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martes, 12 de octubre de 2010

JUAN FRANCISCO PÉREZ ACOSTA - ESTUDIANTES PARAGUAYOS EN EUROPA - GOBIERNO DE CARLOS ANTONIO LÓPEZ / Fuente: CARLOS ANTONIO LÓPEZ. OBRERO MÁXIMO.


ESTUDIANTES PARAGUAYOS EN EUROPA
GOBIERNO DE CARLOS ANTONIO LÓPEZ



1. LOS QUE VOLVIERON EN 1863.
Sin disponer de anotaciones completas acerca de todos los jóvenes paraguayos que fueron enviados Europa a efectuar diversos estudios antes de la guerra, van a continuación algunos nombres, de los más conocidos, comenzando por los que volvieron en 1863, a guisa de simple contribución al estudio del capítulo.
Con esta remesa se daba, por fin, cumplimiento al propósito de enviar algunos jóvenes a Europa de que ya se hizo eco el “Repertorio Nacional” en su Nº 12 del 24 de marzo de 1844. Este primer grupo sería el de los 16 jóvenes que con Lorenzo Ortellado partieron en el .Río Blanco. el 2 de junio de 1858 y probablemente alguno más enviado después.
CÁNDIDO BAREIRO.- Regresó a mediados de diciembre de dicho año (1863) y al mes siguiente recibió una gratificación de doscientos pesos. Dos meses después, en marzo, fue enviado nuevamente en carácter de encargado de negocios en París, en reemplazo de Carlos Calvo (Foto al final).
A la terminación de la guerra, regresó actuando junto con el grupo de paraguayos que gestionaba con los aliados la organización de un gobierno provisorio y tuvo participación activa en los sucesos políticos de la primera década de vida constitucional, habiendo desempeñado hasta su fallecimiento la Presidencia de la República en el tercer período iniciado en 1878.
JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN.- Regresó a mediados de mayo del mismo año (1863), recibiendo una gratificación de cien pesos y entrando inmediatamente a actuar como empleado del gabinete de ministro, con sueldo de cuarenta pesos mensuales. Es conocida su actuación como militar durante la guerra hasta Cerro-Corá, donde fue herido y posteriormente como hombre de gabinete y de letras y también como historiador de la campaña, de la que dejó escritas sus Memorias (4 tomos), reproducidas en varias ediciones.
GASPAR LÓPEZ.- Regresó a fines de marzo (1863) recibiendo en  7 de mayo una gratificación de cien pesos y pasando luego a actuar como empleado del Ministerio de Relaciones Exteriores con haber de treinta pesos.
ANDRÉS MACIEL.-  Prestó servicio en el ejército y llegó a capitán en la guerra, pero cayó en desgracia y corrió la triste suerte de tantas otras víctimas.
GERÓNIMO PÉREZ.- Estudió letras y llegó en fecha 25 de enero de 1863, procedente de Londres. Al igual que Centurión y López, a su llegada pronunció un discurso de gratitud y, además, publicó un artículo de encomio para el gobierno, pasando a desempeñar el cargo de oficial de gabinete con sueldo de cuarenta pesos. En 20 de mayo recibió comisión para regresar a Europa, junto con ANDRÉS HERRERO, entregándoseles en consecuencia quinientos pesos para sus preparativos y gastos, a fin de conducir otros treinta jóvenes estudiantes, de los que se hará mención por separado.
En 21 de enero de 1864 se ordenó a los agentes en Londres entregarle cuarenta libras.
Aparte de los que quedan nombrados, regresaron por el mismo tiempo varios jóvenes técnicos que resultaron muy aprovechados, como ser: MANUEL ESPÍNOLA, MANUEL FIGUEREDO y RAIMUNDO MEZA, que actuaron en la marina nacional donde se les ha citado especialmente; JUAN GREGORIO ALMIRÓN, JOSÉ TOMÁS ASTIGARRAGA, JUAN JIMÉNEZ y ESCOLÁSTICO RAMOS, que prestaron muy buenos servicios en el ferrocarril donde se vio ya su actuación; JUAN VICENTE PORTILLO, JULIÁN RÍOS, DESIDERIO TRUJILLO, TEODORO TRUJILLO y EDUARDO ZAVALA, que tuvieron importantes funciones en el Arsenal mencionados ya en el capítulo correspondiente.
Entre tanto, completarán estas indicaciones los datos relativos a los que en 1863 fueron nuevamente enviados a Londres y a París.



RETRATO DEL CORONEL
JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN


2. LOS QUE FUERON EN 1863.
Como ya se ha hecho notar, no es posible tener datos completos sobre este y otros puntos, por la circunstancia, entre otras, de hallarse en poder de particulares libros y documentos que debieron estar en el Archivo Nacional, dificultándose considerablemente la consulta y la investigación, amén de la falta de catálogos que puedan orientarlas.
Ello no obstante, los datos que van a continuación, relacionados con la nueva remesa de jóvenes paraguayos del año 1.863, parece ser suficientemente indicativa, aun cuando falten algunos detalles a su respecto.
En su mayor parte los treinta nuevos enviados iban para estudios mecánicos que debían realizar en Londres, en los talleres de los ingenieros Blyth, bajo la inmediata dirección de éstos y sólo tres de ellos debían de pasar a Francia.
El envío de estos jóvenes fue anunciado a los agentes en nota del 6 de mayo de aquel año (1863) y en 22 del mismo mes se les comunicaba haberse embarcado los mismos acompañados del oficial de marina Andrés Herrero y de don Gerónimo Pérez, quién iba a quedar en reemplazo de Bareiro, el cual debía volver por el vapor del 9 de agosto (probablemente a recibir nuevas órdenes e instrucciones).
En oficio del 9 de septiembre siguiente se expresaba a los señores Blyth que los jóvenes enviados a Inglaterra eran destinados a seguir cursos de ingeniería mecánica, a excepción de Miguel Palacios, Juan Bautista del Valle y Aureliano Corvalán (Según correspondencia con Gerónimo Pérez de la misma fecha, uno de ellos, Martín Velilla, se encontraba gravemente enfermo).
En 6 de febrero de 1864 se tomaba nota de haber alquilado los señores Blyth dos casas contiguas y a distancia conveniente de su factoría para alojamiento de los jóvenes educandos.
Poco después ocurrió un serio percance, consistente en el incendio de la casa que habitaban en Chaphan, percance de que instruye la nota del 21 de marzo siguiente a dichos ingenieros. La del 6 de abril hace referencia al traslado de dichos jóvenes a Limehouse donde debían ser sometidos a un riguroso examen antes de darles colocación en talleres.
Otro oficio de la misma fecha tomaba razón de que 26 jóvenes paraguayos daban principio a su educación práctica en la factoría de los nombrados ingenieros (probablemente el otro se atrasó por la enfermedad) y les indicaba que debía de destinar uno o dos de ellos para modeleros, uno o dos para fundidores, dos para herreros, tres para caldereros y el resto para ingenieros (mecánicos), consultando las necesidades de nuestros arsenales y talleres.
En oficio del 6 de octubre del mismo año (1864) se tomaba nota de otra comunicación de sus directores de hallarse enfermos de “escarlatina” varios de los jóvenes estudiantes y sobre todo Benítez y Lara.
En 6 de noviembre se contestaba otra comunicación de aquéllos de haber salvado los enfermos del "sarampión", quedando de cuidado aún Benítez y Cabrera.
La circunstancia de no haberse vuelto a mencionar a dichos estudiantes en las últimas correspondencias cambiadas con los agentes en Londres hasta el estallido de la guerra y de no figurar tampoco sus nombres en los documentos correspondientes al comienzo de la misma, lo que no se hubiera omitido de haber sido reembarcados para ésta, hace presumible que estos compatriotas quedaran en Inglaterra durante la contienda, repitiéndose en cierto modo, el caso de los paraguayos que cuando las invasiones inglesas fueron a radicarse en la Gran Bretaña, llevados seguramente entre los prisioneros tomados en el Río de la Plata.
Sería interesante conocer el destino que tuvieron en Europa estos jóvenes estudiantes, cuya nómina completa acaso se conserve entre los papeles de la mencionada factoría, ya que no figura en el cuerpo de las notas.
Sobre los que de esta partida pasaron a París, versará el artículo siguiente.
Nota: Gregorio Benítez afirma que fueron treinta y seis los enviados y que ocho pasaron a Francia. Los oficios compulsados sólo hablan de treinta.

8. LOS QUE PASARON A FRANCIA.
Ya quedó dicho que de los treinta jóvenes paraguayos enviados a Europa en mayo de 1863, tres de ellos, MIGUEL PALACIOS, JUAN BAUTISTA DEL VALLE y AURELIANO CORVALÁN, no eran destinados como los restante a la profesión mecánica, según lo disponía el oficio de septiembre del mismo año.
Por su parte el señor Gregorio Benítez, secretario a la sazón de la legación paraguaya en Europa y posteriormente encargado de negocios en reemplazo de Bareiro, en su obra Anales diplomático y militar de la guerra del Paraguay (tomo II, cap. IX) en que se ocupa especialmente de los .jóvenes educandos en Europa. (Pág. 150 a 155), después de mencionar el primer envío del año 1858, escribe lo siguiente: “Más tarde, en 1863, bajo la presidencia del general López, éste mandó otros grupo de 36 jóvenes a estudiar en Inglaterra y Francia, en diversos ramos de profesiones. El mayor número de ellos, quedó en Londres, en los talleres de los señores Blyth a aprender distintos oficios. (De ellos se hizo referencia en el artículo precedente).
“De los ocho jóvenes destinados e estudiar en París, dos, Miguel Palacios y Juan Bautista Del Valle, se dedicaron a los estudios de derecho. Los demás, Eduardo Estigarribia, Antonio Báez, Francisco Rivas, Juan Duarte, Ignacio Orihuela y Dolores González (hoy Ezequiel) hicieron estudios preparatorios para presentarse a los exámenes de ingreso de la escuela militar de Saint-Cyr. Rivas y Estigarribia, únicamente pudieron ser aprobados en sus exámenes y fueron recibidos en Saint-Cyr. Mas, sólo Rivas pudo terminar los dos años de curso. Estigarribia, no pudiendo pasar al curso segundo, tuvo que dejar la escuela al fin del primer año”.
Rivas fue admitido después de tres años de estudio.
El mayor Francisco Rivas, oriundo de Piribebuy, sirvió durante muchos períodos después de la guerra como secretario de la Presidencia de la República.
Miguel Palacios llegó a ser ministro de relaciones en el primer período de la era constitucional.
Tanto de Palacios como de Del Valle refiere el autor citado que en 1867 se recibió en París una comunicación del mariscal López en la que recomendaba que ambos siguieran el estudio de derecho, pero que Bareiro les manifestó que tales conocimientos no eran necesarios en el Paraguay y que estudiaran de preferencia matemáticas en vez de letras y como ya tenían muy adelantados sus estudios y no pudieron persuadir a Bareiro a cumplir la orden recibida a su respecto, Del Valle regresó al Paraguay por la vía Panamá-Bolivia, por el Pacífico, tomando al efecto un vapor de la línea de Saint-Nazaire, con cartas de Benítez al Presidente. El general Melgarejo lo acogió con simpatía, según desde allí comunicó a Bareiro. Pasó luego a Santa Cruz y llegó al campamento de Paso Pucú incorporándose al ejército con el grado de cabo, y ascendiendo hasta coronel, efectivo que tenía cuando la retirada al norte. Agrega el señor Benítez que Del Valle juzgando inútil la resistencia, la cual sólo serviría para concluir con los pocos sobrevivientes, escribió al Mariscal que no entraría ya en acciones de guerra con la poca gente de su mando, retirándose a los bosques a fin de no sacrificar a los pocos soldados que aún le quedaban, prometiendo no pasarse él ni sus compañeros a las filas enemigas, comunicación que parece haber sido interceptada. Sorprendido poco después por una columna de fuerzas argentinas a la que acompañaba un oficial paraguayo, de apellido Gaona, hizo acto de rendición no obstante lo cual fue pasado por las armas.
Según el autor, dicho oficial había sido enviado expresamente de la Asunción por un personaje paraguayo que tenía resentimiento con Del Valle, a dar muerte a este valiente jefe donde lo encontrase.
Más tarde vino también por la misma vía Emilio Gill enviado por Benítez con comunicaciones oficiales que no llegaron a su destino.
Según el Dr. Manuel Domínguez, tanto Emilio Gill como Hermógenes Miltos estudiaron por cuenta propia en la Academia militar de Saint Cyr, y que cuando regresó el General López, dejó en la escuela naval de Francia a Nicanor Sánchez y Antonio Ortiz.
Respecto de los estudios preliminares hechos por estos jóvenes en el instituto Abate París, instruyen las siguientes comunicaciones. En 22 de mayo de 1863, en oficio a Carlos Calvo, encargado de negocios entonces del Paraguay, se le anunciaba el envío de un suboficial ara ingresar en el colegio militar de Saint Cyr, (no lo nombra), previo el aprendizaje del francés en el mencionado instituto.
Sería tal vez el nombrado Rivas, que era becado del Gobierno paraguayo.
En 21 de octubre del mismo año contestando otro oficio a Calvo se tomaba nota de haber abonado al referido establecimiento el primer trimestre, a partir del 14 de julio, por instrucción de seis jóvenes, a razón de 4.752 francos, o sea, 4.110 francos por dos meses y medio, y se le comunicaba haberse ordenado a Egusquiza enviarle 20.000 francos para los trimestres sucesivos. Por su parte, Jerónimo Pérez también avisó al gobierno haber comenzado sus estudios en Francia los seis jóvenes militares enviados al
efecto, lo cual completa en realidad la cantidad de 36 a que se ha hecho referencia anteriormente.
En 6 de diciembre se volvió a escribir a Calvo, tomando nota de haberse abonado 5.734,25 francos al colegio Abate París, en concepto de gastos extraordinarios de los jóvenes estudiantes.
En 6 de marzo siguiente (1864) se le oficiaba haberse recibido el cuadro de clasificaciones, con mención especial de los notables progresos de Estigarribia.
A su sucesor Bareiro, en fecha 6 de junio, se le acusaba recibo sobre el pago de 5.214 francos por el trimestre de abril. En 6 de octubre se le envió otra comunicación igual respecto de los gastos de los seis jóvenes en referencia (4.752 francos correspondientes al trimestre de julio a septiembre y 743 francos de gastos adicionales).
El 26 de enero de 1865, en una nueva nota a Bareiro, se le hacía referencia al pago de 4.752 francos del trimestre anterior y 2.078 francos de extras y a la vez se tomaba nota de haber tenido que costearse la enseñanza del español a los jóvenes educandos “en vista del poco conocimiento que tienen de él”, lo cual explica seguramente el monto de los extras y el largo aprendizaje preliminar que, a excepción de Estigarribia y de Rivas, tuvieron que hacer en el instituto Abate París.
Nota: Con referencia a los que estudiaban mecánica en Londres, se ha omitido en el artículo precedente la anotación de haber regresado enfermo en noviembre de 1864 el joven Benítez, probablemente a consecuencia del sarampión que sufrió y de que quedó con cuidado. Se refiere seguramente al maquinista Justo Benítez, que desde febrero del 65 figura prestando servicios en el arsenal.


Fuente:
LABOR ADMINISTRATIVAY CONSTRUCTIVA.
Edición digital a cargo de BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
sobre la base de la edición 1948 de EDITORIAL GUARANIA
ASUNCIÓN-PARAGUAY.

sábado, 21 de agosto de 2010

LEÓN CADOGAN - POEMAS DIDÁCTICOS y CUENTOS, LEYENDAS, CANTOS INFANTILES / Fuente: LA LITERATURA DE LOS GUARANÍES. VERSIÓN DE TEXTOS GUARANÍES.


POEMAS DIDÁCTICOS y
CUENTOS, LEYENDAS, CANTOS INFANTILES.
Textos de LEÓN CADOGAN
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )


.
POEMAS DIDÁCTICOS
.
LA INSPIRACIÓN DE LOS VERDADEROS PADRES DE LAS PALABRAS-ALMAS
El sacerdote repite las palabras con que cada uno de los Verdaderos Padres de las palabras-almas aconseja a cada una de las almas antes de enviarlas a la tierra, a fin de que el futuro hombre recuerde a sus creadores y sea inspirados por ellos.

Cuando a nosotros, criaturas, nos envían,
dicen los situados encima de nosotros:
"Acuérdate de mí en tu corazón [en tu vida, en tu ser].
Así, yo haré que circule mi palabra [inspirándote]
por haberte acordado de mí.
Así, yo haré que pronuncien palabras [para tu inspiración]
los excelsos innumerables hijos que yo albergo.
En valor, en la facultad de conjugar maleficios,
no habrá, en toda la extensión de la tierra,
quien sobrepase a los innumerables hijos a quienes yo albergo.
Por consiguiente tú, cuando mores en la tierra,
de mi hermosa morada has de acordarte.
Inspirándote yo hermosas palabras en tu corazón
no habrá quien te pueda igualar en la morada terrenal de las imperfecciones."

HERMOSO CANTO QUE SUPO DE LOS DE ARRIBA UNO QUE ENTONA HERMOSAS PALABRAS
El pueblo mbyá empieza a enfrentarse con el problema de la irreligiosidad de los hombres. En el himno siguiente, recibido de la divinidad por un hombre virtuoso, hay un diálogo entre el Padre y la Madre de los dioses. El Padre de los dioses está irritado porque los hombres ya no entonan los cantos religiosos; la Madre desvía la cólera de su consorte, ensalzando la religiosidad de las mujeres y niñas mbyás.

– Bien, mis hijos, aquellos a quienes puse la insignia de la masculinidad, no proceden de acuerdo a los cantos que yo les inspiré. – Así habló nuestro Primer Padre.
– Buenos recuerdos en mis hijos ya no veo más. ¿Por qué será que los descendientes de las generaciones de mis hijos dejaron de humillarse ante mí?
En respuesta, nuestra Primera Madre:
– Yo veo aún buenos recuerdos. Hay todavía algunos pocos que se humillan ante mí. En vista de ello yo, en los pajonales eternos, abejitas "eichu" he reunido, para que aquellos que albergan buenos recuerdos puedan enjuagarse la boca [con miel).
– He aquí, en los alrededores de mi Paraíso, canastillas milagrosas he reunido, para que con ellas puedan jugar las descendientes de las generaciones de mis hijas.

UN SEÑOR DA CONSEJOS A SU HIJO QUE QUIERE CASARSE
En el siguiente texto se encuentran consejos de toda índole: desde éticos, encaminados a que el hijo sea trabajador y no inicie riñas en su futuro hogar, hasta médicos, con el objeto de que el padre sepa curar a sus hijos enfermos. Naturalmente, el hijo es instruido acerca de la conducta que debe guardar en estado de aku, cuando su mujer dé a luz, y lo que debe hacer en caso de que el Ser Furioso envíe mellizos al vientre de su esposa.

Tú, mi hijo, querrás casarte con una que tiene madre, que tiene padre.
Su madre, su padre no querrán dar su hijo a un sujeto excesivamente pobre. Por consiguiente, debes esforzarte por despertar temprano, por ser activo en la ejecución de tu trabajo. Únicamente así, cuando te cases, construirás más pronto una casa, harás pronto una plantación. Si tu plantación es demasiado reducida, no se regocijará, porque no querrá pasar hambre. Además, no querrá vivir bajo un rancho destartalado.
Debes acordarte de nuestros Primeros Padres; únicamente en esta manera prosperarás. Si te acuerdas de ellos como es debido, aunque nuestros días tienen fin [señalado], los Primeros añadirán repetidamente días a nuestra vida, alargándola. En cuanto el reflejo de nuestro Padre penetre en la morada de las tinieblas, debes recorrer los lugares oscuros esparciendo neblina, para que puedas descansar tranquilo. Si no recorres [la vivienda] esparciendo neblina, los seres invisibles que pululan por ahí nos molestarán.
Por haberse dispuesto que así fuera, debemos recorrer, esparciendo la neblina por los alrededores de nuestra vivienda. Para que así procediésemos fue que Jakaira Ru Ete creó el tabaco y la pipa una vez que hubo conocido las futuras costumbres de los hombres; habiéndolos creado con la intención de prestarles eficacia, debemos darles fe.
No riñas a tu mujer por simples murmuraciones. Con tus semejantes trata de vivir en armonía. En ninguna manera seas tú el primero en enojarte. No remedes a tus semejantes: déjese en paz a los tullidos, que los defectos que les afligen no son de incumbencia de otros. Tú querrás tener hijos: aquel que se burló de sus semejantes remedándolos suele tener hijos tarados. Debemos mirar a nuestros semejantes haciendo caso omiso de sus defectos; únicamente así engendraremos hijos sanos.
En esta forma aconseja a tu esposa en cuanto esté embarazada:
– No te burles de tus semejantes; míralos con sencillez; recíbeles con hospitalidad, a fin de que nazca un hijo hermoso.
Cuando tengas un niño, no permitas que pase hambre, por tratarse de quien ha venido para alegrar tu existencia. No has de castigarle; has de apaciguarlo; no te enojes con tu hijo y lo maltrates. Únicamente así volverás repetidamente a ver un niño, y los niños prosperarán.
Si la criatura padece de flatulencia, debemos friccionarla con cenizas calientes; con esto suelen sanar.
Cuando intenta dar los primeros pasos, con tuétano de huesos de venado debes friccionarle bien para que camine pronto.
Hallándose enfermo tu hijo y si ignoras qué remedios darle, debes invocar, clamando, a los que le enviaron. Al invocarlos, clamando, debes utilizar la neblina [humo] para prueba manifiesta de la fe y devoción que tienes para nuestros Primeros Padres. En esta forma les invocarás:
– Me aflige el mal estado de mi hijo, ¡ay de mí!, mi Primer Padre, mi Primera Madre. Por esto es que te invoco, acordándome de ti, Ñamandu Ru Ete, Ñamandu Chy Ete. Haz que los numerosos hijos de corazón grande que tú albergas para ejecutar tus designios cuiden de nosotros los que nos amamos y evita, por intermedio de ellos, que algo ocurra. Tú, verdadero Padre Jakaira, esparce sobre mí y mis compatriotas sin excepción la neblina, para impedir que algo ocurra.
La mujer, después de tener un hijo, debe abstenerse de carne, comidas irritantes, miel y sal. Durante una luna debe someterse a régimen. Nosotros no debemos hacer trabajos pesados cuando acaba de nacernos un hijo; en caso contrario, el niño se perjudica: debemos vivir con cuidado.
El remedio del mal de las criaturas crece en el suelo. Esto lo debes traer y aplicarlo repetidas veces al vientre de criatura.
Luego, del alero de la casa traerás tierra lavada por la lluvia y volverás a aplicárselo al ombligo. Esto lo sana rápidamente.
Por temor a que los seres invisibles perjudiquen a las criaturas, traerás cera de abeja "kuañetí" y harás velas que encenderás cerca de su cabeza de noche, a fin de que no les molesten.
Si la anfisbena aparece en nuestra vivienda, es para anunciar desgracias para las criaturas. Cuando esto ocurra, debes matarla y arrojarla hacia el Poniente para que nada pase.
Las niñas púberes no deben tocar cosas gemelas. Si llegan a tocarlas, el Ser Furioso se esforzaría por trocar el alma buena. En tales casos, las mujeres en estado de concebir deben recelarse de ellos, por temor a tener hijos imperfectos. Cuando nacen mellizos su madre no debe amamantarlos, sino arrojarlos lejos de sí.
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CUENTOS, LEYENDAS, CANTOS INFANTILES

EL QUE SE PRENDE DE UNA MARRANA POR HABER DESOBEDECIDO A SU PADRE
Esta leyenda narra las aventuras de un mbyá que tuvo que casarse con una marrana, después de haber desobedecido a su padre, que le ordenó no siguiese a los cerdos. Es frecuente que en cuentos y leyendas aparezcan casos de hombres que tienen que vivir entre los animales por haber desobedecido a sus padres o por no respetar las prescripciones establecidas para el estado de aku.

Un señor que buscaba fervor religioso estaba en la casa de las plegarias. Cantaba, oraba, se esforzaba en pos de la inmortalidad.
Luego envió a su hijo para que viera sus trampas, trampas para cerdos.
– Aunque no hayan caído cerdos, ven enseguida; aunque haya rastros de cerdos, no los sigas – dijo.
Había rastros de cerdos; nuestro paisano siguió los rastros. Por donde habían ido los cerdos se iba; al atravesar la selva y en un palmar en donde se dedicaban a comer logró, siguiendolos, entreverlos; por consiguiente se iba, se iba sobre las huellas de los cerdos, y en un lugar bajo les alcanzó. En dicho lugar, el guardián de los cerdos vio a nuestro paisano.
– ¿En busca de qué viniste? – dijo.
– En busca de cer... monos vine – dijo. Pues casi dijo "cerdos".
– En busca de cerdos vine, di – dijo el cerdo; y no habiéndole engañado:
– Elige aquella entre mis hijas que más te plazca y cásate; luego nos acompañarás. Caso contrario, morirás.
Se casó nuestro paisano con la marrana. Yendo por debajo de los aju’y, le hicieron subir; sacudía las ramas de los aju’y, echando la fruta a su esposa. De esta fruta él no comía.
– Entre las ramas ya he comido yo – decía.
Echaba frutas de yvyrapepé a su esposa; de esta fruta él no comía; luego llegaron junto a un guavira; de esta fruta comió también.
Luego llegaron a un agua extensa pero poco profunda, cruzándola primero nuestro paisano. Pero más tarde llegaron al Mar Grande, y tuvo miedo de bajar al agua.
– Desciende y agárrate a mis crines, y yo te haré cruzar – dijo su esposa.
Dicho esto, cruzó con él, llegando con él a la casa de su dueño, a la morada de Karaí Ru Ete Mirí.
En dicho lugar durmió cuatro noches con él. El dueño de los cerdos convidó a nuestro paisano con harina de maní milagrosa; pero a pesar de ello al cabo de cuatro noches nuestro paisano no se sentía feliz; por consiguiente, se dirigió hacia su casa.
Entonces, su esposa dijo:
– ¡Oh, truenos, me recordáis el tiempo en que comía harina de maní milagrosa! No digas esto cuando oyeres tronar.
Ya volvía, llegó al Agua Grande, a la orilla del Mar Grande. Miró: no le sería posible cruzar. Entonces vio un pato, un pato con una canoa.
– Llévame a través del agua – dijo el indiecito.
– No, es demasiado pequeña mi canoa – dijo.
Luego vino un mbigua [ave somorgujadora].
– Llévame a través del agua – dijo.
– No, es demasiado pequeña mi canoa – dijo nuevamente el mbigua.
Después de estas cosas, vino un jakaré [caimán], con sus numerosos hijos vino.
– Señor hechicero de tersa espalda y ojos refulgentes como flores de mburukuja, llévame a través del agua – dijo el indio.
– Te llevaré a través del agua – dijo.
La canoa de él era grande. Descendió [al agua] y partieron. Entonces los hijos del jakaré dijeron:
– Sabroso bocadito, sabroso bocadito – dijeron.
Lo lamieron los hijos del Jakaré.
Luego partieron [nuevamente].
– Jakaré con párpados semejantes a ranchos destartalados di – dijeron a nuestro paisano.
– No, se acuerdan demasiado bien de ti las doncellas [te tienen en gran estima] – dijo el mbyá.
– ¿Y qué es lo que dicen cuando se acuerdan de mí? – dijo el jakaré.
– El Señor Hechicero de tersa espalda y ojos relucientes como flores de mburukuja, dicen – dijo el mbyá.
Se rió jakaré: – ¡Já, já já!
Y después de haber andado un largo trecho:
– Viejo jakaré con la espalda cubierta de pústulas – dijo el jakaré.
– No – dijo el mbyá –, en demasiada estima te tienen las doncellas.
– ¿Y qué dicen cuando se acuerdan [de mí]? – dijo.
– El Señor Hechicero de tersa espalda y ojos relucientes como flores de mburukuja – dicen.
Se rió jakaré: – ¡Já, já, já! – dijo.
Luego, habiendo andado un largo trecho, alcanzaron un árbol inclinado [sobre el agua].
– Jakaré viejo con espalda cubierta de pústulas y párpados como ranchos destartalados – dijo el mbyá al saltar; y echó a correr de aquel lugar.
Entonces el jakaré le siguió corriendo. Nuestro paisano llegó a donde pescaba un martín pescador grande.
– Me persigue un jakaré – dijo.
– Entra debajo de mis pececitos, entonces – dijo el martín pescador.
Entró debajo de los pescaditos, en el canasto. Llegó el jakaré.
– ¿No vino un mbyá? – dijo.
– No vino – dijo el martín pescador.
– Mientes – dijo el jakaré –; por aquí vino; se ven sus pisadas; tú lo has escondido.
– No fui yo – dijo el martín pescador.
Luego, estando ya por emprender vuelo, alzó el canasto sobre la cabeza, llevándolo a bajar en medio de una pradera.
De aquel paraje se alejó nuestro paisano y llegó a la casa del ciervo; tarde llegó. El ciervo se preparaba para dormir; nuestro paisano no tenía cama.
– Dormiré aquí – dijo.
– No, allí voy a poner los pies – dijo el ciervo.
– En este lugar dormiré – volvió a decir el mbyá.
– No, allí recostaré mi cabeza – dijo.
Entonces, en vista de que no había en donde dormir, siguió su viaje, llegando a la casa de la perdiz.
Allí dormiría nuestro paisano. Estaba, además, el sapo; dormía en casa de la perdiz. La perdiz dijo:
– Atizad sencillamente el fuego, pero no lo sopléis – dijo.
Dicen que hacía frío; nuestro paisano no aguantaba el frío; al atizar el fuego, lo sopló.
Dicen que la perdiz ya dormía; al soplar nuestro paisano el fuego, parece que se asustó y debido, aparentemente, al susto, levantó vuelo, llevando consigo todo el fuego. Nuestro paisano se quedó con el sapo.
Dijo el sapo:
– ¿Tú no has tragado fuego?
– No he tragado – dijo –. Y tú, ¿acaso has tragado?
– Parece que he tragado – dijo.
El sapo lanzó; prendieron lumbre; durmieron.
Al amanecer siguió el viaje nuestro paisano, llegando a la casa de la lechuza. Solamente estaban los chicos; su madre no estaba; preguntó por su madre.
– Pues hace rato que fue a pescar – dijeron.
Apenas amanecía, vino llegando la madre; parecía traer pescados, pero en vez de pescados traía grillos, un canasto adornado lleno traía. Entonces dicen que [dijo]:
– ¿Por qué será que, habiendo alguien tratando de atrapar pececillos, se me antoja oír al chico decir: ¡Oh, Lechuza! Pues así, en verdad, ha dicho.
En vista de ello:
– Volvamos – dijo el mbyá –; vamos a escudriñar.
Se fue con la lechuza.
– Pues, éste es el lugar – dijo.
– Dedícate, entonces, a buscar tu presa – dijo el mbyá.
La lechuza se dedicó a cazar.
– ¡Oh, lechuza! – pareciera decir el hijito.
Escuchándole, dijo la que se hallaba dentro de la casa: allí, efectivamente, se hallaba la madre del mbyá.
– Salud – dijo el mbyá.
– Salud – dijo su madre.
– ¡Ay, hijito! – dijo, y cayó muerta al suelo.
El mbyá enterró a su madre. Al día siguiente fue a bañarse; estando en la fuente tronó. Al acontecer esto, dijo nuestro paisano:
– ¡Ay, está tronando, como si estuviera yo comiendo harina de maní milagrosa en la morada del verdadero dueño de los cerdos!
Al decir esto, emprendió vuelo convertido en ave kuchiu.

EL EIRA JAGUA Y EL PAÍ SE ATACAN
Este cuento habla de la lucha que sostuvieron un guaraní del grupo paí y un ser mitológico, monstruo de forma humana, con el cuerpo cubierto de escamas impenetrables. Tiene el eira jagua, sin embargo, un punto vulnerable: la boca del estómago.

Un paí se casó con la hija de un paisano nuestro.
Después, dicen, hallándose enfermo su suegro, fue el paí a la selva a buscarle algo qué comer.
Caminando, llegó a donde un jaguar había derribado un tapir. Al llegar [el paí] el jaguar se hallaba tendido sobre su presa; el paí, entonces, hirió con flechas al jaguar, y lo mató. Se alejó del lugar; transportó toda la carne del jaguar a la casa de su suegro; la carne del tapir también la llevó.
Pues bien, al día siguiente volvió a la selva; escuchó en la selva el ruido de alguien producido en la cima de un pindo con una calabaza. Mirando, el paí vio una eira jagua hembra. El arco que la eira jagua hembra había dejado recostado contra el tronco del pindo lo cortó en pedazos el paí. Al hacer esto, la eira jagua vio al paí.
– ¡Uh, hombre! – dijo.
Descendió la eira jagua y, hallándose a mitad del camino entre la cima del pindo y el suelo, y queriéndola herir el paí con flechas, dio ella la vuelta al tronco del pindo, como si fuera pájaro carpintero, y la erró.
Entonces la eira jagua bajó al suelo; al hacerlo, el paí le hincó en la boca del estómago un cuchillo, matándola.
Al dormir, soñó con ella. Al amanecer contó a su suegro.
– Anoche tuve una pesadilla – dijo.
– En tal caso, no vayas a la selva – dijo su suegro.
A pesar de ello, fue a la selva.
Al aproximarse al lugar en donde había dado muerte a la eira jagua hembra, escuchó a quien hablaba.
El que hablaba decía:
– Si el hombre es más hábil que yo, me matará; si yo soy más hábil, le mataré yo.
Prosiguiendo su camino, se encontró con el eira jagua. Al encontrarse con el paí, el eira jagua disparó flechas; un carcaj de flechas traía debajo de su brazo. Al atajar el paí las flechas, las cortaba en pedazos. Luego, habiéndosele terminado las flechas, el eira jagua intentó hundirle el cráneo con el arco.
En vista de ello, el paí volvió a cortar en dos el arco con su cuchillo largo. El paí ya estaba cansado; se cayó; cayó de espaldas. Al caer, el eira jagua lo asió de los cabellos de la coronilla, mordiéndole en la manzana. Al morderle en la manzana, el paí extrajo de su cintura un cuchillo corto y lo clavó en la boca del estómago. Murieron ambos, por consiguiente, el uno encima del otro.
Después, su suegro, en vista de que no volvía su yerno, le siguió los pasos. Halló a su yerno y al eira jagua muertos, uno encima del otro.
– ¡Ay, yerno mío, a manos de un ser semejante a éste habías de encontrar la muerte! – dijo.
Luego fue su suegro a contar lo ocurrido a los de su pueblo, y vinieron sus paisanos a verlo. Solamente entonces fue que los separaron y los enterraron en el lugar.

LA DONCELLA QUE SE PRENDÓ DEL DUENDE QUE SILBA
Este cuento hace mofa de un duende que silba, ser que es dueño de los venados. Habiendo ido a cazar con sus cuñados, como ningún poder tenía sobre los cerdos, se asustó, y para justificarse ante ellos fingió haber sido mordido por uno de ellos en el ano.

La hermana núbil de un mbyá se prendó de un duende que silba.
El mbyá desbrozaba una parcela de cañas; al llegar el sol al cenit volvió a su casa.
Mientras él se iba a su casa, salió el duende y arrancó grandes cantidades de cañas. Al volver el mbyá vio todas las cañas que había arrancado y volvió a su casa.
Al llegar, dijo a sus compañeros:
– ¿Quién será el que arrancó cañas en el lugar que yo desbrozaba? – dijo.
– Vamos, pues, a ver – dijeron sus compañeros.
Al llegar, se pusieron a escudriñar, rodeando el lugar desbrozado.
Salió el duende. Su esposa también escudriñaba desde un lugar cercano a la parcela desbrozada. Al salir el duende que silba salieron también los mbyás, con intención de cogerlo. Por ello, se enfureció el duende e iba a matar a todos los mbyás. Su esposa dijo:
– Deja que te cojan tus numerosos cuñados.
Se dejó prender; su esposa salió también a donde estaban sus hermanos. Lo llevaron sus hermanos a su casa.
El duende que silba fue a la selva con sus cuñados en busca de animales. El duende encontró un venado y lo mató. Siguieron caminando y sus cuñados escucharon ruido de cerdos en la lejanía. Al escucharlo, lo contaron al duende que silba, y él se dirigió al lugar en donde había cerdos. Dijeron sus cuñados:
– Cerdos sí que no ha de matar muchos – dijeron.
Al llegar a donde había cerdos, se asustó y gritó lastimeramente. Al escucharle [dijeron] sus cuñados:
– ¡Ahí lo muerden!
Diciéndolo, se fueron. Al llegar donde estaba su cuñado:
– ¿Dónde te mordieron? – dijeron.
Al decir esto, él se agachó, mostrándoles su culo:
– Pues, es aquí que me han mordido – dijo.

EL JAGUAR Y EL ZORRO
Dicen que el jaguar se encontró con el zorro. Quiso comerse al zorro; por consiguiente, habló así [éste]:
– Aunque me comieras, no te hartarías; déjame ir a buscar donde abundan los tapires, mi abuela – dijo.
– Bien – dijo el tigre.
Se fue el zorro a buscar; encontró un lugar en donde abundaban los tapires. Se fue el jaguar y derribó uno de los más gordos. El zorro quería comer de lo que comía el jaguar; no queriéndole dar:
– Tírame aunque no sea más que la vejiga – dijo.
Ésta la infló el zorro y la sacó al sol; hallándose seca, cazó moscas y las cargó en ella, innumerables moscas cargó. Presas las moscas en la vejiga, producían un ruido semejante al de numerosos perros ladrando al unísono. Ató a la cola del jaguar la vejiga con las moscas dentro, y hecho esto habló así:
– Presta atención a aquel ruido; se trata, sin duda, de perros que se nos vienen encima.
A raíz de esto, el jaguar prestó atención, pero, no obstante haber oído, siguió comiendo.
Entonces el zorro habló así:
– Presta atención, pues ahí vienen, sin lugar a dudas.
A raíz de esto, echó a correr el tigre. Habiendo corrido lejos, hizo alto para escuchar: orase aún, indiscutiblemente, el ruido de perros que venían. Por consiguiente, volvió a correr nuevamente; se fue más lejos y, volviendo a escuchar, oyó el ruido indiscutible de perros que venían.
Por consiguiente, volvió a correr; se fue lejos; de nuevo paró; hallándose cansado, se dispuso a luchar: se presentaban mal las cosas.
Haciendo alto, se volvió hacia atrás, escuchando de nuevo detrás suyo el ladrido de los perros. Por consiguiente, de nuevo se dio vuelta; nuevamente detrás suyo se escuchaba el ladrido de los perros. Fue entonces que, sin mudar de lugar y mirando disimuladamente hacia atrás, descubrió que el ruido que semejaba el ruido de perros era producido por las moscas encerradas dentro de la vejiga. Habiéndose ya alejado mucho de su presa, se retiró del lugar sin rumbo fijo.
Después de mucho tiempo, volviéronse a ver [el jaguar] y el zorro. En dicha ocasión, le dijo:
– Ahora sí te comeré – dijo.
– Aunque me comieras, no te hartarías, abuela – dijo el zorro –; déjame más bien ir a buscarte un camino donde puedas acechar [la presa]; un camino de hombres – dijo.
– Bien – dijo el tigre. Se fue el zorro en busca de un camino; encontró un lugar muy transitado y, en consecuencia, volvió a contárselo a su abuela. Luego fueron a acechar; en cuanto al zorro, se apostó cerca de su abuela.
Después de una larga espera:
– Parece que ya vienen – dijo el tigre.
– Déjame mirar a mí – dijo el zorro.
Mirando, vio a tres muchachos que venían: tres venían.
– Ya vienen – dijo.
– ¿Estoy esperando en posición ventajosa? – preguntó el jaguar.
– Espera aún – dijo el zorro –; los que vienen todavía no son hombres; son solamente futuros hombres – dijo.
No los detuvo, por consiguiente; fueron pasando y se alejaron los muchachos sin detenerse.
Después de larga espera, nuevamente:
– Parece que ya vienen – dijo el tigre.
– Déjame mirar a mí – dijo el zorro.
– Ya vienen – dijo.
– ¿Estoy acechando bien? – dijo el tigre.
– Todavía no – volvió a decir –; el que viene ha dejando de ser hombre.
Por tratarse ahora de un anciano que venía, habló así.
Nuevamente no lo atajó, dejándole pasar.
Después de otra larga espera:
– Parece que vienen – dijo el tigre.
– Déjame mirar a mí – dijo el zorro.
En esta ocasión vio que venía uno con arco; venían, además, tres perros.
– Ahora sí que viene un hombre – dijo.
Porque ahora venía aquel que fatalmente iba a matarlo.
– Ponte y espera – dijo.
Los perros ya venían acercándose al lugar donde estaba el tigre; ya ladraban al unísono. En cuanto al jaguar, rugía de una manera espantosa. Al oírlo, se acercó corriendo el dueño [de los perros].
Al llegar, y al erguirse contra él el jaguar, le hirió con flecha de hierro; le volvió a herir; le volvió a herir nuevamente, derribándolo muerto.
Por haber deseado el zorro que así ocurriera, solamente cuando venía uno que llevaba arco dijo:
– Ponte bien al acecho.

CANTOS CON QUE LOS NIÑOS ACOMPAÑAN SUS JUEGOS

Dicen que el loro ha muerto.
¿Por qué será que murió?
Estalló en llamas y murió.
¿El sapo me ha?

Mi lindo hermanito,
después de irte allende el Paraná
vuelve pronto.
¿En dónde te quedarás?
Me quedaré en el afluente del agua angosta.
¡Ijeije!
Pequeña ave sayjoyvy,
después de andarte buscando
y errándote repetidas veces
el pájaro tucán amarillo,
se lamenta por ello.
Ero tori,
ero tori, tori;
eroije,
eroije, ije,
eroije.
La torcaza ¡pobrecita!
muerta su compañera,
a lo largo de los caminos
!Uh! Uh! Uh! Uh!, dice.

CANCIONES DE CUNA

Escucha el ladrar de los perros,
mi hijo; duerme, pues, ven.

Duerme, pues, niño, que tu padre
va a traer un venado moteado para tu animalito;
y una oreja de liebre para tu collar;
y frutas moteadas de la espina para tus juguetes.

CANTO INFANTIL
A diferencia de los anteriores, este cuento tiene todas las características de un canto mítico.

Chapire, ven, pues,
frente al karanda de hojas relucientes.
Cuando se arrodilla, se arrodilla la verdadera madre de los Tupá,
le resplandece el cuerpo, le resplandece el cuerpo.
Y cuando le resplandece el cuerpo
los hijos de Tupá se balancean acompasadamente,
se balancean acompasadamente.
Y cuando se balancean acompasadamente,
el Suruku’a eterno se lamenta tristemente,
se lamenta tristemente.
Y cuando se lamenta tristemente,
y por los caminos, los caminos vamos caminando,
y "me duele la cabeza" decimos,
el alma del árbol nos hiere, nos hiere.
.
Fuente:
Versión de textos guaraníes por
LEÓN CADOGAN
Introducción, selección y notas por
A. LOPEZ AUSTIN
EL LEGADO DE LA AMÉRICA INDÍGENA
Serie del Instituto Indigenista Interamericano
publicada con la colaboración de la Fundación
Wenner Gren para Investigaciones Antropológicas.
Coordinadores: Miguel León-Portilla y Demetrio Sodi M.
EDITORIAL JOAQUIN MORTIZ – MÉXICO
Primera edición, agosto de 1965
.
VERSIÓN DIGITAL:
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY ,
IR AL INDICE de
LA LITERATURA DE LOS GUARANÍES

martes, 10 de agosto de 2010

GREGORIO BENÍTEZ - JÓVENES EDUCANDOS EN EUROPA (1863) / Fuente: ANALES DIPLOMÁTICO Y MILITAR DE LA GUERRA DEL PARAGUAY (TOMO II)


JÓVENES EDUCANDOS EN EUROPA (1863)
GUERRA DEL PARAGUAY
Por GREGORIO BENITES
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
JÓVENES EDUCANDOS EN EUROPA (1863)
Grupo de 36 jóvenes a educarse en Europa. Sus distintos estudios. Palacios y Delvalle destinados a estudiar derecho. Imposición del Encargado de Negocios. Contrariedad de Palacios y Delvalle. Me hacen su confidencia. Resolución de carácter franco y viril. Indicación de levantar la Legación de la República. Partida de Delvalle, por vía Panamá. Recomendado al presidente de Bolivia. De la Paz a Santa Cruz buscando el Río Paraguay. Llegó a Paso-pucú. Orden de López desatendida. De cabo a Coronel en dos años. Su resolución enérgica comunicada a López. Se abstiene de tomar parte en acción de guerra. Promete no pasar a las filas enemigas. Hace acto de rendición a fuerzas argentinas. Le matan con violación de las leyes de la guerra.

Según se ha visto en el capítulo V del tomo 1º de esta obra, el gobierno del Paraguay, presidido por don Carlos Antonio López, había mandado a Europa en 1858, 15 o 16 jóvenes paraguayos a educarse por cuenta del Estado.
Más tarde, en 1863, bajo la presidencia del general López, éste mandó otro grupo de 36 jóvenes a estudiar en Inglaterra y Francia, en diversos ramos o profesiones. El mayor número de ellos, quedó en Londres, en los talleres de los señores Blyth a aprender distintos oficios.
De los ocho jóvenes destinados a estudiar en París, dos, Miguel Palacios y Juan Bautista Delvalle, se dedicaron a los estudios de derecho. Los demás, Eduardo Estigarribia, Antonio Báez, Francisco Rivas, Juan Duarte, Ignacio Orihuela y Dolores González (hoy Ezequiel) hicieron estudios preparatorios para presentarse a los exámenes de ingreso de la escuela militar de San Cyr. Rivas y Estigarribia, únicamente, pudieron ser aprobados en sus exámenes y fueron recibidos en San Cyr. Mas, sólo Rivas pudo terminar los dos años de curso. Estigarribia, no pudiendo pasar al curso de 2º año, tuvo que dejar la
escuela, al fin del primer año.
En 1867, el jefe de la Legación recibió del Mariscal López una comunicación, en que éste le recomendaba que los jóvenes Delvalle y Palacios se dedicaran al estudio de derecho. Al recibir esta comunicación, el encargado de Negocios llamó a los dos jóvenes mencionados, y les comunicó la disposición que había recibido del presidente López, respecto a sus estudios.
Les manifestó que los estudios de derecho no eran tan necesarios para el Paraguay, y que por consiguiente estudiaran de preferencia las matemáticas, en lugar de las letras (Es la antigua política de la metrópoli española, ¡que prohibía la inmigración de letrados en sus colonias de América!).
Esta manifestación contrarió profundamente a Delvalle y Palacios, ambos muy inclinados al estudio de derecho, de que se habían ocupado preferentemente desde su arribo a Europa; de suerte que quedaron muy contrariados y resentidos, porque se les privaba de seguir los estudios de su vocación. Inútiles fueron sus observaciones al agente paraguayo de que tenían ya muy adelantados sus estudios de derecho, y que les permitiera continuarlos. La contestación invariable del señor Bareiro era que estudiaran las matemáticas.
Tanto Delvalle como Palacios me referían con lágrimas en los ojos la imposición del Encargado de Negocios, contrariando sus propósitos personales y los deseos del gobierno, que costeaba los gastos de su educación en Europa.
Algunos días más tarde, vinieron de Versalles a hacerme la siguiente confidencia, que me sorprendió por su carácter viril:
“Que en vista de que el señor Encargado de Negocios, por sí y ante sí, les privaba de continuar los estudios de su predilección, habían resuelto que Delvalle se trasladara al Paraguay, por la vía de Bolivia.; al efecto, me suplicaban que les ayudara con los recursos necesarios para llevar a efecto el proyectado viaje, de cuyo itinerario nadie, excepto Palacios, tendría conocimiento. Me pidieron por favor especial les guardara el secreto conveniente.
La idea me agradó por su carácter franco y viril a la vez. De esa manera Delvalle llevaría nuestras noticias al gobierno de la República.
Les respondí afirmativamente a su petición. Nuestras comunicaciones con el Paraguay, estaban completamente cortadas desde años.
Contribuí, pues, con gusto al viaje de Delvalle, tanto más cuanto que el señor Encargado de Negocios me había significado ya, más de una vez, que se encontraba en la imperiosa necesidad de levantar las Legaciones de la República en París y Londres, por falta de recursos para sostenerlas!
Levantar o suprimir las legaciones del Paraguay, acreditadas oficialmente en Inglaterra y Francia, equivalía, en aquellos momentos solemnes, a dejar libre el campo de acción diplomática a los agentes rivales, que jamás han flaqueado en el cumplimiento de sus deberes, desde que estalló la guerra entre el Paraguay y la triple alianza.
El joven Delvalle tomó el vapor de la línea de Saint Nazaire, que conduce al Pacífico por la vía de Panamá. En mi calidad de Secretario de la legación paraguaya, acreditada en Europa, le di una carta de recomendación para el presidente de Bolivia, general Melgarejo, quien le acogió con distinción y marcada simpatía, según me comunicó el mismo Delvalle. De La Paz, capital boliviana, el viajero cruzó el territorio de Bolivia, con dirección a Santa Cruz, buscando el Río Paraguay, para bajar a la Asunción. El gobierno de Melgarejo le proveyó a mi pedido, de 200 patacones, para gastos de viaje.
Por notas oficiales del ministerio de Relaciones Exteriores de la República, y por carta del mismo Mariscal López, recibidas en la Legación, por un conducto que hemos ignorado, tuvimos noticia de la llegada de Delvalle al cuartel general de López, establecido a la sazón en Paso-pucú. El Mariscal, a la vez que nos daba esta noticia, pidió al Encargado de Negocios que despachara por la misma vía por donde había penetrado Delvalle en el Paraguay, a dos de los jóvenes paraguayos que hacían estudios militares en Francia. No se dio cumplimiento a la orden recibida, por causas que me han sido desconocidas.
Delvalle que había logrado penetrar en el Paraguay en momentos en que todo el país era un campamento militar, tomó inmediatamente parte en las batallas, y en todas ellas se portó con bizarría y patriotismo. Pronto recorrió sucesivamente los grados de la jerarquía militar. Empezó de cabo en Pasopuc ú, en 1867, y cuando el presidente López se retiró con las reliquias de su ejército a los desiertos de las Cordilleras en 1869, Delvalle tenía ya el grado de coronel efectivo, y mandaba una columna.
Cuando la guerra tocaba a su término en los primeros meses del año 1870, Delvalle con su inteligencia cultivada y excelente criterio, comprendió que la prosecución de la campaña por parte del Mariscal López era ya inútil, y que no sólo era inútil en el sentido del éxito de la lucha, sino funesta para los pocos habitantes de la República que aún sobrevivían en aquellos momentos a la catástrofe nacional. Tomó, pues, la resolución de escribir al Mariscal, una carta más o menos en estos términos: que en vista de que los acontecimientos habían reducido a tal extremo la situación de la defensa de la causa del
Paraguay, y que siendo ya inútil la prosecución de la resistencia, había resuelto no entrar ya en acciones de guerra con la poca gente de su mando, y más bien retirarse a los bosques, a fin de no sacrificar inútilmente los pocos compañeros que aún le quedaban.
Previno al presidente, que a la vez que le participaba su abstención en las operaciones activas de guerra, le prometía también que ni él ni sus compañeros se pasarían a las filas enemigas. Se asegura que esta comunicación fue interceptada y tomada por los aliados, antes de llegar a manos de López.
Pocos días después de haber tomado la resolución mencionada, el coronel Delvalle fue encontrado con su corta columna por fuerzas argentinas al mando de un jefe, cuyo nombre no hemos podido averiguar, a quien hizo acto de rendición con sus compañeros. Se nos ha referido que con las fuerzas argentinas iba un oficial paraguayo, llamado Gaona (El mismo oficial o jefe de este nombre que murió en Villa Hayes, donde tenía su residencia.), que había sido enviado expresamente de la Asunción por un personaje paraguayo, que tenía resentimiento con Delvalle, a dar muerte a este valiente jefe donde le encontrara, como en efecto así sucedió, con violación criminal de las leyes de la guerra.
El coronel Delvalle había hecho acto de rendición con sus compañeros a las fuerzas enemigas, por consiguiente ha debido ser respetado por sus adversarios. Su muerte ha sido, pues, un asesinato cobarde, que deshonró a la bandera argentina.
.
Fuente:
ASUNCIÓN
Establecimiento Tipográfico de MUÑOZ Hnos. - 1906
Edición Digital
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
Setiembre 2005
.
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viernes, 25 de junio de 2010

CARLOS R. CENTURIÓN - HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III - ÉPOCA AUTONÓMICA / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY (BVP)

HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III
Por CARLOS R. CENTURIÓN
EPOCA AUTONÓMICA
EDITORIAL AYACUCHO S.R.L
BUENOS AIRES-ARGENTINA (1951), 500 pp.
ALGUNOS JUICIOS REFERENTES A
HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS (Solapas)
** "No es una simple antología de las letras paraguayas. Es mucho más que eso: el fiel reflejo de la angustiosa reconstrucción de la patria, anquilosada por las dictaduras y desolada por una guerra de aniquilamiento en el siglo pasado. Su autor ha cumplido una labor ímproba, recogiendo pacientemente en desperdigadas hojas de publicidad de escasa circulación, o en viejos papeles guardados como reliquia en los arcones familiares, toda la gama del ansia de superación de las generaciones paraguayas. En tal sentido este trabajo es el vívido itinerario de la marcha ascendente de un pueblo en medio de sus trágicas vicisitudes.
** "Carlos R. Centurión no es un crítico en el sentido estricto de la palabra. Es un escritor refinado que ha sabido interpretar el alma nacional dando tono y relieve a sus manifestaciones intelectuales. Su obra es la de mayor aliento y de más enjundia literaria que hasta el presente haya sido concebida y realizada en nuestro país." - POLICARPO ARTAZA.
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** "Ya empleé la palabra adecuada que me inspiró la obra: monumental. Es así por lo menos dentro de nuestra literatura. Medida con la vara de nuestra producción paraguaya. El trabajo está concebido con noble ambición y realizado vigorosamente. El plan es magnífico y fue llevado a término admirablemente. El libro está escrito con estilo ágil y aunque su principal valor estriba en que servirá como obra de consulta indispensable, el lector lo lee con placer: hay el hilo de un interés que nunca se quiebra." - PABLO M. INSFRÁN.
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** "Se trata de una obra magna. Sorprende que la haya podido realizar un solo hombre y en el ambiente y en las circunstancias en que fue elaborada. Honra a su autor y a la intelectualidad paraguaya. El vacío que Menéndez y Pelayo no intentó llenar, con un desdén incomprensible en tan grande polígrafo, ha sido cubierto magníficamente y con criterio ajustado a la realidad histórica del Paraguay. Lo más acertado del trabajo es su concatenación estrecha con la historia de la patria. Las letras paraguayas no aparecen como un fenómeno aislado sino como fruto del dramático devenir de un pueblo. En el libro se advierte cabalmente esa característica cardinal, muy conforme, por lo demás, con las modernas concepciones de la historia, considerada como un fenómeno esencialmente cultural." - EFRAÍM CARDOZO.
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** "Las pinceladas maestras que aproximan al lector al ambiente histórico, le permiten que formen, fuera de toda presión exterior, un juicio espontáneo y claro sobre el tema del libro y sobre la armonía de su desarrollo.
** "Gracias a eso, la valoración de ese período de las letras paraguayas forjada en medio de tormentosas luchas por la libertad y la democracia adquiere la elocuencia y la vivacidad que le presta la dinámica de la Historia. También mediante eso el criterio puede situarse en el centro de la esfera social en que se mueven los personajes llevados y traídos por los factores económicos, morales y políticos de nuestra nacionalidad para así aquilatarse con justicia la expresión principal de nuestra cultura." - JUSTO PRIETO.

HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS - Tomo III
LIBRO DIGITAL EN BIBLIOTECA VIRTUAL PARAGUAYA - IR AL INDICE
HIPERVÍNCULOS


· Capítulos del XXXVI al XXXVIII (470 kb.)
· Capítulos del XXXIX al XLIII (549 kb.)
· Capítulos del XLIV al L (247 kb.)
· Capítulos del LI al LX (394 kb.)

CONTENIDO DEL TOMO III

EPOCA AUTONÓMICA

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XXXVI. – La Revista "Crónica"
XXXVII. – La fundación de la Escuela Militar
XXXVIII. – Tiempo auspicioso aquel...
XXXIX. – El estudio de la lengua guaraní
XL. – El grupo de los liberales de El Nacional
XLI. – El Teatro durante el período autonómico
XLII. – La sublevación, militar de 1922-1923
XLIII. – La generación intelectual de 1923
XLIV. – El desarrollo de la prensa durante los últimos treinta años
XLV. – Aparición de nuevos valores literarios
XLVI. – Las luchas por el derecho obrero
XLVII. – En vísperas de la guerra del Chaco
XLVIII. – La guerra del Chaco
XLIX. – Institutos particulares de enseñanza.
L. – La subversión militar del 17 de febrero de 1936
LI. – Los escritores aparecidos después de 1932
LII. – La rebelión militar del 13 de agosto de 1937
LIII. – La Reforma de la Constitución
LIV. – Algunas entidades paraguayas de alta cultura
LV. – Las actividades electorales desde 1917 hasta 1944
LVI. – La obra cultural de los centros estudiantiles
LVII. – Las entidades internacionales de alta cultura
LVIII. – La instrucción pública en el período autonómico
LIX.– La radiotelefonía en el Paraguay
LX.– Los resplandores de un nuevo amanecer

jueves, 10 de junio de 2010

LENI PANE - PURA COINCIDENCIA / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY



PURA COINCIDENCIA,
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Editorial (Edición digital)
Asunción - 2004, 60 páginas.
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** – ¡Carta! – gritó Candelaria subiendo rápidamente las escaleras de la entrada.
** – ¡Carta del Chaco para la señorita Leopoldina!
** Leopoldina fue casi corriendo al encuentro de la criada, y ésta le entregó la carta que se la arrebató de las manos. Emocionada se sentó en el banco de hierro pintado de blanco que se hallaba en el centro del jardincito de rosas y culantrillos en el frente de la casa.
** Mi dulce y querida Leopoldina:
** Al escribirte esta carta un cielo lleno de estrellas me cobija. Las miro y pienso lo bello que sería si las mirásemos juntos, pero como eso aún no puede ser pienso que las estrellas son tus ojos, que ellos me miran, me protegen, me quieren.
** No podría pensar ni un solo momento qué sería de mí si no supiese que tú me esperas, y todas las dificultades se facilitan en la esperanza de reencontrarte.
** Desde que salimos del puerto Asunción hasta nuestra llegada aquí en el borde del Chaco sobre la ribera del ríorío, una gran camaradería se apoderó de todos nosotros. Lo mejor de todo es que Mario y Néstor están conmigo y yo con ellos.
** Las prácticas son pesadas y mañana nos internamos dentro del Chaco. No sé si de allá podré escribirte, pero cada vez que pueda lo haré. Dicen que ninguna guerra es justa, pero esta sé que es para defender a mi patria, y la patria la sintetizo y la materializo en ti, mi querida Leopoldina, razón por la cual defiendo lo que es tuyo, lo que es mío, lo que será nuestro. Te quiero, te extraño, tuyo siempre
** Maximiliano
** Isla Poí, 2 de agosto de 1932
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** Mientras leía la carta gruesas lágrimas caían sobre el papel y al terminarla la estrujó contra su pecho y se quedó mirando el horizonte.
** Doña Eduarda, la madre de Leopoldina salió a buscarla en el jardincito y la encontró melancólica y silenciosa. Ya Candé le había contado de la carta, razón por la cual ya sabía de ella.
** – ¡Buena razón para ponerse triste sobre todo cuando ese Maximiliano pudo ya haberse casado contigo antes de ir al Chaco, como lo hizo su amigo Néstor! Tres años hace que visita esta casa ¡Tres años! y ahora Dios sólo sabe cuánto va a durar esta guerra y cuánto él estará en el frente de batalla!
** – Pero, mamá...
** – ¡No lo defiendas! No, ante mí. Yo peino canas y conozco a los hombres.
** – ¿Pero cómo vas a conocer a los hombres, si sólo conociste a papá a los catorce años y ¡te casaste a los quince!
** – Sí, y enviudé a los treinta. Pero con uno me bastó. Además – agregó – ¡todos los hombres son iguales!
** – Te equivocas mamá, Maximiliano es diferente.
** – Veremos, veremos, hija, dijo el ciego que nunca vio.
** A Doña Eduarda no le gustaba Maximiliano. Era una intuición por lo que se cuidaba de decir frases o comentarios que la conduzcan a situaciones verbales que no podía ni explicarse ella misma. Leopoldina, en cambio, profundamente enamorada de él, no le veía más que virtudes.
** Maximiliano era un joven de veintidós años, estudiante de derecho. Antes de enrolarse trabajaba con su padre, dueño de un pequeño comercio, y estudiaba. Como muchos jóvenes acudió al llamado de la patria en peligro y se enroló al ejército. Lo mismo lo hicieron sus amigos Néstor y Mario. Estaba enamorado de Leopoldina, y sinceramente pensaba que se casaría con ella una vez que terminase su carrera de derecho y se graduase de abogado.
** Pero la guerra, fatídica mujer, se interpuso entre los amantes.
** Leopoldina también escribía cartas y respondía a todas las de Maximiliano.
** A través de ella iba siguiendo el itinerario bélico de su novio.
La guerra del Chaco movilizó a todo el país. Los jóvenes se sintieron llamados al fragor de la batalla, y las mujeres jóvenes deseosas de ayudar se alistaron como enfermeras. Muchas fueron al Chaco, muchas otras se quedaron en la capital. Leopoldina fue a prestar sus servicios como enfermera en el improvisado hospital del Colegio María Auxiliadora.
** Su dedicación, empeño y caridad puesto en los soldados heridos llamó la atención de las superioras, y ella explicó:
** – Pienso que cada soldado herido pudo ser Maximiliano. Y si él está herido en algún lugar deseo que lo atiendan como yo los atiendo aquí a estos muchachos que no sé su nombre ni quienes son, sólo sé que están aquí porque fueron valientes en el campo de batalla.
** Las cartas de Maximiliano le hacían saber a Leopoldina los enormes sacrificios a que eran sometidos los contendientes por la falta de agua, el calor insoportable o el frío, la humedad, la falta de víveres, las nubes de moscas y de mosquitos, el agua fétida, el cansancio. Maximiliano le narraba que la sed, el hambre y las infecciones habían provocado la muerte de muchos soldados y oficiales, pero que él había salido ileso pues el amor de ella, de Leopoldina lo protegía.
** Leopoldina sufría, rezaba y esperaba.
** Los diarios informaban de las batallas: Boquerón, Nanawa, Toledo, Gondra, Pampa Grande, Pozo Favorito, Campo Vía, Cañada de Tarija...
** Las cartas de Maximiliano llegaban con retraso, pero llegaban a manos de Leopoldina
** Luego, un largo silencio.
** Más silencio.
** Leopoldina empezó a preocuparse. Habló con amigas, novias también y esposas de otros contendientes. No pudo saber nada.
** Luego la noticia: ¡Los soldados paraguayos fracasaron en Cañada Strongest! ¡Los bolivianos tomaron prisioneros!
** Leopoldina entre otras mujeres y hombres se agolparon en las oficinas del estado mayor. ¡Quiénes eran los muertos? ¿quiénes los prisioneros? ¿Quiénes?
** Luego la noticia: Maximiliano vivía, pero fue prisionero por los bolivianos al igual que Mario y Néstor.
** Leopoldina pasó más de un año antes de tener noticias del novio. La tuvo a través del padre de Mario. Este era italiano y para saber noticias de su hijo y de sus amigos recurrió a la Legación italiana, la que se comunicó con la misma representación en Bolivia, y a través del Ministerio de Relaciones Exteriores del país andino se pudo saber que Maximiliano, Néstor y Mario estaban en la ciudad de La Paz en una prisión estatal.
** Hubo algunas cartas y luego otra vez el silencio.
** El año 1935 llegó y con él el armisticio y la paz. La alegría era total durante el desfile de la victoria, pero para Leopoldina la guerra aún no había llegado a su fin.
** El tiempo pasaba lentamente, tan lentamente que cuando en enero de 1936 se anunció que Paraguay accedió al intercambio de prisioneros, Leopoldina no lo creyó.
** A principios de 1937 Néstor y Mario se presentaron a la casa de Leopoldina. Delgados, demacrados habían dejado en las planicies chaqueñas el rostro niño que llevaron y volvían como hombres que habían vivido muchas vidas, y en sus miradas y en sus ojos se veían reflejadas la individual y extraña experiencia humana del dolor y de la muerte.
** A pesar de ello hubo alegría en el reencuentro. Doña Eduarda les agasajó con su mejor licor y Candé preparó una comida especial. A los saludos triviales y protocolares siguieron las preguntas sobre la guerra. Todos parecían tener miedo de hablar de Maximiliano. Pero al fin Leopoldina preguntó:
** – ¿Y Maximiliano ¿Dónde está? ¿Por qué no volvió con ustedes? ¿Le pasó algo grave?
** – Estee... bueno, él te contará – dijo Mario señalando a Néstor.
** – No, Mario te contará mejor. ¿Verdad Mario?
** – No, que cuente Néstor...
** – Bueno, ¡qué pasa! ¡que alguien me cuente! Cualquiera de los dos, si los dos lo saben.
** – Bueno... – empezó Néstor – es que Maximiliano...
** – se casó – terminó Mario.
** – ¡Quee..! gritó Leopoldina – ¡Que se casó!
** – Sí – dijo Néstor – Se casó en La Paz con Julia, una chica boliviana, que nos visitaba en la prisión.
** – Nos sentíamos muy solos, y algunas chicas bolivianas nos visitaban. Una de ellas Julia.
** – Sí, – dijo Doña Eduarda – que había estado callada hasta ese momento – pero ustedes no se casaron con esas chicas.
** – No, – dijo ingenuamente Néstor – porque no se embarazaron.
** – Eso quiere decir que no solo se casó si no que tiene un hijo – dedujo Doña Eduarda
** – Una hija – corrigió Mario.
** Leopoldina se levantó y fue corriendo a su dormitorio, se tiró en la cama y se sumió en un convulsivo llanto, que le duró toda la noche.
** Los días pasaron lentamente. El dolor dio lugar a la resignación. Pero el amor no da lugar a nada, queda anidado en la memoria y en el corazón.
** Leopoldina supo que Maximiliano y Julia no pudieron derribar la muralla de odio construida por la guerra entre paraguayos y bolivianos, por lo que la vida cotidiana para ambos se hizo insoportable hasta terminar con un divorcio. La niña se quedó con su madre en La Paz, y Maximiliano volvió a Asunción. Era un hombre viejo de treinta años, cargaba sobre sus hombros tristezas, y como Néstor y Mario y muchos otros, también el horror de la guerra a la que habían ido adolescentes e inocentes como a un juego, igual que como cuando eran niños y jugaban a los soldaditos.
** Llegó a Asunción. La ciudad le olió a hogar y a amor. Fue directamente a la casa de Leopoldina, la inolvidable novia.
** Golpeó las palmas, y la antigua criadita, hecha toda una mujer le salió a recibir.
** Candelaria casi se desmaya de susto. No sabía si veía a un ser real o a un fantasma. Corrió escalera arriba gritando:
** ¡El señor Maximiliano! ¡El señor Maximiliano! ¡El señor Maximiliano llegó!
** A Leopoldina se le heló la sangre primero, luego una inmensa alegría le invadió todo el cuerpo, corrió a peinarse, y salía de la puerta de su dormitorio para atender al amado visitante, cuando Doña Eduarda le cerró el paso:
** – ¡No! No lo vas a recibir, ¡es un divorciado! ¿Qué pensaría tu padre si un divorciado pisara esta casa? ¡Tú eres una señorita bien educada! ¿Qué no dirían de ti la gente? ¡Y yo, tu madre no permitiré que estés en la boca de nadie! ¡Te has olvidado ya de lo que te hizo! ¡Poco le importó a él que le quieras y que le hayas estado esperando!
** ¡Candelaria! ¡Dile a ese señor que la señorita Leopoldina no lo quiere recibir, y que le ruega que no venga más a esta casa!
** Leopoldina no contradijo a su madre, bajó la cabeza y retornó, llena de lágrimas, a su habitación a continuar con el mantel que estaba bordando.

**La guerra es un juego maligno y cruel: mata y destruye vidas. La de Maximiliano era una de ellas. La de Leopoldina la otra.

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EL FLORERITO DE LA VIRGEN
(un relato para Juan Carlos)

A: Nitetis Airaldi de Ortiz
quien hospedó en su casa
a la imagen de la
Virgen de Charagua
durante 57 años.


** Abrió el cajón de la cómoda lentamente, regocijándose en cada uno de sus dificultosos movimientos. Con sus dedos largos, entumecidos por la artritis, tocó suavemente las prendas azules y blancas bordadas en hilos de oro, las alzó hasta el pecho acariciándolas con las manos, y luego las acomodó nuevamente en el cajón, el que cerró tan parsimoniosamente como cuando lo había abierto.
** Caminó hacia la ventana, y se sentó en el sillón observando el verde césped y el chorrear sin fin del agua, que se dispersaba a través de un pequeño aparato desde de la manguera de goma.
** El agua, el Chaco, Fernando, la guerra, la paz, los muertos, el regreso, la alegría.
** El agua y el Chaco habían sido una y otra vez los temas de los relatos de Fernando que Mirtia ya no podía ver una tranquila y apacible fuente de agua sin recordar los tenebrosos episodios de sed y heroísmo contados por su esposo.
** ¿Cuánto tiempo había pasado?
** ¿ Cincuenta? ¿Sesenta años?
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** Se había casado con Fernando un poco antes de embarcarse hacia el Chaco en 1932. Una breve luna de miel y luego la despedida. Quedó embarazada y nació una niña quien era para Mirtia su amor y su centro y que la hacia conjugar en una sola emoción la alegría y la nostalgia. Sólo las cartas que Fernando le escribía desde el frente de batalla le traían un descanso a su diaria ansiedad
** Las cartas... ... .
** Querida mía,
** Avanzamos hacia el norte. El enemigo se repliega. Nos acercamos hacia el Parapití, la frontera histórica y natural del Paraguay ¡El Parapití Mirtia, querida!
** Hemos liberado a nuestro país de los invasores y los correremos más allá del río, al lugar de donde nunca debieron salir. Me embarga la emoción y te escribo esta carta porque quiero compartirla contigo, como deseo compartir contigo todo el resto de mi vida. Si no pudiese volver, si mi destino fuera otro que el estar contigo, deseo que recuerdes que casarme contigo fue el acto más feliz de mi existencia.
** Te quiero,
**Fernando / 16 de marzo de 1935.
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** Las cartas iban y venían. Las noticias también.
** Hacia 1935 se desarrollaron las últimas etapas bélicas en territorio boliviano a lo largo de las estribaciones andinas.
** En abril de ese año las tropas paraguayas cruzaron el Parapití. El pelotón comandado por el Mayor Fernando Aguirre fue de los primeros en llegar a Charagua. Parte de la población recibió con simpatía a los soldados paraguayos, pues el lugar era asiento de los indios chiriguanos, descendientes de guaraníes, y entendieron que aquellos eran hermanos en la lengua. Otros pobladores manifestaron su desconfianza y huyeron.
** Poco pudo hacer Fernando ante la tropa vencedora que se dedicó al pillaje recogiendo en bolsas el resultado de su felonía.
** La milicia boliviana que se había replegado tras la cordillera, bajó de ellas y atacó a las desprevenidas y desorganizadas tropas paraguayas. Los bolivianos recuperaron Charagua, y los paraguayos huyeron dando batalla. En la carrera por salvar la vida fueron dejando los sacos que contenían los objetos del pillaje.
** El mayor Aguirre tropezó con una bolsa, cuyo contenido por ser muy grande y pesado lo tiró al suelo, al mismo tiempo que entrevistó la hermosa mano de una sugerida estatua. Revisó el contenido de la bolsa y con sorpresa se encontró con la imagen de la Virgen de Charagua que había sido sustraída del templo. Su primer pensamiento fue devolver la imagen. ¿Devolverla? ¿Cómo? Imposible. El fuego cerrado hacia sus espaldas le daba la pauta de que sus atacantes no entenderían las razones de su regreso a Charagua, y que la imagen y él serían traspasados por la balas antes de que pudiera dar cualquier explicación.
** Tomó, pues, la imagen y corrió con ella. Un ayudante la llevó hasta el campamento. Allí, Fernando, desarmó la imagen y la puso a buen recaudo dentro de un cajón que con ese propósito lo hizo construir, y que le acompañó los últimos tramos de la guerra. Luego del armisticio el 12 de junio de 1935, Fernando regresó a Asunción.
*
** La imagen adornó la entrada de la casa de Fernando y Mirtia, en la calle Caballero y Tte. Fariña. Era muy venerada por la familia y por sus amistades quienes aseguraban que la devoción hacia ella era premiada con milagrosas gracias.
** – Mirtia –, le dijo Beatriz – quiero rezarle a la Virgen para que me conceda un hijo varón, que tanto quiere mi esposo.
** – Sí, hacelo. ¿Acaso dudas? ¿No recuerdas cómo Beba le rezó, aquí durante nueve días y su esposo consiguió el trabajo que buscaba? ¿Ves esa primorosa carpeta de ñandutí? Le regaló a la Virgen Dionisia luego que le fue concedida la gracia que le había pedido. ¿Y el ajuar de la Virgen? Ven , te lo muestro ya que está formado por hermosas ropas bordadas obsequiadas cada una de ellas por sus agradecidas devotas.
** Beatriz rezó con devoción. Amaba a su esposo y deseaba darle un hijo varón. La fe, el amor y la juventud hicieron su parte y Beatriz quedó embarazada. La Virgen le concedió la gracia pedida y en primavera nació su hijo.
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** En los primeros días de octubre Beatriz llegó a la casa de Mirtia con el hijo en brazos primorosamente envuelto entre las sabanitas de hilo y las mantillas bordadas y un ramo de flores en la mano.
** – Querida Madre – dijo – , arrodillándose frente a la Virgen, "este es mi hijo quien en tu Gracia y en la Sabiduría de Dios he concebido. Te lo presento y te lo entrego para que tu bondad lo guíe y lo ilumine por el sendero de la vida".
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** Mirtia que se hallaba a su lado lloraba, mientras Beatriz la abrazaba a ella y al recién nacido. Deshizo luego un pequeño envoltorio y depositó frente a la Virgen un florero de fina porcelana que se hallaba sostenido sobre una base de oro.
** – Querida amiga – le dijo a Mirtia. Fuiste la mensajera de la Virgen al sugerirme le pida a ella que me bendiga con un hijo varón. Mi corazón rebosa de alegría la que la simbolizo en este florero y en estas flores que las coloco dentro. Te pido que este florerito esté siempre contigo para que lo llenes, en todo tiempo, de las bellas flores que diariamente te enviaré para Nuestra Madre.
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** El agua que salía de la manguera de goma mojaba, apaciblemente, las plantas del jardín, mientras Mirtia miraba desde la ventana. Hacía varios años que Fernando había muerto. Pero no estaba sola, convivía con los recuerdos y habitaba con su hijo una hermosa casa.
** Ella sabía que Dios no lleva del todo a las personas amadas si no que una parte de ellas queda en el recuerdo, para que los seres amados las evoquen cuando la nostalgia aprieta el corazón.
** Fernando ya no estaba con ella, la Virgen tampoco. La habían llevado lejos, de donde vino, de donde pertenecía. ¿Pero no le pertenecía, también a ella? ¿No compartió acaso, esa Virgen, durante cincuenta y ocho años su diario trajinar? ¿No fue acaso el testigo de su vida como mujer, madre, esposa, compañera y amiga? ¿Cuántas veces le confió sus miedos y sus angustias?
** Cuando los charagueños y miembros de la iglesia reclamaron la devolución de la imagen, Mirtia no opuso resistencia, pues a pesar de que a los ojos de los vencidos parecía un trofeo de guerra (que debía ser devuelto en la paz), ella sabía que Fernando siempre creyó que la Virgen había puesto la imagen en su camino para que se salvara de alguna catástrofe u otro mal.
** Accedió, por tanto, de buena voluntad que se la llevaran, pero quedó un hueco no sólo en el altarcito que le habían construido en la casa familiar, sino en su corazón y en el de cada uno de los habitantes de la casa.
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** Mirtia vio el agua que se deslizaba sobre la tierra y olió el frescor que se levanta desde la tierra mojada.
** ¿Dónde está la Virgen?
** ¿Por qué quieren llevarse ahora sus vestidos si no lo reclamaron cuando la llevaron? El manto azul con las hojas bordadas en auténticos hilos de oro, y el manto blanco bordado por Doña Ana, la amiga de su tía Sofía, en hilos de colores y cordones de plata. Las primorosas enaguas adornadas con encajes de valenciana y de ñandutí.
** ¿Para qué los querrían, si han vestido a la Virgen con uniforme y gorra de soldado boliviano?
** La mucama interrumpió sus cavilaciones:
** – Doña Mirtia, dos señores extranjeros preguntan por usted.
** – Por favor, Rosa – dijo dirigiéndose a la empleada – que pasen a la sala, yo estaré con ellos enseguida.
** – Como usted diga – señora.
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** Mirtia fue hasta el cajón de la cómoda y sacó las ropas de la Virgen , las que fue colocando en una gran caja blanca entre papeles de seda y celofán. Las acomodó con cariño y las tapó. Llamó a Rosa y le pidió que llevara la caja a la sala.
** Mirtia caminó hacia la sala, detrás venía Rosa con la caja, la que depositó sobre una mesita enfrente de los visitantes.
** – Señora – dijo uno de los visitantes – le agradecemos todas sus atenciones. Traemos el saludo de nuestros compatriotas y de nuestros compueblanos y su eterno agradecimiento por la devolución de la imagen de nuestra Virgen. Sabemos que la guerra es injusta y que en ella se cometen errores, ya que la misma guerra es un enorme error. Pero hoy paraguayos y bolivianos somos personas de paz, y la devolución de la imagen de la Virgen de Charagua rubricó una paz que se firmó hace 60 años, usted y nosotros fuimos los artífices de ese testimonio.
** Mirtia asintió con la cabeza. Aquellas palabras las había escuchado con mucha tristeza. Nada ya le quedaba de la Virgen ni siquiera sus vestidos, sólo el recuerdo.
** – ¿Es todo señora? – dijo uno de ellos observando el interior de la caja.
** – Sí es todo – dijo Mirtia, y en ese instante recordó el florerito que Beatriz había obsequiado a la Virgen. En segundos pensó: ¿lo traigo o me lo guardo como un recuerdo querido? no... no puedo mentir, la Virgen sabe que yo tengo el florerito. Pero Beatriz le regaló a la Virgen ese florero, y me hizo su custodia. ¿Querrá Beatriz que el florerito vaya tan lejos...
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** Hacía tiempo que Beatriz había dejado de enviar flores para la Virgen, ella ya no estaba, igual que Fernando y la Tía Ana. Todos habían muerto.
** ¿Se olvidaba del florerito o lo entregaba?
** Se levantó de la silla y dijo a sus visitantes:
** – Permiso, vuelvo enseguida.
** Caminó hacia la habitación en donde se hallaba la cómoda que durante tantos años alojó los objetos y las ropas de la Virgen y murmuró: – ¡Ah¡ Beatriz si pudieras aconsejarme... Abrió el cajón del mueble y sacó el florerito con la base de oro, el que lo puso encima de una mesa. En ese momento una ráfaga de viento entró en la habitación y movió con violencia las cortinas. La punta de una de ellas alcanzó al florerito, lo tiró al suelo, y se rompió en pedazos.
** Llamó a Rosa para que retire del suelo los pedazos de vidrio y los eche a la basura, mientras se agachaba a recoger la base de oro del florerito, y lo guardaba en uno de los bolsillos que adornaba su vestido.
** Sus dedos cerraron la caja blanca y la ató primorosamente con una cinta de raso. La entregó a los visitantes, se despidió de ellos con la absoluta convicción de que sólo había entregado objetos de relativo valor material y que lo realmente valioso, como son sus recuerdos quedaban para siempre con ella.
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PURA COINCIDENCIA
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