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martes, 2 de marzo de 2010

EL JUEZ EN CAMISA (De TRÍPTICO DE UNA PEQUEÑA CIUDAD) Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS / Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS.


Autora: GLORIA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
TRÍPTICO DE
UNA PEQUEÑA CIUDAD
Obra integrada por tres piezas:
PRIMERA COMUNIÓN,
EL JUEZ EN CAMISA
PERLAS NECROLÓGICAS.
El escenario dividido en tres partes.
La primera: la sala de un departamento de cuidad,
decoración minimalista, detalles de buen gusto y refinamiento.
La segunda: una sala de audiencias, más bien sombría.
La tercera: un comedor; con pocos muebles, resaltan aquellos de estilo,
el conjunto expresa marcada decadencia.

EL JUEZ EN CAMISA
a la memoria de Miguel Ángel Soler,
preso político desaparecido.

Una sala de audiencias, un escritorio, una silla giratoria sin respaldo.
Dos actores parecidos, sentados en la silla, unidos por las espaldas.
La silla girará y dará lugar a la actuación del Juez y del Juez en camisa.
Representan a una misma persona, el Juez encarna la ley,
hierático e impersonal; la profesión, la función.
El Juez en camisa representa el elemento humano,
la persona dentro de la cotidiana camisa que lo viste;
con sentimientos, con vida, con historia.
El Juez vestido con toga oscura y anteojos,
luz cenital, blanca, casi despiadada.
El Juez en camisa con luces
y atmósfera adecuada a sus estados de ánimo.

JUEZ
(Golpea con el martillo, inicia la sesión, con pompa y solemnidad) Resulta que, en fecha de hoy, se presenta el abogado de la señora Mercedes, a iniciar demanda por la desaparición con presunción de fallecimiento del señor Miguel Ángel, su esposo.
JUEZ EN CAMISA
(La silla gira, se presenta el Juez en camisa. Resopla y se afloja el nudo de la corbata) Esta señora insiste e insiste que su marido está desaparecido y no fallecido, celosamente escondido vaya a saber dónde, por quién ni para qué. Después de casi quince años se pone a reclamar y exigir que le entreguen vivo el cuerpo del occiso. Si estaba vivo ya hubiera aparecido por ahí, pero a la señora no le entra en la cabeza y eso que es una persona instruida, si se tratara de una analfabeta puedo aceptar tanto empecinamiento irracional, en esos casos se puede entender que no piensen con lógica y conocimiento de las circunstancias. ¡Si me ha tocado gente así en el desempeño de este oficio!
JUEZ
(Gira la silla) Manifestando que el señor esposo de la demandante, Secretario General del Partido Comunista Paraguayo, fue secuestrado e ilegalmente detenido por las fuerzas represivas de la dictadura de la vivienda ubicada en el Barrio Luis Alberto de Herrera de nuestra capital, en horas de la noche. Según versiones de testigos calificados del hecho, el señor Miguel Ángel fue trasladado al Departamento de Investigaciones de la Policía, donde falleció a consecuencia de las torturas sufridas en dicha repartición policial.
JUEZ EN CAMISA
(Gira la silla) Como pueden ver, todos dicen, sus amigos y hasta su abogado, que murió hace muchos años. Ella, la señora Mercedes, sin embargo, quiere orden de cateo para revisar los cuarteles, hospitales de la Policía y hasta el Frigorífico Nacional, porque dice puede estar vivo, oculto para todos porque no quieren que aparezca, porque si se le encuentra puede acusar a sus asesinos. Dice: si estuviera muerto yo hubiera sabido. Pero eso no significa nada para la ley. ¡Cuántas cosas sabemos todos los que vivimos en el apenas pañuelo de esta pequeña ciudad! ¿Y qué con eso?, sabemos, todos sabemos muchas cosas. (Se arranca la corbata y la arroja en una silla cercana, gira la silla)
JUEZ
El abogado de la demandante manifestó cuanto sigue: que, mi poderdante es la esposa del señor Miguel Ángel, según se comprueba con el correspondiente certificado de matrimonio debidamente legalizado, y manifiesto en su nombre que su marido no vuelve al hogar conyugal desde hace catorce años. En prueba de tales afirmaciones vertidas, acompaño publicaciones de periódicos y denuncias realizadas a distintos organismos internacionales y nacionales referentes al hecho mencionado.
JUEZ EN CAMISA
¡Qué les parece! Después de tanto tiempo de ausencia mejor se resigna, se saca el luto de viuda y rehace su vida. La señora Mercedes es una hermosa mujer y aún joven, pero sus ojos azules están anegados por la oscuridad del pasado, sólo piensa en encontrar vivo a su marido. Su rostro se crispa y amarga sus palabras cuando se dirige a mí que, honestamente, en mi caso, como juez, nada tengo que ver con lo sucedido, cuando el hecho sucedió yo ni siquiera había ingresado en la Facultad de Derecho, y me importa un rábano si su esposo está vivo o muerto. (Se levanta, enciende nervioso un cigarrillo)
No tengo nada que ver, ni directa ni indirectamente, con el régimen derrocado. Bueno, todo depende de cómo se interprete lo de indirecto. Mi familia pertenece al partido oficialista, ya mi abuelo estaba afiliado y así siguió en las siguientes generaciones, pero mi padre no era ni es militante, tampoco yo.
Mi padre es comerciante, claro, proveedor del Estado, por la tradición familiar y las relaciones. (Se sienta. Apaga el cigarrillo, retorciendo la colilla)
JUEZ
Por tanto, en mérito a las consideraciones que anteceden y a lo preceptuado en los artículos 63 y siguientes del Código Civil, el abogado de la señora Mercedes termina peticionando la demanda, que oportunamente y previo los trámites de rigor, dictar resolución declarando judicialmente el fallecimiento del señor Miguel Ángel, ordenando la inscripción de tal medida en los registros correspondientes.
JUEZ EN CAMISA
(Gira la silla. El Juez en camisa se remanga, bebe apresuradamente el vaso de agua que está en el escritorio) La señora Mercedes llora por sus ilusiones perdidas; tanto tiempo de pelear, de peticionar, de insultar, de tramitar, para terminar por contentarse con la solicitud de un certificado de defunción con catorce años de atraso.
¡No soporto su gesto de reproche! ¡Me hace responsable de lo ocurrido a su marido y, entonces, era yo un niño! Sí, es verdad, yo gané el concurso de méritos y aptitudes porque el presidente de la Corte Suprema de Justicia es el primo hermano de mi mamá, y ella se esmeró en hacer correr mi expediente, y mi papá se desvivió en brindar toda clase de homenajes y otras cosas más a su primo político. Yo tenía méritos, míos, propios, casi fui medalla de oro, siempre me destaqué, pero todos necesitamos una mano para comenzar.
¡Qué me importa la mirada de la señora Mercedes, este es un caso, un caso más y nada más! (Golpea el martillo con furia y gira la silla con violencia)
JUEZ
Que, el Juzgado por proveído de fecha marzo del mismo año, tuvo por reconocida la personería del recurrente en el carácter invocado, por promovida esta demanda por desaparición con presunción de fallecimiento del señor Miguel Ángel. Que, el artículo del Código Civil establece que la incertidumbre por falta de noticias de la existencia de las personas desaparecidas o ausentes de su domicilio o última residencia por más de cuatro años consecutivos, contando a partir de la última información que de ellas se tuvo, causa la presunción de su fallecimiento. Igualmente, el citado Código dispone que el plazo puede reducirse a dos años si el desaparecido no hubiere dejado representante o apoderado para administrar sus bienes. (Gira la silla)
JUEZ EN CAMISA
La flamante viuda legal trata de aparentar triunfante, vencedora de una larga contienda. Cómo iba a saber si seguía desaparecido o no, si a los presos políticos se les mantenía incomunicados por años, por décadas. Qué administración ni apoderado van a nombrar si les rapiñaban sus bienes, en caso de tenerlos, como hienas hambrientas. La ley no se aplicaba a los enemigos, sólo a los indiferentes, comentaba airada la señora Mercedes. Y por todo eso, mantenía encendida la esperanza de encontrarlo con vida. Durante los catorce años de ausencia alimentó la idea de un novelesco final para la historia de su marido y, ahora, al encontrarse con un desenlace adverso, se desquita conmigo como si fuera mi responsabilidad la escritura de su propia novela.
Cada quien hace su vida; yo elegí una carrera, una vida normal, progreso económico y sólida posición profesional, me pueden decir ¿dónde está el pecado?, ¿qué tiene de malo?, ¿qué, qué?
Esta gente con el hábito de rascar la conciencia ajena con el solo propósito de molestar. Arruinan su vida y reprochan a los demás su bienestar. ¿Es que creen que todos estamos obligados a ser unos infelices? (Gira lentamente la silla., murmurando por lo bajo)
JUEZ
(Golpea con energía el martillo) Que, independientemente de los requisitos procesales cumplidos a cabalidad, se trata el caso en estudio de declarar la presunción de fallecimiento de un ilustre paraguayo que entregó su vida por sus ideales libertarios; de un hombre con mayúsculas que supera los perfiles humanos para convertirse en todo un símbolo de entrega, de lucha por sus creencias. Su muerte fue comentada en círculos cerca-nos al dictador Alfredo Stroessner como un hecho conocido y si algunas dudas pudieran surgir, están desmentidas por su desaparición durante el lapso de catorce años.
JUEZ EN CAMISA
(Reflexivo, emotivo) Me es difícil comprender cómo la señora Mercedes mantuvo vivo a su esposo durante los catorce años de su muerte indeclarada. ¿Cómo puede obrar el desconsuelo de consuelo? Creo que terminé por cobrarle cariño a pesar de su manifiesta hostilidad y por encima de la dolorosa antipatía de nuestra relación.
Sus testigos me causaban continuamente irritación y problemas; eran personas medio trastornadas, con una sensibilidad a flor de piel, no hubo una sola audiencia que transcurriera con tranquilidad, todas en medio de escándalos y descontrol emocional. Pero, finalmente, entendí que sólo a un trastornado se le podía ocurrir entreverarse con los comunistas durante el régimen pasado. Y la mayoría de ellos aún persisten, en cada sesión, recogen sus esperanzas desde el fondo de los escombros del pasado. ¿Y qué van a hacer, renegar del sentido de sus vidas? Si es todo lo que tienen después de haberlo perdido todo.
La señora Mercedes seguía, puntual frente al estrado, resistiendo el puñal que se revuelve una y otra vez en la misma herida, ganándose, sin proponerse, mi estima, ¿o es admiración?
JUEZ
Como expresión de deseo saliéndose del marco estricto de una sentencia judicial, este Juzgado insta al poder administrador a dar todas las facilidades posibles a la señora Mercedes, para que se determine si su esposo el señor Miguel Ángel falleció o no en las mazmorras policiales y si dónde se encuentran sus restos mortales, paliando de esta forma y de alguna manera su sufrimiento, y para dar una muestra fehaciente de un deseo real de esclarecer los delitos cometidos contra los derechos humanos, ya que sólo el respeto a los mismos hará posible la paz social.
JUEZ EN CAMISA
Y se va del Juzgado la señora Mercedes con los papeles sellados, firmados y legalizados de un pasado que ya nadie quiere recordar. Son otros tiempos, otras preocupaciones; terminó el período de duelo social por los caídos. Se va llevando mis palabras anotadas, registradas y remitidas a la Corte Suprema de Justicia, por sus caminos definitivos, adentrándose en el territorio del sentimiento.
Los enterrará, seguramente, con sus lágrimas de impotencia y las largas noches de dudas insomnes. Me despido de ella intentando bajar el telón de su tragedia y con la certeza, ¡maldita lógica jurídica!, que nunca jamás encontrará a su esposo ni vivo ni muerto.
Una lágrima inusitada moja la toga, un suspiro de pena causa revuelo en los papeles atónitos, un desorden sin razón muerde el estrado porque la señora Mercedes ya no volverá... ¿ya no volverá? (Sale de escena)
JUEZ
Por tanto, el Juzgado resuelve ordenar la inscripción del presunto fallecimiento del señor Miguel Ángel, y en consecuencia determinar como fecha de presunción de su muerte la del 30 de noviembre de 1975, de conformidad a los considerandos de esta resolución, y el otorgamiento del Certificado de Defunción a la Dirección del Registro Civil de las Personas, debiendo para tal efecto librarse el oficio pertinente.
(Golpea el martillo, final del juicio, golpea reiteradamente, imprime ritmo de redoble fúnebre a los golpes mientras cae la oscuridad)
FIN
.
Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS, En la tapa: PAUL CABRERA y LOURDES GARCÍA. En CENIZAS DESOLLADAS, Foto de MIGUEL HOUDIN, Editorial Arandurã, Asunción-Paraguay. Agosto 2005, 172 pp.
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JULIANA (Cuento, Versión teatral) Autor: GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ / Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS


Autor: GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
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JULIANA
Versión teatral del cuento
del mismo nombre de Guido Rodríguez Alcalá
PERSONAJES: LA GUARDIANA / JULIANA

Un lugar oscuro, interior de un rancho de adobe que sirve de prisión.
Juliana es una mujer de 24 años, muy desmejorada,
desgreñada, sucia, con la ropa hecha jirones y desarreglada.
Tiene las manos maniatadas con tiras de cuero.
La Guardiana es una adolescente de 13 años, delgada y seria.
Apenas vestida con una enagua corta y una chaqueta militar
sin mangas, vieja y sin botones.
Lleva una lanza hecha de un palo como arma.
Intenta impresionar con sus aires de carcelera.


LA GUARDIANA
** Aquí tiene lo que me pidió. (Le extiende un pedazo de espejo, entre asustada y sorprendida de su propia travesura)
JULIANA
** ¿Y el agua?
LA GUARDIANA
** Le voy a traer más tarde, ahora no puedo abandonar la guardia.

Juliana toma el espejo y se mira atentamente,
acerca y aleja el espejo de su rostro.
Trata de limpiarlo.
La guardiana la mira embelesada.
Juliana se percata y la mira duramente.
La guardiana se encoge temerosa.

JULIANA
¿Qué te pasa, de qué tenés miedo?
LA GUARDIANA
De que me sacuda una paliza como lo hacían mis padres, por cualquier cosa, cuando vivía en la capuera.
JULIANA
Qué paliza voy a dar a nadie yo...
LA GUARDIANA
Es más alta, y sus manos son más grandes, más robustas que las mías.
JULIANA
Con las manos atadas... (Extiende sus manos maniatadas)

La Guardiana mira sus manos extendidas,
parece recordar algo y se va.
Juliana vuelve a mirarse en el espejo.

JULIANA
** Tenía doce... ¿cuántos años tenía?... ¿doce?, ¿o eran trece?... me dijeron, eso recuerdo, que no me mirase tanto en el espejo, porque Dios podía castigar mi vanidad de niña coqueta haciéndome ver, en la luna del espejo, los rostros del diablo.
** Me lo decían mi madre y mi tía, las dos siempre de negro, como llevando luto por un duelo que alguna vez tenía que llegar.
** Tenía los ojos profundos y las pestañas larguísimas, solía mirarlos embelesada hasta que un tirón de trenzas me volvía a la realidad.

Vuelve la Guardiana.
Le desata las manos.
Y luego le entrega un peine desdentado.

JULIANA
¿Y esto, por qué?
LA GUARDIANA
No sé, orden del Superior.
JULIANA
¿ Como viniste a parar aquí, haciendo de soldado siendo tan pequeña?
LA GUARDIANA
** Vinieron a nuestra casa a reclutarnos, a mis hermanos, y también me llevaron. Me dieron una bayoneta sin fusil y un morrión de cuero para montar guardia.
** Aquí tiene el peine.
JULIANA
¿Y el agua?
LA GUARDIANA
Ahora voy a buscar.

La Guardiana se va.
Juliana vuelve a mirarse en el espejo
y peinar pacientemente
sus cabellos desgreñados.

JULIANA
** Dios sabe dónde habrá conseguido el espejo y el peine la pequeña.
** Vanidad de mujer, me había dicho el religioso. Yo me limité a mirarlo sin decir palabra. Tenía ante mis ojos la imagen de Fidel Maíz cuando era joven, de rigurosa sotana negra. Nos habíamos conocido de niños, habíamos jugado juntos hasta el momento en que nos separamos; yo para casarme y él para hacerse cura. Se comentaba hasta los milagros que podría hacer cuando fuera obispo, cuando fuera santo. Hasta que dejó de hablarse de monseñor Fidel Maíz, ya ni padre Maíz sería, se convirtió en un hombre corvado en la estrecha celda cuya altura no le permitía ni ponerse de pie. Lo apresaron, para unos años más tarde, salir como Fiscal de Sangre.
** Como ex amigo simulaba no ver lo que estaba viendo, cuando conservaba mi terco orgullo de decir no. El cabo se había limitado a cumplir una orden y, cuando terminó la ceremonia, salió apresuradamente para dejarme con el padre Fidel Maíz. Te vas a condenar, hija mía, me dijo. No recuerdo haberle contestado o, quizás, contesté no, porque el sacerdote comenzó de nuevo el interrogatorio de rutina, mientras un escribiente con una pluma gastada garrapateaba notas en un pergamino viejo, tratando de escribir con letra chica porque el papel faltaba.
** Ese trabajoso chasquido de la pluma sobre el cuero raspado me parecía más penoso que el interrogatorio, más penoso que la ceremonia ridícula de imitar las pompas de un proceso fundado en la solemnidad de las Siete Partidas, más penoso que el cepo de Uruguayana que me estaba esperando.
** A fuerza de perder la esperanza, se me había quitado el miedo; era como si, de golpe, todo se presentara en su dimensión exacta. La miseria del escribiente mestizo, la sotana raída del padre Maíz. Veía una silla rota, una vela derramando sebo sobre la mesa, veía a dos hombre interrogándome. Y al soldado en la puerta, muerto de sueño, preguntándose para qué gastaban doble guardia con una mujer engrillada.
** ¿Qué podían temer de una mujer callada, agarrotada por correas de cuero? ¿Por qué les hago daño?

La Guardiana vuelve con un cubo de agua
y un tarro con lejía.

LA GUARDIANA
Aquí tiene el agua y un poco de lejía, para que lo use en lugar del jabón.
JULIANA
No podés conseguir aunque sea un pedacito de jabón.
LA GUARDIANA
Jabón ya no hay en ninguna parte, no se encuentra más.
JULIANA
Está bien, lo mismo sirve.

Juliana se lava, se limpia meticulosamente.
La Guardiana se aparta un tanto.

JULIANA
** La conspiración estaba en todas partes, menos en mí, que había pasado los primeros meses del 1868 recluida, como corresponde a una dama de alcurnia, frente a un ruinoso piano en mi antigua casa de Patiño Cué. Allí fueron a buscarme los soldados y un cabo negro, el que después me violó por orden superior. Me dijeron para averiguaciones y me llevaron a San Fernando.
** El padre Maíz me recibió vestido con su mejor estola, me explicó que se conspiraba y mencionó a mi esposo, el coronel Martínez, que había resistido a 40.000 soldados que machacaban con artillería de sitio ese fortín de adobe llamado Humaitá. Mi esposo resistió los asaltos aliados de la Argentina, el Uruguay y el Brasil, hasta que, sin bala y sin comida, decidió replegarse porque había cumplido plenamente la consigna de demorar al enemigo. Lo rodearon en Yverá, un estero donde los aliados capturaron apenas 800 hombres, persuadido por los capellanes, se rindió. Francisco López lo acusó de traición y decidió arrestarme. En cambio, los aliados le permitieron conservar su espada de comandante, en homenaje a su valor.
** Francisco López necesitaba encontrar un culpable de la derrota final. Quería que firme una declaración que decía desconocer a mi esposo, ahora prisionero de los argentinos, contaba conmigo, siempre fui protegida de los López y con la mediación del padre Maíz, amigo mío de infancia, para completar su infamia. No. No. Mi respuesta se apoyaba en el fondo de mí misma.
** Desde entonces los estiramientos en el cepo, los martillazos en los dedos, la violación eran cuestión de rutina. El padre Maíz participó hasta el día en que me amenazó con el fuego eterno por desobediencia. Le pregunté sinceramente si él creía en Dios. Y vi que tenía miedo, como tenían miedo todos los hombres que vinieron a interrogarme, diciéndome con sus ojos que no tenía sentido el valor.
LA GUARDIANA
Señora, es la hora, la están esperando.
JULIANA
Un minuto, ya termino, no tardo. (El aspecto de Juliana ha cambiado considerablemente, limpia, peinada, con sus andrajos arreglados, dentro de lo posible, con coquetería)
LA GUARDIANA
Tengo que llevarla ahora, es la orden.
JULIANA
** Finalmente Francisco López se cansó de mí, dejó de insistir, comprendió, por fin, y me dio un respiro. Una pequeña tregua para arreglarme antes de salir de aquí.
** Es una deuda de dignidad conmigo misma mostrarme despejada y limpia cuando me fusilen.

Avanza hacia el público con la frente alta, segura.
Le sigue la Guardiana lanza en mano.
FIN

Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS, En la tapa: PAUL CABRERA y LOURDES GARCÍA. En CENIZAS DESOLLADAS, Foto de MIGUEL HOUDIN, Editorial Arandurã, Asunción-Paraguay. Agosto 2005, 172 pp.
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HAY QU'ARRELARSE (Monólogo-Versión teatral). Autor: JOSEFINA PLÁ / Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS


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HAY QU'ARRELARSE
(Monólogo)
Versión teatral del cuento
del mismo nombre de Josefina Plá
Una silla y una mesita rústica,
la mesa cubierta por un mantelito primorosamente bordado.
Sobre ella una profusión de tarros y latas recicladas
que contienen afeites caseros y algunos elementos de maquillaje,
se completa la utilería con un espejo Paraguay,
cuadrado y con marco de hojalata.
Evarista está sentada, frente a la mesa,
vestida con una primorosa, prolija y blanca combinación.

EVARISTA
** Dicen de mí que soy fea, fea con ganas. ¿Verdad, qué es mala la gente? Creen que no sé lo que dicen por allí (toma su espejo, se mira, suspira). Ay, este mi cabello alambrizo qué trabajo me da... mi cutis, encima que es oscuro está manchado como huevo de pitogüé. Mis labios los que dan rabia, tan descosidos, me dan ganas de recogerlos con un broche. Pero todo tiene arreglo si se es cuidadosa y constante con el maquillaje. Mi tía me decía, desde que era chica: "Hay qu'arrelarse, che memby”.

Saca a relucir pañuelos,
lazos y otros elementos para su arreglo.

EVARISTA
** No importa mi cabello, le puedo hacer desaparecer debajo de mis turbantes, cintas y vinchas, y mis manchas de huevos de pitogüé con los polvos, no importa el color, el que encuentre nomás, así voy experimentando. Mis labios son, como siempre, el problema, si me pinto parece una herida de operación.
** Pero nadie baila como yo, y si es polca con relación no me gana nadie. Siempre estoy alegre y, por eso, en las fiestas tengo mis partidarios, mis admiradores que me prefieren y dejan de lado a las bonitas.
** Aquí, en la Compañía, yo fui la que puse de moda el Agua Florida y la Crema Nivea. Y yo descubrí el jabón Palmolive: "Un cutis nuevo en ocho días", hizo época.

Toma su espejo y se mira detenidamente los dientes,
cambia y cambia de posición el espejo
como para ver hasta el último detalle.

EVARISTA
** Tenía los dientes manchados y me amargaba tanto por eso. Yo me río todo el tiempo, y cuando me río se ve hasta las encías, no hay forma de disimular. Doña Canuta, la maestra del pueblo, una señora vieja y buena, me dio una receta infalible: hay que quemar la galleta, y después curubicarle hasta hacerle polvo, pasarle una botella encima como se hace para afinar la sal gruesa: con ese polvo, recogido en un pedacito de trapo limpio, se frotan los dientes, se enjuagan y ya está.
** Preparé ya una buena cantidad de una vez, aquí está, en mi caja de polvo "Pompeya" vacía. Guardo siempre estas cajitas, son tan lindas.
** Usaba todos los días, bien mucho. De a poco fue surtiendo efecto. Un remedio eficaz y barato, me hace acordar de mi tía cuando me decía: Hay qu'arrelarse, m’hija.

Continúa ordenando y seleccionando sus artículos de belleza,
se queda un momento pensativa.

EVARISTA
** Había un muchacho, un admirador mío de las fiestas, aunque nunca me dijo algo especial, algo que tenga algún un sentido para interpretar, parece que al final se decidió. Nunca falta quien hace correr la noticia y me enteré que tenía la intención de traerme serenata. Cuando supe vi todo farolitos de colores. ¡Una serenata! El sueño de toda mi vida, y ya tenía veintiocho años. Ese mi éxito se debía a la blancura de mis dientes, sin lugar a dudas. Le mande a doña Canuta un plato de dulce de mamón, con muy afectuosos saludos.
** Una noche, dormía profundamente, me desperté con la sensación de estar hamacándome en una hamaca deleitosa de fibras de notas musicales. Abrí los ojos en la oscuridad... un rasgueo me convenció. Era la serenata. No me habían engañado.
** Flotaba de la felicidad, me temblaban las piernas. Salí despacio de la cama y busqué mi vestido en la oscuridad y me puse, buscando al tacto las costuras. No quería encender la luz, porque mi ventana está llena de agujeros y los muchachos podían hacerse los zafados y mirarme por allí.

Va reproduciendo,
emocionada,
la escena que rememora

¡Ay, mi Dios! De sólo pensar que me podían ver en ropa interior me hacía morir de vergüenza. Ahí me acorde de mi vieja tía que siempre me decía: Hay qu'arrelarse.
** Busqué en la oscuridad mi peine, sobre la mesita del nicho, y me até mi cabello con mi cinta nueva a cuadros escocés. Estaba por el respaldo de mi silla. Sobre mi mesita busqué mi algodón y la caja de polvo Rachel, y me pasé el algodón una y otra vez por mi cara, no sea que quede sin polvo parte de mi cara, todo de memoria, porque estaba en la oscuridad. Por último, me empapé con Agua Florida. Ya estaba lista para abrir la ventana pero esperé que termine la guarania. Había luna llena y estaba todo iluminado. Abrí la ventana con mi mejor sonrisa y con mi voz más acaramelada les dije:
** ¡Muchas gracias, che caraí cuera!
** Calixto, mi pretendiente, se adelantó satisfecho por su éxito, vino hasta mi ventana y me dio las buenas noches. No me gustó cómo me miraba, no sé cómo voy a explicar, me hizo un tum en el corazón, medio extraña su mirada. Pero sea lo que sea, le sonreí más todavía, total estaba segura de mis dientes blancos.
** Calixto encendió un cigarrillo, me pareció que procuraba mirarme con la luz de su fósforo, ¿para qué?
** Ay, yo me sentía en la gloria, me daba risa cualquier cosa; Calixto también se reía contento, al final se reía a carcajadas. Y sus compañeros vinieron a mirarme como nunca me habían mirado. Yo me sentía halagada, me movía todo de balde y reía feliz, seguramente, la luz de la luna me hacía ver más linda, la noche me favorecía.
** Pero muy sospechoso cómo se reían y se codeaban. Calixto cuchicheaba con su amigo, y su amigo con su otro amigo. Sentí algo muy frío como un cuchillito muy fino que me cortaba el alma, será que venían a burlarse de mí.
** Me dejé de reír, fruncí la boca y les pregunte si aquella era la forma de comportarse con una niña. Cuando les dije eso empezaron a reírse como locos.
** ¡Plan, plas!, cerré mi ventana pero antes le grité: ¡¡Maleducados! !
** Esos desgraciados se siguieron riendo, después de un rato se fueron. Sentía unas ganas de llorar. Prendí una vela, no podía desenvolverme en la oscuridad, ya no había peligro que nadie me mire. Me miré en el espejo para desatar mi cinta a cuadro escocés.
** ¡No vi mi cara en el espejo! Me acerqué más, desde el fondo del espejo una cara totalmente negra me miraba. Mis lágrimas dejaban un surco blanco en mi cara sobre la capa de polvo de carbón... me equivoqué de caja en la oscuridad.
** ¡No importa, siempre hay qu'arrelarse!
FIN
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Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS, En la tapa: PAUL CABRERA y LOURDES GARCÍA. En CENIZAS DESOLLADAS, Foto de MIGUEL HOUDIN, Editorial Arandurã, Asunción-Paraguay. Agosto 2005, 172 pp.
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de la Literatura Paraguaya.
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EL MAESTRO (Monólogo-Versión teatral). Autor: RAFAEL BARRETT / Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS.

Autor: RAFAEL BARRETT
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EL MAESTRO
(Monólogo)
Versión teatral del cuento
del mismo nombre de Rafael Barrett

Un anciano flaco, vacilante, tiritante,
vestido con uno guardapolvo de maestro y pantalones oscuros,
raídos y arrugados, está acostado en un catre miserable.
Una luz, naranja ilumina la escena en penumbras.
Tocan cinco campanadas.
El anciano se levanta penosamente, se sienta.

SEÑOR CUADRADO
** Todos los días levantarme a las cinco de la mañana, incorporar de este sucio lecho mis sesenta años de miseria. Empieza el día... empiezo a sufrir...
** Tengo que levantar a los niños de primer grado, vigilar su desayuno, meterlos en clase, darles tres horas de matemáticas y de gramática, llevarlos a almorzar, presenciar su almuerzo, cuidarlos en el recreo, volver a tres horas de matemáticas y gramática. (Suspira.)
** Mantenerlos en orden en la sala de estudio, servirles la cena, llevarlos al dormitorio, controlarlos hasta las diez de la noche, dormirme entre ellos para volver a comenzar al día siguiente... todo por treinta pesos al mes.
** Los niños del primer grado son un enjambre de mosquitos y yo estoy en el centro, continuamente sometido a humillaciones obstinadas. Cada instante marcado por sus pinchazos, por sus puñaladas.
** Soy el blanco obligado de las risas bulliciosas de los pequeños, pero también lo soy de las risas malvadas de los grandes, de los que ya saben herir certeramente.

** Soy el profesor interno, soy el lugar sin nombre donde quien quiera puede descargar su malhumor, su impaciencia, y hasta su deseo de hacer daño, de martirizar y asesinar. Vivo entre el dolor del último salivazo y el terror al salivazo próximo.
** Me siento vil... en mi corazón no hay más que odio y miedo. (Depresivo.)
** Dejé de mirarme en el espejo para no ver mi traje sin color ni forma, este cuerpo flaco y vacilante, y esta cara siempre roja con sus gruesas e innumerables arrugas, parecida a una llaga con ojillos de culebra en el medio.

Tose, su cuerpo se sacude, tiembla. endeble.
Pasea. por la escena penosamente, como perdido.
Ríe por lo bajo, con amargura.

SEÑOR CUADRADO
** ¿Mi mujer?
** Mi mujer se escapó con otro hombre, me dejó los cinco hijos, todos de corta edad. Casi no los veo, en realidad no los veo, porque no tengo tiempo. Apenas dispongo de unas pocas horas a la semana y ellos están repartidos, con parientes, por distintos y distantes rincones de la ciudad.
** Cuando estoy en la calle me pregunto: ¿a dónde ir? ¿A visitar a los chiquitos? ¿A cuál de ellos? ¿Iremos a pasear a pie? Los zapatos me cortan los pies hinchados. ¿Tomaremos un ómnibus?
** Las distancias sin fin de esta implacable ciudad me agobian.
** Con los pocos centavos que dispongo termino por preferir un té con leche bien caliente... Hace frío...
** Entro en el café de la esquina, me acurruco en un angulo delante de la taza humeante, y gozo con la delicia del ambiente tibio, por sobre todo, gozo de la soledad. Los hombres cruzan sin ocuparse de mí.
** No pienso en nada... no sufro. Son dos horas de ensueño.

Vuelve a la realidad, ordena las sábanas,
acomoda las almohadas, mira a su alrededor.

SEÑOR CUADRADO
** Anoche, después de roer mi cena miserable, ¡contra mi costumbre!, me dormí profundamente. Dieron las diez... las once...
** Los quince chiquillos también se acostaron, guardando una compostura de mal agüero.
** Las horas sonaban en los relojes lejanos y detrás de ellas caía el silencio más espeso.
** Rumores, cuchicheos, carcajadas mudas... alguien camina... Las pequeñas cabezas se agitan, los cuellos se alargan... Desde la penumbra todas las miradas se tienden hacia la puerta, hacia mi cuerpo...
** Yo dormía pesadamente.
** A la entrada surge cautelosamente una aparición celestial, el más lindo de los alumnos de primer grado, los rubios bucles revueltos sobre su frente de ángel, muy abiertos los dulces ojos azules, sonriente la boca fresca y pura como una flor... espía a su maestro, me espía.
** Yo dormía pesadamente...
** Convencido de la impunidad alza la mano, de donde cuelga por el rabo el cadáver sangriento de una rata, y deposita delicadamente el inmundo animal sobre mi almohada, a dos dedos de mi cara.

** Al amanecer el dormitorio estaba alborotado, sonaron las cinco, las cinco y cuarto... yo seguía dormido. Los demonios hacían toda clase de barullo, derribaban las sillas, se lanzaban los libros de un lecho a otro. Los demonios me tiraban bolitas de papel, pero era inútil, yo dormía profundamente.
** Todos los niños de primer grado salieron del dormitorio atropellándose con gran escándalo, gritando...
** El maestro está muerto... el maestro está muerto.

FIN

Fuente: CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS, En la tapa: PAUL CABRERA y LOURDES GARCÍA. En CENIZAS DESOLLADAS, Foto de MIGUEL HOUDIN, Editorial Arandurã, Asunción-Paraguay. Agosto 2005, 172 pp.
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sábado, 27 de febrero de 2010

CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS - Presentación: AGUSTÍN NÚÑEZ / Palabras en el estreno: JOSÉ LUIS ARDISSONE


CENIZAS DESOLLADAS Y OTRAS PIEZAS
Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com ),
En la tapa: PAUL CABRERA y LOURDES GARCÍA
En CENIZAS DESOLLADAS,
Foto de MIGUEL HOUDIN,
Editorial Arandurã,
Asunción-Paraguay.
Agosto 2005, 172 pp.

ÍNDICE
Presentación - Agustín Núñez
Cenizas Desolladas
Presentación de Cenizas Desolladas - José Luís Ardissone
La Dama del Domingo a la Mañana
Tríptico de una Pequeña Ciudad
• Primera Comunión
• El Juez en Camisas
• Perlas Necrológicas
Adaptaciones
*. El Maestro (Rafael Barret)
*. Hay q'ue Arreglarse (Josefina Pla)
*. Juliana (Guido Rodríguez Alcalá)

PRESENTACION
** Con el advenimiento de la transición a la democracia en el Paraguay (1989), surge en el campo de la dramaturgia, una particular figura que ofrece de manera continúa su producción teatral, abarcando variedad de temas y conflictos pero siempre con una constante: su excelente calidad de escritura.
** Me refiero a la persona de GLORIA MUÑOZ, incansable luchadora del teatro y de los Derechos Humanos, que por propia decisión mantuvo su silencio literario durante la dictadura del general Alfredo Stroessner, como un acto de rebeldía ante el régimen. Hoy, tenemos la suerte de conocer a través de este libro, un abanico de obras nuevas, varias de ellas ya representadas con éxito. Este diverso material dramatúrgico está conformado por obras de corta y larga duración, en las que pasa con maestría singular por disímiles géneros como la comedia, el drama, la tragedia y la farsa.
** Como característica particular, muchos de sus argumentos son tomados de hechos de la vida real, reelaborándolos y ubicándolos dentro de su visión particularísima de ver el mundo.
Si iniciamos un recorrido por las obras contenidas en éste tomo nos encontramos con CENIZAS DESOLLADAS, texto de complejísima estructura dramática en las que se mezclan personajes vivos y muertos, pasado y presente, realidad y recuerdo; todo ello tomando como eje temático un hecho escabroso, trasformado en delicada poesía en manos de Gloria Muñoz. La historia tiene la particularidad de estar contada desde sus personajes mismos. Aunque de forma diferente, por momentos nos evoca el mundo rulfiano, cargado de pequeños grandes símbolos y significados.
** Con la DAMA DEL DOMINGO A LA MAÑANA logra un resultado brillante en lo que respecta a la comedia urbana. Pocas veces en la comedia nacional se encuentra tanta riqueza de situaciones y fluidez en el relato. Con un ritmo avasallante que nunca decae, con diálogos llenos de humor e ingenio, nos cuenta historias de seres encerrados en un mismo espacio por "extrañas circunstancias", que tienen como saldo la ruptura de la incomunicación y el desafecto de dos hermanos que viven separados sin saber el por qué. Si creemos en los ángeles, la Dama viene a ser uno de ellos. Es un ser extraño, con una realidad e historia permanentemente acomodada a su conveniencia, que con una carga de linda locura despliega sin querer a su paso un destello de felicidad. Sus diálogos son breves y chispeantes e introducen al lector desde el inicio a un ritmo vertiginoso donde la locura juega un papel preponderante.
** En TRIPTICO DE UNA PEQUEÑA CIUDAD nos presen-ta historias que nos muestran lo insólito de una "pequeña ciudad".
** PRIMERA COMUNION es un delicioso juego de cambio de roles entre quienes somos y queremos, o nos vemos obligados, a ser. Muñoz pulcramente incursiona en el mundo masculino tocando nuestra fibra vouyerista, nos lleva a ver la obra a través del ojo de una cerradura.
** En esta trilogía el drama se hace presente con el JUEZ EN CAMISA, obra de alto contenido político y dramático, basado en un hecho real, del cual fue protagonista y víctima Miguel Ángel Soler, secretario general del Partido Comunista Paraguayo. Dado lo desgarrador de la fuente que lo origina, la obra podría caer fácilmente en el dramón, sin embargo, inteligentemente la dramaturga recurre a elementos brechtianos, como son la "historicidad" y el "distanciamiento" o "extrañamiento" para presentarnos un hecho lleno de "epicidad", poniendo a dos actores a compartir el mismo rol del juez, que representan alternadamente al juez (ejecutor de la justicia) y al juez - hombre, con sus sentimientos, su sentido ético y sus conflictos surgidos como consecuencia de la aplicación de la justicia.
** El humor negro se hace presente en PERLAS NECROLOGICAS, provocando en el lector la sonrisa del cómplice con estos "negros planes".
** Una trilogía de adaptaciones reúne obras breves de otros autores. Rafael Barret sigue vivo en el espíritu de EL MAESTRO, ese ser que vive entre la vida y la muerte, entre la realidad
y las sombras de aquello que fuera en sus años de juventud. Posee todos los ingredientes requeridos por un buen actor para una muestra de depurada actuación.
** Llena de ingenua alegría llega la adaptación del cuento de Josefina Plá, HAY QUE ARREGLARSE. Texto que encanta por su frescura y sencillez. La serenata paraguaya sirve de pretexto para mostrarnos un personaje lleno de picardía.
** Finalmente, JULIANA, basada en un cuento de Guido Rodríguez Alcalá. Juliana, apresada por Francisco Solano López a causa de su marido, vive los últimos momentos de reflexión, en los cuales decide peinarse, lavarse y arreglarse para morir con dignidad. Muñoz logra trasmitir en esta obra la atmósfera densa y de opresión de celda habitada por espectros, dentro de la cual se yergue lentamente, la fuerte y bella figura de juliana.
** Sin lugar a dudas, esta recopilación de obras de Gloria Muñoz, pasará a alimentar de forma importante la dramaturgia nacional actual. Con la representación de sus obras nos invita a participar de un agradable juego y a ser protagonistas de un encantador desafío.
AGUSTÍN NÚÑEZ

PRESENTACIÓN
DE CENIZAS DESOLLADAS CON MOTIVO DE SU ESTRENO
** Gloria Muñoz nos dio muestra de su talento en obras como "La Prohibición de la Niña Francia", "La Divina Comedia de Colón", y fundamentalmente con su versión teatral de la magistral obra de Augusto Roa Bastos "Yo El Supremo".
** Ahora nos presenta una obra importante -mete el bisturí en un tema tabú. Nos pinta con trazos filosos una familia de ricos terratenientes en el Paraguay de la postguerra del 70.
** Cuando se esconden verdades, cuando la mentira se adueña de nuestras vidas, cuando los pecados no son expiados, mientras los culpables no paguen sus culpas, no es posible la paz ni el descanso.
** "El pasado resurge con fuerza del abismo cuando pretendemos enterrarlo con enceguecida soberbia", "Las verdades que se callan se tornan venenosas", nos dicen los personajes de la obra.
** Mientras no hagamos un acto sincero de contrición, mientras los culpables no paguen sus culpas, mientras la justicia bastardee sus fallos, no encontraremos el camino de la redención. ** Sólo cuando brille la verdad, resurgirá esta bendita tierra nuestra.
JOSÉ LUIS ARDISSONE

PERSONAJES
ABELARDO FERNÁNDEZ SANTOS (el padre)
ELVIRA (la madre)
LEONOR (la hija)
AGUSTINA (la huérfana)
SERAPIO (el cochero)
ARNULFO PANIAGUA (e1 comisario)
HERMANA JOSEFINA CIRIACA (criada-espectro)
LEONOR (espectro)

La acción transcurre entre finales del 1800 y principios del 1900, en el seno de una familia acaudalada de una ciudad de provincia.
ESCENA 1
Los espectros - don Abelardo - Elvira - Leonor - hermana Josefina

La escena se divide en dos planos. En el inferior se despliega una estructura, en parte fija y en parte móvil, de paneles compuestos de puertas y ventanas. Estos cambian de posición y carácter en función a las escenas. Se iluminan, abren, cierran, cortinados, rejas, etc. Crean el clima necesario con sus transformaciones.

El plano superior es una parrilla negra, al igual que el fondo. Se trata de crear un espacio vacío, oscuro, ingrávido, como flotando en la mitad del escenario. Es el plano de los espectros. Estos son dos mujeres cenicientas, casi translúcidas, con largas mortajas hechas hilachas. El espectro de Ciriaca es el de una anciana y el de Leonor el de una mujer joven.
La escena está en la oscuridad absoluta, los espectros acostados sobre la parrilla, con sus mortajas colgando en el vacío, clan la impresión de estar suspendidos.
Al iluminarse la escena se desentumecen muy lentamente, cambian de posición, se incorporan paulatinamente. El espacio y la comunicación están fuera de lo convencional, por ello, las formas expresivas adoptadas tendrían que ajustarse a esas características.
.
CIRIACA - ESPECTRO
Sé que alguien está a mi lado. Ha recobrado la conciencia, lo sé.
¿Por qué no me contesta? No trate de eludirme. La eternidad nos acorrala con su indiferencia a todos por igual. Aquí no se elige compañía, guarde su desdén.
¿Me ha reconocido? ¿La avergüenzo?
¿Por qué se duele tanto de sí misma? Le aseguro que es un sentimiento inútil.
Ah, es la señorita Leonor, qué casualidad.
En realidad, no lo es tanto. El panteón que mandó edificar su padre sólo tenía tres lugares y usted llegó cuando ya estaban todos ocupados. Mejor para usted, le puedo asegurar, abrazada por la tierra siente el alma deshacerse en la tibieza del universo.
LEONOR - ESPECTRO
Por favor, Ciriaca, termine con sus disparates.
CIRIACA - ESPECTRO
Ah, decidió hablarme. En estas circunstancias las palabras son inevitables, son como destellos de la memoria, no precisan decirse, basta pensarlas para que ellas enciendan la oscuridad del olvido.
¿Eso es lo que quiere? ¿Olvidar?
LEONOR - ESPECTRO
** Su curiosidad no me dejó vivir tranquila y ahora no me deja morir en paz.
CIRIACA - ESPECTRO
¿Qué pretende?, ¿reprocharme indiscreción?
La vida me negó sus emociones, sus misterios... no tenía más entretenimiento que mirar cómo se desenvolvía la existencia ajena, descubrir sus secretos, encontrarles sentido, acompañar la alegría extraña, a veces incomprensible, de los demás, condolerme con todas las fuerzas de mis sentimientos de las desgracias del otro.
Mirar y mirar, nada más. Mi vida no fue más que sobrevivir a los otros cruzando el río del tiempo sin mojar los pies en las aguas de la existencia de nadie.
(Brusco cambio) ¿Por qué recuerda de esa forma a la pobre niña Agustina?
LEONOR - ESPECTRO
No recuerdo a nadie. Estoy muerta y muertos los demás en mi memoria y mi interés. La muerte fue un desenlace feliz a mi existencia sin atractivos, terminó por acallar todas las pasiones mezquinas que por tanto tiempo me acorralaron.
(Inquieta) ¿O acaso pretende entretenerse adivinando mis pensamientos?
CIRIACA - ESPECTRO
No es necesario.
LEONOR - ESPECTRO
No la entiendo.
CIRIACA - ESPECTRO
Su pensamiento es mío y el mío es suyo, no hay fronteras. Existimos solamente porque logramos ver en el pensamiento ajeno el propio.
Debe ser la inexperiencia que la tiene confundida. ¿Es la primera vez que le sucede?
LEONOR – ESPECTRO
¿Sucederme qué?
CIRIACA - ESPECTRO
La unión de las cenizas de la memoria. Es muy simple, es el alma hecha polvo que se torna errante, se desliza sin rumbo bajo la tierra empujada por las corrientes subterráneas de agua o los vientos imprevistos de sus huecos. La ceniza viva liberada de las carnes de la vida y la desintegración de la muerte. Cenizas más allá de nosotros mismos; se cruzan, se juntan, y se hacen una. Tan sólo basta pensar- y el otro lo conoce. Eso es todo. No podemos evitarnos.
LEONOR – ESPECTRO
¿Cuánto tiempo dura?
CIRIACA - ESPECTRO
La eternidad no tiene medida. Todo ya ha sido pensado, no nos queda sino volverlo a pensar, quemarnos de nuevo en la hoguera de nuestros infortunios, mal que nos pese.
¿Quiere saber si puede quedarse sin pensar? Es la maldición de nuestra condición; no es posible el olvido ni el silencio. Entienda, de una buena vez, es el estruendo de las conciencias en un rayo inevitable.
LEONOR - ESPECTRO
Somos dueños de nuestros pensamientos... pero no lo somos de sus desenlaces, ni de las oscuras y vacías sombras de nuestros sentimientos...
¿Por qué no le bastan los lazos de afecto compartido, el recuerdo de las pequeñas cosas cotidianas?
Vivió en mi casa desde que tengo recuerdos, ¿qué sentido tiene hurgarnos y romper el reposo que nos une?
CIRIACA - ESPECTRO
¿Ha anhelado mucho tiempo ese reposo'?, ¿la inconsciencia? ¿Por qué la busca con tanto empeño ? (Como tratando de develar un mensaje que proviene de su interior)
LEONOR - ESPECTRO
Basta, Ciriaca, basta. Sabe muy bien que mi vida no fue fácil, y no puedo recordarla ahora con la esperanza de que lo que me hizo desdichada me haga feliz.
CIRIACA - ESPECTRO
Sí, pero...
LEONOR - ESPECTRO
Ah, era eso. Debí suponer, su intención es entender la verdadera causa de mis desgracias, develar los pliegues más íntimos del sufrimiento para encontrarle sentido. No, Ciriaca. No está tratando de brindarme consuelo. Es su curiosidad; su costumbre de espiar la vida de los demás.
CIRIACA - ESPECTRO
Desea que no me propase, que siga guardando el lugar que me corresponde o me correspondió en vida. Bien, está bien. Ciriaca es una criada y debe comportarse como tal, ¿eso quiere?

Ciriaca baja al plano inferior. La escena se ilumina. Una galería con ventanales de claros cortinados. Ciriaca entra por una de las puertas y trae consigo elementos de limpieza, friega los pisos. Entra Elvira, una mujer madura, elegante y hermosa, luce joven aún, su gesto es nervioso y distraído.
ELVIRA
No es necesario que friegue los pisos, están limpios. Más bien, traiga los sillones. Yo voy a servir los refrescos.
CIRIACA - ESPECTRO
Como guste, señora.
ELVIRA
¿Y Leonor?
CIRIACA - ESPECTRO
Fue a asistir a sus huérfanos, como todos los viernes.
ELVIRA
Ah, lo había olvidado. Cuando llegue que vaya a la cocina a ayudarme.
CIRIACA - ESPECTRO
Sí, señora.

Elvira sale, Ciriaca recoge sus enseres de limpieza y se dispone a salir. Vuelve a entrar Elvira.
ELVIRA
Ciriaca, los refrescos y los bizcochos ya están listos para servir.
¿Los preparó usted?
CIRIACA - ESPECTRO
Sí, señora, lo hice tal como me indicó ayer.
ELVIRA
Lo olvidé. No tiene importancia. Voy a ayudarla con los sillones.
CIRIACA - ESPECTRO
No es necesario que se moleste.
ELVIRA
No puedo estar sin hacer nada. No tolero esperar. Usted me entiende, Ciriaca.
CIRIACA
Desde luego, señora.

Entran y salen trayendo los sillones, los refrescos y bizcochos.
CIRIACA - ESPECTRO
¿Le gustan los bizcochos? Es una receta nueva.
ELVIRA
Están deliciosos. ¿Le agregó cáscara de naranja?
CIRIACA - ESPECTRO
No, es cáscara de limón.
ELVIRA
Es casi lo mismo. (Brusca transición) ¿Vio el rosal amarillo?
CIRIACA - ESPECTRO
Sí, señora. Yo los planté, ¿recuerda? Traje las matas de la casa de Rufina. Prendieron de maravillas. (entusiasmada)

Entra Leonor, trae una canasta vacía. Es mujer de un poco méis de treinta años, pero su apariencia sencilla y tímida le otorga un aspecto casi adolescente.
ELVIRA
La estaba esperando, siéntese a hacerme compañía. Estoy aburrida, fastidiada de sólo pensar en las ceremonias que tengo que representar para cumplir con las conveniencias sociales.
LEONOR
Después, estoy acalorada, antes voy a refrescarme.
CIRIACA - ESPECTRO
Voy a prepararle el agua.
LEONOR
No, no es necesario.

Sale. Entra don Abelardo, un hombre de sesenta años, fuerte, enérgico e imperativo. Entrega el sombrero a Ciriaca. Esta le sirve un refresco.
ABELARDO
¿Ya llegó la hermana Josefina?
ELVIRA
Aún no. Estará por llegar.
ABELARDO
¿Y Leonor?
ELVIRA
Se está refrescando.
ABELARDO
(A Ciriaca) Vaya y dígale que venga.

Sale Ciriaca; entra Leonor.
ABELARDO
Don Justiniano aceptó el nuevo trato.
(A Leonor) Usted ya se quedó para vestir santos, siempre encerrada, ocupando todo su tiempo con esos niños. Debió preocuparse más por formar una familia y dedicarse a sus propios hijos.
ELVIRA
No exagere, es aún joven y no faltará quien quiera casarse con ella. El amor no tiene un calendario hecho, cuando tiene que suceder no toma en cuenta el tiempo.
ABELARDO
Bobadas. No se casa porque se empeña en seguir soltera, en alimentar con su conducta las habladurías. Lo que pasó quedó en el pasado, y si estuviera casada las suspicacias no tendrían razón de ser.
ELVIRA
Leonor se conduce con prudencia, eso es todo. No está recluida ni apartada de nuestras amistades.
ABELARDO
Rechazó a don Justiniano sin ningún motivo.
LEONOR
No lo he rechazado, don Justiniano sólo me ha ofrecido amistad.
ABELARDO
¡Me ha pedido su mano! Se comporta en forma respetuosa porque es un caballero y respeta mi casa.
LEONOR
En ese caso, es usted quien rechazó su pedido.
ABELARDO
¡Insolente! ¿Cómo se atreve a hablarme de esa manera?
LEONOR
No fue mi intención molestarlo. Convengamos que ninguno de nosotros desea enfrentar la situación que puede crear un matrimonio mío. Es mejor dejar las cosas como están. (Sin emoción)
ELVIRA
En el pasado, admito, tenía sentido temer... muchos quieren conocer los secretos de familias para ser temidos o conseguir favores... pero ahora, después de tanto tiempo...
ABELARDO
No hubo ni hay motivo para temer nada.
ELVIRA
Sin embargo, la murmuración puede arrastrarnos a la vergüenza y al desprecio... la gente es indiscreta y, por lo general, desconfiada... ¿cómo saber si sólo fingen olvido?, ¿qué dicen a nuestras espaldas?

Entra. Ciriaca con la hermana Josefina, se acercan a saludarla. Se achican y Ciriaca sirve los refrescos, después lleva al interior la maleta de la Hermana Josefina.
HERMANA JOSEFINA
Les agradezco la gentil invitación, y disculpen la tar-danza.
ELVIRA
¿Tuvo un buen viaje?
HERMANA JOSEFINA
Sí, no fue el viaje el motivo de la demora. Antes pasé por la Casa Parroquial por algunos asuntos.
Estoy a vuestra entera disposición... ustedes dirán.
ABELARDO
La invitamos para conversar con calma y tranquilidad sobre los proyectos que tenemos para Agustina. Como sabe, le profesamos un gran afecto y nos preocupa su futuro. Yo prometí a mi hermano, que en paz descanse, ocuparme de su familia como si fuera la mía.
HERMANA JOSEFINA
No sabía que guardaban un parentesco tan cercano con Agustina. Siempre pensé que se trataba de un pariente lejano o, simplemente, la huérfana desamparada de algún amigo o servidor.
ABELARDO
¿Cómo? ¿La Madre Superiora no le contó la historia de Agustina?
HERMANA JOSEFINA
Para decir la verdad, no. Quizás no creyó necesario...
ABELARDO
Es posible. Pero, de todos modos, siempre pensé que en el convento conocían nuestra relación con Agustina.
HERMANA JOSEFINA
La madre Rosa ya hace tiempo se nos fue...
ABELARDO
Agustina es la única nieta de mi hermano Fabio, que murió peleando en la Guerra Grande. Pude asistirlo en el momento de su muerte y me rogó velara por su familia, pedido que estaba por demás.
ELVIRA
La familia Fernández Santos era una familia numerosa antes de la guerra. Todos perecieron, sólo sobrevivieron Abelardo, Isabel, la hermana mayor de Abelardo, y Cristina, la hija menor de Fabio. Ella vivía con Isabel desde pequeña y lograron salir del país antes de la guerra. ABELARDO
Isabel era soltera, para ser más exacto, solterona, le pidió a Fabio criar su hija menor porque se sentía sola y ya había perdido toda posibilidad de casarse y tener hijos.
Después de la guerra recuperamos parte de nuestro patrimonio; ella se hizo cargo de una hacienda y yo de la otra. Cuando murió vendí su parte, con ese dinero compré las tierras lindantes a la mía, que heredarán Leonor y Agustina, ambas por derecho propio.
ELVIRA
La hacienda de Isabel estaba muy lejos de la nuestra y no podíamos atenderla, de todos modos nosotros nos hicimos cargo de la tutela de Agustina.
HERMANA JOSEFINA
Hasta ahora no tengo claro quién es Agustina. (Confusa e intrigada)
ABELARDO
Disculpe, Agustina es la hija de Cristina, la hija de mi hermano.
ELVIRA
Se trata de una historia muy triste.
Cristina siguió viviendo con Isabel en la otra hacienda. Quedó encinta de un forastero, pero como sabe, había muy pocos hombres después de la guerra y no era ninguna deshonra tener hijos sin padre.
HERMANA JOSEFINA
Comprendo...
ELVIRA
Cristina murió muy joven.
Durante su embarazo, Isabel enfermó, aunque muy fuerte ya era una mujer mayor, le llevó mucho tiempo reponerse. Leonor tuvo que ir a ayudarlas porque Cristina se encargaba de la hacienda y no podía atender a Isabel. En esos trabajos tuvo una caída muy fea, el nacimiento fue prematuro, Cristina no resistió y murió en el parto.
Isabel no podía hacerse cargo de la niña por su edad y estado de salud. Leonor la trajo a la casa para criarla mientras fuera pequeña.
ABELARDO
Agustina no tiene más parientes que nosotros. Como Leonor no se ha casado ni tiene hijos, es prácticamente nuestra única heredera. Es por eso que Elvira y yo hemos decidido registrarla como hija nuestra.
HERMANA JOSEFINA
Es decir, la adoptarán.
ABELARDO
No exactamente, hasta ahora Agustina no fue registrada con ningún apellido. Lo haremos ahora, como hija legítima nuestra.
HERMANA JOSEFINA
Me alegra la decisión que tomaron.
ABELARDO
Queremos que Agustina vuelva para quedarse a vivir con nosotros. Ya estuvo en el convento el tiempo necesario para completar su educación.
ELVIRA
Está en edad de contraer matrimonio; su mano ya fue pedida.
HERMANA JOSEFINA
¿Contraer matrimonio? ¿Apenas tiene quince años!
ABELARDO
Es la edad que tenía Elvira cuando se casó conmigo. Si el matrimonio está bajo la voluntad paterna es, justamente, para evitar las desgracias que acarrean los deslumbramientos de la juventud.
HERMANA JOSEFINA
Agustina no está preparada, su vocación es otra. Precisamente, aprovechando la ocasión de esta visita, me ha pedido les comunique su decisión de tomar los hábitos.
ABELARDO
¡Tomar los hábitos! ¡De ninguna manera!
Es muy joven y no conoce otra cosa más que el convento, es natural que piense así. Después de vivir en otro ambiente esa idea se le pasará, con el tiempo comprobará que su deseo no fue sino una ilusión sin consistencia.
HERMANA JOSEFINA
Aunque siento firme la determinación de Agustina, usted tiene razón. Vive con nosotras desde muy pequeña y no ha salido nunca del convento, con excepción de aquel verano que pasó con ustedes, hace diez años. (Con cierto tono de reproche)
ABELARDO
Haga que comprenda su posición social y la nueva vida que la espera. Estoy seguro de la facilidad con que se habituará a nuestras costumbres sociales.
HERMANA JOSEFINA
Haré todo lo posible, aunque confieso estar sorprendida. Todo ha sido tan inesperado.
LEONOR - ESPECTRO
¡Ciriaca, deje de escuchar por detrás de la puerta! (Desde arriba)

La escena queda a oscuras, Ciriaca-Espectro entra por una de las puertas y sube hasta Leonor-Espectro. Se ilumina el plano superior.
ESCENA 2
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miércoles, 24 de febrero de 2010

MADEJAS DE CLÍO, CUENTOS DE GLORIA MUÑOZ YEGROS. Autora: GLORIA MUÑOZ YEGROS - Presentación: CARLOS COLOMBINO

MADEJAS DE CLÍO,
CUENTOS DE GLORIA MUÑOZ YEGROS
Autora:
GLORIA MUÑOZ YEGROS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Fotografía: Rocío Ortega.
Diseño gráfico: Lea Schvartzman
Editado con el apoyo del FONDEC
Editorial Arandurã,
Julio 2007, 231 páginas


"...Este es un país horrible; lo único que lo salvan son los sueños.
La Provincia Gigante de las Indias nunca existió, salvo como un
efímero trazado en el mapa de un continente desconocido. El criollo
Hernandarias, cansado de cabalgar sin término hacia los cuatro
puntos cardinales, le amputó las cuatro quintas partes con una pluma
de avestruz. Las incursiones de los bandeirantes y el estúpido tratado
de San Ildefonso hicieron el resto en la época colonial. El Mariscal
López jugó a cara o cruz lo que quedaba. Perdió y hoy lo ensalzamos
como al más grande de los héroes. Pero quedó la idea, el sueño de
un territorio vasto e imposible que nos impide aceptar nuestra
insignificancia de paisito perdido en el monte, y afirmar poco menos
que aquí trasudan las espaldas de Atlante, hijo de Zeus, condenado
a sostener el mundo ".
JUAN BAUTISTA RIVAROLA MATTO

.
PRESENTACIÓN
** Desde Gerónima hasta doña Encarna el hilo de Clío nos transporta paso a paso, siglo a siglo a ese Paraguay profundo y desgraciado al que según nos alerta Juan Bautista Rivarola Matto en el frontispicio de este libro "lo único que lo salvan son los sueños". Los sueños que Gloria Muñoz minuciosamente va compilando en pequeños recipientes robados a la historia, a los recuerdos, a la memoria con su extraña carga de "intensas pasiones".
** Escrito desde su propia circunstancia de la que no se despega ni un minuto, cada uno de estos cuentos nos lleva a la Gloria de todas sus vidas y a la vida hecha de diminutas verdades con esa sutil paradoja: aunque se halla inmerso el texto en un pensamiento actual no deja de señalar críticamente a ese terrible pasado que nos ha sido impuesto.
** Me tocó contarle a ella, yendo a restaurar la Casa-oratorio de los Cabañas la anécdota de Juana que enterró vivo a su marido y la trayectoria familiar de la calva que hoy se encuentra en la Casa de la Independencia y que también perteneciera a Fernando de la Mora. Su febril imaginación, las palabras precisas y adecuadas dieron lugar a esta sátira sin piedad sacada de los anales cotidianos.
** Al transponer el umbral de todos los cuentos se abre un paisaje irreal. Parece imposible haber vivido tanto en tan pequeño país dando lugar a esta serie de mundos contra puestos, a modos de ser tan disímiles originados desde el fondo del tiempo.
Son metáforas del Paraguay. - CARLOS COLOMBINO
.
AÑO 1540
¡ARDE, JULIANA, ARDE!

A mi hija Gabriela Schvartzman.

“Poco después de la represión terrorista
de la primera gran conjura guaraní,
estalló la sublevación de las mujeres
siervas bajó la jefatura de la india Juliana,
que murió como una heroína, ajusticiada ".
OSCAR CREYDT
.
** No era don Juan ni el peor ni el mejor de los españoles, con frecuencia se comportaba de manera amable y considerada, pero formaba parte de los otros.
-Qué clase de hombres son estos si hasta sus mujeres los han abandonado, los han dejado solos en la búsqueda de su destino y de su verdadera vida en esta tierra -pensaba Juliana mientras caminaba mojando sus pies en el arroyo sumiso y cristalino.
** Seguía el curso del agua, la llevaba hasta doña Gerónima, una india vieja que acostumbraba realizar sus diversos menesteres domésticos en la ribera, ella era su más sólida aliada en aquel plan, en aquella determinación que encendían sus ojos e inflamaba su corazón. Gerónima entendía la empecinada imposibilidad de vivir lejos de sus hermanos, de sus padres, de los hombres que dieron alas a las burbujas de su sangre, lejos de aquella piel, de aquel olor, de aquellas almas que entretejían las palabras nacidas del rocío de las hojas de la selva, bajo el conjuro del firmamento originario del oso hormiguero y del colibrí mareado de néctar y chicha. Gerónima comprendía como ninguna el fuego de su designio, el deseo de los suyos en la miel de su insurrección.
** En unos días, los extranjeros celebrarían los ritos a la muerte de su Dios, un hombre escuálido y triste colgado de una cruz que el sacerdote paseaba entre cánticos y el humo de los incensarios. Pero aquella ceremonia tenía la feliz virtud de aplacar aunque fuera por breve tiempo las turbias pasiones y confabulaciones de los capitanes, quienes hipócritamente contritos se mantenían en relativo silencio e inacción, pendientes de las oraciones del sacerdote, de sus procesiones y de su llamado a reunión. El repique de las campanas marcaba el momento en que todos ellos salían de sus casas para dirigirse a la iglesia. También en la ocasión debían presentarse los hombres de su tribu a rendir solemne vasallaje.
** Todas ellas fueron bautizadas y sus floridos nombres guaraníes cambiados por otros sin sentido ni alma, su desnudez vestida por aquellos bastos y mezquinos lienzos para habitar decentes las casas de lujuria de sus señores españoles, como concubinas y como siervas, en fin, para todo servicio, desde el lecho a los surcos de la siembra, al cuidado del ganado, al acarreo del agua y todos los trabajos que se precisaren. Ellos vivían en tan ofensiva condición para su propia religión por la falta de sus mujeres que solían hacer vociferar al sacerdote grasiento y sudoroso, cuando ebrio y bamboleante se erguía al final de los festines, recobrada tardíamente la conciencia de sus preceptos y a la vista de la gravedad de los pecados extendidos con absoluta impudicia ante sus ojos.
-¡Han convertido esta tierra de Dios en el paraíso de Mahoma! ¡El que tiene diez mujeres es porque no las pueden veinte, y el que las tiene veinte es porque no las pueden cuarenta, y así las tienen hasta cien! ¡Todos revolcados en la ciénaga de la lujuria sin temor de Dios!
** Los capitanes y sus hombres respondían con risotadas y chanzas soeces, ninguno de ellos ignoraba que el sacerdote no se privaba de las dulzuras del paraíso pagano que denostaba, aunque se molestaba en tomar recaudos para disimularlo, las gozaba en la insincera oscuridad y clandestinidad de la sacristía.
** Juliana no podía consentir la irremediable maldición de tristeza y desgracia extendida como un manto implacable sobre su gente, sobre ellas, las mujeres arrancadas a su acendrado pueblo para hacer parte de este otro extraño y ajeno. Una resuelta turbulencia crecía en su interior y arrasaba con tranquilo valor todas las barreras de la razón y del temor que imponían sus señores.
** Iban ellas al acarreo del agua, a cortar la leña, a buscar los frutos, a pastar animales, se cruzaban y encontraban su humillación e indigna servidumbre, siempre seguidas por aquella legión de pequeños bastardos que renegaban sus vientres, alojados en sus corazones sin ser ni de ellos ni de ellas. Fueron las palabras no dichas, las miradas elocuentes, el gesto compartido, fueron muchas cuerdas templadas en el mismo sentimiento. Juliana sólo las interpretó. Volver a los suyos, a caminar juntos en la búsqueda de la esperanza y de la vida. Trabajo, miseria, riqueza, sufrimiento y regocijo son cosas pasajeras, propias de este mundo de imperfecciones. El hombre trasciende cuando se libera de su pesantez y es palabra divina encarnada, recién entonces será verdaderamente hombre y la Tierra Sin Males totalmente poblada.

** Todos, los capitanes y sus hombres, todos debían morir el mismo día, en el mismo instante, indefensos, sorprendidos, exterminados en el silencio desarmado del Viernes Santo. A la señal del repique, en la siesta sagrada del divino sacrificio, a la convocatoria del sacerdote, las mujeres arteras tomarían sus propias armas, las levantarían de su breve y ceremonial reposo y las hundirían en sus cuellos cuantas veces sus fuerzas les permitieran, hasta convertir toda la sangre en rojo silencio. Cumplida la justa matanza se reunirían en la plaza a esperar a sus hermanos, que no tardarían en llegar para rendir homenaje al dios extranjero, y se irían, juntos, a reencontrarse con el destino ancestral del guaraní; volverían a la selva, porque Dios les entregó y envió a los extranjeros a vivir en la tierra llana. Todo intento de separarlos de la selva sería en vano, seguirían llevándola en la memoria del cuerpo, en la vida ligera, fugaz, en su batalla constante por la luz y los alimentos.

** La consigna voló como las mariposas amarillas del crepúsculo en un enjambre mudo, sobre todas las casas, sobre todos los labios, sólo quedaba esperar, ya todo estaba hecho. La serena mansedumbre acostumbrada de las mujeres nada dejaba entrever, ni el sentimiento ni la intención; seguían las risas y las canciones de los niños, el crepitar acogedor de los fogones, la fragancia de las frutas en las cáscaras abandonadas, el imperio del silencio obligado de aquellos días de celebración santa y el murmullo inevitable de las aguas al pasar de una vasija a otra en el trajín doméstico. Juliana llegó hasta Gerónima. Se tiró a su lado, sobre la fresca hierba, bajo la opulenta sombra del verde árbol inclinado. Gerónima, inmóvil, con la mirada enterrada en el agua, envuelta en sus presagios, inquietó a Juliana.
-¿Por qué no me habla como siempre?
** Porque no quiero pronunciar las palabras que tengo que decirle.
-Si tienen que ser dichas, así debe ser.
-Doña Ana ama a su capitán. Tiene que engañarla, a ella y a todas las mujeres de su casa, debe hacerla creer que se ha desistido de la matanza, que nada pasará.
-¿Doña Ana ama a su capitán? Eso no es posible, no puede ser posible -rió Juliana.
-Ella no va a matar a su capitán, no podrá hacerlo. El corazón enamorado es traicionero, es mejor prevenirse. ¿Y dejar vivo a don Alejo? Puede dar aviso, atacarnos.
-Nada puede hacer solo. Lo matarán después las otras mujeres.
-No creo que doña Ana ame a don Alejo, debe ser puro fingimiento para evitar los azotes, no puedo imaginarme semejante amor, es monstruoso, desnaturalizado. Se está preocupando por nada, vamos a dejar las cosas como están. En la apariencia de transcurrir en la indolencia y la rutina.

** El Jueves Santo amaneció con lluvia, las mujeres y los niños se quedaron bajo el abrigo de sus techos, atareados en las actividades propias de ese día. Los capitanes holgazaneaban aburridos, pero luego tuvieron que salir, fastidiados, bajo la lluvia y chapoteando en el fango, a reunirse en la casa de don Alejo.
** Pasó el tiempo y don Juan no regresaba, en su lugar llegaron cinco capitanes que se llevaron a rastras a Juliana hasta la Iglesia. Allí la esperaban el resto de los capitanes y el sacerdote. La juzgaron el tiempo que llevó armar la pira en la plaza. La condenaron a morir en la hoguera por herejía, muy oportuno para el día Jueves Santo. Su muerte era suficiente escarmiento, no convenía sacrificar a las otras mujeres y privarse de los beneficios de su servidumbre. Cada quien en su casa propinaría los azotes que creyera necesario para persuadirlas de su autoridad y la consecuente incondicional obediencia que les debía.
** A las demás mujeres las llevaron a la plaza; la pira ya estaba lista y Juliana amarrada. Los leños llameantes arrancaron el lamento de sus compañeras de la profundidad indescriptible de la decepción, sus gemidos cortaron el aire húmedo y gris de humo con el dolor de un calvario anticipado. Las lenguas de fuego se confundieron con el rostro congestionado y los ojos desorbitados del sacerdote, el crepitar de los leños con el espumajo de sus oraciones ininteligibles brotando como lava de su boca. Detrás de él, el cerco hosco de los capitanes, con las miradas torvas y la escondida piel aún erizada de terror bajo sus vestidos malolientes, advertían el tumulto oculto de sus emociones.
-¡Arde, Juliana, arde! ¡Arde en los infiernos! -remató con piadosa furia sus preces el sacerdote.
** Mansamente, ante el escozor del primer dolor, la conciencia abandonó a Juliana y en sus compasivas nieblas brillaba el colibrí ebrio de néctar y chicha.

AÑO 1570
ELVIRA Y EL TRÓPICO

A Rocío Ortega, quien es lo que se ve.

"Allega a San Vicente, do Cupido
desembraza cruel su flecha dirá,
y hácele quedar preso y rendido
al rostro angelical de doña Elvira.
Quién indios y españoles ha vencido,
vencido y muerto queda, porque mira.
¡Y piensas tú, Cupido, no lo fueras,
mirando a doña Elvira de Contreras! ".
MARTÍN BARCO DE CENTENERA

** Cortó el ardor de la carne el fino acero y volvió una y otra vez el frío tan ansiado, la hoja dejó un gélido dolor entre el corazón y las entrañas. Desmayaron las blancas enaguas teñidas con la sangre del deshonor y la cubrieron como única mortaja. Una y otra vez el acero definitivo se hundió en la oscuridad de la despedida, cesaron los alaridos, se apagaron las centellas de las miradas y el frío abrazo la devolvió al recuerdo de sí misma.

** Dejaron atrás los pueblos y aldeas de Medellín, sus calles, las plazas, los portales, los polvorientos caminos, fortuna y heredad siguiendo una quimera. Se hicieron a la mar bravía en pos de un mundo fantástico, de peces tan disformes algunos hechos con forma de gallos, de los más finos colores del mundo, de perros que no ladran, de árboles que en un mismo tronco tenían las hojas de manera de cañas y de lentisco y de calles hechas con ladrillos de oro, tal como las describía la pluma calenturienta de ambiciones y delirios del Almirante Colón, y cómo él preferir pensar que los indios del lugar tendrían gran gusto con la llegada, los creerían venidos del cielo, e indefensos y cobardes se someterían gustosos.
** El capitán Becerra y su familia mantenían una firme y vieja amistad con los Sanabria, se unieron a la escuadra de don Juan, capitaneada, tras su muerte, por su viuda doña Mencia Calderón. Partieron hacia Asunción, ciudad sumida en el pecado y olvidada de los preceptos de Dios, para la dama asumir su adelantazgo y restituir el sentido católico e hispano de la cultura y la familia. Para cumplir ese cometido llevaban con ellos a unas cincuenta jóvenes casamenteras, hijas de hidalgos de esclarecidos linajes pero sin dote y a sus propias hijas, para casarlas con los españoles de la colonia que a falta de ellas vivían en concubinato con cuantas indias podían sostener al mismo tiempo.
** Apenas zarparon los vientos se encargaron de mostrar-les los visajes de pesadilla de la realidad, llevaron las naves a tal rumbo equivocado que fueron a arribar a las costas de África, salvados del desatino fueron atacados por piratas y por todas las tormentas y calma chicha que puedan presentarse en el mar. Las enfermedades y el hambre dieron cuenta con la mitad de la tripulación, incluyendo una de las hijas de doña Mencia. Finalmente naufragaron en las costas del Brasil, allí fueron apresados por el gobernador portugués y confinados a la isla de San Vicente. El capitán Becerra, padre de Elvira, muere, sumando más males a los inventariados. Pasan los meses y el año varados en aquel lugar como en un tiempo de purgatorio.
** Elvira Becerra de Contreras, que había partido de Sevilla casi una niña, estaba convertida en una joven cuya peregrina hermosura maduró en aguas calientes. En tanto doña Mencia, el Tesorero Real capitán Juan de Salazar y su madre se ocupaban de resolver los incontables conflictos que empañaban las negociaciones con el gobernador portugués para obtener la venia y partir a Asunción, arribó a la isla el joven capitán Ruy Díaz de Melgarejo, huyendo de la horca que le tenía prometida el gobernador de Asunción Domingo Martínez de Irala, a quien, rebelde y altanero, se había enfrentado una vez más.
** Las jóvenes de la Armada Sanabria mataban el tiempo sobreviviendo en las condiciones más elementales y miserables, vivían en chozas de palmas, algunas sin las cuatro paredes o ninguna. Cosían y volvían a coser los jirones de sus vestidos para cubrir su desnudez, algo cultivaban, algo recolectaban para no morirse de hambre, pero el tiempo sobraba y el hastío se enseñoreaba el aquel sopor de verdes hojas y fragancias intensas, casi animal e impúdico.
El capitán Ruy Díaz apenas vio a Elvira pidió su mano, no dormía ni descansaba afanado en desposarse en el instante siguiente. El capitán Juan de Salazar tomó provecho de la ocasión para proponer lo mismo a doña Isabel, la reciente viuda del capitán Becerra. Ni siquiera se había cumplido el tiempo del luto. Doña Mencia les recordó los propósitos que tenían comprometidos a la Corona y la por demás difícil situación en que se encontraban tantas mujeres solas en aquel sitio hostil.
-En esta Armada no vinieron las mujeres para guardar luto ni quedar solteras. Con la desventurada muerte de su amado esposo estamos faltos de capitanes para seguir adelante.
** Después de dos años de estar varados finalmente partieron a Asunción, cruzaron la selva caminando, guiados por los recién desposados capitanes, experimentados en el terreno, quienes más temían por el recibimiento que podía darle el astuto y sagaz gobernador Martínez de Irala, con quien no tenían entendimiento. Pero éste, cauteloso, enterado que traían consigo las primeras cabezas de vacunos, los recibió con amabilidad olvidando las diferencias del pasado.
** El capitán Ruy Díaz, hecho de rayos y centellas, con el alma como aliento que se lleva el diablo, no paraba de pendencias y reyertas, audaz y valiente, encabezaba las entradas en los terrenos más riesgosos y no sacaba el cuerpo a los frecuentes enfrentamientos que se generaban en la colonia. Ya establecida en Asunción, Elvira no terminaba de acostumbrarse a las llamas de su bienamado esposo, no podía aproximarse a él sin incendiarse en la hoguera de sus pasiones desmesuradas, la mayor parte del tiempo ausente y envuelto en los hilos de las intrigas conspiraticias, y al soporífico calor que brotaba de la tierra, del verde inacabable, voraz, que borraba el horizonte y enterraba el cielo. El aire caliente fue desprendiendo de su cuerpo las medias, los sobrevestidos, los corpiños, los zapatos y, aún aligerada, su carne seguía ardida, con un calor que desataba deseos im-puros, imperativos, que no menguaban con los embarazos ni el puerperio. Se había aficionado, ya durante su estancia en San Vicente, al pecaminoso baño diario, no podía prescindir de las aguas que absorbían el fervor de su piel, una caricia de seda que la aplacaba e incitaba al mismo tiempo. La sordera cada vez más avanzada de su confesor la impedía encontrar alivio a los tormentos de sus pecados, sus palabras y los resuellos del adormilado clérigo se entrelazaban en la caja del confesionario hasta confundirse y hacerse inasequibles, los rosarios que habitualmente rezaba como penitencia no la ayudaban a redimirse, eran simple repetición de una rutina carente de sentido. Por el bien de su propia alma había decidido cambiar de confesor. Le asignaron al padre Hernando del Carrillo, quien si bien casi le doblaba en edad, o así parecía por su prematuro envejecimiento, vivir bajo el trópico lo enfermaba con frecuencia de fiebres, diarreas y modorras malignas causándole gran debilidad, pérdida de peso y ajamiento, comprendía sus tribulaciones como si fueran propias, se explayaban en detalles y ahondaban en sí mismos indagando las causas.
** Las invitaciones de doña Elvira al padre Hernando a compartir una infusión de hojas frescas de heliotropo, arrancadas de su jardín, indicada para calmar la inquietud y el insomnio, eran una gentileza en atención a la tan maltratada salud de su confesor. Las visitas del padre Hernando a la casa de doña Elvira por las tardes se volvieron costumbre, pasaban hasta avanzada la noche confesándose sus mutuas mortificaciones, compartían la misma sensación de lascivia incontrolable recorrer sus cuerpos como un camino trazado por el demonio.
** En la medida en que trataban de matar el deseo que los abrazaba, más crecía. Terminaron por caer, vencidos y gozosos, en la idéntica e ineluctable pasión que los unía.
** No pasó desapercibida para los vecinos la sospechosa asiduidad de las visitas del clérigo a la casa de doña Elvira. La malignidad de más uno los llevó a espiarlos, desatando una sorda protesta ante la comprobación del execrable escándalo. Sembraron la inquina en el corazón de por sí turbulento del capitán Ruy Díaz, quien no durmió ni descansó en su acechanza.
Entró en la alcoba como un rayo que parte la noche, el padre Hernando saltó del lecho con la intención de tomar sus vestidos, pero antes fue atravesado de lado a lado por el furibundo puñal del capitán. Mal repuesta de la sorpresa doña Elvira alcanzó a parapetarse tras un reclinatorio, el padre Hernando extendió la mano y la miró implorante.
-No quiero morir desnudo...
** Su brazo cayó sin fuerzas al lado de su miserable desnudez, abandonado para siempre. El capitán giró hacia su esposa, sus ojos eran ventanas por donde el infierno desahogaba todo su fuego. Aterrorizada doña Elvira huyó a la calle dando voces, corrió fuera de sí, con fuerza desconocida, tras ella el esposo burlado.
** Los vecinos salieron de sus casas y rodearon a la adúltera cortándole el paso. Doña Elvira buscó un resquicio, una mirada compasiva, un gesto de clemencia, pero encontró una apretada empalizada humana implacable que la entregaba al cumplimiento del desagravio marital.
** El puñal se enterró en su pecho abrazado y en sus enaguas derribadas florecieron mortales manchas rojas.

-¡Mujer impía, arrepiéntase! ¡Pida perdón! -exclamó Ruy Díaz, levantando en sus brazos el amado cuerpo exánime.
-¿Arrepentimiento? ¿Arrepentirme de venir a esta tierra para ser su esposa y darle cuatro hijos? No... ¿Perdón, perdón a quién? Yo soy la víctima...
** Las centellas de los ojos del capitán se apagaron, su dolor se detuvo en la garganta y su mano aplacada soltó el puñal empapado donde fluían confundidas la sangre de doña Elvira y el padre Hernando.
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ÍNDICE DE CUENTOS:
AÑO 1540 - ¡ARDE, JULIANA, ARDE!
AÑO 1570 – ELVIRA Y EL TÓPICO
AÑA 1648 – LA EXCOMUNIÓN DE DON DIEGO
AÑO 1725 – LA CAMA PORTUGUESA
AÑO 1821 – EL PRIMO GASPAR
AÑO 1865 – A LA SOMBRA EL VIEJO BRIGADIER
AÑO 1873 – LA VARA DE GUAYABO Y EL GENERAL
AÑO 1877 – LOS CONJURADOS
AÑO 1905 – EL NOMBRE DE LA MUJER MÁS HERMOSA DE LA HISTORIA
AÑO 1915 – SI TUVIERAN MADRINA
AÑO 1922 – LA SOPA DEL TRIUNFO
AÑO 1933 – MADRINA DE GUERRA
AÑO 1935 – LLUEVE Y ESTÁ OSCURO
AÑO 1940 – LECHE DE VÍBORA
AÑO 1975 – EL JUEZ EN CAMISA
AÑO 1982 – CARTA A ANGELINA
AÑO 1997 – EL SECRETO TORMENTO DE LO COTIDIANO
AÑO 2005 – CARTAS A ESPAÑA
AÑO 2006 – EL VIAJE DE DON CALIXTO
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