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jueves, 2 de septiembre de 2010

MARÍA LUISA BOSIO - SUCEDIÓ EN UN PUEBLO (CUENTO) / Fuente: EL SÉPTIMO LIBRO. TALLER CUENTO BREVE, 1999.


SUCEDIÓ EN UN PUEBLO
Cuento de
MARÍA LUISA BOSIO
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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SUCEDIÓ EN UN PUEBLO
Lentamente avanzaba el cortejo fúnebre. Con las plañideras lloraban algunos familiares. Los amigos comentaban la trágica muerte de Eudosio Resquín; el hombre rico del lugar. Según relatos del pueblo, el crimen ocurrió en la fría madrugada del día anterior; el asesino había preparado una celada, esperándolo entre unos arbustos que el viento helado sacudía. Lo dejó pasar y luego le gritó: ¡"Peleemos como machos"! El hombre intentó desmontar y en ese momento el asesino apuntó el revólver. La certera bala atravesó el cuerpo de Eudosio Resquín, que cayó inerte sobre la tierra bermeja donde había nacido y trabajado toda su vida.

Allí recibió el tiro de gracia.

¿Cuál fue el motivo?. Una mujer que sólo servía para enardecer a los hombres del lugar y por quien disputaban los dos.

Ella, ambiciosa, no era mujerzuela de peones ni carreros. Sabía buscar pareja. Esta vez había puesto sus ojos azabaches en el comerciante rico del pueblo y en un hacendado próspero, pensando quizá que si uno le fallaba le quedaba el otro. Lo que la sensual mujer ignoraba era que había enloquecido de pasión a los dos. Eudosio Resquín, el difunto, le había mandado una esquela a su rival, exigiéndole que la dejara o que se atuviera a las consecuencias.

Al hacendado le había causado risa la amenaza y comentó con sus amigos que la decisión debía tomarla la pretendida dama.

Por un tiempo las cosas siguieron igual, hasta que el capataz de la estancia tuvo un lío con su patrón y juró vengarse. Él era conocedor de la pasión que el hombre sentía por la deseada mujer. Así fue como empezó llevando, día a día, chismes de uno a otro lugar, consiguiendo de esa manera que ambos hombres llegaran al máximo de la rivalidad.

El capataz aseguraba que el temor de que el otro se enterara le hizo actuar rápidamente al hacendado. Sólo a media mañana, el pueblo se informó del crimen. El comisario ordenó al sargento de policía el apresamiento del supuesto criminal. "Lo maté en defensa propia", repetía con una irónica sonrisa. Contrataré a los mejores abogados del país.

Antes de ser encarcelado pidió dos botellas de champaña de su bodega.

La cárcel estaba situada en la calle principal, casi a la salida del pueblo; tenía ventanas enrejadas sobre la calle. A la tarde, el detenido escuchó que el cortejo fúnebre se acercaba. Cuando ya estaba frente a su ventana, destapó las dos botellas de champaña que sonaron como disparos de un arma de fuego. Se escuchó una sonora carcajada entre el tañido doble de las campanas, y luego un grito entrecortado del asesino que decía: "Te gané la delantera, Eudosio Resquín..., te gané”.

Sigue contando la gente del pueblo que durante el tiempo de su condena no admitió su culpa y que siempre, con su sonrisa mordaz, amenazaba a todos los del pueblo. Cada aniversario del hecho se escuchaba el disparo de un corcho de champaña. También agregan las comadres que al capataz lo encontraron colgado de un árbol al día siguiente del entierro.
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Fuente:
EL SÉPTIMO LIBRO
TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
Edición al cuidado de
Imprenta ALMIRALL
Asunción - Paraguay
1999 (207 páginas)
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Enlace recomendado:
TALLER CUENTO BREVE
(Espacio del Taller Cuento Breve,
donde encontrará mayores datos
del taller y otras publicaciones en la
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de la Literatura Paraguaya.
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viernes, 27 de agosto de 2010

MARÍA LUISA BOSIO - ESTO PASÓ (CUENTO) / Fuente: SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO - TALLER CUENTO BREVE (2001).


ESTO PASÓ
Cuento de
MARÍA LUISA BOSIO
(Enlace a datos biográficos y obras
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ESTO PASÓ
"Transcurrido un año y medio de la Guerra del Chaco ocurrió este hecho que voy a narrar", me dijo una persona amiga conocedora de muchos sucesos, algunos tristes, y otros graciosos, de esa cruenta lucha entre hermanos.

"Había conocido a un soldado, por casualidad. Lo encontré recostado en el hueco de un árbol, en una de mis recorridas." - relata el teniente amigo. "Me acerque y le pregunte: ¿De qué regimiento sos? ¿Cómo te llamas?". No contestó, pero me miraba con sorpresa y miedo. Lo puse de pie y procure que caminara. Le di de beber agua y me agradeció con un flojo gesto de cabeza. - Apóyate en mí y te llevaré a tu regimiento, le dije. - No tengas miedo".

"Tardamos mucho en llegar, por la debilidad del soldado. Nadie lo conocía, y como no podía hablar y temblaba continuamente, lo acerqué a la Sanidad. El médico, luego de revisarlo, me aseguro que con reposo y cuidados se iba a curar, pero me recomendó no hacerle preguntas, porque estaba con algo de amnesia y muy desnutrido.

Pasó una semana, y cuando lo visité ese lunes, me sorprendió escuchar su voz por primera vez: -Mi teniente, quiero hablar con Ud. - dijo. - No puedo creerlo - conteste, con una sonrisa.

Me conto su historia, o lo que recordaba de ella: La guerra lo sorprendió cuando estaba cumpliendo el Servicio Militar. Sólo recordaba que fue trasladado a un fortín para pelear con un fusil que apenas sabía manejar. Se sintió como loco con el ruido de los aviones y la explosión de las bombas. Perdió la memoria y actuaba por inercia. El deseo de vivir lo mantenía.

No sabía el tiempo que paso en esa forma; tampoco recordaba a ningún jefe ni a sus compañeros. -Cuando me encontró - dijo -, pensé que me estaba muriendo. Recordé a mi madre, y apareció Ud., lo demás es cosa suya. ¡Gracias, mi teniente!

Me costó trabajo hacerlo volver a la realidad, pero como no se separaba de mi lado, todo fue saliendo cada vez mejor.

Lo que me ordenaban mis jefes, él lo tomaba como cosa suya. Mis superiores no objetaban, al contrario, lo veían como parte del tratamiento del muchacho y lo nombraron mi asistente.

En el regimiento yo debía ocuparme de los prisioneros. Lo primero que hacíamos era quitarles el equipo y su bolsa de víveres, para aliviarles del peso en la marcha, hasta llegar al lugar donde serían concentrados.

En una de esas caravanas uno de los prisioneros lloraba amarga y desconsoladamente, como si un inmenso pesar lo atormentara. Mi asistente y yo marchábamos custodiándolos, cuando escuchamos que en medio del llanto el prisionero repetía: -Mi coquita, señor, mi coquita.

Pregunte entonces: -¿Qué le pasa al hombre?-. Y aquel acudió en su ayuda: - No se apene, no se le hará nada malo. Pronto descansará y le daremos papel y lápiz, para que escriba a Coquita que será, imagino, su esposa o su novia.

-No, no, lo que quiero es mi coca, mi coquita, la que está en mi bolso de víveres y que compre en Villa Montes... Por favor, no me deje Ud. sin ella, paraguayito valiente.

Después de una carcajada general, y en ella la de mi asistente, busque la famosa coquita; la encontré en su bolsa, y se la entregue al prisionero.

El cautivo, con los ojos brillantes de alegría, dijo: -¡Gracias, paraguayito, gracias! ¡Con esto, el alma y la vida me vuelven al cuerpo!
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MARÍA LUISA BOSIO.
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Fuente:
SIN RENCOR
TALLER CUENTO BREVE
Dirección:HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001. (166 pp.)
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Enlace recomendado:
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martes, 24 de agosto de 2010

MARÍA LUISA BOSIO - LAS TORRES (CUENTO) / Fuente: POR SIEMPRE CUENTOS. TALLER CUENTO BREVE (2005)


LAS TORRES
Cuento de
MARÍA LUISA BOSIO
(Enlace a datos biográficos y obras
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www.portalguarani.com )

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LAS TORRES
Fui invitada por mi hijo para viajar a Boston, Estados Unidos, y acepté, sin imaginar que iba a ser testigo de una tragedia singular.

Ocurrió en Nueva York, esa mañana fresca y soleada, anunciando el otoño: 11 de setiembre de 2001.

¿Quién podría haber pensado que esa jomada laboral se convertiría en un día funesto? No hay palabras para describir y narrar el sentir del pueblo norteamericano y especialmente de los habitantes de Manhattan.
Día aciago, comentaron los medios de comunicación.

Habíamos llegado la tarde antes desde Boston para tomar el vuelo del día siguiente, martes 11 a la medianoche. Al despertar ese día conecte la televisión. La vi confusa, llena de humo, y sin comentarios. Moví los canales y todos mostraban lo mismo, hasta que uno de ellos dio la pavorosa noticia: " Fuego en una de las Torres Gemelas".

Alerta general. Bomberos en acción, trabajaban aceleradamente. Luego de unos minutos, el periodista anunciaba con voz estremecida, que un avión de la línea Boston-Nueva York se había estrellado contra una de las torres.

Cuando todavía los americanos se hacían conjeturas y mas conjeturas, pasaron los 18 minutos perdidos (según los expertos comentaristas) y otro avión embestía la segunda Torre.

Esa Nueva York que había inspirado a García Lorca sus impresiones como poeta, tras visitar la fascinante y trepidante ciudad, había quedado herida de muerte.
El humo se tornaba más denso y el orgullo de esa ciudad se derrumbaba con sus torres. El invulnerable Estados Unidos tomaba conciencia que había sido atacado por enemigos.

Sonó el teléfono. Mi hijo me pidió que bajara lo antes posible por orden de la gerencia del Hotel. Con la explosión se había derrumbado también el más antiguo de los hoteles de la cadena Marriot, muy cerca del radio de las Torres Gemelas en donde estaban reunidas personas en una Convención, y como el nuestro era el más nuevo de esa cadena, tomaron sus precauciones.

Todos juntos en la planta baja decidimos ir hacia la Quinta Avenida en donde desfilaban los camiones del ejército, subiendo gente para regresarla a sus hogares. Los ómnibus habían parado, las cortinas de hierro de las grandes casas comerciales fueron bajadas con rapidez. Los bancos cerraron sus puertas y los subterráneos ya no funcionaban.

Nueva York se había paralizado y la gente asombrada en las calles miraba ese humo negro que llevaba restos carbonizados de personas muertas.

Hora: 11 y 30. Ya se tenía el informe completo de lo ocurrido.

El Pentágono, en Washington, había sido también atacado. El avión que iba directo a la Casa Blanca fue derribado gracias a la valentía de una joven madre, quien viajaba en ese vuelo y escucho una conversación de los presuntos terroristas suicidas. Se encerró en el baño y con el celular llamo al esposo, un marino en tierra y en acción de guerra en ese momento. Sus palabras fueron las siguientes: "Estamos secuestrados. Nos dirigimos a la Casa Blanca, vamos a morir". A los 15 minutos ese avión fue abatido por aviones caza.
Fallecieron todos. A ella (la heroína de ese vuelo), el esposo la pudo identificar con sus niños abrazados y el celular en la mano, porque fue despedida antes del incendio de la nave.

Algunas veces las desgracias dejan algo detonante como comentario.

Para esa tarde se convocó a las Iglesias de todos los credos a una procesión. Comenzaría veinte cuadras antes de la Catedral.

Nos dirigimos al lugar citado por los canales. Allí nos entregaban candelas encendidas. Caminamos dos horas cantando canciones conocidas en varios idiomas. Cada uno lo hacía en el suyo. La procesión se llevó a cabo lentamente y con una devoción sincera, hasta las puertas de San Patricio, donde esperaba una hilera de uniformados, que al llegar hasta la Catedral se quitaron el quepis y dieron la señal de stop. Se dispersó la procesión, y el resto de las candelas fue dejado en las puertas de los edificios. Allí había terminado el día más aciago de Nueva York.

Los siguientes fueron sin ningún movimiento en las calles. Sólo las grandes pantallas de televisión pasaban sus noticias. Las vidrieras de las tiendas amanecieron al día siguiente con grandes búcaros de flores blancas cruzadas con una cinta morada en señal de duelo.

El jueves 13 nos avisaron que saldrían los aviones del horario de medianoche y solicitaban a los pasajeros su presencia en el aeropuerto J. F. Kennedy a las 16.00.

Llegamos a la hora marcada. Nos acercamos al mostrador. La empleada con rostro apenado nos dijo que regresáramos lo antes posible a Nueva York. La gente, al conocer la noticia, no caminaba, corría con sus equipajes. ¡Aleluya!, exclamamos cuando vimos el enorme auto que nos había traído, estacionado en el mismo sitio en el cual nos dejó. ¿Entramos todos con los equipajes?", preguntamos. "No se preocupen, suban".

No sé si la mano de Dios acomodó las valijas y pudimos salir, justo cuando ya cerraban el aeropuerto.

El chofer que escuchaba las noticias por la radio nos comentó: "Han encontrado a dos terroristas árabes con identidad americana en los sótanos, y cierran todos los aeropuertos hasta nueva orden".

Se confirmaron los pasajes para el siguiente lunes. Ocho días "presos" sin poder salir a ningún lugar. Los celulares al rojo y los teléfonos siempre ocupados.

Con calma, organizamos nuestra forzada estadía. Ocupamos otro hotel de la misma cadena, pero pequeño y acogedor en la avenida Madison. Preguntamos que podríamos hacer y nos dieron una pequeña lista de los restaurantes abiertos. Estuvimos casi todo el tiempo en el Central Park y en el museo de Ciencias, que ahora ocupa una manzana más.
Los días pasaron lentos. Todo era tristeza y desolación. Sólo encontrábamos paz en la Catedral, ubicada muy cerca del hotel. Decidimos no hacer comentarios, nos mirábamos a los ojos y adivinábamos nuestros pensamientos.

Con temor nos llegó el lunes. Aun no confirmaban ningún pasaje. A duras penas los conseguimos: tres normales y uno en primera clase (si así podríamos llamar a los lugares de una maquina vieja y maltratada por los viajes).

Sentí mucho miedo, pero afronte la noche con valor y entereza.

Era imposible borrar lo ocurrido dentro de una nave de American, línea aérea que habían usado los terroristas para los ataques suicidas.

Llegamos a San Pablo, cambiamos de avión y en dos horas más aterrizamos en Asunción, donde me encontré rodeada de mis familiares a quienes en algún momento creí que no los vería mas.

Me hacían preguntas y casi no podía contestar. Era muy grande la congoja que había dentro de mí.

Ellos pensaron que habíamos tomado ese vuelo de Boston a Nueva York y se tranquilizaron cuando la compañía dio la lista de los que viajaban en el vuelo.

Sola en la habitación de mi casa, recordé que un año antes pensaba en el nuevo milenio que avanzaba y me parecía imposible. Sin embargo, se instaló en el calendario y comenzó a marcar los meses.

Recordaba mis premoniciones, que son mis compañeras desde que tengo uso de razón.
Cuando me preguntaban: ¿Ya te decidiste a viajar?", contestaba con algo que se me hizo común y fácil: "Siempre hay tiempo para decir un sí o un no".

¿Por que dudaba tanto? No lo sabía... Nunca me imagine que podía ser protagonista de un suceso de este milenio que pasaría a la historia.

Mi destino estuvo marcado, y puedo escribirlo ahora, porque estoy viva, Dios lo quiso así.
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Fuente:
POR SIEMPRE CUENTOS
TALLER CUENTO BREVE
Coordinación :
Editorial Arandurã ,
www.arandura.pyglobal.com
Asunción-Paraguay
Octubre 2005 (179 páginas)
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Enlace recomendado:
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martes, 17 de agosto de 2010

MARÍA LUISA BOSIO - CARTA A UNA AMIGA (CUENTO) / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - VEINTITRES CUENTOS DE TALLER (1988).


CARTA A UNA AMIGA
Cuento de
MARÍA LUISA BOSIO
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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CARTA A UNA AMIGA
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SIGNORINA:
Ernesta Titarelli
Vía Castel Uvone A.
Benedetto de Trento - Italia

Franca Vila 12 de Abrile...

Querida y recordada amiga:
Hacía tiempo que deseaba escribir esta carta. Los días pasaban para mí dedicada a Cayetano que me tenía dominada y atemorizada con su rudeza y fogosidad napolitana.

No podría afirmar que todo fue negativo en mi convivencia con él.

Creí que fue amor lo que sentí aquella tarde que paseábamos juntas por la plaza de la Iglesia de San Cristóbal, ¿recuerdas Ernesta?

Me impresionó su presencia varonil robusta, de ademanes seguros y la forma imperiosa de exteriorizar su admiración. Sumado a esto la sangre joven que bullía dentro de mí, con el ardor propio de los diez y siete años y el deseo de sentirme mujer.

Me entregué sin escrúpulos, a pesar del dolor que daría a mis padres. Dejé el pueblo y vine a vivir a Franca Vila, donde Cayetano posee un taller de herrería en el cual trabaja ocho horas diarias.

Mi vida transcurrió monótona, con los quehaceres cotidianos; interrumpidos a la tarde por la premura y torpeza de sus deseos que se parecían tanto a los de aquel torito que veíamos a menudo en el campo, saltar la valla del alambre de púas, ¿recuerdas Ernesta?

Siempre lo comparé con ese animal de nuestro pueblo!!.

El exigía que me cubriera el rostro, para la hora del amor. Lo tenía programado para cada tarde al término del trabajo. Lo notificaba con tres fuertes golpes de martillo sobre el junque, que sonaban distintos de los otros.

Debía estar lista para cuando él subiera. Lo esperaba con el traje de Eva (era el que más le gustaba) y el rostro cubierto con una mantilla.

¿Recuerdas aquella que usábamos para ir a misa?. Imagínate para lo que sirvió querida amiga.

Esto me deprimía mucho, pensaba a menudo en nuestros paseos y los requiebros amorosos que ambas recibíamos.

Ya, del farmacéutico Don Lorenzo con esos ojos ávidos y libidinosos a través de los gruesos lentes. Ni que hablar del Vicente el verdulero y de Bruno el panadero que elogiaban mi belleza y el cuerpo magnífico (hecho para el amor, lo decían con mucha picardía).

Conocí cada parte de este cuerpo que tanto incitaba el deseo carnal de Cayetano pero me faltaba algo, por conocer ¡Cómo se conjugaba amor puro con pasión!

Lo supe Ernesta, una tarde. Después de oír los acostumbrados tres golpes, yacía en el canasto esperando que subiera el napolitano a la buhardilla donde teníamos la pieza de dormir.

¿Qué pasó esa tarde asombrosa? Te lo contaré: "Sentí que el hombre con quien estaba acostada era otro, un hombre suave, cariñoso, revosando amor. (Me despojé de la mantilla con violencia). Mi corazón comenzó a latir más fuertemente, la dulzura de su voz y la de sus ojos me hicieron hervir la sangre. El amor se apoderó de mi corazón, temblaba de felicidad, veía como un ancho río claro nacido para aliviar la sed dolorosa de los hombres. ¡Cupido había lanzado su flecha certera!

Pasaron dos horas de éxtasis.

Nos mirábamos largamente; veíamos la vida en el hueco de nuestras órbitas sintiendo ese sueño real, maravilloso con el cálido silencio del atardecer.

¿Preguntarás quién es él? Querida amiga.

Dejé esto para lo último, se llama Nazareno, es joven, poeta y fue seminarista; trabajaba en el taller de Cayetano. Me veía ir y venir, pensando, con dolor en las horas perdidas, largas, indiferentes a que se reducía mi vida; la cual se convirtió ahora en un corazón enamorado con el soplo suave de su amor. Nazareno es todo lo que podría soñar una mujer como yo.

"Ernesta; espero que esta carta llegue a tí y la leas sin prisa. En ella va escrita mi vida desde que dejé nuestro querido pueblo hasta el día de hoy". Deseo que si aún sigues soltera pienses en la experiencia mía y cuando te entregues a un hombre lo hagas por amor.
Te abraza tu amiga de siempre.
Filomena Mauttone Ossimani
P.D.:
"Cayetano; la mantilla te la dejo de recuerdo" fue mi despedida.
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MARÍA LUISA BOSIO
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TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
Talleres Gráficos
EDICIONES Y ARTE S.R.L.,
Asunción-Paraguay 1988 (136 páginas).
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sábado, 10 de julio de 2010

MARÍA LUISA BOSIO - CUENTOS DE GARDENIA / Comentario: FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH / Cuentos: LUCIANE Y SU ACORDEÓN, EL CUADRO, LA MUÑECA DE PAÑO LENCI

CUENTOS DE GARDENIA
Cuentos de
MARÍA LUISA BOSIO
CRITERIO EDICIONES
Web:
www.libreriaintercontinental.com.py
Ilustración de tapa: María Luisa Ayala Bosio
Composición y diagramación: Gilberto Riveros Arce
Hecho el depósito que marca la Ley N° 1328/98.
I.S.B.N. 99925-72-12-4.
Asunción – Paraguay.
204 (114 páginas)

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COMENTARIO:
Sencillez, transparencia y un medio tono familiar a lo cotidiano, a la inmediatez de lo vivido, son los rasgos que definen estas narraciones de María Luisa Bosio. La autora, surgida de las experiencias de taller, desarrolla en sus textos breves anécdotas que incorporan los inmortales temas universales del amor, la muerte, el destino, la generosidad, la honradez, la amistad.
Estos textos no buscan la originalidad, sino la intensidad en la emoción y, de este modo y gracias a un estilo narrativo eficaz, la autora alcanza realizaciones apreciables que se unen con dignidad a la actual narrativa del país.
FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH


ÍNDICE
Dedicatoria
- Luciane y su acordeón / El cuadro (Diario de Clementina) / Milagro / A orillas del Potomac / Cabellos dorados / Sueño realizado / El gallo negro / Las joyas / La libreta de apuntes / Una extraña mujer / La Ermita / Granos de oro (Monólogo de una regadera) / Me la llevaste / Las voces / El incendio / La muñeca de paño lenci (Diario de Clementina)
OTROS TEXTOS
- Las Torres / La luna / Esto pasó / Esto... también pasó
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A mis tíos
Pedro Nicolás Ciancio
y María Adela Sarubbi

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LUCIANE Y SU ACORDEÓN
Lo escuchamos uno o dos días en el departamento en donde estábamos hospedados, en Buenos Aires. Con curiosidad nos dirigimos a la plaza cercana y encontramos a un hombre sentado en un banco de piedra tocando el acordeón.
Era aún joven, pero de piel marchita. Su mente era lúcida y sus dedos ágiles al ejecutar el instrumento.
Tuve curiosidad de conocerlo y empecé a preguntar a personas que se reunían por la tarde a escucharlo. Su nombre en español era Luciano, pero lo llamaban Luciane, porque era francés.
Había llegado adolescente como inmigrante, con una maleta para sus pocas pertenencias y la caja del acordeón, regalo de sus padres.
Se afianzó en el país. Alguien interesado en música lo escuchó en la plaza y lo contrató, para una orquesta pequeña; así fue ganando nombre y dinero. Su repertorio era nutrido y como Francia gustaba del tango en esa época de Gardel, él conocía de memoria casi todas las partituras que se hicieron famosas.
Vivió mucho tiempo en la Casa del Inmigrante y, cuando pudo pagar alquiler, se mudó a una pensión cerca de la famosa plaza Francia. Es allí en donde lo conoció mucha gente que gustaba de la buena música y lo aplaudían.
Su exagerada timidez lo hacía taciturno y melancólico. Quería volver a su patria, especialmente a su pueblo, pero... temía que sus padres no le perdonasen la gran aventura de su vida. "Ya que tomé esta decisión, debo asumirla hasta el final", pensaba él.
A su madre la tenía presente todos los días. Le escribió varias veces, pero no tuvo contestación. Era hijo único y cuan-do viajó para América ella lo sentenció con esta lapidaria frase: "Olvídate que tienes padres". Esto marcó su vida y lo tornó un anacoreta.
Al otro lado del océano su madre había hecho un santuario del cuarto de su hijo con todas sus pertenencias, inclusive el pequeño acordeón regalo del padrino, en el cual conoció las teclas y empezó con sus primeras canciones infantiles.
*****
Después de un tiempo, Luciane conoció a una joven que vivía cerca de la plaza Francia y se enamoró locamente. Tenía cumplidos 24 años y aún no sabía lo que era el amor. Ella parecía quererlo, pero además de bonita era pizpireta y le sobraban los pretendientes. Lo dejó un día por un hombre que la deslumbró con un auto último modelo de aquella época.
Él sufrió su primera desilusión amorosa y pasó unos años solo con su gran amigo el acordeón, su música y tratando de olvidar a la bella joven.
En la pensión en la que vivía se encontraba con gente agradable que se hospedaba allí. Había una mujer mayor que él y que siempre buscaba sentarse a su lado en el almuerzo y en la cena. Obviamente se le insinuaba y lo atendía con deferencia y halagos. Lo pensó un tiempo, formó pareja con ella y se dejó amar sin compromiso.
Tuvieron un hijo, a quien él quería entrañablemente. Lo llamaron François. Su pareja lo cuidaba con solicitud y amor. Cuando el niño cumplió dos años se enfermó gravemente de una peste infantil que lo llevó a la tumba. Después de lo ocurrido, dejó la pensión y a la mujer sin pena ni gloria. La tristeza se tornó alarmante, pero... ganó su música. Esa misma melancolía hizo que compusiera melodías maravillosas.
La primera se llamó "François", en memoria del niño. La segunda, "Ma mere", por su madre.
*****.
Luego de eso su vida tomó un ritmo acelerado y compuso tantas lindas canciones que alcanzó la fama. Volvió a su país. Sus padres, todavía dolidos por su abandono, tardaron un tiempo en perdonarlo; hasta que una noche los sorprendió con una serenata, no conocida en el pueblo ni tampoco por ellos.
Lo primero que ejecutó fue "El retorno del hijo y su acordeón". Luego "Ma mere" y, al final, "François".
Se reconciliaron con emoción esa noche de luna llena. Tanto éxito tuvieron esas tres canciones que fueron premiadas después de unos años. Luciane había fallecido unos meses antes. Su madre recibió el premio.
Durante el acto de su cremación se ejecutaron en el acordeón las elegidas y premiadas canciones de este hombre que fue muy recordado después de su desaparición.
El acordeón de Luciane se encuentra en un museo musical y acompaña a una fotografía de su dueño, su gran compañero y confidente a través de la música y las canciones.

EL CUADRO
(DIARIO DE CLEMENTINA)

-¡Tía, qué hermoso cuadro!
-Pero, no es un cuadro, se trata de una carta manuscrita.
-¿Que quién es? Tengo curiosidad de saber. ¿Me lo podés contar?
-Sí, sí, te contaré. Cuando nació mi segundo hijo, en la habitación de al lado lloraba un bebé sin consuelo. Pregunté a la enfermera qué pasaba con el niño y me contestó que tenía hambre. La madre estaba con una fiebre muy alta y no podía ocuparse del hijo. El pequeño rechazaba la mamadera, era prematuro y aún no tenía las fuerzas necesarias para succionar. Consulté al médico de guardia si podía ir a verla. Me dijo que sí y él me acompañó a la pieza contigua.
La pobre mujer estaba pálida y ojerosa. Le ofrecí con cariño si quería que amamantase a su bebé hasta que ella se pusiera bien y lo aceptó, dándome las gracias con un débil hilo de voz.
Me trajeron a un bebé prematuro de apenas dos kilos. Empecé a alimentarlo cada dos horas. A mí me hacía mucho bien, porque de lo contrario debía extraerme leche con pezonera.
Al cabo de tres días, los que pasé en el sanatorio, el niño dejó de llorar y había aumentado de peso, en gramos.
*****.
La historia empezó allí. La madre seguía muy delicada, el niño iba creciendo y yo debía dejar ya el sanatorio. El padre de la criatura me pidió como un favor especial si podría seguir alimentando al bebé cada tres horas.
Sorprendida pregunté: ¿Cómo lo haremos?
Él lo tenía arreglado con el médico que atendía al pequeño.
-Yo no tengo problemas -dije-. Tendré lista dos mamaderas para las seis de la mañana y otras dos para las seis de la tarde.
Él vendría a buscarlas a mi casa.
Así pasaron dos meses sin inconvenientes de mi parte y de parte del padre del niño en su ir y venir con el alimento. El pediatra aconsejó lo que mejor sería: mezclar la leche con otra especial para estos casos y de esta manera el bebé se iría acostumbrando al cambio. Había aumentado ya dos kilos y se encontraba normal.
No podés imaginarte los obsequios que recibía de esta gente. Yo les explicaba que me sentía feliz de poder ayudar a un huérfano. La madre había fallecido.
Durante cinco años me visitaron asiduamente. El pequeño Valentín, así se llamaba el niño, y mi hijo Isidoro jugaban y se entendían cuando estaban juntos.
No los vimos más. Se mudaron al interior, pero en las Navidades por mucho tiempo recibíamos alguna linda tarjeta acompañada de un obsequio.
Después de muchos años, una tarde, al regreso del colegio, mi hijo comentó lo siguiente:
-Me encontré con alguien que me preguntó amablemente si yo era Isidoro. Yo le contesté extrañado: "¿Cómo sabés mi nombre?".
"Porque somos hermanos de leche -me contestó-. Mi madre antes de morir le pidió a mi papá que me contara y me entregó una fotografía de ustedes dos... que él había sacado, una de las tantas veces que fue a tu casa".
-Mamá, por favor, estoy confundido y quiero que me expliques -suplicó Isidoro.
Luego de aclararle todo lo que había sucedido en el sanatorio, cuando él nació, quedó un rato pensativo, pero tranquilo.
*****.
Volvieron a encontrarse muchas veces y descubrieron que tenían gustos parecidos como, por ejemplo, ejecutar la guitarra y jugar al tenis. Ambos estaban por recibirse de bachilleres, pero en distintos colegios.
Isidoro me comentaba siempre con alegría, después de estos encuentros. Valentín estaba gestionando una beca para los Estados Unidos de Norteamérica y mi hijo soñaba con viajar pronto a ese país. Los dos tenían el mismo sueño y no pararon hasta conseguirlo.
*****.
Mi abuela, en una de las visitas que le hacía, me aseguró que no sólo por la gestación se transmiten algunos genes, también ocurre con la leche materna. Las palabras de mi abuela eran sagradas y las creí, sobre todo por la música, que a mí me gusta tanto y que en los dos chicos era prioridad.
*****.
Dejaron de verse por mucho tiempo, hasta que mi hijo recibió un disco con composiciones de Valentín y una carta donde le contaba que, además de haber recibido un título de programador de Internet, ganaba como para vivir decentemente y el resto de su tiempo lo dedicaba a la música. Volvieron a retomar el trato, con cartas. Vivía en Chicago y le mandó la dirección y el número de teléfono en el cual podía localizarlo. :,:
*****.
Se encontraron de nuevo unos años más tarde, esta vez en Estados Unidos. Mi hijo lo llamó cuando llegó a Chicago. Valentín fue a buscarlo a la noche y lo llevó a su casa, donde los dos hijos y la esposa habían preparado en la puerta una pancarta con estas palabras: "Bienvenido, hermano". Pasaron una velada agradable con canciones interpretadas por ambos en la guitarra.
Se despidieron con un gran abrazo y Valentín le entregó un sobre escrito para mí. Esa carta, que está encuadrada y que te interesó, además de una poesía dedicada a las madres. La tengo, como ves, entre mis recuerdos más preciados.
-¡Tía, qué hermosa historia! -dijo el sobrino-. Es la primera vez que escucho algo tan humano. Se lo comentaré a mis alumnos en clase esta tarde.
*****.
Clementina tenía los ojos húmedos y simplemente dijo: "Gracias por tu curiosidad y por escucharme".

LA MUÑECA DE PAÑO LENCI
(DIARIO DE CLEMENTINA)
Fue la más hermosa de su tiempo, pero poco accesible. Los padrinos que podían gastar, la regalaban en los cumpleaños de sus ahijadas.
*****.
Clementina fue esa tarde a visitar a una prima mayor que cumplía años y la había invitado a pasar con ella. Llegó a la casa después de su trabajo. Lilia vivía sola, acompañada de una persona que la cuidaba con la supervisión de una hija que vivía cerca. Tenía muchos años encima y demasiados recuerdos confusos.
Al verla entrar, Lilia dijo "hola" y siguió mirando la televisión. Luego de unos minutos continuó:
-¿Trajiste la muñeca de paño lenci?
-¿Cuál? -preguntó Clementina sorprendida.
-La que te presté y no me devolviste nunca.
-Me olvidé -contestó, advirtiendo que su prima estaba en ese momento viviendo en un mundo anterior y decidió seguirle la corriente de todo lo que le dijese.
Continuó diciendo Lilia:
-Mirá, si no la encontrás, puede ser que tenga la esposa de mi primo Ángel, quien fue el que me la regaló y ella por eso se puso muy celosa. ¿Te acordás de Angel? Él y su hermano me querían y me cuidaban como a una reina. Todos los regalos eran para mí, hasta que se casaron y sus mujeres se pusieron odiosas. ¿Te acordás cuando íbamos a la playa en verano? El río todos los años bajaba y nos permitía entrar, mojarnos y jugar con el agua. Yo siempre acompañada de Ángel y su hermano. ¡Qué tiempos aquellos! Sólo quedo yo para recordar. Clementina la interrumpió:
-Dime, Lilia, ¿dónde conociste a tu marido?
-Era muy amigo de mis primos -contestó-. Pero... ahora sólo quiero recordar la muñeca de paÑo lenci y las tardes en las cuales jugábamos con ella. ¡Qué lindos vestiditos le hacía yo a mi muÑeca! ¿Verdad?
Clementina realmente no podía evocar todos los sucesos, porque Lilia era mucho mayor que ella, pero dejaba esa tarde que creyese que así había ocurrido.
Intentó, sin embargo, pasar la conversación y comenzó a hacer preguntas distintas, pero se dio cuenta de que Lilia estaba con una idea fija: la muñeca.
De pronto vio una vela encendida delante de la fotografía de un niño de más o menos diez años y preguntó:
-¿Quién es él?
Lilia la miró con los ojos llenos de lágrimas y dijo:
-¿No te acordás? Es Abeco, también primo nuestro, el que murió adolescente.
-¡No, ese no es Abeco!, a él yo lo recuerdo -contestó Clementina.
-Tenés razón, es mi nieto. Yo ahora confundo las cosas. La fotografía de al lado es la de mi marido. Fue muy bueno. Ángel le había recomendado que me cuidase cuando él se fue a vivir a otro país y me quedé prácticamente huérfana.
-No digas eso, Lilia, tu hija y tu yerno son personas maravillosas y ni qué decir tu hijo médico.
-Sí, cierto. No sé por qué se me mezclan los recuerdos de ahora con los de mi niñez. ¡Qué suerte que viniste a visitarme para rememorar juntas nuestra infancia feliz! Y a mi querida muñeca. No te olvides que es mía, sólo mía.
Clementina le dijo:
-Lilia, no podés quejarte de mí. Pasamos muy contentas. Volveré otra vez cuando el trabajo me lo permita.
*****.
Se levantaron. Al salir Clementina, Lilia lentamente fue cerrando la puerta de calle. La volvió a abrir para decir:
-Saludos a tus padres y creo... que aún no te dije que me devuelvas mi muñeca tan querida.
Mientras Clementina caminaba hacia su casa, iba pensando en la crueldad de la vejez. Al mirar a Lilia se la veía tan joven todavía, pero su incoherencia al hablar la delataba.
No cumplió el encargo de su prima, porque la muñeca no existía sino en la mente de ella.
Además, al enes de su visita se enteró con pena que se había reunido con el nieto de la vela encendida y con los fantasmas de su mente. Lo que realmente sintió fue que, antes de partir, Lilia pidió que le avisaran a Clementina que ella estaba esperando su muñeca de paño lenci.

OTROS TEXTOS
LAS TORRES
Fui invitada por mi hijo para viajar a Boston, Estados Unidos, y acepté sin imaginar que iba a ser testigo de una tragedia singular.
Ocurrió en Nueva York esa mañana fresca y soleada anunciando el otoño: 11 de setiembre del 2001.
¿Quién podría haber pensado que esa jornada laboral diaria se convertiría en un día funesto? No hay palabras para describir y narrar el sentir del pueblo estadounidense y especialmente de los habitantes de Manhattan.
"Día aciago", comentaron los medios de comunicación.
*****.
Habíamos llegado la tarde anterior desde Boston para tomar el vuelo del día siguiente, martes 11 a la medianoche. Al despertar ese día conecté la televisión. Las imágenes eran confusas, llenas de humo y sin comentarios. Sintonicé otros canales y todos mostraban lo mismo, hasta que uno de ellos dio la pavorosa noticia: "Fuego en una de las Torres Gemelas".
Alerta general. Bomberos en acción, que trabajaban aceleradamente. Luego de unos minutos, el periodista anunció con voz estremecida que un avión de la línea Boston-Nueva York se había estrellado contra una de las torres.
Cuando todavía los americanos se hacían conjeturas y más conjeturas, pasaron los 18 minutos perdidos -según los expertos y comentaristas- y otro avión embestía la segunda torre.
Esa Nueva York que había inspirado a García Lorca sus impresiones como poeta, tras visitar la fascinante y trepidante ciudad, había quedado herida de muerte.
El humo se tornaba más denso y el orgullo de esa ciudad se derrumbaba con sus torres. El invulnerable Estados Unidos tomaba conciencia de que había sido atacado por enemigos.
*****.
Sonó el teléfono. Mi hijo me pidió que bajara lo antes posible por orden de la gerencia del hotel. Con la explosión se había derrumbado también el más antiguo de los hoteles de la cadena Marriot, muy cerca del radio de las Torres Gemelas, en donde estaban reunidas personas en una convención y, como el nuestro era el más nuevo de esa cadena, tomaron sus precauciones.
Todos juntos en planta baja decidimos ir hacia la Quinta Avenida, en donde desfilaban los camiones del Ejército, subiendo gente para regresarla a sus hogares. Los ómnibus habían parado, las cortinas de hierro de las grandes casas comerciales fueron bajadas con rapidez. Los bancos cerraron sus puertas y los subterráneos ya no funcionaban.
Nueva York se había paralizado y la gente, asombrada, en las calles miraba ese humo negro que llevaba restos carbonizados de personas muertas.
Hora: 11:30, ya se tenía el informe completo de lo ocurrido.
*****.
En Washington, el Pentágono había sido también atacado.
El avión, que iba directo a la Casa Blanca, fue derribado gracias a la valentía de una joven madre que viajaba en ese vuelo y escuchó una conversación de los presuntos terroristas suicidas. Se encerró en el baño y con el celular llamó al esposo, un marino en tierra. Sus palabras fueron las siguientes: "Estamos secuestrados. Nos dirigimos a la Casa Blanca, vamos a morir". A los quince minutos ese avión fue abatido por aviones caza de la Fuerza Aérea estadounidense, muriendo todos sus ocupantes. A ella, a la heroína de ese vuelo, el esposo la pudo identificar con sus niños abrazados y el celular en la mano, porque fue despedida antes del incendio de la nave.
*****.
Algunas veces las desgracias dejan algo detonante como comentario.
Esa tarde, por televisión se convocó a las iglesias de todos los credos a una procesión. Comenzaría veinte cuadras antes de la Catedral.
Nos dirigimos al lugar citado. Al llegar nos entregaban velas encendidas. Caminamos dos horas cantando canciones conocidas en varios idiomas. Cada uno lo hacía en el suyo. La procesión se llevó a cabo lentamente y con una devoción sincera, hasta llegar a las puertas de San Patricio, donde esperaba una hilera de uniformados que, al llegar hasta la Catedral, se quitaron el quepis y dieron la señal de alto. Se dispersó la procesión y el resto de las velas fuimos dejando en las puertas de los edificios. Allí había terminado el día más aciago de Nueva York.
Los días siguientes no tuvieron ningún movimiento en las calles. Sólo las grandes pantallas de televisión pasaban sus noticias. Las vidrieras de las tiendas, con grandes búcaros de flores blancas cruzadas con una cinta morada, demostraban el duelo.
*****.
El jueves 13 nos avisaron que saldrían los aviones del horario de medianoche y solicitaban a los pasajeros su presencia en el aeropuerto "J.F. Kennedy" a las 16.
Llegamos a la hora marcada. Nos acercamos al mostrador. La empleada, con rostro apenado, nos dijo que regresáramos lo antes posible a Nueva York. La gente, al conocer la noticia, no caminaba, corría con sus equipajes. ¡Aleluya!, exclamamos cuando vimos el enorme auto que nos había traído estacionado en el mismo sitio en el cual nos dejó. "¿Entramos todos con los equipajes?", preguntamos. "No se preocupen, suban".
No sé si la mano divina acomodó las valijas y pudimos salir, justo cuando ya cerraban el aeropuerto...
El chofer, que escuchaba las noticias por la radio, nos comentó: "Han encontrado a dos terroristas árabes con identidad americana en los sótanos y cierran todos los aeropuertos hasta nueva orden".
*****.
Se confirmaron los pasajes para el siguiente lunes. Ocho días "presos", sin poder salir a ningún lugar. Los celulares al rojo y los teléfonos siempre ocupados.
Con calma, organizamos nuestra forzada estadía. Ocupamos otro hotel de la misma cadena, pero pequeño y acogedor, en la avenida Madison. Preguntamos qué podríamos hacer y nos dieron una pequeña lista de los restaurantes abiertos. Pasamos casi todo el tiempo en el Central Park y en el Museo de Ciencias que ocupa una manzana más.,
Los días pasaron lentos. Todo era tristeza y desolación. Sólo encontrábamos paz en la Catedral, ubicada muy cerca del hotel. Decidimos no hacer comentarios, nos mirábamos a los ojos y adivinábamos nuestros pensamientos.
*****.
Con temor llegamos al día lunes. Aún no confirmaban ningún pasaje. A duras penas los conseguimos: tres normales y uno en primera clase (si así podríamos llamar a los lugares de una máquina vieja y maltratada por los viajes).
Sentí mucho miedo, pero afronté la noche con valor y entereza.
Era imposible borrar lo ocurrido dentro de una nave de American, línea aérea que habían usado los terroristas para los ataques suicidas.
Llegamos a San Pablo, cambiamos de avión y en dos horas más aterrizamos en Asunción, donde me encontré rodeada de mis familiares, a quienes en algún momento creí que no los volvería a ver.
Me hacían preguntas y casi no podía contestar. Era muy grande la congoja que había dentro mío.
Ellos pensaron que habíamos tomado ese vuelo de Boston a Nueva York y se tranquilizaron cuando la compañía dio la lista de los que viajaban en ese vuelo.
*****.
Sola en la habitación de mi casa recordé que, un año antes, pensaba en el nuevo milenio que avanzaba y me parecía imposible. Sin embargo, se instaló en el almanaque y comenzó a marcar los meses.
Recordaba mis premoniciones, que son mis compañeras desde que tengo uso de razón.
Cuando me preguntaban: "¿Ya te decidiste a viajar", contestaba con algo que se me hizo común y fácil: "Siempre hay tiempo para decir un sí o un no".
¿Por qué dudaba tanto? No lo sabía... Nunca me imaginé que podría haber sido partícipe de un suceso de este milenio que pasaría a la historia.
*****.
Mi destino estuvo marcado y puedo escribirlo ahora, porque estoy viva y Dios lo quiso así.


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miércoles, 3 de marzo de 2010

MARIA LUISA BOSIO - LA VOZ y VOLVER A NACER / Fuente: NARRATIVA PARAGUAYA TOMO I por TERESA MENDEZ-FAITH

MARIA LUISA BOSIO
(Enlace a datos biográficos y obras
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LA VOZ

** Sentado en el cómodo sillón de su escritorio, Gregorio Guzmán, sumido en recuerdos felices y fantasiosos, miraba a través del ventanal entreabierto, por el que se colaba el aroma salino del mar.
**Las olas venían incesantemente, unas a romperse en espuma blanca sobre la playa, otras a cubrir las rocas del acantilado con abrazo cariñoso. Y en medio de la niebla que producía el oleaje, las gaviotas, afanosas, 1uscaban sus presas.
** Hacía muchos años se había mudado a orillas del mar con su familia, su mujer y dos hijos. Era un hermoso lugar para vivir. Una ciudad balnearia tranquila por la que niños y adultos circulaban en bicicleta por las aceras sombreadas de altos plátanos.
** Gregorio Guzmán era un hombre seductor, que se distinguía por su extremada elegancia. Estaba enamorado de la vida, su naturaleza, sus encantos y del dinero que sabía guardar.
** A la mujer le gustaba jugar con sus amigas, y a él la vida retraída, dedicada a la lectura y a la música culta.
** Después de una enfermedad grave que lo tuvo postrado mucho tiempo, su organismo se resintió y, como consecuencia, le quedó un insomnio rebelde. Hasta la madrugada estaba despierto, y cuando conseguía conciliar el sueño era apenas por una o dos horas.
** Se había sometido a muchos tratamientos que no dieron resultado, lo que fue acostumbrándose a vivir con su insomnio sin quejarse. Leía todo lo que tenía a su alcance y escuchaba radio del mundo entero.
** Una noche, cansado de audiciones internacionales, puso el dial en una emisora de su país, y fue entonces cuando escuchó "La voz", cálida y aterciopelada, de una locutora que decía:
** "Amigos y amigas que aún permanecen despiertos, no se desesperen: no están solos. Esta voz los acompañará todas las noches. Hablaremos de cosas gratas, recuerdos inolvidables y pensaremos en el futuro con felicidad, del que nos tiene prometido nuestro Dios".
** La locutora era sicóloga. Se decidió por el programa con mucha voluntad y poco conocimiento. Coleccionaba en carpetas toda clase de anécdotas interesantes, historias ligeras y cuentos graciosos que iba relatando con lentitud; en cambio ponía énfasis en lo romántico y lo humorístico. "La voz" se hizo popular y llegó a tener notable audiencia. La historia podría haber terminado ahí, como excelente terapia, pero tuvo una derivación inesperada en Gregorio.
** Empezó escuchando con interés el programa, le gustó, le servía de relax para conciliar su corto sueño. Luego, el interés se hizo entusiasmo y, a poco tiempo, llegó a ser necesidad perentoria, que se transformó en un enamoramiento muy similar a los de su juventud. Tenía ya setenta y ocho años.
** Procuró ser razonable, pero se vio envuelto por una pasión irresistible. Su vida estaba perdida; decía: "Me he enamorado". Comprendió que su estado emocional le produciría sufrimiento, pero lo aceptó resignado.
** Durante el día "La Voz" le obsesionaba, dominando su cabeza y sus sentidos, hasta el punto de que no pasaba un segundo sin pensar en ella. Consiguió por un amigo el número del teléfono de la locutora. Todas las mañanas la despertaba con su llamado. Días de por medio le hacía llegar bombones ingleses y ramos de flores. Ella se sentía complacida con las atenciones de este caballero de otra época. Se dejaba querer. El vivía para su amor platónico.
** Decidieron conocerse. Para ello, Gregorio pasaría por la casa para llevarla al trabajo.
** Llegado el momento se acicaló mucho más de lo acostumbrado. La había imaginado hermosa, joven y elegante, pero se había quedado corto. Lo que tenía delante de sí era una diosa griega. Quedó embelesado unos minutos; luego reaccionó cuando ella en un tono cálido le dijo: "Hola, querido amigo".
** Desde ese momento el hombre vivió sobre nubes y su mirada se tornó acariciadora, revelando la pasión que lo consumía.
** La familia, que lo notaba extraño, se alarmó cuando se enteró, por una escribana amiga, que estaba tratando de donar una de sus estancias. Hicieron toda clase de averiguaciones sobre la encantadora joven de veinticuatro años. Cuando se encontraron con ella en una confitería les impresionó como una persona normal que aceptaba las galanterías de un caballero maduro con complacencia, así como sus delicados obsequios. "No sé nada de la loca idea de una donación y no la hubiera aceptado jamás", dijo. Les informó que estaba de novia con un marino y que se casarían al regreso del viaje que él estaba haciendo por mar. La familia se tranquilizó. No se trataba de una vividora, como lo habían pensado.
** La última vez que fue a buscarla, ella le contó al amigo que en quince días más se casaba con su novio marino. El palideció y la miró profundamente.
** Le dijo: "Felicidades". Luego preguntó si el programa de la madrugada se suspendería. "Dejaré grabaciones para cubrir un tiempo", contestó ella. "Si regreso retomaré mi audición".
** Fue a una de las mejores joyerías de la ciudad y compró un anillo de brillantes. Se lo hizo llegar a "La Voz" con un ramillete de flores.
** La noche del casamiento se acostó temprano, pero primero brindó por la felicidad de ella.
** Su mujer lo vio con lágrimas en los ojos. Luego más tarde le llamó la atención que se hubiese dormido, tan pronto y tan plácidamente. Esta fue la última noche de su vida.
De: IMÁGENES
(Asunción: Ñandutí Vive Ediciones e
Intercontinental Editora, 1993)
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VOLVER A NACER
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** Pedro Durán creyó oír que alguien, de lejos, le decía:
** -No tema, Sr. Durán. Ud. está bien, todo pasó con éxito, trate de descansar, ahora lo necesita.
** Volvió a sumergirse en esa vorágine de ausencias; sentía el latir suave de su nuevo corazón y siguió durmiendo muchos días con sus noches, hasta que sintió unas palmadas en el rostro y que le hablaban en voz alta.
** -Despierte, don Pedro, despierte. Ya no existe el peligro del rechazo y su vida será la de un hombre normal.
** Abrió lentamente los ojos y vio a través de una nebulosa a su médico de siempre y se sintió tranquilo.
** Musitó: "¡Gracias, Dr., muchas gracias!", mientras los latidos suaves y rítmicos seguían su curso normal, pues antes sentía fuertes latidos, seguidos de una aguda arritmia. Estos nuevos latidos le hicieron pensar: "He nacido de nuevo y en paz...", y se hundió en sus recuerdos.
//
** Hacía diez años que había sufrido un leve ataque cardíaco practicando ejercicios al aire libre; entonces el médico le recomendó una vida tranquila y hacer breves caminatas. Le prohibió, en cambio, hacer trabajos agotadores precisamente cuando su mujer, Genoveva, y sus dos hijos lo necesitaban más.
** Esperaría un poco para dejar el trabajo, pensó entonces. Tal vez su arritmia no fuese grave, como el médico decía.
** Al año siguiente le repitió el ataque y le hicieron un "by-pass". Pedro creyó que con ese procedimiento ya estaba a salvo. Sin embargo, seis meses después tuvieron que hacerle otros «by-pass» y entonces fue cuando el médico le dijo: "Sr. Durán, ahora sólo le resta esperar un donante para una intervención quirúrgica".
** No quería recordar la profunda impresión que le causó la palabra "donante", pues le pareció espantoso vivir con un corazón ajeno.
** Se resistiría hasta el final. Su padre había muerto a los cincuenta y dos años.
//
** Lo que Pedro ignoraba era que su esposa e hijos lo habían anotado en una lista de "Receptores" en el hospital, con autorización del médico que lo atendía. Su mujer, Genoveva, consiguió trabajo como secretaria y sus hijos se habían acomodado en la universidad donde estudiaban. Aprendió las tareas livianas de la casa, cocinaba bien, cosa que había heredado de su padre.
** En medio de su invalidez, Pedro se sentía afortunado, pues María, su hija, se estaba especializando en Cardiología y lo cuidaba con cariño, aparte de que conocía todo lo referente a su enfermedad.
//
** Un día María no volvió a casa a la hora acostumbrada. Al comienzo no le llamó la atención. Sabía que a veces reemplazaba a algún colega en la guardia del hospital. A los tres días preguntó insistentemente a su mujer sobre la ausencia de la hija. Sobre todo porque la veía muy triste últimamente y al averiguar qué pasaba con María, ella le contó que había sido trasladada a otro centro médico, por un tiempo. No quedó conforme con la contestación, pero ¿por qué María no le había dicho nada, a él, que era su padre y paciente?
** Como no podía hacer averiguaciones, puesto que no salía de la casa, optó por aceptar y preguntar a Genoveva el motivo de su abatimiento. Le contestó que había recibido noticias del fallecimiento de su madre. Juan, el hijo, también estaba triste y hablaba poco. Se conformó, pero quedó desde ese momento muy deprimido, hasta la mañana aquella en que el médico, en presencia de su familia, le dijo escuetamente: "Don Pedro, mañana lo internaremos. Hemos encontrado un donante y debemos hacerle importantes y rápidos análisis". Lo llevaron medio dopado y se encontró en una de esas salas especiales para el caso.
** Todos los estudios habían salido bien, porque recordaba que a la madrugada lo habían derivado hacia la sala de operaciones. Sólo le quedaba el recuerdo del letrero grande que decía "Quirófano". Ahí había caído el telón negro.
//
** La operación había durado nueve horas interminables para los familiares de Pedro, quienes a pesar de todo no perdieron en ningún momento la esperanza. La incógnita era la siguiente: ¿Cómo le darían la noticia de la muerte de María? Hasta ese momento le habían ocultado el accidente fatal de la hija. La imprudencia de no llevar puesto el cinturón de seguridad fue la causa de su muerte.
** Después de dos días, los médicos pidieron autorización para desconectarla, porque estaba cerebralmente muerta. La triste decisión fue aceptada por la madre y el hermano, pero a condición de que se cumpliera su deseo: el de donar los ojos, los riñones, el hígado, la médula ósea y los tejidos para dar vida a otros seres. El corazón de María, agregó el cardiólogo, será para su padre.
//
** Pedro Durán dormía apaciblemente, soñando con su hija, quien conversó largamente con él, según solía contar: "Papá -le había dicho-, debes cuidar tu nuevo corazón, es joven y tenía muchas ganas de vivir, estoy muy feliz de que lo tengas tú, cuídalo y vivirás plenamente lo que te reste de vida".
** Al despertarse, Pedro llamó a su mujer y a su hijo y les contó el sueño maravilloso que había tenido. Al final agregó: "¡Cómo hubiera querido que fuese el corazón de mi hija el que ahora llevo adentro!".
** -Papá -le dijo Juan-, el corazón que te implantaron es el de María. La donante fue ella, que falleció en un accidente.
** Pedro Durán enmudeció y se puso a llorar, como no lo había hecho nunca. No lo podía creer, a pesar de que María se lo había dicho en forma no muy clara, en sueños. Su hija vivía, latía en él, gracias a un milagro de Dios y a los avances de la medicina. ¡Era el modo exacto como ella hubiera querido que sucedieran las cosas!
** Pero... ¡qué precio tan alto había pagado!
** Luego de tranquilizarse, puso la mano derecha sobre el pecho y dijo bajito, para sí y para su nuevo corazón: "¡Ahora no sólo me estoy cuidando a mí mismo, también estoy cuidando a mi hija! ¡Gracias, María, gracias!".
De: LO QUE DEJA LA VIDA
(Asunción: Intercontinental Editora, 1998)
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(Fuente: NARRATIVA PARAGUAYA DE AYER Y DE HOY - TOMO I (A-L). Autora: TERESA MÉNDEZ-FAITH. Intercontinental Editora, Asunción-Paraguay 1999. 433 páginas)
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