendo la resistencia del enemigo, fueron como fantasmas para el ejército boliviano, de ahí su nombre. Posteriormente, la polca "PARAPITÍ PORA" fue adaptada como himno cívico del nuevo partido llamado "Febrerista", que surgió a la vida política del Paraguay, después de la guerra chaqueña.
La adopción de esa polca como himno partidario se debe a que ella fue dedicada, como decimos, por sus autores al coronel Franco, jefe máximo de la novel agrupación política.
El conductor victorioso de la contienda chaqueña, el mariscal JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBIA, tiene dos polcas que trasuntan el homenaje popular: "MARISCAL ESTIGARRIBIA" y "PUMA GUARANÍ".
En esta era se produce una sonora eclosión entre los filarmónicos guaraníes y es el PRESIDENTE STROESSNER el gestador, inspirador y numen de este desborde lírico, pues encontramos ya más de quince composiciones que le fueron dedicadas. Son ellas: "AL TERCER MARISCAL", "SE VISLUMBRA", "MI GENERAL STROESSNER", "STROESSNER ĨKETÉRE", "PARAGUAY, TIERRA FELIZ"; "PLEGARIA DE AMOR", "PRESIDENTE STROESSNER", "AL GRAN LÍDER AMERICANO DE LA PAZ", "TA'IPOTĨ ÑANDE RETÃ", "AL PRESIDENTE STROESSNER", "AL GRAN RECONSTRUCTOR", "PRESIDENTE ENCARNACENO", "MI GENERAL", "DON ALFREDO", etc.
También los clubes deportivos tienen su polca. Citamos las más populares: "GUARANÍ FOOTBALL CLUB", "CERRO PORTEÑO", "OLIMPIA", "LIBERTAD", "NACIONAL QUERIDO", "RUBIO ÑU", "ADELANTE CURÉ LUQUE", "SOL DE AMÉRICA", etc., etc.
Astros extraordinarios del deporte paraguayo no podían pasar indiferentes en la historia de la música de la Patria. El más admirado es ARSENIO ERICO que con sus hazañas de goleador conquistó motes como: "EL JUGADOR N° I DE TODOS LOS TIEMPOS", "EL SALTARÍN ROJO", "EL AVIADOR", "EL HOMBRE DE GOMA", etc. Una canción lleva el título de "ERICO", simplemente; otra, "AL GRAN ARSENIO ERICO". Otro gran astro del balompié paraguayo fue DELFÍN BENÍTEZ CÁCERES. A igual que Erico incursionó en el fútbol porteño; conquistó a la gran hinchada de Boca Juniors con sus estupendos goles, recibiendo el mote de "machetero" y así se llama la polca paraguaya que le fue dedicada. Este jugador, por sus arremetidas incontenibles fue comparado con las huestes de PLÁCIDO JARA, apodada "MACHETEROS DE LA MUERTE", fue terror del invasor en la guerra chaqueña. De allí proviene o mejor dicho conquistó ese mote nada tranquilizante para el adversario, nuestro futbolista BENÍTEZ CÁCERES. También a los guerrilleros de Plácido Jara les fue dedicada una polca con el título de "MACHETEROS DE LA MUERTE".
A casi todos los pueblos y lugares del Paraguay se los recuerda con una canción y varias de estas páginas han cobrado tal popularidad que pertenecen al repertorio permanente de los intérpretes de música paraguaya. Citamos algunas de ellas: "ARROYOS Y ESTEROS", "PARAGUAY”, "CA'Í PUENTE", "RECUERDOS DE CA'ACUPÉ" (hoy "VIRGENCITA DE CA'ACUPÉ), "CHE VALLE MÍ YAGUARÓN" (antes "MELENITA"), "ASUNCIÓN", "ALFONSO LOMA", "PARAGUAIPE") (a Asunción), "CHE VALLE PIRAYUMÍ'', "PUEBLO YBYCUÍ", "CHE PARAJE CUÉ" (dedicado a PUERTO PINASCO), "QUĨQUĨHÓ", “SANTANÍ POTĨ”, "ÑEEMBUCÚ", "FLOR DE PILAR", "RECUERDO DE YPACARAÍ", "A MI PUEBLITO ESCOBAR"... y últimamente "CANTO A ITACURUBÍ".
La fauna paraguaya también ha brindado motivos de inspiración a los filarmónicos guaraníes. Los ejemplos son múltiples, algunos de ellos muy conocidos como "CHIRICOÉ", "CHE BURROMÍ”, "CABUREÍ”, " GÜĨRA CAMPANA", etc., etc.
Lo trágico, el paraguayo lo dice cantando, de allí los "compuestos" con los cuales se relatan actos delictuosos, un romance triste, una guerra civil o un hecho que llegara a conmover a los habitantes. Así recordamos el "COMPUESTO DE PANCHA GARMENDIA", "MARCELINA ROSA RIVERO", "CASAMIENTO DEL TARAVÉ" (fantasía trágico-jocosa), "COMBATE DE PARAGUARÍ”, "FUSILAMIENTO DE ROGELIO GODOY", "ROMUALDO RÍOS", "EMILIO SERVÍN", "MATEO GAMARRA" y muchísimos más dentro de este género. El HIMNO NACIONAL PARAGUAYO, que entonamos con unción y respeto y que fue compuesto por y con espíritu foráneo, no trasunta, tanto en su letra como en su música el alma de nuestro pueblo; más, como nació en los albores de la independencia, ha marcado una etapa en la vida paraguaya. Pero este pueblo, cantor por excelencia, adoptó además otro himno, más en consonancia con su espíritu, a cuyos compases vibra y se enardece; es la polca heroica que surgió en el fragor de la Guerra Grande, "CAMPAMENTO CERRO LEÓN". Al son de esta polca desaparece toda división política y se unen los corazones paraguayos, en un haz para la glorificación de la patria guaraní.
La enseña tricolor, también es cantada por los niños en las escuelas con la canción "QUÉ LINDA ES MI BANDERA!".
Y dejamos para lo último, al más popular y al máximo motivo que tiene el paraguayo para pulsar su lira: la mujer.
Si citáramos la nómina completa de las canciones donde la mujer es motivo de los más puros elogios, llenaríamos páginas y páginas, por lo que solamente mencionaremos algunas, que llamaríamos clásicas, que se han adentrado profundamente en el alma popular y que ningún trovador deja de entonarlas. Empecemos por nombrar a la que es raíz misma de la raza, la mujer guaraní: "INDIA", la popular guarania de JOSÉ ASUNCIÓN FLORES y MANUEL ORTIZ GUERRERO.
Otras de las piezas populares dedicadas a la mujer son: "LA TEJEDORA DE ÑANDUTÍ”, "MARÍA PACURÍ”, "POLCA MARÍA", "MAGDALENA" (esta canción mereció una página imperecedera de RAFAEL BARRETT), "FLORIPAMÍ", "BURRERITA", "CHOLÍ", "FLOR DE PILAR", "CARAPEGÜEÑA", "PARAGUAYA LINDA", "DESPIERTA MI ANGELINA", "VIRGINIA", "AMAMBAY", "ANAHÍ", "JOSEFINA", etc., etc.
A grandes trazos dejamos expresado lo que encierra un importante capítulo de historia musical, cuyo espíritu trasciende los lares de todos los continentes, como un mensaje de armonía, que vuela desde el pentagrama de sus guaranias, polcas, valseados, rasguidos dobles, galopas, purajhei... y que rotulamos: "La música en el alma paraguaya".

EL MÚSICO Y SU MISIÓN DENTRO DE LA SOCIEDAD

1) LA MÚSICA

Las distintas definiciones de la música, desde que el mundo es mundo, o más propiamente expresado, desde que se ha empeñado la mente del hombre en explicar la música, todas absolutamente todas las definiciones de la música, nos la presentan en todas las edades y en todas las latitudes como el más bello emprendimiento del hombre en lo sublime. La música de por sí y por su esencia, origen y misión o función en el alma humana, es una conquista inigualada, un don supremo, un legado invalorable que viene dentro del alma, que acompaña al ser humano en todas sus manifestaciones y que supervive pura y maravillosamente, como un nexo místico, como un bastión cultural, como un hito civilizatorio. Donde hay música hay alegría; donde hay música hay armonía y melodía, hay ritmo, hay belleza, hay la sucesión inefable de cuentas prístinas que caen como gemas en el cuenco del alma. No se puede amar la música y ser mala persona, como no se puede amar lo insondable y bello y servir a intereses egoístas, subalternos y totalmente materiales.
La música interpreta un estado del alma o del sentimiento; la música enaltece y une; la música vibra armoniosa y deleitosamente juntando en un haz los corazones y las almas.
Por todo ello nos parece que la música significa en el devenir humano, el más preciado regalo de Dios después de la propia existencia. Y en nuestro país, en nuestro medio, la música es más aún, especialmente la música folclórica, arrancada de los surcos telúricos y de las fontanas silvestres; de los episodios guerreros, de los capítulos históricos, del idioma de las aves y de la belleza de las vírgenes flores de nuestra campiña.
La música en el Paraguay es parte integrante de la raza y de la marcha de la Nación. Ha venido de lejos, de la noche de la historia, para preservar primero el idioma y la melodía después, para ser siempre la cuidadora del carácter de la raza.
No será nuestra música la mejor de la tierra, porque siempre es odioso hacer comparaciones y establecer supremacías o hegemonías, pero la música paraguaya, nuestra música, es definidora de nuestro ambiente y de nuestras costumbres, y con sus compases y su dulzura silvestre ha entrado al gran mundo artístico de la tierra y ha ganado admiradores.
Ha triunfado porque es sincera y dulce; ha ganado admiración porque es bella, simple y melodiosa; está conceptuada entre las más gustadas porque los músicos de esta tierra de belleza y leyenda, la han cuidado, la han hermoseado, la han esculpido con el cincel de sus instrumentos, la han amado y se han consustanciado con ella. Y por eso escuchamos que nuestro país, el Paraguay, es país de músicos innatos y ellos son el reflejo fiel de la vibración de su material humano.

II) EL MÚSICO

a) EL COMPOSITOR

La música en estado de efervescencia, en estado latente encerrada en su mina metafísica, necesita del artífice que la perciba, la desgaje de su estado natural y la pula con su genio o inspiración para que ella, despertando de su estatismo de milenios, vibre y viva, al conjuro de esa varita mágica y sea gustada y admirada por quienes la escuchen.
Ese es el papel, la misión del compositor: la de buscar, bucear en la vastedad espiritual para recoger los ecos de las divinidades o para armonizar en el pentagrama los cantos de las aves, el caer de la lluvia y la belleza de una puesta de sol; y si a todo eso agregamos una dulce sonrisa y la presencia de unos labios de clavel encendido, la música se enciende en los corazones y late en las ventanas de las mozas, y por otra parte su misión es recoger las vibraciones populares, para reflejar a través de sus inspiraciones la inquietud total, es decir la alegría, el dolor, los sueños y esperanzas de la Patria.
Y el músico, el compositor que la ha descubierto y le ha dado vida luego de su peregrinaje muchas veces doloroso, le da alas, la observa un instante y va con su brújula zahorí en busca de otros temas, mientras la música entra a formar parte del bagaje cultural y el nombre de su padre y descubridor se pierde en la ingratitud, en la dinámica del tiempo. Y el folclore se enriquece en tanto que, paradojalmente, el autor de este aporte se empobrece, vegeta o vive bajo el abrigo de una pálida esperanza, muchas veces entrevista y prometida y nunca conseguida o plasmada en realidad.

b) EL MÚSICO PROFESIONAL

Y para que la música descubierta por el compositor y descrita en el lenguaje técnico del pentagrama sea escuchada, falta hace el artífice que la interprete y provisto de su instrumento específico, le dé alas materiales a la música.
Y entonces el oyente se maravilla ante la creación artística del compositor y ante la capacidad interpretativa del músico y embellece su mundo, y levanta la frente, y agradece mudamente a Dios la esplendidez, del presente de la música.
Es flor del aire; es suspiro que abandona el pecho y se diluye en los océanos de aire del espacio; es nada más que una intención, un esbozo, un ademán, el que golpea la conciencia de quienes escuchan la música y se preguntan de qué vive ese músico y qué se puede hacer por él (por el compositor o por el intérprete) para efectivizar ese agradecimiento, para premiar ese instante de belleza y perfección que conmueve y acaricia el alma.

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Porque el músico en nuestro medio es un cero sin gravitancia en la sociedad. Ni siquiera es una profesión, ya que la sociedad no reconoce como profesión la de ser músico. No sirve para robustecer una solicitud bancaria; no alcanza para servir de aval de un préstamo y sobre todo no beneficia a quien se autodenomina músico.
Es una tarea mental que viene vaya a saber de qué remoto pasado de oscuridad y abandono, cuando las cuerdas de arpas y guitarras dormían silenciadas. Época pretérita en que decirle a una persona que era músico era como ofenderlo, marginarlo de la sociedad, desprestigiarlo y envilecerlo; era como llamarlo a uno vagabundo o haragán.
Y la rémora continúa, persiste. Aun sabedores como somos de la gravitación y de la necesidad del alma y del cuerpo, la sociedad no ubica ni retribuye el aporte de los músicos. Se premia, se atiende y se estimula a los soldados que defienden a la Patria y por qué entonces no se premia, no se atiende y no se cuida a los soldados del arte, que embellecen la Patria; que magnifican la historia y que atesoran el folclore y que son defensores de la soberanía de su cultura, paralelamente a los defensores de la soberanía física.
El paraguayo se ha dicho que nace guerrero y músico; los guerreros tienen escuelas y los músicos carecen de ella. En los estrados judiciales no se reconoce como profesión la de músico y artista de variedades, por lo que llegado el caso, no hay ninguna ley que les ofrezca amparo y sin embargo el progreso material de un pueblo debe ir paralelo con el progreso cultural.

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Paradojalmente, de la música es de lo que más necesita el ser humano, porque así como el pan alimenta el cuerpo, la música es el pan del espíritu. Y sin embargo (allí está la paradoja), el músico sólo es aceptado en ocasional papel de animador de reuniones, bailes, fiestas, y luego vuelta al anonimato, vuelta a la oscuridad.
Muchas veces hemos oído decir que el mejor embajador de nuestro país es la música y los mejores representantes del Paraguay, los músicos, que en número indeterminado y en conjunto superiores al centenar cantan e interpretan música paraguaya bajo todos los cielos del planeta, sin otro aliciente que su fervorosa vocación, sin más premio que la retribución -a su trabajo; y ante esta realidad y siendo como son, quienes nos hacen conocer al mundo, no es justo acaso que sean ayudados, que sean atendidos, para que nuestra representación mejore y para que el concepto que de nosotros se tenga, sea mejor de día en día en nuestra propia Patria.

MORALEJA

La breve y tal vez desordenada exposición que hemos hecho de una realidad que nos toca muy de cerca y que en ningún caso constituye una plañidera queja, sino una simple exposición de la realidad del músico en nuestro país, tiene una moraleja.
Los músicos suelen constituirse en factores principales; en atracción de las reuniones de beneficencia y su colaboración es gratuita; ¿pero se colabora con ellos cuando a su vez lo necesitan?
Es hora de revisionismo. Es hora de reestructuración. Es hora de dar al César lo que es del César, y por lo tanto es hora y tiempo de contemplar y solucionar la ubicación del músico dentro de la sociedad. O sigue siendo un simple artículo de lujo exhibido al antojo de quienes solicitan sus servicios, o es, como lo creemos nosotros, un ciudadano íntegro y capacitado, tan digno como el que más para ser defendido y estimulado.
El tiempo nos dará la razón y alguna vez en este bello país de la música, los músicos, sus sacerdotes, tendrían el papel protagónico que han asumido por instinto y mandato de su vocación, desde hace mucho tiempo, cultivando el folclore, embelleciendo el ambiente, describiendo las hazañas de la raza y haciendo perdurables los instantes de plenitud de las almas.
El músico, como ente humano y paraguayo, debe tener su estatuto, su defensa constitucional, sus derechos garantizados y su bienestar físico y material, como justa retribución a sus esenciales servicios.
Estas observaciones basadas en un deseo de mejoramiento para el estado actual en que se encuentran mis colegas nacionales, parte de una situación personal, pues en mi condición de socio de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC) y como uno de sus fundadores, gozo de muchos privilegios como jubilación, socorros mutuos, asistencia social (sanatorios, médicos, medicamentos, cte.) y cuando tenga que emprender el viaje final tenemos un panteón donde reposar, además de importante ayuda monetaria para mis herederos, quienes seguirán, hasta por cincuenta años más de mi desaparición, percibiendo mis derechos autorales y manteniendo la jubilación a mi viuda o hijos menores.
Quiero además aclarar que soy uno de los fundadores de AUTORES PARAGUAYOS ASOCIADOS (APA) y junto con mis compañeros de entonces el Dr. EZEQUIEL GONZÁLEZ ALSINA y el maestro JUAN CARLOS MORENO GONZÁLEZ, tuvimos la tarea de elaborar el Anteproyecto de la Ley N° 94 "Federico Chaves" en el año 1951, y hasta hoy no veo realizados mis sueños de que mis colegas paraguayos gocen los mismos privilegios que yo en SADAIC, y sería loable que APA llegue alguna vez a brindar esos justos beneficios a los músicos nacionales, y termino apelando a la muy corriente expresión que dice: "No es mal para nadie, sino bien para todos..."


ENLACE INTERNO A OBRAS DE
MAURICIO CARDOZO OCAMPO




ÍNDICE
Peeme guarã che rugüy ñemoñare
Prólogo
Prólogo a la tercera edición
I
BALANCE DE LOS 50 AÑOS DE MI QUEHACER ARTÍSTICO
Bajo el signo de la cigarra
Martínez-Cardozo actúa en el SODRE
Fundación de Autores Paraguayos Asociados
Recordando nuestras andanzas con Eladio Martínez
Carta abierta a Ernesto Báez
II
VOY A ALABARA MI TIERRA
Tierra de raro embrujo
III
LA MÚSICA EN EL ALMA PARAGUAYA
La música, pan espiritual
El músico y su misión dentro de la sociedad
IV
GUARANIAS Y CANCIONES QUE FUERON IMPACTO EN EL GUSTO POPULAR
Paraguay querido
Paraguaya linda
Pueblo Ybycuí
Con paciencia se llega al cielo
Mi destino
Arroyito del sendero
Morena
La carreta campesina
Regalo de
Lucero de mi esperanza
Nelly
Sé que te perdí
Madrecita
Rincón guaraní
 Irene
Corazón
Qué importa
Olimpia
Ondina del Plata
El cantar del vigilante
Mombyry guive
Solita estoy
Isla Sacá
En una noche azul
Canto a Itacurubí
Yasy Yateré
Guyratí
Santa Rosa de Lima  Añoranza
Volverás a soñar
Correntina linda
Pyjharé pyté
 Yaguarón Poty
V
CANCIONES PARA EL ARRULLO HOGAREÑO
Bella esperanza
Amambay
Mariza de Punta Porá
Margarita
Mi pequeñito ser
Canto a María Cristina
Arrorró Viveca
Estrellita
Capullito de amor
En tu día mamá
Madre lejana
En tu recuerdo, papá
Tokente che mitamí
VI
FOLCLORE, ESPEJO DEL ALMA DE LOS PUEBLOS
Sobre el origen del vocablo "folclore"
Sobre folclore paraguayo
Tavarandú (folclore)
El nacimiento de Cristo
Nochebuena paraguaya
Meditación
Pájaro Campana
VII
CANCIONES PATRIÓTICAS Y CÁNTICOS ESCOLARES
Qué linda es mi Bandera
 Campamento Cerro León
Coronel Félix Bogado
América India
Carta al Excmo. Presidente de la República
Ta ipoty ñande retó
Flota Paraguaya
Cañonero
Centauro de Ybycuí
Chaco paraguayo
Soldado del Chaco
VIII
CANCIONES DE CARÁCTER SOCIAL
Un hombre canta
Cho cocué purajhei
Cho cocué kera yvoty
Yo soy purajhei
Mensú resay
Anike peicovai
Bienvenido Galo Plaza
IX
HONOR AL MÉRITO
Obra de toda una vida
Relevantes servicios prestados
Homenaje de admiración
Ley de propiedad intelectual
"Fecunda vida artística
X
CANCIONES DE LA COMEDIA MUSICAL "ELISA LYNCH"
Oh, dulce Paris Canción del adiós
Mi amor guaraní
Elisa Lynch
Noches blancas
Todo lo perdí
Mi retorno
XI
CANCIONES EN NUESTRO IDIOMA VERNÁCULO Y BILINGÜES
Las siete cabrillas
Golondrinamí
Surucu’á
Che morenamí
Ndaipocuai co ne pore y
Morena pente ajhayjhuva
Che symi porá
Che pueblo porá
Mborayjhú pavé
Jhecoviá techaga’u
Rojhechaga’u
Canillita
XII
ACUARELAS PARAGUAYAS
La fiesta de la galopa
Cambá la Mercé
Galopera
San Baltazar
La serenata paraguaya
XIII
TRADUCCIONES LIBRES GUARANÍ-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-GUARANÍ
Morenitamí (guaraní) / Morenitamí (castellano)
Josefina (guaraní) / Josefina (castellano)
Tapemí
Vengo junto a ti
A la luz de la luna
Che corazó yara
Mariposa brillante
Si
Icaturo
Estrellita
XIV
POEMAS RECITABLES 
Maiteipa che retá
Ñande ru guazú
Guaripola
Cuñatai jha mbaracá
Cuñá paraguay
Ñembisó yovai
XV
OPA MBAE MIMÍ (DE TODO UN POCO)
Feliz connubio americano
Escudo folclórico paraguayo
El santo laico
Oración
Angel Domínguez
Ciudad carioca bendita
Folclore festivo
Las aventuras de Pychái 
XVI
CANCIONES JOCOSAS E INTENCIONADAS
La mujer
Guaimí pysapé
Ne mandu'a pa che vida
Che mitaramo guaré
XVII
RECOPILACIÓN Y ARREGLOS DE CANCIONES POPULARES Y DE AUTORES ANÓNIMOS
La tejedora de ñandutí
Nda recoi la culpa
La leyenda del caráu
Colorado retá
Che Paraguay poty
Paloma pará
Paloma pará
Alfonso Loma
La palomita
Serenata
Jajhá chendivé
XVIII
LA MÚSICA PARAGUAYA Y SUS RAMIFICACIONES
Corazón melodioso de América del Sur
Defender lo nuestro no es ofender a nadie
Paralelo y al margen del II Festival Latinoamericano de Salta
Mi lucha por defender la música paraguaya
Conceptos sobre el ritmo paraguayo
Diploma de honor
XIX
ZAMBA Y CHAMAMÉ
La 1859
Angélica
Siete higueras
Nido sagrado
Celina
XX
EL ARPA PARAGUAYA
Fusión de dos civilizaciones
XXI
BANDA OCARA
Conjunto Perú Rimá
XXII
MIS PERSONAJES INOLVIDABLES
Eloy Martín Pérez
Co’embotá
Al pie de tu reja
Maravé ndoicoi
La canción del soldado
Juan J. Rojas
Don Bernardo Mosqueira
Vicente Bordón
Ciudad imantada
Germán Acosta
El jharagán
Transitando en esta vida
Mariscal Rosales
Curuzú Ara
Taní Bordón
XXIII
LA GUARANIA EN EL CIELO FOLCLÓRICO PARAGUAYO 
Nacimiento y triunfo de la guarania  A la opinión pública.
A la opinión pública
"Flores del yuyal"
La guarania de Flores
Nota al ministro de Educación y Culto
"Escarmenar el oro de la ganga"
India / India
Maerapa reicuaasé
XXIV
LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA EN LA GUERRA DEL CHACO
Emiliano R. Fernández, el "Tirteo Verde Olivo"
XXV
EMILIANORE Y CARDOZO OCAMPO 
1 ° de Marzo
Rojas Silva recavo
Guavirá poty / Flor de guavirá
Por qué
La última letra
Nde yurú mbyté /  Nde yurú mbyté (versión castellana)
XXVI
EL MÚSICO NATIVO
Idioma sonoro y florido
XXVII
CURRÍCULUM VITAE




jueves, 15 de septiembre de 2011

JUAN CARLOS MORENO GONZÁLEZ - DATOS PARA LA HISTORIA DE LA MÚSICA EN EL PARAGUAY / Dirección del Departamento de Enseñanza Secundaria y Profesional. Asunción - Paraguay, 1953




DATOS PARA LA
HISTORIA DE LA MÚSICA EN EL PARAGUAY
Asunción – Paraguay
1953



1. PALABRA PRELIMINARES

            Para establecer la claridad del método en el estudio de la música nacional es necesario, a nuestro entender, dividir este estudio entre etapas bien definidas y que puedan abarcar, cada una de ellas, un periodo completo de evolución.
            Estas tres etapas, que ofrecen un punto de apoyo a la investigación histórica y que poseen, por separado, su fuente de información especial, son las siguientes:
            1º Etapa de la conquista, con miras a retrospectivas investigaciones de la época pre-colombina.
            2º Etapa de la colonia y de la independencia hasta la guerra del 64, y
            3º Etapa de la post-guerra del 64-70 hasta nuestros días.
            Nos hemos propuesto en esta ocasión ocuparnos exclusivamente de las dos primeras etapas, dejando para más adelante la última, la que se refiere a nuestra vida musical contemporánea, de la cual nosotros, desde modesto sitial, participamos también con entusiasmo.
            Indudablemente, para el estudio de la primera etapa, la fuente de información no abunda. Factores de toda índole, entre los principales, la ausencia de una escritura que hubiera permitido perpetuar las melodías indígenas, y la falta de compositores o idóneos musicales entre los conquistadores, dificultan en grado sumo la tarea.
            Por ahora renunciaremos al estudio de la época pre-colombina e iniciaremos nuestro trabajo tomando como punto de partida la conquista, con su importante bagaje de documentación eclesiástica.
            Como se sabe, han sido los sacerdotes de las misiones jesuíticas quienes conocieron en forma más efectiva el espíritu de los indios.
            En medio de sus tareas administrativas y religiosas, en no pocas ocasiones debieron escuchar de los propios labios de los aborígenes sus mirtos y leyendas, conservadas por la tradición, asistiendo a sus ritos y danzas, con sus correspondientes acompañamientos musicales.
            Hoy, lamentablemente, las pocas parcialidades que se salvaron de la vorágine civilizadora, han perdido, su pureza racial, debiendo experimentar en sus primitivas manifestaciones artísticas, la inevitable infiltración del espíritu europeo.
            Tal cosa, desde luego, hemos sospechado al analizar una breve y bellísima melodía de una parcialidad tupí-guaraní perdida en las selvas brasileñas. Esta melodía, que tuvimos el honor de poner al alcance del público en una conferencia dada en el Ateneo Paraguayo, contiene un intervalo de semitono, cosa que sorprende en un continente donde razas de mayor acervo cultural no pasaron del pentatonismo.
            La segunda etapa de nuestro estudio nos lleva a un escenario muy diferente. Periodo de intensa y constante revolución en que el primitivo predominio ibérico va cediendo paso paulatinamente a la incontenible corriente del mestizaje mas desenfrenado y en donde la antigua metrópoli no es otra cosa que un inmenso caldero viviente, en donde se funden dos razas vigorosas, la guaraní y la española, para formar, en pujante amalgama, la naciente nacionalidad paraguaya.
            Diríase que este periodo de la historia es el que más perspectivas nos ofrece para el estudio del arte; y sin embargo, no es así. Casi todos los datos de esta época se refilen, principalmente a las rencillas personales de los conquistadores alucinados por la fiebre del poder y del oro, cuando no a las penosas expediciones destinadas a abrir derroteros a la conquista.
            Solo había tiempo para el pico y la espada y si de cuando en cuando, un rayo de luna o una brisa del rio llevaban un halito de poesía al alma de esos rudos conquistadores, provocando ligeras expansiones con la guitarra o el verso, pronto esos destellos fugaces de espiritualidad debían desvanecerse ante la amenaza constante de las selvas cercanas, de las privaciones y los sufrimientos físicos.
            Así se explica que en los antiguos escritos de la conquista se hable casi exclusivamente de rencillas, odios, pleitos, duelos y matanzas, y casi nada de las manifestaciones del espíritu.
            Los datos que pueden recogerse del periodo que media entre la independencia hasta la gran guerra, no brillan tampoco por su abundancia. Y cabe señalar aquí, de paso, que la mayoría de nuestros historiadores, empeñados en dilucidar los más variados y complejos problemas del pasado, no se han detenido con bastante tiempo a estudiar la historia en su aspecto artístico.
            Como una excepción es menester señalar a Juan Natalicio González, uno de los más ilustrados escritores de nuestra época, que ha escrito una obra valiosísima en la que estudia, con el apoyo de su vasta erudición y galano estilo, la evolución de la cultura nacional. Creemos que la lectura de esta importante obra es indispensable para todos aquellos que deseen profundizar sus conocimientos de la génesis y desarrollo del pensamiento paraguayo en todas sus manifestaciones.
            A partir de la terminación de la guerra, -y aquí entramos en la tercera etapa de nuestra división,- las sombras se desvanecen y una luz nueva parece alumbrar la historia del arte paraguayo. Es que ahora contamos con el apoyo efectivo de los sobrevivientes de la hecatombe o de aquellos que los conocieron. De las ruinas se levanta una generación esplendida que ha de marcar con el tiempo nuevos surcos de cultura, sembrando en el ambiente impregnado de tragedia, las semillas de la reconstrucción nacional.
            Casi un siglo de la gran epopeya, la patria se encuentra en pleno reverdecer cultural. El panorama artístico, en el que alternan escritores pintores, escultores, poetas y músicos, parece anunciarnos un cercano porvenir de venturas. Es que se han tendido ya las alas y una vez remontado el vuelo, quien sabe hasta dónde ha de llevarnos el ideal de superación que nos alienta.
           
II- LA MUSICA EN LA MISIONES

            La primera parte de este estudio, que se refiere a la música de nuestros antepasados autóctonos, ya ha sido hecha por nosotros. Creemos haber demostrado en el trabajo mencionado más arriba que entre los guaraníes, -coparticipes en la formación racial paraguaya,- hubo un considerable incremento musical.
            En ligero esbozo, sirviéndonos de autorizados testimonios de la época y siguiendo así mismo la opinión de reputados historiadores, hemos enumerado en otro trabajo los instrumentos musicales de la raza guaraní, refiriéndonos, incidentalmente, a sus danzas y melodías.
            Permítasenos, sin embargo, en homenaje a la claridad hacer una breve recapitulación de aquel trabajo, y re observar el cuadro de la música en la conquista.
            Conocida es la influencia que tuvieron los jesuitas sobre los indios al establecer sus reducciones. El poder espiritual estaba por completo en sus manos y del mismo se valieron para reducir a un estado de mansa obediencia a los naturales que catequizaban. Las ventajas que esta situación reportaba a los indios son a nuestro entender incuestionables desde el punto de vista cultural.
            El gobierno establecido por los jesuitas organizo la vida civil de los guaraníes sin descuidos de ninguna clase, atendiéndose a los más estrictos postulados de la moral cristiana. El catecismo inculcaba en sus almas las primeras creencias de la doctrina y, como medida inicial, se “humanizaba” al indio bautizándolo con un nombre cristiano.
            Las ceremonias que trae consigo el culto del catolicismo, exigieron desde un principio que se diera a los naturales cierta instrucción artística, sobre todo musical. No faltaron para esto buenos maestros, y entre ellos cabe citar al primer profesor de música, el hermano Coadjutor Luis Berger, que se había distinguido principalmente por su habilidad en tocar la citara.
            El sacerdote flamenco Juan Vasco, músico de notoriedad en Europa, que se die había pertenecido a la capilla del Emperador, fue otro maestro de quien los guaraníes aprendieron no pocos conocimientos musicales.
            No eran estos, sin embargo, los únicos instrumentos de música en las Misiones. Sabido es que entre los jesuitas el arte musical ha tenido siempre preponderancia, lo que en ocasiones les ha ayudado bastante, al emplear a música como señuelo para atraer a los naturales a la doctrina del Evangelio. Por otra parte, se descuenta que en las iglesias no pertenecieron a las Misiones, el empleo de la música con la participación indígena, era de rigor.
            Cuando se fundó la Santa Iglesia Catedral de las Asunción mediante bula papal, en 1547, Fray Juan Barrios, primer Obispo del Paraguay, publico una pastoral en la que creaba, entre otra dignidades, la de “chantre, que debe ser docto o perito en el canto, para enseñar a los sirvientes de la iglesia, ordenar, corregir y enmendar en el coro o en cualquier otra parte”. Por la misma pastoral proveíase el oficio de organista al que se asigno un sueldo inicial de dieciséis pesos o libras.
            Los guaraníes de las doctrinas no solo recibían una acabada instrucción de diferentes oficios como albañilería, platería, tornería, herrería, etc., sino que también fabricaban en las arperías, de propias manos, los instrumentos musicales con que más tarde ejecutaban sus conciertos. Y, según se deprende de los testimonios eclesiásticos, no se limitaban al exclusivo culto de las cuerdas, sino que había también entre ellos excelentes ejecutantes de trompas, fagotes, cornetas, clarines y flautas.
            Para las ceremonias del culto religioso, cada pueblo tenía su orquesta y coro perfectamente organizados, siendo sus integrantes, en su totalidad, guaraníes. Cada una de estas orquestas, -testifica el P. Cardiel,- estaba formada, más o menos, por unos cuarenta músicos distribuidos así: cuatro o seis violines, uno o dos violones, seis u ocho trompas, tres o cuatro citaras o rabelones, dos o tres clarines y un órgano de iglesia, completándose el grupo con las voces cultivadas de los indios.
            Y no se crea que estas orquestas estaban organizadas a la ligera. Por el contrario, primaba en la enseñanza y practica de la música un sentido artístico considerable, como lo demuestra el testimonio del mismo padre Cardiel, quien afirma con énfasis que en pocas catedrales españolas había escuchado mejores conjuntos orquestales que los de las Misiones.
            Aunque tal vez, estas palabras no estén del todo desprovistas de alguna exageración, cosa natural en aquellos sacerdotes que deseaban magnificar su obra, no puede dudarse de la gran disposición de los guaraníes para la música.
            Bastaría recordar los dos casos citados en nuestro trabajo anterior que confirman lo que antecede: el de un aniño no mayor de doce años que interpretaba en el violín, con gran seguridad, las más difíciles obras de concierto, ante la asombrada presencia del P. Cateyano Cattáneo; y el no menos elocuente cas de Julián Atirahú, guaraní convertido, que llego a componer una pobra de verdadero genero clásico, esto es, un tondo y minueto, para dúo, en estilo contrapuntístico.
            Los músicos del pueblo de Yaguarón tenían fama de ser los mejores del país, solicitándose a menudo su concurso para oficiar en la Catedral, en la celebración de las grandes festividades. Azara, que visito este y otros pueblos de indios, ha dejado interesantes datos sobre el particular.
            Fuera de las misiones jesuíticas, y aun mucho antes de que estas se establecieran en el país, ya la música se cultivaba en Asunción. “En 1545 –dice Natalicio González- se constituye para los fines del culto, un coro de cinco músicos integrado por los españoles Antonio Tomas, Juan de Jara, Antonio Coto, Antonio Romero y Gregorio de Acosta. Fue la primera orquesta asuncena de que haya memoria”.
           
III- DANZAS DE LOS GUARANIES

            Las danzas practicadas por los indios tenían un carácter ritualistico, esto es, servían para honrar los grandes acontecimientos religiosos, políticos y domésticos de las tribus. Así, por ejemplo, celebraran una declaración de guerra o una victoria con solemnes ceremonias, danzando y cantando. El nacimiento del primogénito, su entrada en la pubertad, la alianza matrimonial entre los jóvenes y otros sucesos familiares, tenían sus correspondientes ceremonias y danzas. El P. Guevara, en su “Historia de la conquista”, hace una descripción interesantísima de una de estas ceremonias, entre los Bororos, que puede darnos una idea general de las fiestas indígenas, tales como también la realizaban los guaraníes.
                        “Coronados de ellas (de plumas) y desnudos, -dice- arman sus bailes y danzas haciendo ruedas y círculos unos de otros. El que lleva el compas entona una letrilla bárbara y sin arte, al sonido de roncos calabazos y sonajas de porongos con pedrezuelas dentro (1), que tocan los demás repitiendo el son y letrilla que empezó el presidente del coro, entre tanto dan una vuelta a la redonda sin descomponer el circulo, pisando fuertemente la tierra y acompañando los golpes de los pies con el de los calabazos y sonajas, y uno y otro con los puntos de primero”…
            Y, más adelante, refiriéndose a otras solemnidades, añade: “El día que precede a la borrachera… se juntan los convidados, indios e indias, en el lugar del festejo que es una plazuela cuyo centro elevado, y al pie de él está la hija o mujer del que celebra el convite, con un báculo o caña en la mano, de cuya superior extremidad penden multitudes de uñas de jabalíes y venados. Como la indezuela interesa aplausos en llevar el coro (sic) empieza luego a dar el son a los cantores y danzantes, sacudiendo con brío la caña o báculo contra el suelo y haciendo que resuenen las castañuelas, azotadas las unas contra las otras. Este son verdaderamente poco apacible, siguen con el canto las músicos y con mudanzas las danzantes saltando y bailando alrededor del palo, hombres y mujeres, desde prima noche, hasta que raya el día con los primeros arreboles de la mañana”. Semejantes, como ya hemos dicho, eran las danzas de los guaraníes.
            En otra parte de la misma obra pondera el P. Guevara el esmero que ponen los guaraníes en la crianza de los primogénitos, “el día que los destetan, celebran solemnemente, bebiendo con largueza y danzando con alegría al son de barbaros instrumentos. Función que repiten con igual solemnidad el día que el caciquito empieza a ejercitarse en la carrera”.
            Lery y D’Abeville han descrito de una manera parecida estas ceremonias entre los tupíes del Brasil. Algunos ejemplos de baile aborigen han quedado entre los chiriguanos de las misiones franciscanas, quienes practican danzas como la “Mbapapauré” y la “Ayarisé”.
            Sin embargo, estas y otras danzas que sin duda ejecutaban todavía los catecúmenos en los tiempos iniciales de las misiones, fueron en su mayoría poco a poco sustituidas por las europeas.
            Los administradores modernos –dice Azara en su “Descripción del Paraguay,- han enseñado a los indios algunas contradanzas y aires venecianos que ejecutan bien”.
            Indudablemente, los guaraníes convertidos bailaban también otras danzas, probablemente creadas por ellos mismos, en su nuevo estado de existencia. Azara cita entre las que observó en los pueblos de las misiones a la zamarrita, el tonto y el chico. Y aquí nos encontramos ante una cosa sorprendente: la zamarrita, no es otra cosa que la zamacueca, llamada también en otras partes cueca, zambacueca, o simplemente zamba. Tenemos pues, que la zamba o cueca, tan en boga en la Argentina y en los países del Pacifico, la danzaban ya los guaraníes de las reducciones y, al decir de Azara, eran ellos sus creadores.
            La palabra zamba, parece derivarse del árabe zamir, en plural zamara, de donde viene zambra, antigua danza y solemnidad de los moriscos que echó raíces en España. Zamora, zamara y el disminutivo español zamarita (o zamarrita, como lo llama Azara), no serian pues sino diferentes formas de la misma palabra.
            En América la palabra zambo –zamba servía para nombrar al descendiente de negro e india, o viceversa. Puede, pues muy bien, haberse aplicado por analogía la palabra zamba a esta típica danza americana, para significar la participación indígena y exótica en su creación. “Música Zamba” sería algo así como “música mezclada mestiza”. Es de notar, por otra parte, que cierta danza americana de origen oscuro, se denominaba zambapalo. De cualquier manera queda en pie, hasta que se demuestre lo contrario, la afirmación de Azara sobre el origen nacional de la zamarrita y zamacueca.
            Incidentalmente habría que referirse a la llamada danza de la cuenta, verdaderos espectáculos coreográficos sobre temas religiosos que durante el siglo XVII hacían hallar los jesuitas a los indios en las grandes fiestas.
            Tal es, en síntesis, el cuadro de la vida musical de los guaraníes en la época de las misiones. Se observa por un lado el culto de la música sacra y laica, junto a las danzas y melodías europeas introducidas por los misioneros, y por el otro, los propios cantos y bailes de los indios. Con el correr de los tiempos, la infiltración de la música europea, con sus características tonales y armónicas, habrá ido sin duda, corroyendo desde sus cimientos, el estilo autóctono hasta desnaturalizarlo bastante.


IV- LA MÚSICA DESPUÉS DE LA INDEPENDENCIA

            Decretada la expulsión de los Jesuitas por Carlos III en la segunda mitad del siglo XVIII, los indios de las reducciones fueron retornando paulatinamente a sus primitivas costumbres. Este acontecimiento por un lado significo la extinción de uno de los experimentos políticos más singulares que se han hecho en la humanidad, produjo, según Manuel Domínguez, un manifiesto beneficio a la instrucción pública, ya que los bienes de la Misiones se aplicaron a la creación de establecimientos educacionales.
            Al llegar a este punto, se abre un nuevo camino en nuestro estudio. El arte, sobre todo el rudimentario arte musical, se centraliza en los primeros colegios de la Asunción.
            Durante los Gobiernos de Lázaro de Rivera y Velazco, la educación popular, casi nula anteriormente, comenzó a experimentar un lento y gradual progreso. Y cabe recordar aquí que el último de los nombrados dispuso que cada parroquia se encargara de la manutención de veintiséis jóvenes naturales, los que debían recibir entre otras disciplinas, lecciones de música. Esta disposición del gobierno debió significar, sin duda, un aliciente no despreciable para la difusión de la música en la capital.
            Por otra parte, la música laica de los conquistadores, entre la que se contaban las nostálgicas baladas y los alegres aires de danzas españoles, al mimetizarse con la naciente concepción de la nueva raza, abrió camino bajo el amparo directriz de la guitarra andaluza, a las picantes coplas hispano-guaranaes y a los primeros nacionales.
            El incremento que tomó la educación a poco de declararse la independencia, debió contribuir bastante al mejoramiento de la concepción creadora del pueblo. En este punto se hace necesario aclarar que, no obstante las grandes iniciativas de la Junta de Gobierno, como la obligatoriedad de la instrucción pública, la reapertura del Colegio de San Carlos y otros establecimientos educacionales, la fundación de la Sociedad Literaria, la Biblioteca Pública y la Academia Militar, el arte de la música seguía librada, sin la ayuda oficial, a los medios naturales del pueblo.
            El Gobierno de Yegros y Caballero pudo haber logrado, de durar más tiempo, llenar o, por lo menos, atenuar el gran vacío existente en la instrucción artística. Este pensamiento nos sugiere la lectura de las notas y circulares pasadas al Cabildo, referentes a la apertura de Cátedras, y las admirables instrucciones para los maestros de escuela.
            En nuestro poder obra un documento que certifica el relativo interés del gobierno por la música. Es este una cuenta pasada a la Junta de Gobierno sobre la suma invertida en el vestuario de los músicos del Batallón de la Patria, con la correspondiente autorización de pago, asignada por Yegros, Francia y Caballero.
            Asunción, por aquella época era, como nos la describen algunos historiadores, un pequeño y pintoresco injerto de la madre patria en América. Las antiguas costumbres españolas, al igual que en otras partes, fueron trasplantadas a la romántica capital de la conquista, que desenvolvía su existencia, placida y poéticamente, al amparo arrullador del rio secular, bajo el influjo de sus atardeceres perezosos y de sus estrelladas noches.
            En los suburbios de la ciudad, saturados de aromas silvestres, solía acudir la juventud en las templadas noches de verano a desflecar sus quimeras de amores al pie de las rejas coloniales, cantando sus endechas a las beldades nativas.
            Y en las residencias de la vieja estirpe, bajo las tupidas arboledas de los patios circundados de jazmines y naranjos en flor, se congregaban al caer la tarde los miembros de las familias para asistir, entre sorbos de mate y chupeteos de cigarros, a las juveniles escaramuzas galantes que se iniciaban bajo la dulce complicidad de la guitarra y el canto.
            En estas primitivas reuniones sociales que muchas veces, según los imperativos de la hora, se rociaban con unos tragos de buena caña, la guitarra se constituía en el principal personaje que agrupaba a su alrededor a los contertulios, dirigía a los bailarines y provocaba coplas y relaciones de salada ironía, frutos sazonados del buen decir popular.
            Algunas veces las fiestas eran de mayor jerarquía, como aquella que en honor de Robertson organizo Doña Juana de Esquivel, romántica Dulcinea de ochenta y cuatro primaveras, que había puesto los ojos amorosamente sobre la apuesta figura del joven escocés. En medio del regocijo general, -cuenta el mismo Robertson- “de repente se levanto Doña Juana y bailo un ‘sarambí’”
            En estas ocasiones el rumor de los regocijos denunciaba de lejos la realización de la fiesta atrayendo a los entusiastas paisanos de los alrededores que, en grupos pequeños e intermitentes, iban acudiendo con su correspondiente séquito de guitarreros acoplados que entonaban, al caminar, algún triste o canto nacional. “Parecían –dice Robertson- a la distancia, habitantes de otro mundo, y a medida que su sencilla y armónica música llegaba de diferentes partes, sobre el ala de la brisa, uno se figuraba que era una contribución coral de los pastores de la Arcadia”.
            Durante los primeros tiempos de su gobierno pareció que Francia, en algún sentido, iba a interesarse por la música. Cuando encomendó a Robertson una misión ante la Cámara de los Comunes, le encargo, al mismo tiempo, que a su vuelta trajera de Inglaterra cierta cantidad de instrumentos musicales. Es obvio que Robertson ni cumplió su misión ni rajo los referidos instrumentos.
            Si hubo, aparte de lo mencionado, otras muestras de interés por la música durante el prolongado gobierno de Francia, es cosa que los documentos y crónicas de la época que nosotros conocemos, no consignan.
            Por el contrario, muy pronto las serenatas, el desahogo más delicado y bello de la juventud enamorada, ofrenda de la madre patria que ponía una nota encantadora a la placida vida social metropolitana, fueron prohibidas, habiendo sido la última que hubo en Asunción, la que en 1816 se organizo para vitorear al general Artigas y termino con la prisión de sus integrantes.
            Nuevamente se presenta para nuestro estudio un paso difícil, casi impracticable. Los datos que poseemos sobre música durante el tiempo de Francia son, como hemos dicho, casi nulos. Apenas si existen algunas que otras referencias vagas de Robertson y Rengger, referencias por otra parte, no desprovistas de alguna pasión; “fue en esta época, -afirma el último de los nombrados- que la guitarra, compañero inseparable del paraguayo, enmudeció para siempre”.
            Alguien se ha referido a la Gasparina, danza que se bailaba en homenaje al Supremo. Nosotros, debemos confesarlo, no hemos encontrado noticias de ella en las crónicas de la época. Tenemos, si, conocimiento de que en alguna ocasión, no hace mucho tiempo, se hizo una reconstrucción de esta danza en un escenario de la capital.
            Muchos son los historiadores que se han detenido, con profusión, a destacar los tiempos de Francia como periodo de verdadero estancamiento cultural en que estaban silenciadas todas las manifestaciones del pensamiento.
            En la actualidad existe en el país una nueva corriente que tiende a explicar el Gobierno de Francia, justificando todos sus actos. Pero esto no disipa de ninguna manera las brumas que rodean la historia en su faz musical.
            Nuestra opinión es que el pueblo, no obstante la afirmación de Rengger, habrá seguido de propio impulso, cultivando su vena creadora; de otra manera no se explica que al advenimientos de Carlos Antonio López ya existiera en el Paraguay un cancionero popular perfectamente definido y que no tenía nada que ver con la polka bohemia, aun desconocida en el occidente de Europa y en América.
           
V- ÉPOCA DE LÓPEZ Y LA GRAN GUERRA

            En 1840 se produjo el fallecimiento del doctor Francia. Este acontecimiento señala una nueva era en los destinos del Paraguay, al hacer su aparición en el escenario político Carlos Antonio López, Cónsul primero y luego Presidente de la República.
            El problema de la educación volvió a enfocarse desde un ángulo eminentemente práctico. La instrucción pública se hizo obligatoria y gratuita, adelantándose en esto al mismo pensamiento de Carnot que por entonces, en la segunda República francesa, no pasaba de proyecto.
            Entre los hechos más importantes que caracterizan esta época, pueden mencionarse los siguientes: la erección de numerosas escuelas de instrucción primaria; la fundación de la Academia Literaria; la aparición del Aula de Filosofía; la apertura del Colegio de María; la reapertura del Seminario; el establecimiento de la Imprenta Nacional; el nacimiento del periodismo; la mejora de los edificios públicos y la erección de los dos monumentos de arte arquitectónicos más importantes de la capital: el Teatro de López y el Panteón de los Héroes y Oratorio de la Virgen.
            La canción popular seguía por entonces la lenta evolución trazada por el pueblo. Los salones de la sociedad, reabiertos con el relativo esplendor que permitía la pobreza del ambiente, fueron sin duda el foco donde convergían en definitiva la música y los germinados en la campiñas y los arrabales.
            Comenzaban a tocarse y bailarse en esos mismos salones las danzas de moda en Buenos Aires y Europa, siendo de notar que las Polka aun no había sobrepasado los límites de Bohemia, su patria. Los bailes más en boga, sin contar los motivos como el chopí, Sarambí y otros, serian, seguramente, como en otras partes de América, los valses, mazurcas, contradanzas, el lancero y la cuadrilla, A la difusión de las danzas modernas contribuía, sin duda, la salida al extranjero de jóvenes becados que conocieron el esplendor de salones mas suntuosos que los nuestros, y la llegada al país de agentes diplomáticos y familias extranjeras, con su bagaje de novedades en música y danza.
            En 1853 arribó a la Asunción el maestro francés Francisco Sauvageot de Dupuis, siendo contratado por el gobierno para organizar, dirigir e instruir a las bandas militares, con una importante retribución mensual. Hasta ese entonces, las bandas militares habían estado a cargo de los músicos Benjamín y Felipe González (Juan Francisco Pérez: “Las viejas bandas militares”, “El Orden”, enero 14 de 1924).
            La influencia del nuevo maestro en el incipiente mundillo musical del Paraguay fue, a no dudarlo, muy grande. La natural distinción que lleva en sí todo artista formado en los ingentes centros europeos, hizo que pronto Dupuis se convirtiera en la figura más prominente del movimiento musical de la ciudad. Sin ser un compositor en el sentido de la palabra, no obstante atribuírsele la paternidad de nuestro Himno Nacional, eran sus conocimientos de composición e instrumentación, al parecer, lo suficientes para permitirle instruir y orientar a los noveles músicos de la capital.
            Las bandas militares fueron organizadas por el maestro francés bajo severa disciplina. Una de ellas llego a contar, según crónicas de la época, con cerca de ochenta ejecutantes bien adiestrados y disciplinados. Más adelante se formaron otras bandas, bajo la dirección de Dupuis y de sus discípulos más aventajados.
            Juan Francisco Pérez, que llego reunir interesantes datos sobre el particular, supone con fundamento, en nuestra opinión, que Dupuis organizo durante un periodo bastante prolongado, una especie de academia musical con el objeto de preparar buenos directores de banda y orquesta.
            Entre los alumnos de Dupuis que sobresalieron hay que citar a los siguientes: Indalecio Odriozzola, director de banda y orquesta; Cantalicio Guerrero, Ayudante del maestro que, según parece, malogró una beca de estudios para Europa por perder el vapor intencionalmente (este joven músico, habiendo caído prisionero de los argentinos en los comienzos de la guerra, se destaco como virtuoso del clarinete en Buenos Aires, donde actuó integrando orquestas de opera); el capitán Juan Cabrera, José de J. Alvarenga y varios otros músicos fueron también discípulos de Dupuis. Entre los compositores –no de escuela, naturalmente habría que recordar a N. Legal y Juan B. Arepocó, los cuales, durante la guerra, compusieron varios cantos populares que alanzaron gran difusión.
            El maestro Quintana se destacaba, a la sazón como poeta, relojero y músico. “Tenía su escuela frente a su taller –dice un historiador (1)- bajo el patrocinio de una enorme cruz e madera erigida en el fondo de un vasto salón, donde los alumnos deletreaban la cartilla o estudiaban el catecismo, el cuidado de los fiscales que distribuían semanalmente las azotainas de reglamento, mientras el viejo domine, encerrado en su aposento, componía relojes, hacia coplas o rasgueaba su guitarra”.
            Tal era, en efecto, este singular maestro de escuela cuya afición por la música seria tanta que, en el ocaso ya de su existencia, se hizo poeta y compositor, llegando a componer –según nos refiere el Coronel Centurión en sus “Memorias”- coplas, canciones patrióticas y otras piezas sencillas.
            El estado de la música popular en el Paraguay, por esos tiempos, podría compararse con el de aquel importante periodo de florecimiento de la canción en Europa, durante la Edad Media, elaborado por los juglares, troveros y menestrales.
            En nuestro país, con las consiguientes diferencias de época y ambiente, existía también una especie de menestralía ejercida por los músicos ambulantes que, de pueblo en pueblo y de casa en casa, depositaban al son de sus arpas, violines y guitarras, las últimas ofrendas del cancionero popular. Estos músicos ambulantes eran, naturalmente, siempre bien recibidos porque, a diferencia de sus similares del Medioevo, no pedían dinero en retribución de sus conciertos, sino un poco de alimento para reponer las fuerzas perdidas en sus largas caminatas.
            Washburn, que ha dejado interesantes noticias sobre nuestra música popular, nos narra con acopio de detalles una jornada en casa de don Mauricio Casal, estanciero establecido con su familia en las cercanías de Asunción.
            “Frecuentemente, -dice, refiriéndose a los músicos ambulantes,- llegaban a casa de don Mauricio cuando yo me encontraba allí, y cuando esto sucedía se armaba un baile”. Y añade a continuación un comentario sobre la gracia y la soltura de los paraguayos en el baile, “a que están acostumbrados desde la infancia, afirmando que tales dotes han sorprendido a los extranjeros que han tenido ocasión de admirarlos”. Sigamos al norteamericano en la descripción de una de las veladas que disfruto e la finca de la familia Casal.
            “Los cantores amenizaban la fiesta con sus cantares y baladas españolas en las que tomaban parte, de cuando en cuando, las muchachas. Las hijas más jóvenes de don Mauricio tenían voces sumamente agradables y la tonada, aunque bonita, era siempre triste y melancólica. Esto parece general en la baladas españolas; pero en el Paraguay las canciones parecen ajustarse a la melancolía y en sus tristes cadencias, ser los suspiros de una alma abatida que lleva en si la historia del esclavizamiento nacional”.
            Estas últimas palabras de Washburn son sorprendentes; conocemos, puesto que aun hoy están en boga, algunas muestras de las músicas populares de la época, como:
“Mamá cumandá”, “London carapé” y “Palomita” . En ellas, si bien existe una nota de nostalgia y de suave melancolía, predomina siempre un acento de cándido optimismo y de ingenuo romanticismo. Tal es la música que florece en los campos, lejos de las pasiones mundanas, música que habla de amores sonrientes, de esperanzas y de ensueños alegres, porque sus creadores pocos conocen de las acechanzas, bajezas y traiciones que comentan los cantos de otras latitudes.
            La vida de la ciudad seguía, en tanto, desenvolviéndose, bajo mejores auspicios, amparada por la férrea voluntad de un grande hombre que soñaba con llevar a la patria a las más altas cimas.
            No obstante la gran pobreza del ambiente, ya se iban notando en el aspecto artístico, algunas muestras de adelanto. El primer elenco escénico nacional, fundado por Ildefonso Bermejo, y que funcionada en el antiguo Teatro Nacional, con la participación de niñas y jóvenes de la sociedad, es un ejemplo en este sentido. Bermejo mismo fue autor, figurando sus piezas entre las primeras que se representaron en el novel Teatro, ante la augusta presencia de Don Carlos.
            Por aquel entonces, el parnaso paraguayo daba también su primer fruto sazonado; Natalicio Talavera, el más aprovechado discípulo de Bermejo, cuya vida se troncho tempranamente en los comienzos de la guerra.
            El advenimiento de Francisco Solano López, a la muerte de su ilustre padre, encontró a la capital en pleno florecimiento.
            Por esa época existían en Asunción diez bandas militares correctamente organizadas, siendo una de las principales la de la Policía, por el número de sus componentes, por la calidad de la ejecución y por la disciplina que reinaba en ella.
             Todas las mañanas, a la primera luz del alba, daban comienzo los ensayos que duraban por lo general, cuatro o cinco horas sin interrupción. “La música era excelente, -dice Washburn- pero las obligaciones de los que tocaban los instrumentos de cobre eran tan rigurosas que gran parte de ellas acababan por arruinar su salud”.
            El joven Presidente de la República, que conocía los refinamientos de los más avanzados centros europeos, prestó desde un principio, atención a la música, sobre todo a la militar. En 1863, con el objeto de reforzar el repertorio de las bandas y orquestas del país, hizo traer de Francia “algunas músicas para banda de infantería, caballería y artillería, algunas operas, valses, cuadrillas y otras piezas modernas, como también para orquesta”. (Juan Francisco Pérez, art. cit.).
            Cantalicio Guerrero, de quien ya nos hemos referido como uno de los mejores discípulos de Dupuis, dirigía por entonces la llamada “nueva orquesta”. De las aptitudes de este joven artista nos da interesantes noticias Juan Francisco Pérez, quien nos habla de sus triunfos en Buenos Aires como clarinetista de una compañía de operas. En cierta ocasión, la famosa cantante Adelina Patti le regalo un clarinete de plata, como reconocimiento de la habilidad con que guerrero acompaño a la diva en un obligado de difícil ejecución.
            Indalecio Odriozzola, otro discípulo de Dupuis, que dirigía la orquesta del teatro, era un músico a quien se reconocía también grandes aptitudes.
            Como se ha visto, el Paraguay, en los tiempos de Solano López, contaba ya con un buen número de bandas militares, algunas orquestas clásicas y una cantidad respetable de ejecutantes, directores y compositores populares. A esto habría que agregar, para completar el cuadro, que el movimiento artístico de la capital, se veía realzado en mucho con la presencia de las compañías teatrales que llegaron sucesivamente al país, con su correspondientes directores de orquestas y concertadores. En los programas se incluían números de concierto bien reparados.
            Entre estos concertadores y directores de orquesta, habría que citar a los maestros Santiago Ramos, Capelli, Dionessi y Boccalari.


VI- BAILES POPULARES Y SOCIALES DE LA ÉPOCA

            Las bandas militares durante la presidencia de Francisco Solano López, estaban a disposición de cualquier jubileo. Con la de policía, una de las completas, se organizaban las serenatas populares al Presidente y Madame Lynch. Memorable fue aquella que, en el natalicio de Solano López, se realizo con el concurso de dieciséis carruajes precediendo a la numerosa comitiva, con la banda de música por delante.
            El futuro héroe –dicen los cronistas-, era muy dado a los placeres de la danza. En los primeros tiempos de su gobierno Solano López ofrecía casi diariamente grandes bailes populares en amplios salones improvisados en las plazas. Estos salones –así los llama Thompson en su pintoresca descripción-, eran espacios anchos perfectamente delineados y divididos en tres compartimientos; uno de ellos estaba reservado exclusivamente a la alta sociedad; un segundo compartimiento se destinaba a la kyguá-verá (2), y en el tercero, por último se congregaban la masa del pueblo.
            Poco antes de estallar la guerra de la Triple Alianza, la policía tomo a su cargo la organización de grandes manifestaciones populares que se efectuaban todas la noches y recorrían las calles de la ciudad, con la banda de música al frente. El pueblo, por otra parte, en las ocasiones solemnes de la vida nacional, solía realizar por su cuenta parecidas demostraciones de regocijo y fervor patriótico, recorriendo las calles, dando serenatas y bailando en la plaza principal. Tal cosa ocurría, -cuenta Thompson- con motivo de la protesta paraguaya contra el Brasil.
            En el curso de la guerra estas manifestaciones, lejos de cesar, se hicieron más frecuentes. Casi diariamente se realizaban bailes en las plazas. Cuando el entusiasmo general llegaba a su apogeo, la concurrencia acompañada siempre por la banda de música, se dirigía a las moradas del Presidente, de Madama Lynch, de los ministros y del Obispo, haciendo grandes demostraciones de patriotismo, terminada las cuales tornaban a su punto de partida, donde continuaban danzando hasta el amanecer. Estos bailes populares que, según la opinión de Thompson, eran costeados y organizado por la Policía, solían ser comentados irónicamente en el campo enemigo. La prensa de Buenos Aires los denominada “bailes de San Vito”.
            Después de la evacuación de Corrientes por las tropas nacionales, en el campamento se realizaban los días de fiestas, grandes bailes para los jefes y oficiales del ejército. Servía de singular escenario a estas reuniones una especie de “kiosko” improvisado, cuya columna central era la verga mayor de la nave brasileña “Jequitinhonha”. Las danzas preferidas por los bailarines eran la “Palomita”, London carapé”, “Cuadrilla boliviana”, llamada también “Miriquiñao”, la “Caledonia”, y como final “Mamá cumandá”. Suponemos que a este repertorio típico, debió incorporarse pronto el “Campamento Cerro León”, clarinada guerrera, surgida en la jornada de Uruguayana según algunos historiadores-. Es posible que la “Golondrina” antigua y cadenciosa danza de la que lamentablemente, no hemos encontrado mención hasta el presente, se danzara también en aquellos salones improvisados e los campamentos, como verdaderos oasis de alegría, en medio de tanta tragedia. Las mujeres –ya se sabe que las mujeres nunca abandonaron al paraguayo en su ascensión al dolor, adornaban con su presencia impregnada de consuelo esa postreras veladas de heroísmo. Consta que Madama Lynch, al promediar las fiestas, hacia su aparición, e medio de los bailarines, a los cuales se incorporaba, alegre y entusiasta, marcando el apogeo de aquellas bulliciosas reuniones donde, según las crónicas, se destacaba siempre con perfiles propios la apuesta figura del practicante Juan Bautista Gill, “el bailarín preferido por las mujeres”.
            Hasta aquí hemos llegado en nuestra modesta recopilación de datos para la historia de la música en el Paraguay.
            El monstruo de la guerra que devasto la patria, destruyendo hogares, quemando corazones, inmolando todo vestigio de vida, devoro también con su lengua de fuego insaciable, toda una cultura que estaba naciendo bajo el influjo de los más nobles ideales.
             Así el Paraguay, que poco antes de la gran tragedia era en la convulsionada América como una aurora sonriente, al apagarse la vida del mariscal heroico, en la sublime apoteosis del Aquidaban, parecía agonizar envuelto en la oscura mortaja de un ocaso inexorable.
            Pero el continente ha visto operarse el milagro de una resurrección.
            De las ruinas, se ha levantado de nuevo la Patria y hoy sus hijos, con la frente alta, como corresponde a quienes tienen la inapreciable honra de un pasado glorioso, marchan sonrientes hacia ese horizonte promisor que se llama el porvenir, seguros de que la sangre generosa derramada en aras de la Libertad, ha fecundado la tierra sacrosanta y ha nacido un árbol muy frondoso para dar nobles frutos de belleza; ese árbol se llama la “cultura nacional paraguaya”.


VII- LA MÚSICA NATIVA PARAGUAYA. LA “POLKA”

            En nuestro país, probablemente desde los tiempos iniciales de las misiones jesuíticas, iba elaborándose lentamente un cancionero típico de seis or ocho. Según hemos visto, los indios convertidos por los misioneros bailaban, como testifica Azara, algunas danzas de su creación, entre ellas la zamarrita o zamacueca.
            Tal vez esta danza, con su característico ritmo de seis por ocho, nos ofrezca un punto de partida interesante para el estudio de los orígenes de nuestro aire nacional. Dado el carácter fácil y popular de la zamacueca, tanto en la capital como en la campaña debió extenderse la práctica de esta bonita música, tan propicia para el canto como para el baile. Al mismo tiempo los cantos regionales españoles, punteados en la guitarra –instrumento que toda la América adopto como suyo propio-, contribuyeron sin duda en gran escala a la formación de un aire genuinamente nacional que expresaba con fidelidad el espíritu de la nueva raza.
            Más adelante nos proponemos hacer un estudio de los pies rítmicos que contiene nuestra canción derivados de los arcaicos modos griegos que se trasplantaron en la Edad Media, y persistieron en la Europa meridional. Es evidente que en nuestra música predominan ritmos que florecieron en la era medioeval, como el yambo (breve y larga), el troqueo (breve y larga) o yambo invertido, que amalgamados dieron origen al ritmo coriambo (larga-breve-breve-larga-). Estos ritmos innegablemente exóticos, están contenidos en casi todas las canciones latinoamericanas en seis por ocho, y especialmente en nuestra música. Extendernos sobre esta cuestión, de pos si árida, daría lugar a un agotador trabajo de ritmologia comparada, labor que por otra parte, trataremos en otra ocasión. Nos bastara, por ahora, considerar una de las características rítmicas de nuestro aire nativo que más resaltante se presenta al oído. Nos referimos a la yuxtaposición de ritmo simple y compuesto que capea en la música nacional, tan grata al sentir paraguayo.
            Si examinamos algunas danzas españolas – la jota, por ejemplo-, observamos de inmediato un evidente punto de contacto con nuestro aire nativo: en el acompañamiento de la jota suele ser típico el empleo de las llamadas vulgarmente bordonas (descomposición de los acordes en arpegios ejecutados en octavas en tiempo de tres por cuatro).
            Esta clase de acompañamiento es también característica de la canción paraguaya. Y aun más el simple ritmo de tres por cuatro (representado en la jota, valse o mazurca) por tres negras, suele ser con ligeras modificaciones no esenciales, el ritmo que acompaña al aire nacional, sobre todo en el piano. Puede hacerse, por vía de comprobación, la experiencia de acoplar el acompañamiento en tres tiempos (parecido al de la jota), a cualquier canto en seis por ocho, que tenga naturalmente algo del espíritu americano, y se verá cómo surge de inmediato una música muy parecida a la canción paraguaya.
            En algún momento, pues, de nuestra vida paraguaya, perdido en cualquier rincón de los campos o pueblos, debió producirse el extraño consorcio de estos dos ritmos verdaderamente antagónicos, para formar la música nativa.
            El seis por ocho y el tres por cuatro, la canción nostálgica y el ritmo cadencioso y alegre, correrían en los albores de la vida nacional como dos almas musicales que tienden a encontrarse y fundirse en una, a pesar de sus caracteres esencialmente opuestos.
            El tres por cuatro, enérgico y preciso, parece representar el elemento varonil personificado por el español que seduce y conquista. El seis por ocho, por el contrario lleno de sugestiones escondidas en la flor de su modestia, es como el alma femenina de la india que sueña y se deja seducir en aras de un connubio estético.
            El español, austero y estoico, era el señor del tres por cuatro que vibraba en las cuerdas de la guitarra, cortando suavemente sus canciones, baladas y aires de danzas regionales. Sabido es que en el reino de León y Castilla, alternando con las canciones importadas por los visigodos, habían quedado los cantos moros. Estos cantos, que se mezclaron paulatinamente con la música provenzal e italiana formando un núcleo peculiar que dio carácter y fuerza al folklore español, prestaban una manifiesta preponderancia al ritmo ternario.
            El americano, por el contrario, pareció sentirse más seguro, más en consonancia con su propio espíritu, cantando en seis por ocho. En casi toda la América, como ya hemos dicho, este ritmo suave, pleno de silvanas reminiscencias, propicio a los giros alegres y sentimentales, ha quedado como una muestra del sentir criollo.
            Pero, nos preguntamos, ¿quién fue el primero que pensó en asociar los dos ritmos? ¿Fue un conquistador enamorado de una beldad criolla que quiso cantar sus endechas en el lenguaje musical nativo? ¿O fue, acaso, un indio altivo y soñador que pulsando la exótica vihuela, deseo acoplar sus acentos musicales al rasgueo aprendido de algún español? ¿O fue, tal vez un criollo, producto de la noble cruza, que sintiendo correr en sus venas la mezcla nueva y vigorosa juntó instintivamente los dos ritmos al influjo de su inspiración mestiza? Tal vez nunca lo sepamos, pero lo cierto es que hoy el alma paraguaya canta en esa forma, haciendo esa formidable sincopa que pude contener, al mismo tiempo, la más intensa de las energías y las más dulce de las y ternuras.
            Con una falta de lógica verdaderamente extraña suele dársele a nuestra canción, el nombre genérico de polka, palabra que designa, desde luego, una música exótica.
            En efecto, esta danza popular, -que no nació en Polonia, como muchos creen, sino en el antiguo reino de Bohemia,- ha tenido en nuestra canción popular una influencia demasiado reciente para que pueda justificarse el préstamo del nombre.
            La polka, .danza nacional de Checoeslovaquia,- se deriva, como afirma Bohme del schottisch escocesa), siendo las dos danzas muy afines a la bourrée, de la cual se diferencia, apenas, en la articulación melódica. Hugo Riemann hace descender estas danzas de la antigua y cortesana gavota.
            Es muy probable que la emigración de la polka a la América se haya producido recién al promediar el siglo XIX, época en que, como claramente señalan las menciones de Regger y Washburn, ya existían en el Paraguay una música nativa popular bien definida. Según la opinión de Escudier, que especifica Barcia en su “Diccionario Etimológico”, -recién en 1845 la polka, natural de Bohemia, comenzó a conocerse en el occidente de Europa.
            El auge de la polka en América debió, pues, producirse posteriormente a esta fecha. Lo cierto es que a mediados del siglo pasado se constituía en una danza practicada en todos los salones de buen tono, con la misma frecuencia de la gavota, minuet, cuadrilla, valses y mazurcas. En Buenos Aires, el pueblo y la sociedad adoptaron asimismo la polka, como uno de sus bailes mas estimados, y aun en la actualidad sigue cultivándosela, sin que haya perdido casi nada de sus características de origen, con la adaptación de letrillas generalmente humorísticas.
            No sabemos exactamente cuando llego la danza Checoeslovaca a nuestro país; pero, sea en una fecha u otra, lo cierto es que al hacer su aparición la polka, el pueblo la nacionalizo enseguida, acoplándole el acompañamiento en tres tiempos, con sus bordonas características. Este caso de adaptación de lo exótico es muy frecuente en América donde, desde las costumbres hasta las palabras extrañas, todo con el tiempo se nacionalizan.
            En nuestro país tenemos las clásicas serenatas españolas convertidas en las románticas musiqueadas nacionales.
            Las palabras extranjeras de uso indispensable, son bien pronto guaranizadas, como sucedió por ejemplo, con cruz, mesa, caballo, azúcar, que se transformaron en curuzú, mesá, cabayú, azucá. Según el testimonio de una residenta consultada por el maestro Remberto Jiménez, el Londón carapé, popularísima danza de tiempo de López, no es otra cosa que la irónica adaptación popular del London-danz, música importada de Europa. El mismo Campamento Cerro León, que la tradición hace surgir de la jornada de Uruguayana, parece ser la nacionalización de la diana militar, de uso universal, con todos los acentos de la música paraguaya.
            En otros países de América, Argentina, por ejemplo, se produjeron casos análogos al de la polka. La mazurka polaca, al ser introducida en aquel país, adquirió una forma peculiar: de movimiento algo más rápido, con ausencia total de cromatismo y casi ninguna modulación, sólo mantenía el ritmo característico (frecuencia en los tiempos de corchea con puntillo y semicorchea) con el agregado de un fuerte acento sobre los tiempos graves que los argentinos, al bailar, marcan con el peso del cuerpo inclinándolo, alternativamente sobre cada pierna. Esta especia de mazurka nacional recibió en la Argentina la denominación de ranchera, reservándosele a cierta ranchera tradicional, el nombre de Pericón, tal vez por su parecido con cierta danza antigua española llamada Pericote.
            Es muy posible que también en el Paraguay se haya bailando mucho esta dnza. Tal vez el Chopí, -el popular Santa Fe, baile típico que marca el apogeo de las fiestas campesinas y cuyo parecido con el pericón y la ranchera es notable-, sea una derivación de aquellas danzas.
            Otro ejemplo nos ofrece el tango (según la etimología de Barcia, del latín, tango, yo toco, de tangere, tocar), primitiva música de gitanos que se toco en España, paso a las Antillas, con el nombre de Habanera, y después de varios recorridos llego por ultimo a la Argentina donde, mezclándose con el candombe de los negros, dio origen a la milonga y al actual tango canción.
            Danzas americanas como el Danzón, el bolero y la rumba, por no citar sino unas cuantas, tienen un origen parecido. El mismo valse vienés, aunque su nombre no haya variado, ha recibido su adaptación nacional en distintos países. El vals norteamericano, por ejemplo, es sumamente lento, cromático y modulante. El llamado en la Argentina vals criollo es, por el contrario, muy rápido y su línea melódica, más vulgar aun que la del tango, se desarrolla generalmente en modo menor. Podríamos aun hablar de otras danzas clásicas americanas indudablemente más puras y bellas que las anteriores, como el “Yarabí”, el “Bailecito”, La Chacarera, el gato y el malambo, etc., que constituyen el resultado del mismo proceso evolutivo operado en la música nativa paraguaya. Es de observar, por otra parte, que algunas de estas danzas, como el gato y la chacarera argentina, tienen bastante analogía rítmica con nuestro aire nacional, fenómeno que se observa también en algunas antiguas danzas populares centroamericanas.
            La música nativa, con el canto en seis por ocho y el acompañamiento e tres por cuatro de origen colonial, siguió cultivándose paralelamente a la que posee el canto en dos por cuatro, derivado de la polka bohemia.
            Creemos que se impone la diferenciación de dos tipos definidos de aires nacionales: el cantable y el instrumental.
            El primero, cantable, que brotaba de la inspiración popular en los verdes valles, al pie de los cerros o al borde de los arroyos, suele ser en seis por ocho y levemente más lento que el segundo tipo. De carácter sentimental y nostálgico, su musa inspiradora es casi siempre el amor, pero un amor sonriente y casto que canta la belleza de la mujer amada y habla, con gracia campesina inimitable, de futuras plenitudes de felicidad.
            No eran, tal vez, más puras ni más elocuentes las antiguas pastorales del medioevo, que florecían entre las brumas del feudalismo. Como característica principal, los compases de este primer tipo de canción paraguaya que comentamos, suelen estar unidos por sincopas y las frases terminan, a menudo en el último tiempo débil prolongado sobre el primer tiempo del compas siguiente.
            Ejemplo: Palomita, Paloma pará, Yacy morotí, Corasó rasy, Aníque repé y Mamá che mosé. Los mejores intérpretes de este tipo son la guitarra y el canto. Hacemos notar, de paso, que nos referimos a estos ejemplos, tales como la canta el pueblo, no como muchas veces, arbitrariamente, suele escribirse.
            El segundo tipo, en dos por cuatro, más rápido y alegre que el primero, se deriva de la polka europea y su aparición hay que buscarla, como hemos dicho ya, en la segunda mitad del siglo XIX. Se presta a los virtuosismos del arpa, el piano y la flauta. La orquesta típica, con violines, flautas, arpas y guitarras, es su intérprete natural. Las veloces semicorcheas y los arabescos que realizan los solistas, hace que este tipo sea un poco adaptable al canto y sirvan más para el baile. Ejemplos: Conscripto, Coronel Escobar, Campamento Cerro León, Colorado, Galopa del Arpa, Arroyos y Esteros y Alón.
            Algunas veces, los dos tipos se combinan y se forman un tercero en el que alternan el seis por ocho y el dos por cuatro. Ejemplos: Capiatá, Toky to syry, Nde ta manté voí, Nde racjhu jharé, etc.
            Declaramos, que esta clasificación por tipos es puramente personal y la ofrecemos al análisis de los entendidos como una modesta sugestión, para la mejor comprensión del espíritu de nuestra música nacional.
           

VIII- LA ESCRITURA MUSICAL DEL AIRE NATIVO

            El acompañamiento de los aires nacionales esta escrito, generalmente en tiempo de dos po cuatro (tresillo de negras), o de seis por ocho. Creemos que tal escritura es rítmicamente errónea.
            En el primero de los casos (tresillo de dos por cuatro o sea Tres negras) existe el siguiente reparo:
            Un tresillo de tiempos en compas simple, no conduce jamás a compas compuesto (como es el seis por ocho) sino a otros compas también simple, Ergo: tres negras, o sus derivados (y esto en nuestra música no es incidental sino trascendental en el acompañamiento) en seis por ocho constituyen sincopas internas, aunque no estén señaladas por la escritura. Con solo escuchar aisladamente el acompañamiento, se hace evidente el tres por cuatro (tres negras o sus subdivisiones). Luego, siguiendo un plan ajustado a la lógica, tendríamos:

            MELODIA: Tipo 1º 6/8

            (Combinaciones binarias de grupos ternarios) o sean dos tiempos de tres corcheas, derivado del 2/4, cuyos tiempos constan de dos corcheas. Proviene de cualquier género binario simple.
           
            Tipo 2º 2/4
           
            (Combinaciones binarias simples) o sean dos tiempos de dos corcheas o cuatro semicorcheas. Proviene de la polka bohemia.

            ACOMPAÑAMIENTO: ¾

            (Combinaciones ternarias de grupos binarios) o sea tres tiempos nítidos de negras, o subdivididos. Compás ternario simple, parecido al de ciertas danzas europeas, en especial, la jota española.
            La contraposición de estos dos elementos (compás binario, compuesto o simple, y compás ternario simple) marca, la característica más saliente, que constituye toda la esencia del aire nativo, y se la debe hacer constar con claridad en el pentagrama, para facilitar la lectura. Incidentemente señalaremos que, algunas veces, la guitarra, al acompañar hace un raqueo parecido al seis por ocho, que debe interpretarse como tres por cuatro, con acentos agógicos en contratiempo.
            En varias oportunidades hemos presenciado la angustia con que algunos pianistas extranjeros de nuestra amistad, procuraban leer las músicas paraguayas. A pesar del virtuosismo técnico de algunos de ellos, el contraste de la melodía con el acompañamiento les producía un verdadero mareo rítmico. En cierta ocasión, probamos establecer la división del acompañamiento en tres tiempos yendo, con suma frecuencia, a otros compases simples.
            Podríamos citar numerosos ejemplos de los maestros contemporáneos de la música que, en casos parecidos, han adoptado el camino simple que nosotros proponemos. Bastaría recordar a Igor Strawinsky, que en casi todas sus obras, en lugar de emplear los tresillos de compase enteros, prefiere cambiar los tiempos yendo, con suma frecuencia a otros compase simples.
            La canción paraguaya ha florecido con la intensidad que deben florecer los acentos nacidos en el alma popular de una raza soñadora y varonil, como la nuestra. El compositor nativo, por lo general, nada sabe de música académica; los complicados tecnicismos de la escuela le son ajenos y muy pequeña es su educación auditiva. La creación, pues, surge en él espontáneamente, como las frescas aguas del manantial. Es una necesidad en el corazón paraguayo amar y cantar y nada le cuesta hacerlo, porque todas las cosas, -el clima, la naturaleza, las mujeres-, le invitan a la meditación y al ensueño. En esta tierra todo es suave, plácido y sencillo, su música no podía menos que tener las mismas modalidades.
            Es, en efecto, nuestra canción popular de una sencillez melódica muy grande, y en ella, tal vez, radica su encanto. Cuanto más pura y más de los campos llega la canción, hay menos modulaciones y mas tonalismos. La armonía, sin obedecer a ninguna regla, se reduce a los tres acordes fundamentales: Tónica, Subdominante y Dominante. Cuanta simplicidad.
            Y sin embargo, con estos tres acordes se ha llegado a establecer una combinación, típica del aire nacional, que casi no se ve  en otras músicas: la Dominante, precediendo a la Subdominante, como en los antiguos corales anglicanos.
            La escala misma, con ser preferentemente la gama mayor diatónica de uso universal, suele contener peculiaridades que son como brochazos de humorismo sano en las cadencias: una tercera menor (en modo mayor), armonizada con la dominante, como apoyatura de la segunda de la tonalidad. A veces, también, se roba a la sensible su potencia ascendente y, como una travesura musical, se la rebaja un semitono. ¿Influencia de pentatonismo indígena, quizás? Aquí deseamos aclarar que estas especies de bromas musicales nosotros las hemos escuchado, sin haberlas visto nunca escritas.
            Es evidente que la mayoría de nuestras canciones nativas están escritas en forma pobre y sin ningún cuidado por la armonía. Esto es el resultado del desconocimiento de las reglas del arte, indispensable para composición fina. Pero esta circunstancia en nada merma el encanto intrínseco de la canción, ni su potencia temática. Hace falta, naturalmente, que los compositores de escuela, recojan estos tesoros del alma popular que son como diamantes en bruto y sistemáticamente se dediquen a embellecerlos con paciente trabajo y armonización y composición. Existen, sin duda, algunos compositores de bien ganados prestigios, como Remberto Jiménez, José Asunción Flores, Alvarenga y otros, que ya han hecho mucho por dignificar nuestra canción. Pero esto no basta: necesitaríamos formar tomos enteros de canciones nativas bien armonizadas y desarrolladas para que puedan recorrer el continente dando una bella muestra de nuestro espíritu vernáculo.
            Para terminar, diremos que compartimos plenamente la opinión del maestro y amigo Remberto Jiménez sobre lo absurdo que resulta el seguir llamando polka al aire nativo, tan típico, tan genuinamente paraguayo.
            Dar un nombre exótico a nuestra música popular, resulta tan ilógico como denominar “españoles” a los paraguayos. El mismo proceso de nacionalización que se opero en el Paraguay al separarse de la corona española y erigirse en nación libre y soberana, se ha operado también en la canción nativa. Nombrémosla pues, con un nombre nacional, típico, como corresponde a esta música nostálgica, serena y poética, que es como el idioma espiritual de nuestra raza soñadora y heroica.


(1) Fulgencio R. Moreno “La ciudad de la Asunción”.
           

Publicación de la Dirección del
Departamento de Enseñanza
Secundaria y Profesional.
Asunción - Paraguay