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miércoles, 1 de septiembre de 2010

CARMEN BÁEZ GONZÁLEZ - LOS BENEGAS (CUENTO) / Fuente: EL SÉPTIMO LIBRO. TALLER CUENTO BREVE, 1999.


LOS BENEGAS
Cuento de
CARMEN BÁEZ GONZÁLEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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LOS BENEGAS
En el cruce de dos viejos caminos de tierra, acechaba el peligro. El paso incesante de las bestias, el ir y venir de los hombres de y hacia el poblado más próximo, o hacia la ciudad de la lejana Villarrica, fue dando forma a esos caminos que ya entretejían historias.
Don Raimundo Benegas, más conocido en la compañía como "el bueno de Don Rai" fortaleció su campo de ganado mayor con la suerte de dos sucesivas herencias que lo convirtieron en el más rico hacendado de la región. Era este señor un hombre viudo y cincuentón, algo generoso pero solitario, que sabía granjearse el afecto de sus peones transmitiendo autoridad con el ejemplo de su vida austera.

En tanto, no todo era bonanza con sus vecinos, otros ganaderos. Don Raimundo andaba preocupado por la ola de continuos saqueos de animales durante la oscuridad de la noche, de su propia estancia y de las otras vecinas. Sin embargo, los que practicaban este delito veían y envidiaban a este caraí porque jamás permitió ni colaboró con esta práctica malhabida. Por el contrario, mucho trabajó él por extirpar este mal contagioso y fue su total honradez la que, a aquellos ladrones nocturnos les hizo ver como un peligro constante para sus actos delictivos. Planearon acabar con su vida y como el señor no tenía parientes, hasta alentaron quedarse con sus campos, animales y riquezas. El fiel capataz ya había advertido a su patrón del mal ambiente que había y qué se comentaba, pero él no se atribuló. La peonada oyó en el pueblo que un famoso pistolero por encargo llamado "el rubio Hilario" pagó dos días de pensión. El capataz, para no preocuparlo no le contó esta novedad ni menos que se apellidaba Venegas (no se dieron cuenta de la ortografía).

Y llegó el día de la santa virgen patrona, la virgen de Itapé, con la procesión y sus fiestas que llenaban de alegría el espíritu simple de los campesinos.

Don Raimundo se preparó y mandó ensillar su caballo preferido.

- Patrón, esta vez habló el capataz Basilio. No vaya solo al poblado. Puede haber gente mala. Ya sabe usté que muchos andan hablando mal. Le vamos a acompañar. - Ahora póngase esta su vieja pistola de cinto, porque puede necesitar - Bueno, yo quiero ir bien temprano, iré adelante y ustedes luego me siguen. - Me gusta ir solo (no sabían que el patrón rezaba mientras cabalgaba). Don Raimundo era fiel devoto de la Virgencita, a la que llenaba de ricos presentes, ornamentos y dinero para realzar su día de Santa Patrona.

Buen jinete, decidió ir a saludarla con ese andar tranquilo que su caballo le brindaba. Con agradable gesto saludaba a su paso a los lugareños que encontraba en ese largo camino hacia la iglesia.

En lo mejor de su jornada, y cuando el amanecer soñoliento daba paso a la nueva mañana, vio venir un solitario jinete, como él, pero en sentido contrario. Se encontró con el desconocido y éste sin saludarle le habló en guaraní: -nde pikó caraí Raimundo? - Sonriente, el señor le contestó-: che há e-. El hombre con increíble rapidez sacó su revólver y un tiro certero golpeó a Don Raimundo. Antes de caer del caballo, en su agonía, pudo desenfundar su vieja pistola matando al extraño asesino.

Ambos cuerpos cayeron precisamente en el cruce de los caminos. Cuando el comisario revisó los bolsillos del muerto que no conocía, encontró esta esquela: "POTRO VA SIN RESABIO". "Avaluado en CINCO MILLONES".

Entonces comprendió que el encargo de muerte para el bueno de Don Raimundo, se había cumplido.

SEGUNDA PARTE
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En el cruce de esos dos viejos caminos de tierra donde cayó el cuerpo sin vida del caraí del lugar, se agolpó la gente curiosa, llena de dolor por la cruel partida sin regreso del generoso y bueno Raimundo. Sin que se esperara, una fina llovizna fue cayendo como llanto por el buen hombre. Se oyó luego un trueno y la tan piadosa como supersticiosa multitud creyó oír el nombre del querido finado. Todos cayeron de rodillas y ahí nomás, comenzaron a erigir un oratorio para guardar el "ánima" ya santa de Don Benegas. No faltaba en los días siguientes, quien comentara que le había ido bien en el curso de una enfermedad o en su negocio. Las velas, constantemente prendidas eran la prueba del cariño a esa ánima milagrosa. Y fue aumentando la creencia del milagro de Don Rai.

La policía investigó silenciosamente la identidad y paradero del asesino a sueldo. Y se encontró con esta sorpresa: el matón era hijo único de Don Raimundo. El joven Hilario Venegas, con "v" corta, apellido de su madre, jamás supo de su origen. Ella nunca le contó que había trabajado en las cocinas de la estancia de aquel patrón ni tampoco éste se enteró de que la joven inexperta, de dieciséis años, había escapado del lugar de su trabajo por encontrarse embarazada de Don Raimundo.

En Pilar, halló ella un hogar en casa de un juez de paz, quien con su sagacidad y conocimiento de las cosas de la vida indagó y hasta mostró a la policía, la foto del finado que Hilaria le había entregado más de veinte años atrás- en una cajita para que la guardara en su escritorio.

A pesar de los cuidados de su madre, siendo cocinera de la familia del juez, el joven Hilario nació rebelde, inquieto, y siempre buscando horizontes perversos.

Así encontró la muerte, su pobre y corta vida de veinticuatro años.

Extraña ironía del destino. La policía y el juez, contaron a la pobre Hilaria, herida de dolor, que únicamente ella heredaría la fortuna del bueno de Don Raimundo.

La justicia tarda, pero llega.

Y los milagros que Dios ofrece se cumplen en el cruce de los viejos caminos del destino.
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Fuente:
TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
DIRMA PARDO DE CARUGATI
Imprenta ALMIRALL
Asunción - Paraguay
1999 (207 páginas)
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Enlace recomendado:
(Espacio del Taller Cuento Breve,
donde encontrará mayores datos
del taller y otras publicaciones en la
GALERÍA DE LETRAS del
Visite la GALERÍA DE LETRAS
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jueves, 26 de agosto de 2010

HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ - LO INEXPLICABLE (CUENTO) / Fuente: SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO (2001).


LO INEXPLICABLE
Cuento de
CARMEN BÁEZ GONZÁLEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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LO INEXPLICABLE
En el campo de batalla se vive al filo de la navaja. Allí se constata cuán fácil es morir.

¿Cómo se desencadenan los factores imponderables que aparecen para llevar a la persona a ese fatal instante en que no intervienen la voluntad ni la decisión humanas?

En el drama guerrero pareciera que lo divino y lo humano se palpan, casi se tocan... Por algo los griegos pusieron como escenario de sus dioses las luchas épicas.

En un episodio de esa cruenta guerra, la Guerra del Chaco, y contado por el teniente Francisco Islas del Regimiento de Caballería "San Martín", podemos tener un ejemplo del misterio "supraterrenal" que nos envuelve a veces:

El regimiento estaba frente a los cerros de Carandayty, en las primeras estribaciones de esa serranía donde se instalaron las líneas enemigas, fuertemente atrincheradas.

Los bolivianos contaban esa vez, con mejor material bélico y vituallas. La tensión duraba mucho, pues los paraguayos tenían a su favor el entusiasmo y el optimismo que redoblan el valor. Se esperaba el momento para el asalto del ejército andino. Los bolivianos hostigaban al regimiento paraguayo con fuego de artillería y de morteros.

En un momento dado de ese día, caluroso y duro a causa del acoso tenaz del enemigo, el teniente Islas sintió una extraña premura que lo impulsó a llamar a un buen camarada, apreciado sargento y compueblano, con quien solía llenar las horas vacías, en ameno dialogo, reviviendo momentos pasados en algún memorable encuentro con el enemigo. El sargento comandaba un pelotón de hombres que defendían un sector de las líneas. Como el extraño impulso se volvió obsesivo, el Teniente llamó a su ordenanza y le dijo en idioma guaraní: "Vaya junto al sargento Sosa y dígale que venga. Es una orden."

En verdad, el Teniente no iba a pedirle nada a su subordinado ni le daría orden alguna. Sólo sabía que debía llamar a su amigo.

El sargento se presentó al puesto de Comando del Teniente y este entabló una conversación sencilla hasta que el hombre, que esperaba alguna orden, y viendo pasar los minutos, le preguntó que necesitaba y el otro contestó: "No es nada. Solo quería conversar contigo". ( Mba'e ve. Añemongetá sénte co nendivé).

- Bueno, entonces voy a volver a mi puesto en la trinchera porque los "bolí" están bombardeando fuerte mi sector. (Jha bueno, entonce, ta jha yehyna che puesto, porque lo bolí co obombardea memé la che sector pe.)

- Cómo no, mi amigo - le contesto su jefe -. Vuelva nomas.- Y regresó a su puesto el clase leal.

Pasaron unos minutos y, el sargento con el rostro pálido, exaltado, volvió corriendo al improvisado puesto de Comando del Teniente Islas. Pleno de emoción lo abrazó y este, extrañado, le preguntó:

- ¿Qué te pasa? ¿Qué es lo que hay ahora? (¿Mba'e pico la oicova.?)

Con voz temblorosa le respondió el sargento:

- Che salvá, mi teniente, che salvá de la muerte. (Me salvaste de la muerte)

- ¿Cómo, que ocurrió? (¿Jha mba'eicha rupí?)

- Usted me mandó llamar y deje en el puesto a mi reemplazante. Un morterazo le mató. Mi puesto de trinchera fue destrozado, la ametralladora que yo estaba usando, y también el soldado que me reemplazó para venir a conversar con usted.

Tomando precauciones, en una pausa del intenso ataque, comprobaron el triste suceso.

¿Fue premonición, o acaso simple coincidencia?

El teniente había salvado, sin quererlo ni saberlo, de una muerte segura al sargento, su buen amigo. Esa urgencia incontrolable del teniente por llamarlo, hizo la diferencia entre la vida y la muerte del valiente subordinado.
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CARMEN BÁEZ GONZÁLEZ
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Fuente:
SIN RENCOR
TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001. (166 pp.)
.
Enlace recomendado:
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martes, 24 de agosto de 2010

CARMEN BÁEZ GONZÁLEZ - DESDE EL ALGODONAL (CUENTO) / Fuente: POR SIEMPRE CUENTOS. TALLER CUENTO BREVE (2005)


DESDE EL ALGODONAL
Cuento de
CARMEN BÁEZ GONZÁLEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
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www.portalguarani.com )
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DESDE EL ALGODONAL
Calixto Vryouck, nieto de un inmigrante polaco, era un voluntarioso adolescente que vivía en el sur del país, en el departamento de Itapúa. Después de la súbita muerte de su padre, que ocurrió cuando tenía dieciséis años, vio cómo la pobreza entraba en su casa, mientras las necesidades crecían. La madre tenía muchos hijos, el mayor de ellos era Calixto. Ella sufrió muchísimo cuando el adolescente le comunicó que dejaba los estudios del cuarto curso para ir a trabajar y con ello poder sufragar los gastos de la acongojada familia.

Como hijo de un agricultor sin tierra, sabía de las fatigas que demandaba el trabajo diario en el campo. Su fortaleza y voluntad de no decaer en su propósito, lo llevaron a presentarse a un rico empresario japonés para servir como un labriego más en la gran finca agrícola, en la atención de los cuidados culturales de los algodonales.
El patrón estaba satisfecho con su trabajo. Le aconsejaba como a un hijo... Y eso estaba bien porque el delgado muchacho rubio con aspecto de menonita, prometía mucho.
Con tesón, se las arreglaba para mantener el crecimiento del algodonal siempre en peligro de una invasión de parásitos, de plagas que arruinarían en solo una noche sus extensos plantíos.

Llegó un día en que el patrón japonés le explicó que la fumigación del algodonal era una necesidad apremiante para asegurar la cosecha. Entonces vio por vez primera, cómo una avioneta volaba muy bajo sobre los algodonales, mientras el piloto dejaba escapar de la nave una gran nube blanca que caía como lluvia sobre las plantaciones. Le explicó el patrón que el agrotóxico empleado estaba autorizado para erradicar las plagas de las plantaciones de algodón y que se aplicaba con sumo cuidado no dañaría al ser humano ni a los animales.

Calixto tenía un hermoso caballo alazán que le servía para el recorrido a lo largo y ancho de las hectáreas de algodón plantado. La juventud de Calixto, lo llevó a querer ganar en una carrera injusta al vuelo de la nave cabalgando su alazán, mientras trataba de no exponerse a esa nube blanca que le perseguía de tan cerca. Quería ganar, galopando en carrera, al piloto de la avioneta, que era su amigo. Muchas veces fueron vanos sus intentos. El paso rasante de la maquina ponía en peligro el propio rancho donde vivía con un matrimonio, agricultores asalariados como él.

Después de cada intento fracasado, entre risas y burlas del piloto y del mismo jinete sin suerte, llegaba cansado y sudoroso, habiendo absorbido sin saberlo gotas del agrotóxico pulverizado.

Hasta que un día, llegó a su vivienda con revoltijo en el estómago, y un extraño comportamiento. El mozo tan jovial, de repente se estaba convirtiendo en un muchacho callado, sufrido, con dolores fuertes de cabeza. No quería comer. Murmuraba cosas sin sentido.

Tan mal lo vieron que fue trasladado a un hospital de la zona. El médico al ver su triste estado, comprendió su malestar y preguntó:

-Calixto, ¿trabajas fumigando el campo de tu patrón? -No doctor, sólo jugaba con el piloto amigo; el sí tenía puesta una máscara, pero yo no. Al galope de mi caballo, quería ganarle en velocidad. Cerraba los ojos mientras imaginaba volar aun más alto que esa nube yéndome a los cielos junto a papá que trataba de tomarme en sus brazos. Y además, después de la fumigación volvía a los campos a observar el resultado de ella en las plantaciones.

Luego habló el doctor, preocupado por la salud quebrantada de Calixto:

-Por suerte, con el vigor de tu cuerpo joven podrás salvarte. Vas a llevar un tratamiento médico estricto. Le avisare al patrón. Tiene el deber de protegerte.

El joven empeoraba, su grave trastorno le hacía perder la memoria, deliraba, por momentos sus palabras eran incomprensibles. El tóxico torturaba su cerebro.

El patrón, muy apenado, en un rasgo de humanidad, lo envió al Japón. Allí lo salvaron mediante un profundo y moderno tratamiento.

A los seis meses, restablecido, regresó. Podría asegurarse que fue un milagro de la ciencia, y de Dios. De su enfermedad, a Calixto solo le quedó un triste tic en el rostro, como para no olvidar más su imprudencia juvenil.

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Fuente:
TALLER CUENTO BREVE
Coordinación : DIRMA PARDO CARUGATI ,
Asunción-Paraguay
Octubre 2005 (179 páginas)
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Enlace recomendado:
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