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domingo, 12 de septiembre de 2010

JUAN E. O’LEARY - ANTOLOGÍA POÉTICA, Edición de RAÚL AMARAL / Alcándara Editora, Colección Poesía, Nº 19, 1983.


ANTOLOGÍA POÉTICA
Poesías de
JUAN E. O’LEARY
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Colección Poesía, Nº 19
© Herederos de Juan E. O'Leary
Alcándara Editora
Edición al cuidado de RAÚL AMARAL,
CARLOS VILLAGRA MARSAL y
MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ.
Diseño gráfico: Miguel Ángel Fernández
Viñeta: Carlos Colombino
Tiraje de 750 ejemplares
Inscripción solicitada a la Agencia Española del ISBN
Hecho el depósito que establece la Ley 94
Se acabó de imprimir el 30 de noviembre de 1983
en los talleres gráficos de Editora Litocolor
Asunción, Paraguay (124 páginas)


EXPLICACIÓN
Como la mayoría de sus compañeros de la generación del 900, Juan Emiliano O`Leary -vida y obra- padece, póstumamente, las tribulaciones y desfiguraciones de la tradición oral. Esto quiere significar que es más lo que de él se sabe de oídas y por segundas o terceras referencias que por la frecuentación directa (no se pretende que asidua) de sus páginas en prosa o verso.
A tal desconocimiento concurre -además de otros factores no siempre voluntarios- la circunstancia de que a pesar de una prolongada existencia (nació en la Asunción el 12 de junio de 1879 y en ella murió el 31 de octubre de 1969) y de una no menos extensa actividad intelectual, iniciada a los 17 años desde periódicos estudiantiles, su producción permanezca dispersa en innumerables publicaciones, muchas de las cuales han desaparecido.
El caso de su poesía es más difícil de señalar aún por cuanto en vida sólo reunió en un libro de elegías: A LA MEMORIA DE MI HIJA ROSITA (1918) los acentos sentimentales a que diera lugar la muerte de su primogénita, en abril de 1915. El tramo de esos poemas abarca desde esta última fecha hasta la de edición del volumen. En 1964, quien esto escribe formó una ANTOLOGÍA DE SONETOS, impresa ese año en una "plaquette" y en tirada fuera de comercio. Luego, con prólogo de H. Sánchez Quell -de quien es también el título- aparecieron en 1971 sus CANCIONES DE ULTRAMAR, en opúsculo que agrupa a buena parte de los poemas escritos durante su permanencia en Europa, especialmente en España, Francia e Italia, países a los que cantó -con el espíritu universal propio de su promoción- en versos brillantes y sonoros.
La ausencia de elementos bibliográficos propios ha incidido en la carencia de estudios interpretativos o trabajos de investigación sobre este aspecto de su obra total. A ello debe añadirse una no muy oculta propensión del autor a verse reflejado más que en la concreta presencia de un libro, en la esporádica y espontánea difusión de la prensa periódica, en la que supo volcar sus mejores afanes.
Esa es la causa por la cual su filiación poética puede inducir a confusión y hasta despistar a quienes se acerquen a ella sin previas precauciones. Debe así comprenderse que no resulta lógico adjudicarle una ubicación lisa y llana en el romanticismo nativo (que comienza, como se sabe, en 1860) sin aclarar que, soslayando presiones de época y aun de índole ambiental y sentimental, sus versos de juventud, dados a conocer entre 1897y 1907, evidencian cierta inserción en el posromanticismo, que se iniciara en la posguerra del 70 y diera sus aportes finales al empezar el 900.
En esa etapa será posible detectar a O`Leary como seguidor -en su acentuación lírica y patriótica- de don Victorino Abente (1846-1935), aquel antiguo español residente que fuera calificado con justicia de “POETA DE LA RESURRECCIÓN NACIONAL”.
Las frecuentaciones de Espronceda, primero, en particular en sus temas civiles, y de Bécquer más tarde, en su estrofación y sentido lírico, son determinantes en ese rumbo que culminará en 1915, con sus cantos saturados de tristeza y desesperación. Pero puede afirmarse, paradójicamente, que en esos desahogos se insinúa ya como un preanuncio del cambio, ese que al año siguiente ha de vincularlo al modernismo -con bastante retraso, claro está- a través de su soneto Don Quijote en el Paraguay.
Y aunque el trasfondo romántico que conformaba su espíritu, y del que no renegó nunca, dejara de manifestarse en la forma anotada, la verdad es que en sus producciones mayores se hace patente la huella modernista, lo que ocurrirá con Pane, si bien en proporción más restringida, desde 1919.
Quien desee comparar la desbordante exasperación a que su dolor es sometido, y llevado a las elegías dedicadas a su hija, con otras manifestaciones de respuesta ante la muerte, como los poemas consagrados a sus padres: MATER DOLOROSA (1923) y ELEGÍA FILIAL (1926), se encontrará con algo más que la diferencia impuesta por la distancia observada entre un desgarramiento del alma, sufrido a los 36 años, y la serena visión a que lo obligaba una distinta edad física. El uso de la nueva modalidad justifica aquí el tono atemperado, de contenida nostalgia, que preside esas meditaciones familiares, en las que asoma alguna lejana predilección filosófica, que se patentizara asimismo en la parte inicial de EL PASADO REDIVIVO (1933).
Esa tendencia habrá de reaparecer en sus sonetos, varios de los cuales no hubieran desdeñado los epígonos del movimiento encabezado por Rubén Darío. Corresponde citar, entre los incluidos en esta antología, a EL ÚLTIMO CACIQUE y LEOPOLDO DÍAZ, sumándose a ellos otros poemas de igual calidad como LA RUTA DE UNA VIDA y EL PASADO REDIVIVO. Y es en ese orden que conviene observar que si la temática no ha variado (la vida, la historia, la raza), se ha modificado su manera de interpretar la poesía y el uso de otros elementos, bien que alejados de la efusión romántica.
Se ha indicado, sin rigor crítico, por algunos historiadores, que la tarea poética de O`Leary implica una transición del romanticismo al modernismo. Toca recordar que un cotejo con otros autores y con sus propios poemas, permitirá controvertir esa afirmación. Tal estado de puente debe ser adjudicado a Alejandro Guanes (1872-1925), posromántico entre 1890 y principios de siglo y volcado al modernismo en el lapso que va de 1905 a 1910. En contraposición, O`Leary se mantiene en su actitud inicial hasta 1915, como ha quedado dicho, a distancia considerable de Guanes y de sus inmediatos continuadores como Ricardo Marrero Marengo (1879-1919), Fortunato Toranzos Bardel (1883-1941), Roberto A. Velázquez (1886-1961) y Gómes Freire Estéves (1886-1970) (Francisco L. Bareiro será tan sólo un frustrado intermedio), integrados conscientemente al modernismo, según se ha demostrado.
Lo que justifica, en realidad, un distinto concepto de la prosa en O`Leary -mucho antes de verificarse los nuevos caminos abiertos para su poesía- es su notoria aproximación a Goycoechea Menéndez, a partir de 1901. En el prólogo a la segunda edición de GUARANÍES (1925) se advierte más de una confesión valiosa, destinada a convalidar esta aserción.
El prestigio del O`Leary poeta -a nivel continental- no ha declinado, pese a la erosión de los tiempos. Eso sí: existe la inclinación a evocarlo más corno autor de poemas aislados (SALVAJE, entre ellos) que por la calidad del conjunto. El hecho de que las fuentes no son comúnmente accesibles ha incidido en esta visión parcializada, propensa a ignorar de dónde fluye su autenticidad.
Estas páginas tienden a recoger -no otra es su pretensión- la esperanzada imagen poética de aquel que tanto cautivó con sus rimas y sus ritmos a sus coetáneos y que interesara a no pocos altos nombres de nuestra América y de Europa. Los pensamientos que se transmiten de Darío, Unamuno, Valle Inclán y Zorrilla de San Martín, se definen por sí solos. A ellos podrían agregarse los de numerosos escritores modernistas que al comprenderlo le hicieron justicia.
ESTA EDICIÓN : Al materializarse ahora el propósito de congregar en volumen una casi ínfima parte de lo mucho que el poeta escribiera, se ha creído necesario concretarlo, antes que nada, en sectores que ya estaban patentizados y definidos al correr de su trayectoria. A la vez, la intención anunciada pasa a cumplir fines didácticos, ofreciendo más que el quehacer de determinadas épocas, la evolución temática relacionada con las mismas.
En lo que al desarrollo de la compilación alude no estará de-más insistir en que se ha acudido a los poemas más representativos dentro de la limitación de cada capítulo. Y en lo que atañe a la conformación del trabajo, valdrá la pena señalar que éste ha implicado todo un proceso de investigación que cubre más de 25 años. Algunas de las poesías han quedado incorporadas in extenso -tal EL ALMA DE LA RAZA, ejemplo de infrecuente rareza bibliográfica- por haberse evaporado las hojas en que fueran publicadas o por figurar en obras que hace mucho se han agotado.
Completan el panorama una síntesis bibliográfica y la exposición de las respectivas fuentes. El sector que clausura el volumen y que incluye traducciones, sólo ha permitido la incorporación de dos sonetos de Pedro II del Brasil por haberse podido contar con la trascripción original. Otros que creo tenían su procedencia, aunque fueran autores de la predilección del poeta, como Stechetti, no pudieron ser tomados en cuenta por carecerse de elementos confiables y seguros.
En la intensa perquisición que demandara el agrupamiento de este aporte poético -el primero que aparece y que es iniciado por los versos de 1° DE MARZO DE 1870, no reproducidos desde 1898- han colaborado, silenciosa y abnegadamente, algunos de los que siguen comprendiendo que el nombre de Juan E. O`Leary no debe estar ausente de cualquier recopilación que se haga de las letras nacionales en lo que va del siglo.
El ocasional antólogo se complace en simbolizar en la persona del Dr. Leandro Prieto Yegros -paraguayo sensible y patriota- el agradecimiento debido a quienes posibilitaron este emprendimiento, que ALCÁNDARA concreta con generosa convicción y que el desvelado lector sabrá interpretar en aquello que está más allá de la letra: el temple a la vez lírico y combativo de don Juan Emiliano O `Leary, presente aquí en el fuego de su espíritu y en la apasionada voluntad de su emoción.
RAÚL AMARAL
(Isla Valle,
24 noviembre 1983)
.
Es el más brillante de los poetas paraguayos,
autor de libros evocadores.
RUBEN DARIO
.
Con su don de evocación y su vigoroso estilo
conquista mi simpatía.
MIGUEL DE UNAMUNO
.
Escritor elocuente, poeta, historiador,
cuando lo leo evoco complacido los días vividos en la
colonial Asunción, tan americana y tan española.
RAMON DEL VALLE INCLÁN
.
Es el poeta del Paraguay y es el Maestro de fuerte entendimiento,
de luminoso cerebro, de íntegro carácter.
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN

.
I.- AUTOBIOGRÁFICOS

LA RUTA DE UNA VIDA
Cerrado el ciclo trágico
Y diez años después de consumada
La heroica inmolación de nuestro pueblo
En la última batalla;
En medio del dolor de la derrota
Y sobre los escombros de la patria,
Amaneció mi vida,
Que fue como una pálida alborada
En pos de la tormenta y las tinieblas
De la noche infernal de la matanza.

Mi infancia fue penosa,
De la tristeza ambiente saturada,
Y en mí vibraron todos los dolores
De mi madre angustiada,
Despojo ensangrentado del naufragio
Que el huracán dejó sobre la playa.

Me amamantó un sombrío pesimismo,
Nutrió mi corazón la savia amarga
De nuestra humillación irremediable,
Y puso en mí la saña
Del odio al vencedor la rebeldía
Que había de ser la fuerza de mi alma.

Entre turrabas y escombros
Crucé el erial de mi primer mañana,
Y un desfile de espectros,
De mutilados procesión macabra,
Dibujó en mi retina
Y grabó en mis entrañas,
Con colorido tétrico e imborrable,
La visión de un horrendo panorama.

Asistí al despertar de la agonía,
Vi revivir la patria degollada,
Exangüe incorporarse en su sepulcro,
Descender de la cruz en que clavada
Por muerta la dejaron los sayones
De la Triple Alianza,
Para ser, otra vez, con nuevos bríos,
De frente al porvenir y a la esperanza.

Mi juventud fue lucha y sacrificio,
Consagración total, apasionada,
Ardiente, impetuosa, sin desmayos,
Al culto de la patria,
A la vindicación de la memoria
Del que en la lucha a muerte la encarnara,
Del Héroe calumniado
Que en sí sumó el honor de nuestra raza.

Soporté la impostura
Y el insulto soez de la canalla;
Conocí la miseria,
El desamparo de una suerte aciaga,
Y hasta morir me vi, desesperado,
En mi hija adorada,
Única estrella en la tiniebla densa
De mi ruda jornada.

Aplastando reptiles
y sangrando entre fieras dentelladas
De hirsutos jabalíes,
Clavé, por fin, triunfante en la batalla,
En la cumbre más alta de la gloria
La enseña de la patria.

Entre tanto los años,
En rauda catarata,
Socavando mi vida, los despojos
De mi marchita juventud llevaban,
Y mi cabeza el cierzo vespertino
En su blando sudario amortajaba.

¡Volcán empenachado
De tenues hilos de bruñida plata,
Cansado, pero firme, el fuerte brazo,
Y la misma pasión en las entrañas!

Era, tal vez, la hora del reposo,
La de colgar las armas,
Tras el largo bregar. Otros venían
En pos del luchador y ya su espada
En otras limpias hojas juveniles,
De más templado acero, retoñaban.

¡Pero no fue posible!
Otra vez la Mentira en mi camino,
Al insultar, inverecunda y bárbara,
Los fueros de la estirpe y los derechos
Sagrados de la patria,
Fue como un reto al paladín sañudo
Llamado a ser en todas las batallas
Escudo del honor de su bandera,
Vengador de su tierra atropellada.
Y heme aquí castigando a la barbarie,
Por pluma ruda lanza,
Reviviendo mis años juveniles,
Como ayer encendido en viva llama.

Nací para luchar y lucha ha sido
Mi vida atribulada.
Al ir a descansar de mis fatigas,
Cuando ya el sol se aleja a la distancia,
Me ilumina el incendio,
El furor de la lucha me arrebata,
Y soy el justiciero que castiga
La pérfida emboscada,
Vengador de mi tierra
Y animador de su epopeya sacra.

¡Volcán empenachado
De tenues hilos de bruñida plata,
Cansado, pero firme, el fuerte brazo,
Y la misma pasión en las entrañas!...

Testigo fuí en las horas,
Plenas de angustia, de mi infancia,
De la tribulación inmerecida
De una derrota infausta:
Tócame descender de la montaña,
En medio del rumor de nuestras armas
Y a través de una selva de laureles,
Con la visión del triunfo en lontananza!

II. HISTÓRICOS

1° DE MARZO DE 1870
I
Hay cuadro más grandioso que el cuadro que presentan
Dos pueblos que a la lidia se entregan con valor,
Dos pueblos que combaten
Altivos con nobleza
Llevando en sus pendones el lema del honor.

II
Dos pueblos que en el campo mortal de la pelea
Y al son del grito ronco rugiente del cañón,
No buscan cual las huestes
Del indomable Atila
Venganza y sangre y muerte y ruina y destrucción.

III
Que solo buscan nobles lavar ofensas mutuas,
Ofensas que pudieran sus glorias eclipsar,
Y de sus héroes muertos
Los nombres venerados
De aquella ofensa mutua que es mengua preservar.

IV
Y hay algo más horrible que ver a un pueblo heroico
Que aplasta con su peso vandálica legión,
... Caer entre sus últimas
Trincheras destrozado
Cual débil azucena que troncha el aquilón.

V
Mirad la Roma eterna, la Roma de los Césares
La bárbara mesnada sangrienta al destruir,
Mirad sus templos santos
En ruinas convertidos,
Y escucha de sus bravos el último gemir,

VI
Y ved al jefe bárbaro sentarse en aquel trono
Glorioso que ocupara Trajano el inmortal,
Aquel ante quien muda
La tierra se postrara,
Aquel que sus virtudes jamás tuvo rival.

VII
El cuadro es espantoso, la sangre se subleva
Al ver cómo sucumbe la patria de Catón,
Las cuerdas de la lira
No vibran, enmudecen,
Y ardiente en nuestro pecho palpita el corazón.

VIII
Y aún más nobles fueron las huestes de Alarico
Que aquella raza infame modelo en la maldad,
Que en sangre de patriotas
Y en lágrimas de mártires
Bañó la enseña santa de patria y libertad.

IX
Oh patria aún yo recuerdo la hora sacrosanta
En que bañado en sangre tu tricolor pendón,
Caiste no rendida
Después de haber llenado
Al mundo americano de eterna admiración.

X
La hora en que caístes como cayó la Grecia,
Como cayó Polonia, la patria del dolor,
Como cayeron todos
Los pueblos que supieron
Luchar con heroísmo, con gloria y con honor.

XI
Tus últimos lamentos cruzaron el espacio
Y al son de los cañones la tierra retembló
Las tumbas se entreabrieron
Y gritos de venganza
En este suelo santo doquiera se escuchó.

XII
Por fin había saciado su sed de sangre y muerte
La alianza, eterna mancha de América baldón,
Por fin había expirado
La Esparta, la esforzada,
La mártir, la heroína del mundo de Colón.

XIII
Tu cielo estaba negro, tu suelo estaba rojo
En sangre que a torrentes corriera por doquier,
En sangre que vertieran
Tus últimos soldados
Tu nombre patria mía, tu nombre al defender.

XIV
Escombros por doquiera se alzaban tristemente,
Emblemas del martirio de un pueblo sin rival,
Los campos sin sus flores,
Los bosques sin verdura,
Y todo en un profundo silencio sepulcral.

XV
América indignada miró el cadáver yerto
Del pueblo de titanes que un lustro combatió,
Del pueblo que arrastrado
Por avalancha inmensa,
Rodó, rodó ligero y al cabo sucumbió.

XVI
América indignada maldijo a sus verdugos,
Los mundos de lo antiguo también los maldijeron,
Y roncos cual los truenos
Que ruedan por la esfera
Los ecos al unísono ¿venganza! repitieron.

XVII
Mas ¡ay! como aquel Fénix que muere y que renace
Mi patria de entre escombros la frente levantó
Y el mundo entero lleno
De espanto y de pavura,
La patria de los libres de nuevo saludó.

XVIII
Las nubes que enlutaban su cielo se rasgaron
Y el sol vertió en su suelo fulgente claridad,
Y de los héroes muertos
Las tumbas olvidadas
Bañó en brillantes rayos el sol de libertad.

XX
Y hoy el pueblo noble que heroico sucumbiera
Vislumbra en lontananza brillante porvenir
Y avanza por la senda
Marchando del progreso,
Olvida aquellas horas de pena y de sufrir.

XIX
Oh patria de mis sueños y eternas afecciones
Yo nunca en tus altares mi sangre te ofrecí
Y solo desde niño
Tus penas recordando
Tributo en mis funéreos cantares te rendí.

XXI
Y hoy, en este día de lúgubres recuerdos,
Recibe nuevamente mi fúnebre cantar,
Y al son de estas estrofas
Escucha silenciosa,
Mezclado con mi canto, mi triste sollozar.

EL PASADO REDIVIVO
¡No está muerto el pasado! No es ceniza
De una hoguera apagada;
Cementerio en que yacen los despojos
Del gran naufragio de la vida humana.
El presente no existe,
Que en su eterno fluir de catarata
Confunde el tiempo lo que es y ha sido
Para encarnar lo que será mañana.
Existe, sí, el gran río de la vida,
Milagrosa unidad que no se acaba,
Y en cuyas ondas, como en un espejo
Desmesurado, el mundo se retrata.
¡Vivos están los muertos! Su tragedia
Es tragedia también de nuestra alma;
En nuestro amor florecen sus amores;
Son suyas nuestras dudas y esperanzas.
Y cuando, a veces, en orgullo necio,
Romper queremos con la edad pasada,
Olvidamos que cuaja en flor y fruto
La savia en las raíces soterradas.

Mirad nuestro presente,
Contemplad en el Chaco nuestro drama.
Y ved los héroes nuevos que forjando
Están una Epopeya soberana.
No han surgido del limbo esos guerreros.
Sus victorias no son inesperadas.
Su estoico sacrificio no es sorpresa
De repentina abnegación sagrada.
No en balde Boquerón pone su rúbrica
Al éxito inicial de la jornada
Y vuelven a sonar los grandes nombres
De la Epopeya antigua en las batallas,
Desfilando los muertos y los vivos
En una heroica comunión extraña.

Caballero, Delgado, Rivarola,
Y Bado y Díaz y Toledo pasan
Entre los regimientos que vocean
La leyenda sin par de sus hazañas.
Y en el cálido ambiente de la lucha,
Cual iris de esperanza,
El fiero Mariscal pone su nombre,
Que es símbolo de muerte o de victoria
Y suprema consigna que agiganta.
Con los vivos están los que cayeron
En las viejas jornadas;
Los que trazaron en suicidio homérico,
Esa franja escarlata
De sangre y sacrificio sobrehumano
Que va de Itapirú a la empinada
Cumbre de nuestro Gólgota,
Señalando su tétrica "vía sacra".
Y va con nuestro Ejército
En defensa otra vez de nuestra patria,
El invisible Ejército diezmado
En la otra guerra, desigual y bárbara.

Estigarribia, Núñez,
Irrazábal, Fernández, Franco, Ayala,
Y con ellos el bravo Torreani
Y Antola y Cabrera... y cuantos marchan
Al frente de los nuevos batallones,
Reencarnación gallarda
Son de los héroes de la vieja estirpe,
De los que viven en la historia humana
Como ejemplo inmortal de patriotismo;
De aquellos que escribieron con su espada
Nombres como "Corrales"
Para blasón eterno de su raza.

El pasado no ha muerto,
Como no ha muerto el alma de la Patria,
Ni después del horrendo sacrificio,
Ni en la última jornada
En que el cadáver de su Hijo Epónimo
Cerró el cielo feroz de la matanza.
¡Vivos están los mártires de otrora!
Y del misterio de la tumba se alzan,
Para ser, otra vez, escudo férreo,
Frente al empuje de la chusma bárbara,
Y luchar y vencer con los que luchan
Y vencen, como ayer, sin que decaiga
Jamás su fe serena
En la honradez de nuestra santa causa.

Mirad nuestro presente.
Contemplad en el Chaco nuestro drama,
Es la renovación del cuadro antiguo,
La Epopeya que vuelve y la matanza
Que repite su horror en nuestra tierra,
Con su misma crueldad y fiera saña.

Pero en el fondo de dolor tan grande
Y de injusticia tanta,
Mirad, también, el alba vengadora
Que entre vapor de sangre se levanta
De múltiples triunfos,
Anunciando el fulgor de una mañana
De paz, de amor, de bienestar tranquilo,
Tras esta prueba infausta
Que si hoy es honda angustia
Será después inextinguible fama...

Hermanos, no dudéis de la victoria,
Que a vencer nos alienta y acompaña
La imponderable fuerza
De un invisible ejército de almas.
Y el Paraguay glorioso,
Descuartizado por la Triple Alianza,
Y agredido otra vez por la barbarie,
Saldrá del fuego de su suerte aciaga
- ¡Fénix de las Naciones! -
¡No sólo vencedor: libre de manchas!

ÑANE RETA ÑE’EME

CHE RAYIPE
Che rayi, che rayimí,
che rayimí porâite,
¿Mamoitépa re yupí
Mamoitépa revevé?

Opárupi ro jhechá,
mamové na royojhúi,
Jha che quepe re puâ
Che corasô re mondyi.

Che apysápe nde ñe'ê
Arecoité tapiá,
Jha nde resá ojhesapé
Cuarajhýicha, che guatá.

Che py'a re myenyjhê,
Che acâme re yaitypó
Reicové che recové
Nde mba'e che corasô.

Aiquéramo nde cotycuépe
Ndiyai chéve rojhechá,
Jha ovogua ajhendúva upépe
Mbeguemí che monguetá.

Chendive ro guerecó
Nde ñomí che py'a apytépe,
Jha ajhajhárupi rejhó
Jha resê che renondépe.

Reicovéco che rayî
Romanóramo yepé
Nde anga rata che myendy
Jha ombyacu che recovê.

Ybyguýpe ne reimei,
Che corasôme reque,
Jha upépe che purajhéi
Ndeve guarante oguajhê.

Anichéne re manó
Icatuguive aicové:
Che ro'o co nde ro'o,
Che cangué co nde cangué

Che resá ambotymboyvé,
Ndogueichene nde rata;
Jha oicoayá che réra cué
Anichevaerá repá. . .

Che rayî, che rayîmi,
Che rayîmí porâité
¿Mamoitépa reyupí,
Mamoitépa revevé?
(Traducción del autor)

A MI HIJA
Mi hija hermosa, mi pequeña,
Mi pequeñita adorada,
¿A qué región te elevaste?
¿Dónde bates hoy tus alas?

En todas partes te veo,
Pero contigo no doy,
Y hasta en sueños te levantas
a asustar mi corazón.

Tus palabras en mi oído
Siento siempre resonar
Y de mis pasos tus ojos
Son radiante luminar.

De ti llena está mi alma,
Mi cabeza, mi razón,
Que tú vives mi existencia
Y es de ti mi corazón.

Cuando penetro en tu alcoba
Me parece que te veo
Y que escucho que me hablas
Con acento dulce y quedo.

Es que te llevo en el fondo
Más oculto de mi alma
Y donde voy vas conmigo
Y a mi paso te levantas.

Estás viva aunque hayas muerto,
Yo lo siento, hija querida,
Que la lumbre de tu alma
Es calor para mi vida.

No, no estás bajo la tierra,
Que en mi corazón te arrullo,
Y allí te llegan mis cantos
y todos allí son tuyos.

No morirás mientras pueda
Sostener mi vida yo,
Que eres carne de mi carne
Y mis huesos tuyos son.

Mientras no cierre los ojos
Tu luz siempre ha de brillar,
Y mientras viva mi nombre
En pie, viva, quedarás.

Mi hija hermosa, mi pequeña,
Mi pequeñita adorada,
¿A qué región te elevaste?
¿Dónde bates hoy las alas?

CURUZUMI
Curuzumí repuâva
Tepeîquépe nde ne ñomi
Ndéicha avei co yby ári
Che tyreŷ apuamí.

Ama'êrô nde rejhé
Cherejhé chemanduá:
Ndeichaité che corasô
Tesaipuante oitycuá.

Curuzúmi repu'âva
Tapeîquepe nde ñomi
Nde tuyû nde rapope
Nde syvápe re mimbí.

Checo upéchante apuâ
Eroviamí chendivé,
Che anga rapójhasypá
Jha che syvá ohesapé.

Teonguemi oque nde guype,
Iquérape re mo'â
Jha ysapy re mono'ô
Pyjharé ichupeguarâ.

Che rayî'i retecuemí
Che corasôme arecó
Jha yeapyicha tesay
Chupeguarâ amono'ô.

Ndeco ne po'aitevé
Curuzumí tyre'ŷ:
Nembo yvotýpa ojhasáva
Jha opytá nde myataindy.

Ñuatî jhu mante opu â
Jha oyupipá cherejhé
Omojhuguy che ro'o
Jha oicutú cherecové.

Icatúngau che avé
Oicó chejhegui ibyrá,
Jha che rayî'i curuzuró
Tapeyquemípe apu'â!

Upépe mo che aveí
Che yîbaguýpe amoâ
Ipyápe che rapó
Jha ipyjaré amyesacâ.

¡Jha curuzú, curuzú,
Curuzumí tapeyqué,
Ro jecharô nde ñomí
Che manduá che rejhé!.
(Traducción del autor)

CRUCECITA
Crucecita que te yergues
A la vera del camino,
Yo como tú me levanto
Bajo idéntico destino.

Cuando al pasar te contemplo
Pienso en mi existencia amarga,
Que cual tú mi corazón
Sólo lágrimas escancia.

Crucecita solitaria
De la vera del sendero,
Podridas tus raíces se alza
Brillante tu frente al cielo.

Yo también así me alzo,
Como tú sobre la tierra,
La cabeza luminosa,
La raíz del alma enferma.

Arrullas a un muertecito,
A su sueño le das sombra,
Y recoges el rocío
Para refrescar su alfombra.

De mi hija el cuerpecito
En mi corazón arrullo,
Y mis lágrimas recojo
Para refrescar su túmulo.

Tú eres más afortunada
Crucecita solitaria,
Los que pasan te echan flores
Y te encienden luminarias.

Para mí son las espinas,
Las más crueles y negras,
Y se enconan en mi vida
Y mi sangre vierten fieras.

¡Ah! si yo también pudiera
Convertirme en leño duro
Y de mi hija ser cruz
Levantada en su sepulcro!

Sombra daría a sus huesos
Bajo mis paternos brazos,
Arraigaría en su alma
Y en su noche sería faro.

¡Ah! crucecita olvidada
A la vera del camino,
Al mirarte solitaria
Pienso en mi propio destino.

IV – LÍRICOS

GORRIONES PARISINOS
¡Pobres gorriones - Que en la gran ciudad
Vivís prisioneros - De su inmensidad!
Mientras cae la nieve - Y un frío glacial
Pone en el ambiente - Tristeza letal
A través del vidrio - De mi ventanal
Yo os miro, ateridos, - La calle cruzar.

Dueños del espacio - Es vuestro el volar
Que os brinda el dominio - De la libertad...
Y la calle estrecha - No podéis dejar,
La calle en que el nido - Fuisteis a colgar.
La ciudad y el mundo - Son cifras no más
De lo indefinido - Que es el más allá.

Aquí en el arroyo - En que os veo volar
Está vuestra única - Suprema verdad.
El cielo plomizo - Y el blanco charcal
Limitan, gorriones, - La pobre heredad
Donde se consume - Todo vuestro afán.

Y mientras la nieve - Y un frío glacial
Ponen en las cosas - Tristeza letal,
Batís vuestras alas; - Voláis sin cesar,
Actores de un drama - Que es universal.
La vida os impone - Su ley, que es luchar.
¿Que la nieve cae? - ¡Gorriones, volad!

¿No oís en los nidos - Constante piar?
¡Pobres gorriones - De la gran ciudad!
Hermanos con alas - De un mismo penar,
Compañeros tristes - De igual orfandad.
Mientras os contemplo - con honda ansiedad
¡Pienso que es el mismo - Nuestro eterno afán!

V. ELEGÍACOS

MATER DOLOROSA
Madre, me faltan fuerzas para cantar el poema
Grandioso de tu vida saturada de pena,
La Epopeya sublime de tu sin par dolor,
La trágica via-crucis de tu materno amor.
Por eso, cuando quiero subir a ti en mi canto,
Apenas balbuceo las notas de mi llanto,
De mi llanto orgulloso, de orgulloso varón,
Que vuelca toda su alma dentro de su canción.

¿No fuiste, acaso, imagen de la patria afligida
En las horas más negras de tu angustiosa vida?
En el solar paterno como ella eras piadosa,
Buena, cordial, ingenua, opulenta y hermosa.
Y un día el soplo horrendo de tormenta implacable,
De tu hogar apagando la suave lumbre amable,
Te lanzó en el camino del dolor y la muerte,
Poniendo a prueba el temple de tu espíritu fuerte.
Y cruzaste el desierto, y el monte solitario,
Por salvajes regiones, camino del calvario.
Destrozadas tus plantas, tu carne lacerada,
Por la remota sierra pasaste resignada,
Cargando de tus hijos el amor infinito,
Serena bajo el peso de un destino maldito.
La cordillera entonces te brindó en su confín
El asilo espantoso del tétrico Espadín.
Y allí fue la agonía de tu crucifixión,

En la cruz más horrible clavado el corazón.
Como la patria, hambrienta, sola y desfallecida,
Morir viste en tus hijos lo mejor de tu vida,
Y al cavar su sepulcro, bajo piadosa palma,
Abristes una fosa para tu propia alma...
Allí quedó enterrada tu juventud dichosa,
Y las horas contaste de noche pavorosa.
Sola con tu infortunio, sola con tu amargura,
En medio de la selva silenciosa y oscura.
Bajo el fulgor ingrato de las constelaciones
¿Quién escuchó los ecos de tus lamentaciones?
En la angustia profunda de tu orfandad suprema
¿Quién enjugó tus lágrimas y consoló tu pena?
De tu martirologio nadie supo el tormento,
Y el rumor de tu llanto se disolvió en el viento!
Y entre tanto, a lo lejos bramaba la tormenta
De la guerra implacable, de la guerra cruenta,
Y entre ruinas humeantes, en su sangre empapada,
Yacía agonizante la patria degollada.
Tu luto fue su luto, tuyo fue su destino,
Y al bajar del calvario por el mismo camino,
Dejastes a tus hijos durmiendo en Espadín,
Y ella de Aquidabán al suyo en el confín...

Expresión la más alta de estirpe soberana,
En tu virtud Cornelia, fuerte madre espartana,
Dechado de ternura, de gracia y fortaleza,
Fuistes en la opulencia de tu triunfal belleza
Como una flor cargada de tesoros de aroma,
Que en el zarzal del mundo tímidamente asoma.
Y cuando la barbarie de la extranjera saña
Te flageló en los frutos de tu materna entraña,
Entre el horror inmenso del colosal desplome
No encontraste infortunio que tu soberbia dome,
Pues más recio que todos los golpes de la suerte
Era el templo acerado de tu espíritu fuerte.
Yo te vi medio siglo sobrevivir altiva,
Palpando tus recuerdos como una llaga viva,
Entregada al tormento de evocar el pasado
Que dentro de tu pecho llevabas enterrado.
Coronada de canas tu ancianidad gloriosa,
Yo te vi florecer, como una extraña rosa,
Esparciendo el perfume de tu alma juvenil,
De tu alma inmarcesible, en un perpetuo abril.
Y en el último trance de tu postrero día
Vi la serenidad final de tu agonía.
¡Eras como una estrella que al ocaso bajaba
Alumbrando las sombras en que se sepultaba!

Imagen de tu patria, tú tampoco estás muerta,
Que en mí tu ser resurge, se prolonga y despierta,
Y el raudal cristalino que de tu huesa brota
Fecundará en el tiempo mi progenie remota.
Tú estás en mí con todas las fuerzas de tu vida
Y en mi pecho sangrando siento tu propia herida.
Cuando enérgico evoco las glorias del pasado,
Es que tú los acentos más graves me has prestado;
Y cuando como un rayo surge mi indignación,
Tú pones en mi verbo tu ardiente corazón.
Mi dolor es el tuyo, que también he caído
Como tú en mis entrañas con impiedad herido,
Y tengo mi calvario, como tú en el confín
Remoto de la patria tu lóbrego Espadín.

¿Cómo morir, si vives la vida de mi vida.
Si en mí palpita tu alma, si estás en mí fundida?
¿Cómo morir si en todo mi ser espiritual
Dejastes el aroma de tu esencia inmortal?

Madre, me faltan fuerzas para cantar el poema
Grandioso de tu vida saturada de pena,
La Epopeya sublime de tu sin par dolor,
La trágica vía-crucis de tu materno amor.
Por eso, cuando quiero subir a ti en mi canto,
Apenas balbuceo las notas de mi llanto,
De mi llanto orgulloso, de orgulloso varón,
Que vuelca toda su alma dentro de su canción.

VI. HOMENAJES

ELEGIR
A la memoria del Doctor Aceval


Musa divina del dolor supremo
Dadme la lira más pesada y negra
Y entre sus cuerdas mi canción resuene
….. Como un gemido.

El alma siento rebosar quebranto
Ante la angustia de la patria amada
Y mis mejillas humedece triste
….. Lágrima ardiente.

Es que el maestro de virtudes loco,
El que fué égida en la desgracia nuestra,
Cayó en los brazos de la muerte infanda,
….. Tras larga lucha.

Es que no existe el que mostrara altivo
De su alma pura la grandeza un día,
El que escribiera de la patria historia
….. Más de una página.

Cruzó la vida como cruza el ave
Por sobre el cieno del pantano impuro,
Sin que se manche su plumaje regio,
….. Sin que se enlode.

Fue su existencia luminosa estela,
Ancho camino de perenne gloria,
Do cada huella que dejó sus plantas
….. Es un ejemplo.

Nunca su mente oscureció la envidia,
Jamás el odio se agitó en su alma,
Ni en su conciencia derramó el recuerdo
….. Sus amarguras.

Surgió en su patria tras desastre horrible,
Cuando la negra tempestad airada
Cubría aún la tierra con siniestro manto
….. De roja púrpura.

Y él en la inmensa confusión fue faro
Que guió a la playa la desierta nave,
Que entre tinieblas y en un mar de sangre
….. Vagaba sola.

Y cuando un día de vergüenza y luto
Hubo Efialtes en su patria heroica,
Que de sus padres la sagrada herencia
….. vender quisieron,

Con grito ronco que llenó el espacio,
Desde extranjeras y lejanas tierras
De aquellos viles condenó el infame,
….. Crimen sin nombre.

¿Ah si tuviera el poderoso numen
Y el harpa de oro de los altos genios,
Cómo cantara su brillante vida,
….. Lleno de orgullo!

Mas son tan grandes sus virtudes todas
Que estro me falta y mi canción es débil
Para ofrecer a su memoria excelsa
….. Mis alabanzas.

Pero que a menos a su tumba llegue,
Como una ofrenda de cariño tierna,
Al vago son de estas estrofas rudas
….. Mi pobre canto


FUENTES POÉTICAS
I. AUTOBIOGRÁFICOS
*. "La ruta de una vida", en: Guarania, Asunción, 11(13), p. 19-22, 20 de noviembre de 1934.
*. "Comandante Pascual Urdapilleta", en: Patria, Asunción 13 de mayo de 1920.

II. HISTORICOS
*. "1º de Marzo de 1870", en: El Pueblo, Asunción, lo de marzo de 1898.
*. "Salazar de Espinosa", en: Patria, Asunción, 14 de agosto de 1920.
*. "Asunción", en: El Liberal, Asunción, 14 de agosto de 1924.
*. "Humaitá", en: JUAN E. O'LEARY: Apostolado patriótico, Asunción, 1930, p. 73-74 (Se refirieron en verso al mismo tema: Francisco L. Bareiro, Ricardo Marrero Marengo y Eloy Fariña Núñez, además del pecursor Martín Goycoechea Menéndez).
*. "Solano López", en: Patria, Asunción, 13 de mayo de 1920.
*. "Estás de vuelta, Mandiyú", en: El Diario, Asunción, 6 de setiembre de 1926. Poema II de "Tríptico Heroico".
*. "El pasado redivivo", en: El Liberal, Asunción, 21 de mayo de 1931

III. INDIGENISTAS
*. "El alma de la raza", en: Revista del Instituto Paraguayo, Asunción, III (18), p. 305-311, 1899. Cfr.: Juventud, Asunción, 11(39), p. 377-379, 15 de noviembre de 1924. También: MICHAEL A. DE VITIS: ob. cit., p. 120-131.
*. "Jha che retâ", en: Patria, Asunción, 12 de julio de 1924. Este poema y los dos siguientes aparecieron con el título de encabezamiento de: "Ñane retá Ñeeme".
*. "Che rayîpe", en: Patria, Asunción, 23 de agosto de 1924.
*. "Curuzumí", en: Patria, Asunción, 3 de octubre de 1924. Todos estos poemas figuran con traducción del propio autor.
*. "El último cacique", en: Juventud, Asunción, II (40), p. 393, lo de diciembre de 1924, Cfr.: Patria, Asunción, 16 de mayo de 1925. También: SINFORIANO BUZO GOMEZ: ob. cit., ed. 1943, p. 108.

IV. LIRICOS
"Retoños". Leido en una velada de la Sociedad Protectora de la Infancia el 16 de mayo de 1902, en: Patria, Asunción, 1o de enero de 1920.
*. "Ritornelo triste", en: Patria, Asunción, 10 de setiembre de 1926. Cfr.: El Diario, Asunción, 27 de mayo de 1926.
*. "Canción de añoranza", en: La Nación, Asunción, 30 de enero de 1926. Fechado en Madrid, el 8 de diciembre de 1925.
*. "Gorriones parisinos", en: LUIS ALBERTO DE HERRERA: Sin nombre (Edición de Homenaje), Montevideo, 1943, p. 62-63. Fechado en París, diciembre de 1927.

V. ELEGIACOS
*. "Mater dolorosa", en: El Liberal, Asunción, 29 de setiembre de 1923. Fechado en Asunción el 23 de setiembre de 1923.
*. "El Puñal", en: Patria, Asunción, 22 de abril de 1924.
*. "Elegía filial", en: Revista Americana de Buenos Aires, Buenos Aires, (VII-XXXI (82), p. 147-149, febrero de 1931.

VI. HOMENAJES
*. "Elegía a la memoria del Dr. Aceval", en: ARTURO BRUGADA: El doctor Benjamín Aceval. Asunción, 1925, p. 249-250.
*. "Salutación a Juan Zorrilla de San Martín", en: Patria, Asunción, 21 de agosto de 1920.
*. "Leopoldo Díaz", en: El Diario, Asunción, 25 de mayo de 1925. Posteriormente el autor adoptó el título de: "25 de Mayo", con la misma dedicatoria.

VII. HIMNOS
*. "Himno del Club “Acorta Ñu” de Tobati", en: Patria, Asunción, 4 de setiembre de 1924.
*. "Himno del Club “24 de Mayo” de Ypacaraí, en: Patria, Asunción, 13 de abril de 1925.

VIII. TRADUCCIONES
Dos sonetos de Pedro II del Brasil: "O Adeus" y "Terra do Brasil", en: Revista del Instituto Paraguayo, Asunción, IX (56), p. 117, 1907, con breve prólogo del traductor. Cfr. en: Patria, Asunción, 16 de noviembre de 1918, donde dicho diario formula esta aclaración: "Ante el aniversario de la proclamación de la República brasileña hemos creido oportuno reproducir los dos sonetos siguientes del Emperador destronado, admirablemente traducido por O'Leary".

BIBLIOGRAFÍA
A) DEL AUTOR
JUAN E. O'LEARY (1879-1969)
1918: A LA MEMORIA/ DE MI HIJA/ ROSITA (Reproducido, grabado y estampado en el Establecimiento Gráfico Thomas, calle Mallorca 291-293, Barcelona). Editado por la Société de Publicité Sud-Americaine Monte-Domecq et Cie. Publicistes-Editeurs (de París), 157p con ilustraciones del artista paraguayo Andrés Campos Cervera (1888-1937).
1964: SONETOS (Edición privada). Selección y prólogo de Raúl Amaral. Asunción, 18p.
1971: CANCIONES DE ULTRAMAR, con un "Prólogo en dos etapas" por H. Sánchez Quell. Asunción, Crisol, 50p.

B) Del compilador RAÚL AMARAL (1918)
1962: "Expresión literaria de Juan E. O'Leary" (Serie de cuatro disertaciones: 1. Biografía; II-III: Poesía; IV: Prosa) en el ciclo "El Paraguay en la cultura de América" por Radio Nacional del Paraguay (Octubre) 1964: "Prólogo", en: JUAN E. O'LEARY: Sonetos. Asunción, p. 5-6.
1966: El romanticismo paraguayo. Buenos Aires, Comentario, p. 5.
1968: El novecentismo paraguayo. Línea biográfica y doctrinal de una generación. Buenos Aires, Comentario, p. 4, 5 y 13.
196 9:
a-) "El decano de los escritores de América: Juan E. O'Leary", en: Paraguay en América, Buenos Aires I(2-3), junio-julio, p. 13-14 (Sin firma).
b-) "Ha muerto el maestro O'Leary", en: Paraguay en América, Buenos Aires, I(5-8), setiembre-diciembre, p. 8 (Iniciales: rl. al.)
1969/1970: Curso de Introducción a la Cultura Paraguaya. Capítulo III: El novecentismo. Dictado en la Casa Paraguaya de Posadas, Misiones Guaraníes (Argentina), entre el 12 de diciembre y el 21 de abril.
1972:
a-) "Biografía novecentista de Juan E. O'Leary", en: ABC Color, Suplemento Dominical, Asunción, 22 de octubre.
b-) "Juan E. O'Leary, el poeta, I: del posromanticismo al modernismo", en: ABC Color, Suplemento Dominical, Asunción, 29 de octubre.
c-) "Juan E. O'Leary, el poeta. II: Del posromanticismo al modernismo", en: ABC Color, Suplemento Dominical, Asunción, 5 de noviembre
d-) "Juan E. O'Leary, el poeta. III. Del posromanticismo al modernismo", en: ABC Color, Suplemento Dominical, Asunción, 12 de noviembre.
1973
a-) "Paraguayos de ayer y de siempre: Juan E. O'Leary", en Ñandé, Asunción, No 252, p. 14-15 (Sin fuma).
b-) "El modernismo literario en el Paraguay", en: Cuadernos Americanos, México, XXXII (2), marzo-abril, p. 205-222.
c-) "Rubén Darío, Valle-Inclán y el modernismo paraguayo", en Cuadernos Americanos, México, XXXII (4), julio-agosto, p. 195-210.
d-) "O'Leary y los ideales de su generación" (Serie del ciclo: "Tres clásicos de la cultura paraguaya") por Radio Charitas, Asunción, 5 de noviembre.
e-) "Presencia del pueblo en la obra de O'Leary" (Serie del ciclo: "Tres clásicos de la cultura paraguaya") por Radio Charitas, Asunción, 6 de noviembre.
f-) "O'Leary y la crítica histórica" (Serie del ciclo: "Tres clásicos de la cultura paraguaya") por Radio Chantas, Asunción, 7 de noviembre.
g-) "O'Leary y las grandes amistades" (Serie del ciclo: "Tres clásicos de la cultura paraguaya") por Radio Charitas, Asunción, 8 de noviembre.
1976
a-) "Los libros de O'Leary", en: Ultima Hora, Asunción, 10 de octubre.
b-) Las generaciones en la cultura paraguaya. Asunción, Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, p. 17.
1978
a-) "Juan E. O'Leary en la bibliografía del novecentismo paraguayo". Conferencia pronunciada en la Biblioteca Municipal, Asunción, 9 de octubre.
b-) "El nacionalismo de O'Leary y los nacionalismos". Tema para el seminario sobre Ideología Paraguaya, auspiciado por el Instituto Paraguayo de Estudios Sociales, Asunción, 30 de noviembre.
1979: "Testimonio sobre el maestro O'Leary", en: "HOY" (Revista), Asunción, 2a. época, V(21), mayo-junio, p. 18-19.
1980:
a-) "O'Leary y los héroes". Introducción al No 28 de la "Colección HOY a Popular" (Diario), Asunción, 19 de abril, p. 2.
b-) "Viriato Díaz-Pérez y la generación paraguaya del 900", en: VIRIATO DIAZ-PÉREZ: Literatura del Paraguay. Palma de Mallorca, t. I, p. 1-97.
c-) "La polémica del nacionalismo" en: "El Dominical de HOY", Asunción, 2 de noviembre, p. 18-19.
1982
a-) "Juan Emiliano O'Leary, escritor y maestro", en: JUAN E. O'LEARY: Prosa Polémica. Asunción, NAPA, Libro Paraguayo del Mes, v, 15, enero. Incluye también: "Síntesis bibliográfica" (p. 21-24) y "Cronología de vida y obra" (p. 25-31).
b-) El modernismo poético en el Paraguay (1901-1916). Asunción, AL-CANDARA, 1982, p. 19-20, 26-28.
e-) "Juan E. O'Leary, el poeta", en: Cuadernos Republicanos, Asunción, No 20, noviembre, p. 57-80. Cfr. separata del mismo ensayo, 24p (Incluye bibliografía y notas).
1983: “O´Leary: una amistad ejemplar", en: Sección "Opinión", diario "HOY", Asunción, 30 octubre.

C-) ANTOLOGÍAS
1904: IGNACIO A. PANE: Poesías. Prólogo de Cipriano Ibáñez, Asunción, p. 2, 29-32, 33.
1911: JOSE RODRIGUEZ-ALCALA: Antología Paraguaya. Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus, p. 60-65.
1924: MICHAEL A. DE VITIS: Parnaso Paraguayo. Barcelona, Maucci, p. 118-141.
1943: SINFORIANO BUZO GOMEZ: Índice de la poesía paraguaya. Asunción-Buenos Aires, Tupa, 1943, p. 82-84.
1950: HÉCTOR PEDRO BLOMBERG: Poetas que cantaron al indio en América. Buenos Aires, Estrada, p. 59-64.
1952: SINFORIANO BUZO GÓMEZ: Ob, cit., 2a. ed. Asunción-Buenos Aires, Indoamericana, p. 80-84.
1959: SINFORIANO BUZO GOMEZ: Ob. cit., 3a. ed. Asunción, Nizza, p. 80 -84.

INDICE
Explicación, / Antología,

I.- AUTOBIOGRAFICOS : La ruta de una vida, / Comandante Pascual Urdapilleta,

II.- HISTORICOS : 1º de Marzo de 1870, / Salazar de Espinosa, / Asunción, / Solano López, / Humaitá, / Estás de vuelta, / El pasado redivivo,

III.- INDIGENISTAS : El alma de la raza, I al VIII, / ÑANE RETA ÑE'EME : ¡Jha che retâ...!, - Patria mía, / Che rayipe, - A mi hija, / Curuzumí, - Crucecita, / El último cacique,

IV.- LÍRICOS : Retoños, / Ritornelo triste, / Canción de añoranza, / Gorriones parisinos,

V. ELEGIACOS : Mater dolorosa, / El puñal, / Elegía filial,

VI. HOMENAJES : Elegía, / Salutación, / Leopoldo Díaz,

VII. HÍMNOS : Himno del Club "Acosta Ñú" de Tobati, / Himno del Club "24 de Mayo" de Ypacarai,

VIII. TRADUCCIONES - DOS SONETOS DE PEDRO II DEL BRASIL : O adeus, - El adiós, / Terra do Brazil, - Tierra del Brasil,

FUENTES POÉTICAS, BIBLIOGRAFIA.
.
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

martes, 17 de agosto de 2010

VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - DE ARTE (ENSAYOS) / Texto: MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY - EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS.


DE ARTE
Obras de
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
© RODRIGO DÍAZ-PÉREZ
Presentación del autor por
MANUEL DOMÍNGUEZ y
JUAN E. O’LEARY
Luis Ripoll-Editor
Palma de Mallorca – España
1982 (204 páginas)

.
PRESENTACIÓN DEL AUTOR
EL DOCTOR VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
No viene al Paraguay a buscar dinero.
Es un esteta. Español moderno con ideas y sentimientos modernos. Amigo íntimo de Moraita, el historiador, amigo de Nackens el caballero sin tacha que prefiere la cárcel a la delación vil; compañero de los intelectuales jóvenes de su patria.
El mismo es muy joven y ha escrito mucho, redactado y dirigido revistas y diarios, traducido y comentado a Edgar Poe, el poeta de los refinados.
Ha estado en París y de allí, pasando por España, ha venido al Paraguay.
De París al Paraguay! Nos ha leído, nos ha conocido desde lejos, y ha simpatizado con nosotros. No encontrará ciertamente entre nosotros los esplendores de la Capital del Universo, pero encontrará hermanos, corazones que le estimen y comprendan.
Es otro Barret, otro extranjero notable. El nos trae el concurso de su inteligencia y su cultura. [MANUEL DOMÍNGUEZ]
“Alon”, 8 octubre 1906.

HERMOSOS ARTÍCULOS.
SIMPÁTICA PERSONALIDAD

Desde hace algunos días vienen publicándose en esta ciudad unos hermosos artículos del doctor Viriato Díaz Pérez.
Nuestra intelectualidad ha saboreado, deleitada, producciones, que revelan un corazón de artista y un cerebro bien organizado y mejor nutrido.
El doctor Díaz Pérez no nos era desconocido. Hace ya algunos años que su firma visitó nuestra mesa de redacción, al pié de notables trabajos, precisamente dedicados al Paraguay, del cual era cónsul general en Madrid. Aparte de estos trabajos de propaganda, habíamos leído otros muchos, de diversa índole, publicados en la prensa española. Y sobre todos estos datos, teníamos las honrosas referencias de amigos que le conocieron en su patria y que nos le pintaban como un perfecto caballero, vinculado estrechamente a lo más selecto de la intelectualidad madrileña.
Sus trabajos últimos no nos han tomado, pues, de sorpresa.
Pero nos han producido la más grata impresión, pues su aparición importa su resuelta incorporación a nuestra hoy pobrísima vida intelectual. ¡Y vaya si necesitamos de elementos de la talla del doctor Díaz-Pérez!
Nuestra enseñanza secundaria y superior, nuestro periodismo, nuestro ambiente social todo, están pidiendo a gritos, la presencia de estos pioneros del trabajo intelectual de estos obreros de la cultura, modestos y laboriosos.
Y el doctor Díaz Pérez es precisamente de los intelectuales que más urgentemente necesitamos.
No es sólo un hombre de letras, un artista, un erudito. No es tampoco un desconocido, de ignorados antecedentes, de esos que a menudo llegan por aquí, sin saberse si acaban de egresar de una universidad o de un presidio. Es un joven español ilustradísimo, doctor en filosofía y letras; pero es, además, un español nuevo, de ideas amplias, ultraliberales, librepensador, republicano. Y pertenece a una distinguida familia, vinculada a nuestra sociedad. Es hijo del distinguido literato y luchador, republicano español, don Nicolás Díaz Pérez y sobrino político del inolvidable maestro de la juventud paraguaya, doctor Cristóbal Campos.
Estamos, pues, de felicitaciones, con tan valioso contingente que se nos incorpora.
Ahora sólo falta que sepamos aprovechar sus servicios.
El gobierno debe incorporarlo al personal docente de nuestro claustro universitario y de nuestro Colegio Nacional. Debe dársele un puesto elevado en la enseñanza.
No cometamos la torpeza de desaprovechar tan valioso elemento.
Como tan ilustrado caballero tiene ancho campo de acción en cualquier parte, si no le solicitamos, es casi seguro que nos dejará, en busca de países más hospitalarios y más prácticos.
No hemos de terminar estas líneas sin ofrecer nuestras columnas al simpático escritor.*
[JUAN E. O'LEARY]
*. 9 octubre 1906. No poseemos el título del periódico en que J.E. O'Leary hizo esta presentación (R.D-P y FD-P).

MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY
CÓMO PODRÍA HACERSE UN «MUSEO HISTÓRICO NACIONAL»

Hasta hoy creí tratada definitivamente la cuestión «Museos y Bibliotecas» después de haber abusado del público llenando algunas columnas sobre el tema.
Pero una nota que leo en El Diario me, hace ver que se está en los comienzos. La nota es elocuente. Yo, que en mi condición de extranjero apenas si tengo derecho a hacerme oír, quisiera tener el prestigio o el arte necesario para hacer ver al público lo que las palabras de El Diario representan. Desde luego producen tristeza. Se sabe por ellas que un hombre desinteresado a quien su cultura y posición hizo dueño de innumerables maravillas de arte, de valiosas curiosidades históricas y de una biblioteca notable, ofrece todo ello a su país temeroso de que el tiempo o el azar menoscaben su tesoro y deseando que sea patrimonio y orgullo de sus compatriotas lo que antes perteneciera a él solamente. El hecho no necesita ditirambos. En otro país, un hombre así devendría popular. Pero aquí aparece lo triste del caso. Este generoso donador, que pudo labrar su definitivo bienestar, si en él cupiese la idea de permitir que manos extranjeras usufructuasen lo que a su parecer sólo a su patria pertenece, después de varias tentativas encuentra que su ofrecimiento resulta inútil. Circunstancias políticas imprevistas impidieron el cumplimiento de los trámites necesarios para la cesión. Y he aquí el caso singular de un hombre que espera que un momento de tranquilidad gubernamental permita al Estado aceptar una fortuna!
Ante tal fenómeno volvemos sobre nuestro tema de museos, sin ocultar nuestra opinión que es la de que el asunto es de real importancia puesto que algún día pudiera llegar a ser asunto de dignidad nacional. Urge aceptar esta y otra proposiciones porque urge que el país posea un museo histórico nacional. La idea podría realizarse inmediatamente y sin grandes dificultades.

Veamos cómo.
Aceptando en primer término el ofrecimiento del señor Godoy. Solamente con su donativo habría para organizar un verdadero museo. Y éste sería ya notabilísimo si además el señor Solano López quisiera contribuir a esta obra patriótica incorporando a ella las innumerables maravillas históricas que a su vez él solo posee.
De este modo brillante se iniciaría la obra. Y una vez iniciada, unos cuantos entusiastas la secundarían y amplificarían recurriendo a otros medios que aquí como en todas partes existen. Voy a señalar cuatro fuentes de ellos.
1ª. Las cesiones particulares.
2ª. Alguna excursión hecha a ciertos departamentos -ricos en recuerdos históricos- realizada desde luego por personas para quienes la cuestión honorarios no fuese cuestión.
3ª. El intercambio con otros museos.
4ª. La reunión oficial de todos los objetos que hoy existen dispersos en diferentes centros, por falta de local adecuado.
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*** .
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Que las cesiones particulares darían un resultado admirable lo prueban los casos del señor Godoy y del señor Solano López. No creo además que se rían únicos. Muchas familias que conservan como resto de esplendor pasado ya, valiosos objetos de arte nacional, ya recuerdos históricos, desearían que estos pregonasen la gloria de sus antiguos en las galerías de un centro oficial. Cuando la cesión de tales objetos implicase manifiesto menoscabo de intereses se resolvería la adquisición retribuida.
Y he aquí que una vez más nos encontramos con la terrible cuestión dinero.
Yo no creo, sin embargo, que ningún gobierno realmente patriótico pusiera trabas a un proyecto culto, por los gastos que pudiese proporcionar. Creo también que nadie recurriría al conocido tópico de «las cosas urgentes».
Cierto es que en países como el Paraguay que vienen levantándose penosamente de un pasado infortunado, existen necesidades apremiantes a que acudir; pero desde el punto de vista de una verdadera moralidad gubernamental, también sería cierto que todo es urgente donde todo está por hacerse. En un estado de cosas semejante las prioridades serían cuestión de opinión. Un gobierno que mirase de modo elevado por los intereses de la patria no se preocuparía exclusivamente del llamado bienestar material. (Tema es éste que como el del espiritualismo en filosofía es y será siempre discutible). Ni el bienestar material es progreso ni el arte o la cultura son cosas ideales y descentradas del vivir físico de hombres y pueblos.
Recordemos el caso de Norte América, país el más práctico del orbe según el común sentir. Gasta hoy tal país, en cultura y arte más que ningún otro. Sus museos son espléndidos. Empléanse sumas fabulosas en conservar las casas en que vivieran los grandes hombres. ¡El pueblo materialista y práctico va haciéndose a fuerza de millones una tradición, una historia documental, y una atmósfera para incubar cultura y arte! Ya no ama exclusivamente al dólar. Su positivismo antiguo se deshace como una leyenda... Desde que Edgard Poe moría allí desconocido y Taine publicaba las ideas de Graindorge, -el inclito productor de petróleos- la conciencia yankee ha evolucionado tanto que hoy no tiene el alma europea muchos más matices que la suya. Las grandes esculturas, los cuadros de Alma Tadema, las bibliotecas y el arte vuelan hacia los palacios norteamericanos. Se diría que un rayo de dulce idealidad había allá descendido de un cielo premiador para recompensar tantos millones de vidas obscuras gastadas en el trabajo.
Saquemos la enseñanza de este ejemplo. No es lo que se hace por el arte y por la cultura, nueva amenización de la vida. Ni el arte es a modo de fruto bello incomible, toda vez que vemos a los mismos pueblos tachados de positivismo comprarle al extranjero ya que no pudieron o no supieron tenerle propio.
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Hablemos de excursiones.
El British Museum, orgullo de Inglaterra, se enriquece todos los años merced a la desidia de las demás naciones. Si el Paraguay no estuviese lejano de la Europa activa, hace ya mucho tiempo, no habría quedado una sola curiosidad histórica en el país. Aún no han llegado por acá esos comisionados que viajan por otros países, arrebatando el arte y los pedazos del pasado que los naturales no saben apreciar. No hay que temer aún por acá a esos enviados «que se llevan los objetos a Londres» pero sí a otro enemigo acaso peor, a la ignorancia. Esta va destruyendo lo que queda por los campos y ciudades del antiguo Paraguay poderoso.
Unas excursiones hechas con objeto de salvar de la desaparición o que aún puede ser salvado, serían del resultado productivos para el enriquecimiento de un Museo. Si un trabajo en este sentido es urgente lo probará un ejemplo: el de la llamada Losa de Yariguaá.
Es esta una famosa piedra (de cuya existencia se habla siempre por testimonio de tercero) citada por varios escritores. Situada según algunos no lejos de la cueva de Santo Tomás, relacionada con tradiciones guaraníes y grabada con caracteres «que nadie ha podido descifrar» aparecía como algo interesante y digno de estudio. Hoy no existe sino pedazos y acaso no existe de ningún modo, según opinión del inteligente viajero y notable mecánico paraguayo señor Sacarello con el cual nos hubimos de avistar antes de hacer cierta excursión.
La piedra se encontraba en terrenos de su propiedad.
Si hubiera habido un museo histórico nacional, la Losa de Yariguaá, hubiera sido conservada en él y hoy existiría.
Como este ejemplo podrían citarse otros que no se repetirían si algunos aficionados mediante varias excursiones, pudieran incorporar a un museo lo que encontrasen digno de figurar en él.
España, tan descuidada en otros tiempos, tiene hoy una Escuela Superior de Diplomática donde después de estudios que en nada tendrían que envidiar a los de cualquier doctorado, se confieren títulos de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios y con ellos, puestos técnicos en los museos.
Una cosa similar acontece en Francia, Alemania e Italia.
Y ocurre preguntar: tanto gasto ocasionado a los estados europeos para elevar hasta carrera científica la de los antiguos conservadores ¿obedece simplemente a una monomanía, a un capricho artístico? Seguramente no. Una larga práctica ha demostrado a las naciones que el descuido o la apatía en la conservación de sus recuerdos es algo que cuesta caro. Historiadores extranjeros escriben después una historia falseada por falta de pruebas. Surgen leyendas absurdas. Comercian pueblos a costa de otros menos avisados o menos ricos. Urge pues a todo país que tenga historia propia, poseer un asilo donde encuentren amparo los comprobantes de ella.
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El intercambio con los demás museos. Sería este, un medio más de estrechar relaciones con otros países, de las cuales tan necesitado se halla el Paraguay. En Europa, los grandes museos tienen un a modo de Boletín -que a veces es revista importante- en el cual se da cuenta de los trabajos de orden interno. Forman estos boletines una red de intelectualidad. Escriben en ellos eruditos, arqueólogos e historiadores de todos los países, unidos por una especie de ideal común, por un intercambio de saber. Recibiría el museo aquí estas publicaciones y correspondería a ellas con una simple hoja mensual hasta tener Boletín. Mediante el intercambio el museo histórico obtendría objetos, regalos, donativos de todas partes. El Nacional de Madrid tiene objetos de inmenso valor advenidos de esta manera. Tal, el llamado «Tesoro de los indios Quimbayas» enviado por el Gobierno colombiano.
Con mucha más razón podría recibir de toda América valiosos donativos un museo paraguayo. Este podría corresponder fácilmente, enviando colecciones de curiosidades indias.
Tratándose de Europa, especialmente, tendría como garantía el Chaco, ese interesante depósito de cuya importancia en este sentido aún no se ha entrevisto la milésima parte.
Que el intercambio produciría resultados, lo demuestra el dato del Preparador del Museo de Historia Natural. Sabido es que dicho señor tiene entre otras habilidades la de preparar delicados adornos con insectos del país. Una donación de uno de estos caprichos de entomólogo, hecha al British Museum valió al Museo de Historia Natural asunceno, el magnífico ejemplar de Ursus que todos conocen.
En cuanto a lo de la reunión de objetos diseminados por carencia de local, ciertamente aportaría un contingente no despreciable para el engrandecimiento del museo.
Y a la vez sería cosa lógica. La investigación hecha recurriendo a la amabilidad particular, a la visita a tal escuela, a la requisa de tal lugar, más o menos apartado es en extremo penosa. Al que trabaja deben presentársele allanadas el mayor número posible de pequeñas dificultades.
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Teniendo presente, pues, todos los recursos con que podría contarse, no sería aventurado afirmar que si el Paraguay el día de mañana no cuenta con un museo del cual se hable en toda América, y en el que fijen sus miradas los investigadores de todos los países, será por pequeñeces lamentables o indignas de un pueblo que debe tercer su vista fija en el porvenir.
Si las cosas no son oportunas en lo que no se desean, la creación del Museo Histórico lo es hoy, puesto que hoy, más que nunca, se anhela.
No nos ocupemos de la masa indiferente. Hay proyectos que jamás penetran en ella. No todo puede pertenecer al mancomún mental. Ni aún a la pseudo mentalidad brillante y huera. Pero sondeemos las opiniones que deben sondearse. Veamos que piensan los doctor Báez, los Morenos, los Gondra, los Domínguez y aún los mismos extranjeros para quienes esto sea asunto. Y ellos dirán, por los que nada dicen.
Por esto escribimos; deseando que nuestro entusiasmo de extranjero sirva de estímulo a quienes, más que a nosotros, interesará lo que se haga. Y además porque en cualquier otro caso nada se pierde. Antes será infructuosa una semilla arrojada en el mejor vergel que una idea lanzada al viento.
Dr. VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(San Lorenzo, XI 1906).

SOBRE BIBLIOTECAS Y MUSEOS
EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS
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Para don JUAN SILVANO GODOY
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I
Por si hubiera alguien en mi país deseoso de conocer la historia paraguaya y por ahorrar trabajo a los estudiosos, publico estos apuntes que son un plan, un proyecto de estudio ha tiempo ideado y nunca concluido por diversas razones.
Pensaba yo haber reunido la producción antigua y moderna; nacional y extranjera que existe dispersa y olvidada en los archivos y bibliotecas españolas, sobre el Paraguay; y dar cuenta de ella. Dar cuenta por algo más que por una simple catalogación: por la crítica revisora de las obras. Hubiera podido ser este trabajo un a modo de enjeridión o prontuario del investigador sobre el Paraguay, en el que se encontrase registrado lo existente sobre el país, con indicaciones sobre el contenido y méritos de cada trabajo y el lugar donde hallarle. De este plan no quedaron sino apuntes fragmentarios que hoy quiero publicar, precedidos de algunas observaciones, por si aún pudieran ser útiles.
Un catálogo como el de que hablamos sería cosa necesaria. Merced a él, el investigador europeo sabría a que atenerse sobre uno de los países de historia más bella y mal conocida que existen; el investigador paraguayo encontraría su tarea menos áspera; y la historia verdadera, la buena, la que tiene toda la poesía de la verdad ganaría bastante, cosa esta, tan necesaria a mi parecer, como otras muchas de que se habla asidua y tenazmente por personas sensatas.
Porque un pueblo sin historia o con historia deficiente, es como un organismo sin alma. La historia es el pasado y éste, bueno o malo, es la vida, la evolución, y la experiencia: lo único en suma que justifica nuestro presente. Y cuando este pasado que es la historia, fue bueno y honroso y reanimante, calculad hasta que punto no sería obra patriótica la de hacer que un pueblo pudiera reconocerse en sus otros momentos, en los del pasado, entreviendo por encima de la prosa de lo actual, lo que fue, lo que debió ser, lo que pudo ser... Toda esta obra pudiera hacerse fácilmente. Toda su poesía yace bajo el polvo de los archivos.
Por gastado que sea un espíritu, ante una gran biblioteca o -tocando otro punto- visitando los museos célebres, recorriendo las galerías orientales del Louvre; o los salones madrileños de Goya y Velázquez; o ante los santos cárdenos del Greco, etc., enciérrase en sí mismo y vive ese recogimiento educador que sólo se produce frente al milagro humano del arte. Un cuarto de hora ante la Madame Recamier de David, o en la cámara de Las Meninas, o ante el dolor de El Pasmo o añorando el mundo oriental de la Dama de Elche o ante los frescos impresionantes de Humbert en el Pantheon, nos da el sentido de lo proporcional, nos enseñan a ser grandes y humildes a la vez... Del mismo modo, hojeando una primera edición del Quijote; o ante unos Essais, anotados por la mano aristocrática del mismo Montaigne; o frente a una millonada de libros donde no hay deseo humano que no se previera y analizara, se siente mayor respeto para con los hombres; y para con uno mismo.
No se ve al ver estas cosas nada inútil. Ni de nada inútil se habla al tratar de ellas.
Son en Europa las bibliotecas y los museos, dignos panteones del Sentimiento, de la Vida y del Esfuerzo universales. Todo ciudadano puede evocar a su voluntad este Sentimiento y este Esfuerzo si lo necesitare. Cualquiera, desde el batallar bulevardier, puede remontarse en media hora al silencio del Louvre o del Prado, donde calman su espíritu, las placideces del arte supremo. Esto es tan necesario para la vida como tener calles y luces y tranvías. Los pueblos grandes y jóvenes deben tender hacia un progreso integral. Con poder ir muy deprisa de una parte a otra o con tener luz por doquier y que no sea sino para ver la realidad y la grosería humanas, nada se adelanta. Ni aun el espectáculo emocionante de una espléndida naturaleza puede suplir a veces a la nostalgia de lo bello producido, de lo bueno estudiable.
Los que hayan vivido la vida, acaso no natural pero intensa, de Europa, aún dominados por el contacto con la Naturaleza de este continente paradisiaco, sentirán sin embargo un vacío: el del medio sugestionador del combatido Arte. La vida es algo más que el bienestar. A veces es ver lo no visto, leer lo no conocido. Esto no más, aportado acá, esta conquista realizada, y países como el Paraguay podrían devenir paraísos. La Argentina comprendiéndolo así, ha tiempo que trabaja en tal sentido, con laudable tesón. ¡Qué paso no daría el Paraguay haciendo lo propio! Dejemos a los intuitivos el placer de adivinarlo, en tanto indicamos simplemente que una labor de tal género sería decisiva. Hacer cultura y hacer arte puede ser hacer patria poderosa; no pocas veces el arte fue la paz.
Así pues, por difícil que fuere el trabajo en este sentido, por perdidas que pareciesen las energías en pro de él desplegadas, debería ensayarse. La biblioteca es cosa fácilmente agrandable. El archivo, merced a las copias, también. Los museos científicos, en países en los cuales la naturaleza suministre la primera materia, igualmente.
Hay además algo muy útil y sencillo: agrandar lo existente; coleccionar lo disperso. Para esto sería conveniente en extremo la revisión de los archivos españoles. Sería de un resultado utilísimo conocer lo que en España existe sobre el Paraguay. Unos datos en este sentido no darían perfecta idea de ello y sí sólo la inspección ocular.
Son los archivos españoles, no mejores que los de París o los del Vaticano y son sin embargo únicos por su importancia especialísima. Y lo mismo los museos. Aun existiendo el Louvre y el British Diluseum, la sala de numismática de Madrid es única en su género. Yo he visto el Louvre y es algo asombroso; pero en el arqueológico de Madrid hay cosas únicas. ¡Tantos pueblos pasaron por España! y tantos «celtas» y fenicios y romanos y godos y árabes pisotearon su suelo que aún hoy no hay día en el que el arado no descubra restos de las antiguas razas muertas. Esto hace fácil la tarea del coleccionador. Y así, hay otros ejemplos, que explicarían lo que antes decía acerca de nuestras bibliotecas.
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Los árabes dejaron en ellas, la clave de su antiguo saber y de no pequeña parte de su historia. Toledo fue la Sorbona de ciencia oriental -de la que aún pueden consultarse en El Escorial extraños tratados. El imperio español, tiránico si se quiere, fue innegablemente grande. Aportó al mundo las primicias de ignotos mares, de inmensos y desconocidos mundos. Y aquellos españoles, que, como dijo mi amigo Machado, «todo lo ganaron y todo lo perdieron» traían en sus arcas, no sólo el oro codiciado, sino también los mapas y los planos y las observaciones y la historia de los pueblos vencidos. Más tarde, el tiempo que todo lo transforma, se llevó el oro a Inglaterra, a Francia, a todas partes. Y sólo la historia quedó en nuestros archivos. En Simancas, en Sevilla, en Madrid, puede el mejicano, como el descendiente de los Incas o el asunceno saber de sus antepasados, de su vida primitiva, de sus arcaicas costumbres. Además, los jesuitas contribuyeron así mismo a que tales archivos fuesen importantes. Legajos numerosos traídos por ellos, duermen en las galerías archivales desde tiempos antiguos, en espera de la mano erudita que los busque. Aún el ignorante en la materia, como nosotros, ha visto allí en diferentes ocasiones manuscritos referentes al Paraguay. ¡Qué no hubiera encontrado la mirada inteligente de un doctor Domínguez y de otros!
Así pues, para que todo no se pierda, he aquí trabajos a realizar. Los archivos esperan. Ya os diré cuales.
Doctor VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, setiembre 1906.

II
Existen multitud de ellos: el Histórico Nacional, en Madrid; el Central de Alcalá de Henares, en dicha ciudad; el de Simancas; el Archivo general de Indias, en Sevilla; el de la corona de Aragón, el Histórico de Toledo y otros sin contar los universitarios.
Mas sólo interesan para la historia de América en general y del Paraguay especialmente por existir en ellos cartas de Indias y documentos relativos a la dominación española, los tres primeros. El de Madrid, el de Simancas y el de Sevilla.
El primero llamado Archivo Histórico Nacional, fundado en 1550, conserva unos 200.000 documentos antiguos, entre los cuales hay muchos sobre sud américa. Cuando la supresión del Ministerio de Ultramar, todas las cajas de documentos sobre las antiguas colonias españolas que en él se conservaban, ingresaron en este archivo. No he de encarecer con otros datos su importancia.
El de Simancas, enclavado en el antiguo castillo y prisión de Estado de este nombre, es realmente notable. Lo creó en 1540 el emperador Carlos V. Guarda tal tesoro de documentos célebres que es visita obligada de multitud de eruditos. Allí entre miles de curiosidades el viajero puede ver el testamento original de Isabel la Católica; las capitulaciones entre ésta y el último rey moro, Boabdil; autógrafos de Ignacio de Loyola; cartas de Fe-lipe II; de María Stuard al mismo, implorando su protección; cartas de Fray Luis, de Cervantes, de Quevedo; de América, del África... De todos nuestros pasados yerros se conservan allí comprobantes; y de nuestras pasadas epopeyas también. La importancia que tal archivo pudiera tener para nuestro tema, lo demuestra el hecho de que el doctor Garay, comisionado por su gobierno para hacer estudios en Simancas, hubo de traer de allí, cientos de copias de documentos relacionados con el Paraguay, sin agotar por esto la materia.
Existen, en efecto, en Simancas planos y mapas valiosos para estudiar la gran cuestión sudamericana de límites. Afortunadamente no ha mucho se inauguró una labor meritísima con la publicación del Catálogo de los mapas que se conservan en el Archivo General de Simancas: sección de «Límites de América», trabajo debido a don Julián Paz («Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos», Madrid, 1897-1900).
Y no es menos notable que el descrito, el Archivo de Indias. No peco de exagerado diciendo que es comparable a los mejores del mundo. Puede considerársele, en efecto, como un verdadero depósito mundial de documentos relativos a la dominación española en América. Fue protector de tal archivo nuestro viejo amigo don Gaspar Núñez de Arce que hizo trasladar a él, lo que había sobre la materia en diversos establecimientos similares.
Desde la época en que quedó constituido este archivo, Sevilla es un centro europeo de investigaciones sobre la historia de la América española. Nada tan justo como que a esta Sevilla de donde partieran andaluces y extremeños para sus aventuras trasatlánticas, y de la que tantas naves salieran para el nuevo mundo y tantas otras desembarcaran de él, se vaya hoy a estudiar un pasado en el que representó tan gran papel.
En este archivo de Sevilla existen planos de las antiguas ciudades sudamericanas. Allí está el Mapa de la entrada que hizo al Gran Chaco, el Gobernador de Tucumán, don Gerónimo Matoaros, en el año 1774, publicado en fototipia por la «Revista de Bibliotecas, Archivos y Museos» (año 1898).
Al hablar del Archivo de Indias, debe recomendarse el trabajo del señor Torres Lanzas (jefe del establecimiento) titulado: Relación de mapas, planos, etc., inéditos, del Virreinato de Buenos Aires (Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay) existente en el Archivo General de Indias, de 1562 a 1805, publicado en la revista antes citada.

HABLEMOS AHORA DE BIBLIOTECAS.
No he de repetir lo que dije sobre el tema anterior. No son en España numerosas, ni surtidas, en comparación con las de los otros países, pero son interesantes y progresan. Para quien desee datos concretos sobre ellas recomendamos una de las mejores obras que existen sobre el particular, limitándonos a la simple recomendación por motivos fáciles de comprender, tratándose de Las Bibliotecas de España de N. Díaz Pérez. (1) Desde su publicación mucho se ha reformado y progresado. Había, en efecto, en Madrid en 1830, 600.000 volúmenes en tanto había 1.600.000 en París. Poco después de 1885, Madrid tenía ya 1.617.761 entre impresos y manuscritos, más de un millón de folletos y dos millones de documentos sin catalogar. Hoy la cifra se ha elevado enormemente aunque por falta de datos concretos no podemos precisar la exacta proporción. Remito nuevamente a la obra citada.
Las bibliotecas que más importancia tienen para el investigador americano son:
Primera: la llamada Museo-Biblioteca de Ultramar, en Madrid. Forma ésta, parte de un importante museo colonial donde se coleccionan objetos, productos, libros, folletos y manuscritos referentes a las antiguas posesiones coloniales españolas. Es algo más que una ampliación del Museo Arqueológico Nacional. Es un museo de etnografía, historia y «naturaleza» oceánica y americana. Consta de siete grandes salones en los cuales lujosas vitrinas atestadas de reflejos infinitos de arte americano y oceánico dan una idea de las inmensas tierras que España poseyó. Predomina el elemento oceánico por haberse hecho el museo con los restos de la exposición filipina. Se abrió dicho Museo-Biblioteca en 1888 (bajo lo protección de mi inolvidable maestro don Víctor Balaguer, entonces ministro de Ultramar) y en él se coleccionó cuanto se pudo encontrar sobre América y Oceanía. Lo más notable del establecimiento es la sección de manuscritos, sobre la que llamo especialmente la atención pues entre ellos los hay sobre el Paraguay de indiscutible mérito, y según parece inéditos algunos. El extracto bibliográfico que hacemos al final nos evita más palabras.
Segunda: La Biblioteca Nacional de Madrid. Data de los tiempos de Felipe V y es la más completa y lujosa de España. Tiene colecciones inmensas de manuscritos, grandes colecciones de láminas, planos y retratos antiguos y catálogos fáciles de revisión. Hay en ella salas curiosísimas como la cíe «raros e incunables» y la de «ediciones del Quijote». Es esta sala, algo que el espíritu culto que habla español visita con respeto inevitable, sintiendo que se difuminan bastante en él las ideas de patria geográfica.
Tercera: Biblioteca de la Unión Ibero Americana. No cito ésta por no ser numerosa ni selecta. Es antes al contrario una biblioteca modestísima que sin embargo no debe dejar de visitar ningún americano que pase por Madrid. Hablo de ella por consagrar algunas palabras a dicha Unión.
Es esta un elegante centro de carácter oficial, dotado de amplios salones y cómoda biblioteca, en el cual se agita lo más selecto de la buena sociedad americana y «americanista» residente en Madrid. Órgano suyo es la revista del mismo nombre que ya es algo conocida en América y alma de todo en ella el señor Pando y Valle, alentador decidido y animoso de la juventud hispano-americana que trabaja. Su revista que hoy no es sino embrionaria -y ya es algo que revela grandeza- ha publicado en el movimiento intelectual del Paraguay frases interesantes para el mismo.
Pocas son las obras que sobre el Paraguay existen en su biblioteca, y no por creerlas importantes las cito sino por seguir el plan trazado de mencionar las obras que sobre el país he encontrado en España.
Otras muchas bibliotecas madrileñas -algunas importantes- deberían ser descritas a continuación. Las universitarias, la del Congreso, la de Palacio, Ateneo y algunas particulares. Así mismo algunas provinciales notables -Escorial, etc.- y no pocas religiosas. Pero sólo la revisión grosso modo de las más curiosas de entre las 1.500 que calculo existen en España sería un trabajo inmenso. El leer solamente los catálogos de cinco millones de obras que son las que constituyen el fondo de lectura pública en España, hubiera requerido bastante más tiempo del que he poseído, y más voluntad también.
He aquí por qué estos apuntes no son sino el fracaso de un estudio como ya dijimos. Apenas si ha quedado ya de él un pequeño plan, que como tal presento. Viajes y circunstancias imprevistas impidieron que fuera otra cosa, aunque es de esperar que lo llegue a ser algún día en que otros continúen anudando el hilo de este humilde comenzar.
(1) Las Bibliotecas en España en sus relaciones con la educación popular y la Instrucción pública; por Nicolás Díaz Pérez (Archivero-bibliotecario de la Económica Matritense, del Casino de la Prensa, etc., Madrid 1885).
Dr. VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, octubre 1906.

ÍNDICE
Dedicatoria
Presentación del autor: El doctor Viriato Díaz-Pérez
Hermosos artículos
Museos. La proposición Godoy
Sobre bibliotecas y museos
Más sobre museos .
Lo que se verá en el museo
Inauguración de la Academia de Bellas Artes
Visita del obispo F. M. Bristol al Museo de Bellas Artes
El artista Rafael Montesinos
En el Museo Godoi
El pasado que vuelve
Después de la exposición de Bellas Artes
Pintores y escultores uruguayos y paraguayos
Un artista paraguayo
Desaparición de J. A. Samudio
Miguel Acevedo
La caricatura y el lápiz de Acevedo
Homenaje al caricaturista Acevedo
Un estudio sobre pintura y escultura en el Paraguay
Mr. Emilio Chauvelot y su cuadro “2 de julio”
Primer Salón de Primavera
La exposición de Wolf Bandurek
El arte de Magda de Pamphilis
El Dr. Belisario Roldán en el Museo Godoi
Notas no escritas por VD-P pero relacionadas con el tema de este volumen: Biblioteca Americana y Museo de Bellas Artes / La propuesta Godoi / Museos y bibliotecas / Museos y bibliotecas / Visita de Blasco Ibáñez al museo Godoi / Notas de VD-P / Apéndice.
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martes, 1 de junio de 2010

JUAN E. O`LEARY - EN EL NATALICIO PATRIO, DON QUIJOTE EN EL PARAGUAY y LA MARSELLESA / Fuente: EL TRINO SOTERRADO – TOMO I. Por LUIS MARÍA MARTÍNEZ


(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
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EN EL NATALICIO PATRIO

¡Patria! Yo no te olvido en este día,
y evocando tu fausto natalicio
siento todo tu horrendo sacrificio
y tu tristeza es la tristeza mía.

Ante tanto esplendor que me rodea,
en esta Roma de sin par historia,
siento el orgullo de tu inmensa gloria
y adoro, más que nunca, tu bandera.

Mi vida entera consagré a tu culto,
por tu honor me batí como un soldado,
ignoré en tu defensa el desaliento...

Y la calumnia, el odio y el insulto,
que mi largo camino han jalonado,
hoy los trofeos son que te presento.

DON QUIJOTE EN EL PARAGUAY

... Y un día don Quijote pasó por nuestra tierra,
en ideal cruzada, cruzado caballero,
erguido en los estribos, el continente fiero,
por la razón negada y la justicia en guerra.

Y en la vasta llanura y en la empinada sierra
aún queda de su paso, marcada en el sendero,
la señal sanguinosa del luchar tesonero
contra la fuerza bruta, cuyo poder aterra.

De su lanza en astillas los restos dispersados;
de su espada en pedazos los añicos violados,
a los flacos del mundo ya no defenderán;

¡que, tras de cinco años de lidiar, temerario,
frente a triple enemigos sucumbió solitario,
orgulloso y altivo, junto al Aquidabán!

LA MARSELLESA

Himno, plegaria, reto, clamor, voto sagrado,
implacable anatema, grito de libertad,
La Marsellesa llega, bramando, del pasado,
como si en ella hablara toda la humanidad.

Esculpida en el Arco sublime de la Estrella,
frente a la efigie regia del isleño inmortal,
parece en este día convertirse en centella
y pasar sobre el mundo en un vuelo triunfal.

Iracundos rumores de muchedumbre fieras,
redobles de tambores, desfiles de banderas,
tronar de los cañones y toques de clarín;

la purificadora hoz de la guillotina,
del humano derecho la cifra diamantina...
Todo eso hoy, Francia, evoca tu cántico viril.

Juan E. O’Leary (1879-1969): Poeta e historiador, llamado con justicia «el cantor de las glorias nacionales», por ser el primero en proyectar las luces de la verdad sobre la justa causa del Paraguay en la guerra contra la Triple Alianza y en justipreciar la inmolación de sus héroes. En poesía fue el precursor de los temas nativistas, en composiciones tales «El alma de la raza», «Salvaje» y «Los conquistadores» (sonetos).
** En 1971 fue editada una colección de sus poesías bajo el título de «Canciones de Ultramar».
** Sus estudios históricos son entre otros: «Historia de la guerra de la Triple alianza», «Nuestra epopeya», «El mariscal Solano López», «El libro de los héroes»...
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APROXIMACIÓN AL ITINERARIO DE SU POESÍA SOCIAL
Por
LUIS MARÍA MARTÍNEZ
Ediciones INTENTO,
Asunción-Paraguay 1985 (427 páginas)
Diseño de tapa:
FERNANDO GRILLÓN
Versión digital:

martes, 25 de mayo de 2010

JUAN E. O’LEARY - DON QUIJOTE EN EL PARAGUAY / Fuente: EL MODERNISMO POÉTICO EN EL PARAGUAY (1901-1916) - ANTOLOGÍA - Edición de RAÚL AMARAL


DON QUIJOTE EN EL PARAGUAY
Poesías de JUAN E. O’LEARY
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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DON QUIJOTE EN EL PARAGUAY
... Y un día Don Quijote pasó por nuestra tierra,
en ideal cruzada, cruzado caballero,
erguido en los estribos, el continente fiero,
por la razón negada y la justicia en guerra.

Y en la vasta llanura y en la empinada sierra
aun queda de su paso, marcada en el sendero,
la señal sanguinosa del luchar tesonero
contra la fuerza bruta, cuyo poder aterra.

De su lanza en astillas los restos dispersados;
de su espada en pedazos los añicos violados,
a los flacos del mundo ya no defenderán;

¡que, tras de cinco años de lidiar, temerario,
frente a triple enemigo sucumbió solitario,
orgulloso y altivo, junto al Aquidabán!
(1901-1916) - ANTOLOGÍA
EDICIÓN, INTRODUCCIÓN, BIBLIOGRAFÍA,
CRONOLOGÍA Y NOTAS DE
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Editorial Servilibro,
Asunción-Paraguay 2005 (212 páginas)
(1ª edición: Alcántara Editora, Asunción, 1982)
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