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martes, 15 de junio de 2010

CÉSAR CRISTALDO DOMÍNGUEZ - LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA 1864 -1870 / Prólogo: HERIB CABALLERO CAMPOS / Texto: ANTECEDENTES DE LA GUERRA

LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA
1864 -1870 -1ª PARTE
Por CÉSAR CRISTALDO DOMÍNGUEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
COLECCIÓN
LA GRAN HISTORIA DEL PARAGUAY, 6
© Editorial El Lector
Director Editorial: Pablo León Burián
Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina
Director de la Colección: Herib Caballero Campos
Diseño de portada: Celeste Prieto
Diseño Gráfico: César Peralta G.
Corrección: Nidia Campos
Portada: Batalha do Avahy, óleo de Pedro Américo,
Museu Nacional de Belas Artes, Rio de Janeiro.
Fotografías del Museo
e Instituto de Historia Militar de Asunción.
Hecho el depósito que marca la Ley 1328/98
I.S.B.N. 978-99953-1-078-3
El Lector I: 25 de Mayo y Antequera. Tel. 491 966
El Lector II: San Martín c/ Austria.
Tel. 610 639 - 614 258/9
www.ellector.com.py
Esta edición consta de 15 mil ejemplares
Asunción – Paraguay 2010.

.
CONTENIDO
PRÓLOGO / INTRODUCCIÓN
-. ANTECEDENTES DE LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA:
Cuestiones de límites / Expansionismo brasileño / Deseo de reunificación del antiguo Virreinato del Río de la Plata / Posición agresiva de la diplomacia imperial hacia el Paraguay / La Alianza de 1851-1852 / La Alianza entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil / El Tratado de Paraná de 1856 / El Tratado de Paraná de 1857
-. LA CRISIS POLÍTICA URUGUAYA: Antecedentes de la cuestión uruguaya / Revolución en el Uruguay / Puntas del Rosario 18 de junio de 1864 / Prosecución de la guerra civil en el Uruguay / Recusación del general Francisco Solano López como árbitro en la cuestión uruguaya
-. EL ULTIMÁTUM PARAGUAYO DEL 30 DE AGOSTO DE 1864
-. LA INVASIÓN BRASILEÑA
-. DEFENSA LEGÍTIMA DEL PARAGUAY
-. TRANSFONDO ECONÓMICO DE LA GUERRA:
El Imperio del Brasil y sus intereses económicos en el Uruguay / El Imperio del Brasil y la amenaza de sus intereses económicos por el Paraguay / Exportación de Yerba Mate
-. EL APRESAMIENTO DEL MARQUÉS DE OLINDA
-. LAS NEGOCIACIONES BRASILEÑAS CON BUENOS AIRES:
Protocolo Saraiva - Elizalde del 22 de agosto de 1864 / El Protocolo Elizalde-Pereira Leal de octubre de 1864:
-. LOS EMIGRADOS PARAGUAYOS EN BUENOS AIRES: La Sociedad Libertadora de la República del Paraguay
-. LA ASOCIACIÓN PARAGUAYA: Antecedentes / Creación de la Asociación Paraguaya
-. LA LEGIÓN PARAGUAYA: Negociaciones de los legionarios con el Imperio del Brasil / Negociación de los legionarios con la Argentina
-. LOS PROYECTOS MONÁRQUICOS ATRIBUÍDOS AL MARISCAL LÓPEZ: La boda imperial / La corona imperial
-. LA CAMPAÑA DE MATO GROSSO: Inicio de las operaciones militares / La primera batalla de la guerra contra la Triple Alianza / El regreso triunfal de los jefes de la expedición
al Alto Paraguay
-. EL CONGRESO EXTRAORDINARIO DEL 5 AL 19 DE MARZO DE 1865
-. LAS OPERACIONES DE LA DIVISIÓN DEL SUD:
Negociaciones del general Francisco Solano López con el general Urquiza / Solicitud del gobierno paraguayo para el paso de tropas por territorio argentino / La traición del general Justo Urquiza al gobierno del Paraguay
-. CAMPAÑA DE CORRIENTES: Ocupación de Corrientes / Batalla del Río San Lorenzo / Batalla de Corrientes / Batalla Naval de Riachuelo / Ejecución del general Wenceslao Robles / Combate en Romero Guasú / Evacuación de la Provincia de Corrientes
-. CAMPAÑA DE URUGUAYANA: Organización de la División del Uruguay / San Borja. El paso de la División del Uruguay / Batalla de Mbutuy / Batalla de Yatay / Capitulación en Uruguayana
-. EL TRATADO SECRETO DE LA TRIPLE ALIANZA
-. CAMPAÑA DE HUMAITÁ:
Batalla de Corrales / Batalla de Estero Bellaco / La gran batalla de Tuyutí / Divulgación del Tratado Secreto de la Triple Alianza Batallas de Yataity Corá, Boquerón y Sauce / Conferencia de Yataity Corá / Batalla de Curupayty / Otros intentos por alcanzar la paz / Batalla de Isla Tajy / Batalla de Tatajyvá / Batalla de Potrero Obella / Segunda batalla de Tuyutí
-. SITUACIÓN ECONÓMICA DEL PARAGUAY-1864-1867
-. SITUACIÓN SOCIAL DEL PARAGUAY 1864 -1867
-. CONCLUSIÓN PARCIAL
-. EL AUTOR
-. FUENTES CONSULTADAS


PRÓLOGO
En esta primera parte de la GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA (1864-1870), sexto volumen de la Colección la Gran Historia del Paraguay escrito por CÉSAR CRISTALDO DOMÍNGUEZ, quien es uno de los exponentes de la nueva generación de historiadores connacionales, que contribuyen con nuevas miradas a los procesos históricos de nuestro país.
En este libro el autor presenta todos los aspectos de las causas de la Guerra de la Triple Alianza, lo que para muchos historiadores fue la primera guerra total del mundo occidental. Este conflicto fue un punto de inflexión en la historia paraguaya.
Cristaldo explica detalladamente los diversos acontecimientos que fueron configurando las condiciones en las cuales estalló la conflagración en la que se vieron involucrados todos los países de la Región del Río de la Plata. Dicha guerra está muy presente en la memoria colectiva de la sociedad paraguaya con el apelativo de "GUERRA GRANDE".
La "Guerra Grande", fue una debacle para el sistema productivo paraguayo, se constituyó en una catástrofe demográfica, por lo tanto su estudio es más que recomendable para comprender el desarrollo histórico de nuestra sociedad a partir del derrumbe de un estado y de una nación que tuvo que rehacerse desde las cenizas.
El libro rescata la rivalidad comercial en torno a la yerba mate entre los productores paraguayos y los productores del Río Grande del Sur, siendo este rubro una de las causas de la queja de los productores y ganaderos brasileños en contra de las formas de producción en el Paraguay.
En esta línea Cristaldo, aporta interesantes datos que proveen una mirada actual sobre un conflicto que en pocos años más se recordará su sesquicentenario. Con un lenguaje ameno y práctico el autor presenta las negociaciones entre el gobierno del Uruguay y del Paraguay, las causas de la invasión brasileña al Uruguay y la implicancia de dicha medida en la decisión del gobierno de Francisco Solano López de intervenir en defensa del gobierno uruguayo.
El volumen desarrolla las tres campañas ofensivas: Mato Grosso, Uruguayana y Corrientes, así como la campaña defensiva de Humaitá, relatando las diversas batallas, sus consecuencias y los pormenores que permiten al lector conocer los inicios de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).
Por lo tanto, esta primera parte de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) se constituye en un valioso material bibliográfico para todos los lectores que desean conocer la evolución de la sociedad paraguaya a lo largo del tiempo.
HERIB CABALLERO CAMPOS

INTRODUCCIÓN
La Guerra contra la Triple Alianza constituyó una de las conflagraciones más grandes que haya sucedido en la América del siglo XIX, pues arrastró a cuatro países en una de las vorágines guerreras más sangrientas hasta entonces, siendo el Paraguay el país más castigado por los hechos de la guerra.
Los antecedentes y las causales que han detonado este conflicto bélico son varios, en primer término podemos mencionar, las eternas disputas de las coronas española y portuguesa por las posesiones territoriales en América del Sur, las ambiciones desmedidas de ambas coronas por atesorar las tierras y las riquezas que encontraron en el nuevo continente.
En segundo orden encontramos el incumplimiento de los Tratados, tanto de Tordesillas, de Permuta y de San Ildefonso. Principalmente la falta de acatamiento, respeto y cumplimiento del Tratado de Tordesillas, firmado en 1494, por parte de Portugal, quien nunca renunció a llevar la marca de Tordesillas hasta ganar las costas del Pacífico.
Los Tratados de Permuta y de San Ildefonso, tampoco dieron los resultados esperados para encontrar una salida honorífica y honrosa a la antigua querella territorial que sufrían ambas coronas. La primera, antes de brindar una solución pacífica, fue la causante de la Guerra Guaranítica, debido a que la Compañía de Jesús no acataba la disposición de que algunos pueblos guaraníes pasen a la jurisdicción portuguesa. La segunda que estableció la creación de una comisión demarcadora de límites que nunca pudo entrar en funciones. Recordemos que don Félix de Azara y el capitán Juan Francisco de Aguirre, fueron los representantes españoles para el estudio correspondiente de los límites en disputa.
La jurisdicción paraguaya sobre las Misiones (Argentinas y Uruguayas) era irrefutable, pero colisionaba con la tesis del gobierno de Buenos Aires de que todas las Intendencias y las Gobernaciones Subordinadas que integraban el extinguido Virreinato del Río de la Plata, automáticamente formaban parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta postura bonaerense chocaba con la decisión paraguaya expresada en la nota del 20 de Julio de 1811 enviada al gobierno de Buenos Aires, donde se le informaba la decisión irrenunciable del Paraguay de constituirse en una nación soberana, manteniendo relaciones amistosas con Buenos Aires. Sólo después de un cambio en la política interna argentina que se dio como consecuencia del triunfo del general Justo Urquiza en 1852, posibilitó el reconocimiento de la independencia del Paraguay.
Con el Imperio del Brasil existían antiguos problemas territoriales, debido en primer lugar por la falta de establecimiento de los límites entre ambos países. La vieja política lusitana de llevar la marca de Tordesillas hasta el punto más occidental del territorio sudamericano lo han cumplido con creces sus herederos brasileños, invadiendo territorios paraguayos durante más de tres centurias.
El Tratado firmado por el Paraguay con el Imperio Brasil en 1850, representaba una garantía para el mantenimiento del Equilibrio político del Río de la Plata, pero justamente uno de los signatarios del tratado mencionado, fue quien violando lo acordado desencadenó lo que más tarde sería la Guerra contra la Triple Alianza. Además del aplazamiento por seis años del estudio de las cuestiones limítrofes entre el Paraguay y Brasil, ocasionó que ese impase diplomático vaya agudizándose con el correr de los años.
El presente capítulo Volumen VI La Guerra contra la Triple Alianza 1864-1870 Parte 1ª 1864-1867, trae temas atrapantes e interesantes, muchas veces escritas por reacciones viscerales y emocionales, que impedían tener una visión más amplia de las causales de la guerra ya sea exógenas o endógenas y el objetivo del presente capítulo es llevar a la opinión pública el relato de los hechos en la manera más objetiva posible.
Iniciamos el recorrido histórico con la alianza entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil, que trajo consecuencias muy graves para la estabilidad política en el Río de la Plata. En esta alianza los dos países más poderosos de Sudamérica se atribuían el derecho a decidir sobre los destinos de dos naciones pequeñas: El Paraguay y el Estado Oriental del Uruguay.
La crisis uruguaya es considerada como la detonante del conflicto que desembocó en la gran Guerra del 65. Y precisamente la intromisión brasileño-argentina en los asuntos internos del Uruguay ahondó la gravedad de la crisis arrastrando al Paraguay en el conflicto, del cual terminaría siendo la víctima de esta insensatez. Se analizan también los trasfondos económicos de la guerra.
La Doctrina del Equilibrio del Plata, era defendida por el gobierno de la República del Paraguay, debido a que la independencia del Uruguay era considerada vital para el devenir del Paraguay, por ello es que la invasión del ejército brasileño al territorio uruguayo fue considerado "Casus Belli", lo que llevó al gobierno paraguayo, primero advertirle y luego declararle la guerra al Imperio del Brasil a consecuencias de dicho atropello.
La declaración de guerra al Imperio del Brasil obedeció a dos hechos fundamentales que nosotros consideramos:
1) La falta de respuesta del gobierno brasileño a la nota paraguaya del 30 de agosto de 1864 y
2) La invasión del territorio uruguayo por el Imperio del Brasil, violando de esa manera el Tratado firmado con el Paraguay en 1850.
Una vez declarada la guerra al Imperio del Brasil, el gobierno paraguayo inicia la campaña de Mato Grosso, con dos objetivos:
1° Estratégico: eliminar cualquier fuerza de ataque que el Imperio del Brasil pueda utilizar a través de la retaguardia paraguaya.
2° Político: recuperar los territorios considerados pertenecientes al Paraguay y que se hallaban en discusión con el Imperio del Brasil.
El gobierno paraguayo nunca tuvo una animadversión hacia el gobierno de la República Argentina, pero éste tuvo una actuación injusta al no permitir el paso del ejército paraguayo por su territorio, pero sí autorizó al ejército brasileño el tránsito por sus territorios y sus ríos. Ante esta circunstancia el gobierno paraguayo no tuvo otra alternativa que declararle la guerra a la Argentina, por considerarlo ligada a los intereses del Imperio del Brasil, en sesión del Honorable Congreso Nacional del 9 de marzo de 1865.
Mientras se debatía la existencia de la República del Paraguay, en Buenos Aires los emigrados paraguayos que no estaban de acuerdo con los gobiernos de los López, fundaban la Asociación Paraguaya en sesión del 21 de diciembre de 1864, por la cual la flamante organización, afirma el historiador paraguayo Juan B. Gill Aguinaga, pretendía erigirse en algo así, como un gobierno nacional en el destierro.
El 20 de marzo de 1865, el mariscal Francisco Solano López dispuso la creación de la formación de la División del Sud bajo el comando inmediato del brigadier general Wenceslao Robles, para la campaña de Corrientes. Para engrosar las tropas que ya estaban situadas en Humaitá y en Paso de Patria, desde el gran Campamento de Cerro León fueron trasladados diez batallones. Además las tropas que estaban siendo instruidas por el Sgto. mayor Pedro Duarte en Villa de la Encarnación y en Santa Teresa, constituían las fuerzas sobre las cuales se iniciarían las campañas de Corrientes y Uruguayana.
Una vez que terminó la campaña de Corrientes, el Presidente de la República, mariscal Francisco Solano López, dio las instrucciones, para el regreso del contingente paraguayo que operaba en la Argentina. Allí se inició la campaña de Humaitá, donde se desarrollaron las principales batallas de la guerra contra la Triple Alianza.
La situación económica al inicio de la guerra comenzó a resentirse por la imposibilidad de exportar o importar productos, ya que la única salida del Paraguay al exterior estaba bloqueada por la Escuadra brasileña.
Entre 1865 y 1867 casi la nación entera estaba en armas, sólo los hombres mayores, ancianos y los niños permanecían en la retaguardia en las tareas agro-ganaderas, además de las mujeres. Las escuelas de primeras letras funcionaron en la mayoría de los casos hasta 1866, debido al enrolamiento de casi todos los maestros al ejército nacional.

ANTECEDENTES DE LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA
CUESTIONES DE LÍMITES
Una de las cuestiones que tuvieron mayor transcendencia en el conflicto que desembocó en la Guerra de 1864/1870, fue la herencia que encontraron los nuevos países sudamericanos luego de su independencia. Nos interesa fundamentalmente analizar las cuestiones diplomáticas, primeramente entre los Reinos de España y Portugal, que a pesar de la firma de varios tratados sobre sus respectivas jurisdicciones, nunca pudieron solucionarse definitivamente, debido a que el Reino de Portugal, nunca renunció a un centímetro de sus posibilidades expansionistas y por otro lado, la excesiva tibieza de la diplomacia española.
El Tratado de Tordesillas firmado en 1494, estipulaba a favor de Portugal sólo un pequeño sector del continente recién descubierto. Para los intereses lusitanos había que romper con la marca de Tordesillas, y rehacer la conformación brasilera al compás de la voluntad de expansión ilimitada que animaba a monarcas, navegantes y diplomáticos de Portugal. En 1680 la corona portuguesa dispuso la fundación de la Colonia do Sacramento, sobre la margen oriental del Río de la Plata, en abierta violación del Tratado de Tordesillas. Esta colonia serviría de trampolín para la posterior conquista de todos los territorios del Plata
Cuando las dos coronas ibéricas negociaron un nuevo tratado, en 1750, donde se establecerían los nuevos linderos, ya nadie se acordaba del Tratado de Tordesillas y con la firma del Tratado de Permuta de 1750, las posesiones portuguesas en América se triplicaron gracias a la genial actuación del diplomático Alejandro de Gusmao, brasilero natural de Santos. La hábil artimaña consistió en la devolución a España de la Colonia do Sacramento, a cambio de las Misiones Orientales. Además consiguió para los intereses portugueses, la admisión del principio del uti posidetis como título de dominio. Y según Efraím Cardozo, la jugada maestra consistió en la falsificación cartográfica hecha por Alejandro de Gusmao, que fue aceptada sin pestañeó por las cortes.
La Colonia do Sacramento fue recuperada en varias ocasiones por las tropas españolas, pero su débil diplomacia la perdió en los Tratados de Utrech en 1715 y de París en 1763. El 1° de octubre de 1777, se firmó el Tratado de San Ildefonso, que reprodujo casi textualmente la línea demarcadora de 1750. Siempre con el señuelo de la restitución a Portugal de la Colonia do Sacramento, que en esa fecha estaba en poder de los españoles, el Marqués de Pómbal obtuvo la consagración y la homologación de las otras enormes adquisiciones que Alejandro de Gusmao obtuviera en 1750. Después de la guerra de 1801 entre España y Portugal, ésta se apoderó de los territorios de Río Grande del Sur al norte del Quarehim y en 1816, ocuparon la Banda Oriental del Uruguay, ante la pasividad de Buenos Aires, que prefería más a los brasileños que al general Artigas.
En 1856 se firmó el tratado Berges - Paranhos, el cual establecía la prórroga por seis años del estudio de las cuestiones de límites entre el Paraguay y el Imperio del Brasil. Esta prórroga expiró en 1862 sin que se pudiera encontrar una solución, y en esos momentos falleció el Presidente don Carlos Antonio López. El nuevo presidente del Paraguay, general Francisco Solano López, heredó esta carga pesada, además de que tampoco se habían solucionado con la Argentina las cuestiones de límites. A espaldas del Paraguay, la Argentina y el Imperio del Brasil, establecieron según sus conveniencias sus futuros límites con el Paraguay, según quedó establecido en el Art. XVI del Tratado de la Triple Alianza.

EXPANSIONISMO BRASILEÑO
Entre las tantas herencias legadas del Reino de Portugal al Imperio del Brasil, se encuentran dos aspectos fundamentales que tuvieron repercusión en el río de la Plata: Una excelente diplomacia, y la visión expansionista como política de gobierno. En 1822 don Pedro I rompió todo lazo de sujeción a Portugal y se ciñó la corona de Emperador. Siguiendo el nuevo imperio con la política expansionista anexó el Uruguay, al que denominó Provincia Cisplatina. Esto generó la guerra contra Buenos Aires. Pero gracias a la intervención de Inglaterra, se resolvió salomónicamente un viejo pleito: El Uruguay, no sería ni de Buenos Aires ni del Imperio del Brasil. El expansionismo brasileño no tenía fin, por ello tuvo dificultades territoriales con casi todos los países de América del Sur, salvo Chile.
El expansionismo brasileño, heredado de los portugueses, casi causó la guerra con el Paraguay, ya en 1850, cuando construyeron en territorio paraguayo el fuerte Pan de Azúcar. Mediante una enérgica reacción del presidente paraguayo don Carlos Antonio López, quien dispuso que una fuerza militar desaloje por las buenas o por las malas a los usurpadores del territorio patrio, lo cual fue cumplido. Si el expansionismo brasileño hubiese tenido un poco de mesura, el problema de límites se hubiera solucionado en 1856, en el Tratado Berges - Paranhos, si renunciaba a su ambición sobre los territorios comprendidos entre los ríos Blanco y Apa.
Afirma el politólogo brasileño Luiz Alberto Moníz Bandeira, que "puede afirmarse que el Brasil, en siglo XIX, realizó una política colonial e imperialista sobre los países de la cuenca del plata, contando con la organización, la ideología, la experiencia y la tradición de dominio del viejo Estado portugués. Como cualquier potencia de la época, recurrió a las operaciones diplomáticas, militares y financieras, a fin de asegurar la consecución de sus propios objetivos económicos y políticos que podían a grosso modo, servir a la expansión mundial del capitalismo.

POSICIÓN AGRESIVA
DE LA DIPLOMACIA IMPERIAL HACIA EL PARAGUAY
La posición agresiva de la diplomacia imperial se inició en 1854, en este sentido el politólogo brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira menciona una afirmación del diplomático imperial Duarte de Ponte Ribeiro en 1854, de utilizar todos los medios posibles para derrocar al presidente Carlos Antonio López y resolver los problemas pendientes con el Paraguay. Inclusive recomendó la detención del hijo del presidente paraguayo, general Francisco Solano López, procedente de Europa, cuando llegue a tocar cualquier puerto brasileño.
También el senador Joao Antonio de Miranda, representante de la provincia de Mato Grosso, abogó por el uso de las armas contra el Paraguay, respaldando la opinión del Vizconde del Uruguay, en varios de sus discursos ante el Parlamento brasileño, durante las sesiones de 1857-1858. Ese mismo año el Almirante Marqués de Lisboa fue comisionado a adquirir 10.000 rifles y seis navíos de guerra, además de otros pertrechos de guerra. En 1857, por el Tratado firmado con la Confederación Argentina, ésta le dejaba las manos libres para someter al Paraguay en caso de guerra. No cabe duda de que el Imperio del Brasil se preparaba para dirimir sus problemas con el Paraguay a través de las armas.

DESEO DE REUNIFICACIÓN
DEL ANTIGUO VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

Desde aquel 14 de mayo de 1811 en que los criollos paraguayos tomaron el poder en la provincia del Paraguay, se inició un proceso de segregación de Buenos Aires confirmado por los siguientes hechos: la nota a Buenos Aires del 20 de julio de 1811 y la firma del Acta de la Independencia en 1842.
Conocida la pretensión del gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, de restaurar el Virreinato del Río de la Plata mediante la reincorporación del Paraguay, la diplomacia del Imperio del Brasil hizo una jugada política, que eliminó cualquier intento de anexión del Paraguay como provincia: fue el reconocimiento de la independencia del Paraguay en 1844.
Aún así el Dictador Rosas, a pesar del pedido del gobierno paraguayo, nunca reconoció la Independencia del Paraguay. Pues hasta el congreso argentino le autorizó a disponer de los recursos necesarios, en aras de la reincorporación del Paraguay.
En el Artículo XVI del Tratado de la Triple Alianza se estampó parte del antiguo sueño de restauración del virreinato, que decía: La República Argentina quedará dividida de la República del Paraguay por los ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los límites del Imperio del Brasil, siendo éstos, en la ribera derecha del río Paraguay, la Bahía Negra.
Es decir, se adueñarían de la totalidad del Chaco boreal paraguayo. Por suerte este artículo no se cumplió, ni tampoco el sueño del Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina Rufino de Elizalde, quien expresó al Encargado de Negocios de la Gran Bretaña en Buenos Aires Mr. E. Thornton, que "esperaba vivir bastante para ver la incorporación de las Repúblicas Oriental, Paraguaya y Boliviana a la Confederación Argentina".


LA ALIANZA ENTRE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA
Y EL IMPERIO DEL BRASIL
LA ALIANZA DE 1851-1852
La batalla de Caseros en 1852, donde el general Justo Urquiza derrotó al Dictador Rosas, significó el inicio del dominio brasileño en ambas márgenes del Plata. Por los tratados de 1851, impuestos al nuevo gobierno de Montevideo en mayo de 1852, la República Oriental pasó a ser política y financieramente un protectorado imperial. Era inútil que la inmensa masa de la población oriental rechazara esta dependencia: ahí estaban los tratados, los patacones, los buques de guerra y las fuerzas de ocupación para que la hegemonía imperial se cumpliera.
La Argentina de Urquiza y Mitre no podía oponerse al predominio brasileño sobre la tierra hermana; Urquiza lo había convenido antes de la caída de Rosas y sería inútil que después de Caseros quisiera borrar con el codo sus escritos. Tenía que resignarse a su triste suerte de satélite, enjugándola con el pedido de patacones a título de "aliado del Emperador". No era Rosas como lo temió en su momento el Enviado del Emperador, Honorio Hermeto. Además la situación política del general Urquiza no estaba consolidada en Buenos Aires y el mismo Enviado Imperial se encargaba de moverle el piso. Lo habían obligado a dar la garantía argentina exigida por el Brasil a los tratados de 1851. Con ella no solamente aceptaba el protectorado brasileño en el Estado Oriental sino renunciaba en nombre de la Argentina a las Misiones Orientales.
El cisma entre Buenos Aires y las trece provincias restantes, prolongado de 1852 a 1861, fue aprovechado por el Imperio del Brasil como por Inglaterra, Francia y Estados Unidos, para arrancar bocados a la soberanía argentina. En 1853, por los tratados de San José de Flores, Urquiza entregó los ríos argentinos a la navegación de las tres últimas potencias a cambio de ayudarle a escapar de los porteños. Al empezar ese año, e iniciarse el sitio de Buenos Aires, habían sido las tropas de desembarco inglesas, francesas y brasileñas de las escuadras de estación en el Plata quienes impidieron la entrada a la ciudad del ejército federal de Hilario Lagos.
Según el historiador argentino José María Rosa "No se conocen los detalles de las negociaciones del Vizconde de Abaeté con el general Urquiza, porque los documentos de la Confederación se extraviaron misteriosamente". Sin embargo Ramón Cárcano afirmó que se convino una alianza militar entre el Imperio del Brasil y el general Urquiza, que no fue confirmada en Río de Janeiro, porque no estaba el Imperio del Brasil con intención de emprender una guerra contra Buenos Aires además del Paraguay.
De todos modos al imperio del Brasil le bastaba un tratado de amistad con el general Urquiza donde se incluyese la libre navegación del Río Paraguay y la obligación del general Urquiza de sustentarla ante don Carlos Antonio López; si surgía un conflicto paraguayo-brasileño por esa causa, el general Urquiza quedaba maniatado al Imperio del Brasil.

EL TRATADO DE PARANÁ DE 1856
En febrero de 1856 llegó a Paraná el vizconde de Abaeté Limpo de Abreu, Ministro de Negocios Extranjeros del Imperio del Brasil. Se debe su presencia a la difícil situación del Imperio del Brasil con el Paraguay, que estuvo en 1854 al borde de una guerra evitada por haber cedido el imperio en sus pretensiones. Esto podría reanudarse y el Imperio del Brasil necesitaba de apoyo.
El general Justo Urquiza quería que el Imperio del Brasil se desentendiese de los liberales porteños, y a este precio firmaría cualquier compromiso. El Imperio del Brasil pidió que le dejase las manos libres en Paraguay y en la República Oriental y el presidente argentino aceptó.
El 7 de marzo de 1856 se firmó el Tratado de Paraná, entre el representante imperial Limpo de Abreu, Vizconde de Abaeté y el general Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina. La firma de este tratado no era sino uno de los reflejos políticos de la alianza de 1852, cuando el general Urquiza con la ayuda de tropas brasileñas, logró derrocar al Dictador, don Juan Manuel de Rosas.
Lo firmado en Paraná, era un Tratado de Amistad y Navegación argentino-brasileño donde se estipulaba la libertad del Imperio del Brasil para actuar en el Paraguay y la República Oriental, y también para navegar los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, tanto por embarcaciones mercantes como de guerra (Art. 14), obligándose a emplear los medios a su alcance para que la República del Paraguay adhiriera a las estipulaciones que preceden (Art. 20).
Ante un eventual conflicto entre el Paraguay y el Imperio del Brasil, (por el Art. 19) quedaba permitido el transito y abastecimiento de la escuadra imperial por el Paraná sin sufrir molestia alguna. Además, la Confederación neutralizaba la isla Martín García para mejor seguridad de la navegación brasileòa (Art. 18).
Comenta Ramón Cárcano "todas estas cláusulas del Tratado de Paraná consagraron el triunfo de la diplomacia brasileña, sancionaron y afianzaron su política tradicional respecto al Paraguay y al Uruguay y a la libre navegación de los ríos que ya estaba resuelta por la legislación argentina y aseguraron al gobierno de la Confederación como su colaborador y aliado". Sigue diciendo el historiador argentino R. Cárcano, que "el imperio del Brasil pidió al general Urquiza que le dejase las manos libres en Paraguay y Uruguay, y el presidente argentino aceptó".
Agradecido al general Urquiza, el Emperador del Brasil don Pedro II le mandó las insignias de la Orden del Cruzeiro; por Caseros le había dado en 1852, además de las insignias de la Orden del Cristo.

EL TRATADO DE PARANÁ DE 1857
En 1857 se habían agravado las relaciones diplomáticas entre la República del Paraguay y el Imperio del Brasil. El presidente paraguayo, don Carlos Antonio López estaba disgustado con la ley de los mares, como llamaba a la libre navegación fluvial, que firmaron la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil el año anterior, que querían imponerse al río Paraguay, y menos deseaba allanarse a las pretensiones de límites y de injerencia política de los brasileños. La guerra estuvo por estallar.
En Buenos Aires los periodistas liberales (menos el oriental Juan Carlos Gómez que dirigía "Tribuna") eran partidarios de la causa de la libertad, es decir la causa del Imperio del Brasil, en cambio los federales de la confederación, no obstante la atadura del Tratado de Abaeté, se manifestaron favorables al Paraguay, que llamaban causa de América. Para la política exterior imperial era necesario ratificar de manera firme el apoyo del general Urquiza para neutralizar a su partido; con el general Urquiza de su lado, el Imperio del Brasil podría presionar mejor a López o hacerle en condiciones más favorables la guerra.
El gabinete de San Cristóbal liderado por el Marqués de Olinda envió a Paraná a José María de Silva Paranhos, luego Vizconde de Rio Branco, quien debía hacerle aceptar al general Urquiza un posible tránsito de tropas brasileñas por territorio de la Confederación Argentina en caso de guerra con el Paraguay, y luego seguir a Asunción a fin de resolver pacíficamente, si podía, el grave conflicto paraguayo-brasileño. El Tratado fue firmado por José María Paranhos y el general Justo José de Urquiza en enero de 1857.
Paranhos conocía muy bien a Urquiza y sabía el lenguaje que le gustaba: el patacón. Según el historiador argentino José María Rosa el levantamiento del general Urquiza en alianza con el ejército brasileño contra Rosas en febrero de 1852 1e costó 400.000 patacones. Tan propicio encontró Paranhos al general Urquiza, que no le sacó solamente el importante compromiso que ponía militarmente al Paraguay a merced del Imperio del Brasil. También le hizo firmar tres tratados:
1° De navegación, mejorando las condiciones del anteriormente firmado por el Vizconde de Abaeté.
2° De extradición, por sobre la Constitución Argentina de 1853, que decía que los esclavos brasileños no perdían su condición servil por pisar territorio argentino.
3° De límites, renunciando la Confederación Argentina a la parte de Misiones que le correspondía al oeste de los ríos Pepiri Guazú y San Antonio.
Pero los acuerdos entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil, no pararon y prosiguieron esta vez en el campo económico. Para el efecto llegó a Paraná don Ireneo Evangelista de Souza, recientemente agraciado con el título nobiliario de Barón de Maúa, dueño del banco más poderoso de Sud América (y uno de los más fuertes del mundo en esa época), venía a establecer una filial del Banco Maúa en la ciudad argentina de Rosario con privilegio de institución oficial de gobierno y facultada para emitir billetes de papel. El control financiero de la Confederación Argentina lo tendría una institución bancaria brasileña.
La oposición a la injerencia brasileña en la Confederación Argentina comenzó a tener eco, tanto en Buenos Aires como en el interior y un ejemplo fue la denuncia hecha por el periodista Carlos Bouquet en el periódico cordobés El Imparcial, señalando que el tratado de límites despojaba a la Confederación Argentina de 4.500 leguas y acusaba al Ministro Santiago Derqui de la infamia. Además denunciaba que la Constitución Nacional Argentina, consagraba en su Art. 15 "que los esclavos que de cualquier modo se introduzcan queden libres por el solo hecho de pisar territorio de la República", pero es letra muerta para el emisario signatario de nuestro oprobio con el Imperio del Brasil.
Con poca habilidad el diario oficial Nacional Argentino de Paraná salió a la defensa de los tratados diciendo: "La propiedad de esclavos por súbditos brasileños debe respetarse constitucional-mente... porque es un acto constitucional el respeto a la propiedad extranjera".
Por sobre la Constitución Nacional Argentina, jurada en 1853, el general Urquiza, antepuso sus intereses y compromisos personales antes que los intereses superiores de la Confederación que gobernaba y firmó tratados con el Imperio del Brasil, enemigo histórico de los países del Plata por su política expansionista, que apeligraba la existencia misma de todas ellas.
Pero esa oposición a la que deben agregarse los furibundos artículos de Juan Carlos Gómez en Tribuna de Buenos Aires pidiendo una inmediata guerra al Imperio del Brasil, consiguió algún resultado; la Cámara de Diputados de la Confederación Argentina modificó el tratado de límites borrando las pretensiones brasileñas. Eso no era lo convenido con Paranhos, y éste se negó a canjearlo en esas condiciones. Había que aguardar mejores tiempos: "El Imperio debió esperar la liquidación de la próxima guerra del Paraguay, que ya se diseñaba, para reanudar la campaña", dijo Ramón Cárcano.

CONCLUSIÓN PARCIAL
En presente tomo VI LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA 1864 PARTE I 1864- 1870, hemos presentado los principales antecedentes y hechos que se convirtieron en las causales exógenas de la gran guerra contra la Triple Alianza, donde elaboramos las siguientes conclusiones:
a. La cuestión de límites y el expansionismo brasileño: lamentablemente la terrible herencia de los tratados de Tordesillas, Utrech, París, Permuta, San Ildefonso, dejaron a los nuevos Estados emancipados, un problema de antigua data, que no pudo ser salvado por medios diplomáticos, debido a dos factores: la política expansionista brasileña, que impidió a la diplomacia imperial renunciar a los territorios comprendidos entre los ríos Apa y Blanco. Esta concesión hubiera evitado las periódicas crisis entre el Paraguay y el Imperio del Brasil. También la Argentina tuvo su grado de responsabilidad al otorgarle paso libre (en su momento) a la escuadra brasileña y negarle el transito a las tropas paraguayas por territorios que aún estaban en litigio y que ancestralmente pertenecieron al Paraguay.
b. La crisis del Uruguay: el Paraguay fue víctima de la vorágine que lo arrastró a la guerra contra la Triple Alianza, porque salió en defensa del Uruguay, en consecuencias a dos situaciones: primeramente por el Tratado de 1850, firmado entre el Paraguay y el Imperio del Brasil, por el cual las dos naciones se comprometían a defender la integridad del Uruguay ante una agresión internacional. Paradójicamente el Brasil, uno de los signatarios del Tratado de 1850, lo incumplió e invadió el Uruguay, respaldado en el Tratado de 1851 firmado entre el imperio del Brasil y el Uruguay, que perimió en 1861 y que no fue revalidado. Además de la complicidad del gobierno argentino, el cual brindó todos los apoyos necesarios al general Venancio Flores violando el principio de neutralidad que tanto defendía su cancillería.
c. El sistema de alianza contra el Paraguay: estos acuerdos fueron urdidos lentamente desde la década de 1850, ampliada desde la misión del Vizconde de Abaeté a Paraná y consolidado por José María Paranhos ante el general Urquiza al año siguiente. Las alianzas fueron apuntalándose en 1864, con los acuerdos de Puntas del Rosario, los protocolos Saraiva - Elizalde (22/08/1864) y Pereira Leal - Elizalde (22/10/1864), en momentos en que el Paraguay aún no había declarado la guerra a ningún país de la Alianza.
d. El trasfondo económico de la guerra: sobre este punto se concluye que incidieron dos factores:
1) La competencia que significó la yerba mate paraguaya para los productores brasileños de las provincias de Paraná, y Río Grande del Sud.
2) La recuperación de la soberanía arancelaria por parte del gobierno uruguayo de don Bernardo Berro, que se contraponía a los intereses de las saladeras brasileñas, que funcionaban tanto en territorio uruguayo como en territorio del imperio.
e. Ingenuidad diplomática paraguaya: a nuestro criterio la diplomacia paraguaya pecó de ingenua, teniendo en cuenta que se enfrentaba al cuerpo diplomático más astuto de América. El gobierno paraguayo confió en las gestiones de los Encargados de Negocios, que tenían funciones limitadas, además no contaban con la infraestructura correspondiente a una legación formal. Es decir, la falta de embajadas en Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires y por extensión en Europa y los EE. UU., impidieron contrarrestar al efecto producido por el enjambre de diplomáticos imperiales diseminados en América y Europa.
f. El heroísmo paraguayo: en las Campañas de Mato Grosso, Corrientes, Uruguayana y Humaitá, no ocurrió otra cosa que la confirmación del heroísmo paraguayo, parafraseando a don Manuel Domínguez, en donde el ejército y el pueblo paraguayo en su conjunto, escribieron con letras inmarcesibles, la gran hazaña, de luchar hasta la muerte por la defensa de la independencia del Paraguay. Coimbra, Mbuty, Yatai, Riachuelo, Corrales, Estero Bellaco, Tuyutí, Curupayty Tatajyvá y otras batallas, no fueron sino ejemplos del denuedo con que el pueblo paraguayo, defendió su derecho a existir como un país libre y soberano en el concierto de las naciones, cumpliendo con el lema sagrado de: "Independencia o Muerte".

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lunes, 14 de junio de 2010

HERIB CABALLERO CAMPOS EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA (Capítulo) / Fuente: EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY 1780-1813


EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA
Por HERIB CABALLERO CAMPOS
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EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA
Antes de iniciar el estudio concreto de los acontecimientos que iniciaron el proceso de independencia del Paraguay, cabe realizar unas consideraciones sobre las cuestiones ideológicas imperantes en las capas más elevadas de la sociedad americana, por sobre todo en el ánimo y en la mentalidad de los criollos, quienes serán los que conducirán el proceso, el cual dio origen al estado paraguayo.
A pesar de que siempre se ha insistido en las particularidades del proceso independentista, en este sentido cabe señalar que el mismo es resultado de las mismas causas que en el resto de Iberoamérica, la crisis de la Monarquía Española, que vino a catalizar una serie de frustraciones y situaciones injustas que terminaron por conducir a la independencia de las colonias españolas de su Metrópoli.

CUESTIONES IDEOLÓGICAS
En este punto es fundamental tratar de entender el mundo ideológico en el cual se desenvolvía la sociedad y por sobre todo los principales líderes de la independencia no sólo en el Paraguay sino en toda América.
Además de la consabida influencia de los pensadores de la Ilustración Francesa, como Montesquieu y Rousseau, y la influencia de pensadores del individualismo británico como John Locke, además de los exponentes de la Revolución Americana, cabe señalar que investigaciones recientes han encontrado nuevas vertientes ideológicas las cuales permitieron a los líderes independentistas organizar su línea de pensamiento ante el vacío del trono.
Con la situación de vacío originada en la crisis de la Monarquía española, se dieron una serie de reacciones en todas las poblaciones más importantes de la América Española.
En ese sentido señala François Xavier Guerra, que en los discursos se observa el rol central que desempeñaba el rey en la estructura monárquica, concibiendo que la ofensa al Rey es una ofensa a la nación.
En la segunda mitad del siglo XVIII estaba muy extendido el concepto de nación como definición del conjunto de súbditos de la corona. Pero además de la nación, luego de la crisis de 1808, otros sujetos asumieron la soberanía como ser también los pueblos y las provincias, que consideraban tenían la legitimidad suficiente para actuar ante el vacío de poder.
Otra imagen muy utilizada fue el de de la Familia, en ese sentido el Rey es el padre que con su desaparición "... deja huérfana a la nación, con todos los peligros que esto lleva consigo: discordia posible entre los hijos dispersión de la familia. De ahí las llamadas constantes a la unidad: los hijos deben mantenerse unidos y luchar juntos para defender a su padre".
En ocasiones los discursos y escritos hacían alusión a que la Monarquía era un cuerpo, cuya cabeza era el Rey que en este momento se encontraba ausente.
Por otro lado se insistió en el aspecto bilateral de la relación entre el Rey y sus vasallos, y como estos debían mantener su fidelidad, su lealtad, como una cuestión de honor frente al usurpador Napoleón.
En ese sentido podemos citar el voto del Presbítero asunceno Sebastián Patiño en el Congreso General de 1811, cuando sostenía que "con motivo de la deplorable constitución de la España y Cautiverio de Nuestro Soberano el Señor Don Fernando Séptimo por el Tirano de la Europa, se ha puesto mediante una magnánima operación sus tropas acuarteladas en disposición y en plena libertad para poder determinar y sancionar justamente en las actuales circunstancias del estado europeo y americano lo conveniente a proporcionar su seguridad y adelantamientos, y reparar los males que ha sufrido hasta ahora [...] adoptando en lo adoptable las medidas que allí se han planteado como lo han hecho las demás Provincias del distrito según se sabe como muy necesarias para asegurarse oportunamente los Derechos de Nuestro Soberano en esta parte de la Monarquía y los peculiares de los Pueblos, y preservarse estos de la división y anarquía...".
Por otro lado hay un resurgir del Pactismo, como ideología que permeó en el pensamiento de la generación de la independencia, en ese sentido Guerra sostiene que, "a finales del XVIII se observa también en el campo de las ideas la persistencia o el renacimiento del pactismo. En algunos ambientes está persistencia viene de la permanencia del pensamiento clásico español (Vitoria, Las Casas, Mariana, Suárez, etc.) y de sus teorías sobre el origen divino indirecto del poder monárquico -a Deo per populum- y sobre los deberes y derechos recíprocos entre el rey y el reino, o entre el rey y sus vasallos, cuyo incumplimiento por parte del monarca puede justificar la desobediencia o incluso la revuelta".
En este sentido en varias oportunidades la monarquía borbónica prohibió que se enseñe el pensamiento de dichos autores en las universidades hispanas.
Dicha vertiente de pensamiento se fue vinculando con el pensamiento de iusnaturalistas como Hugo Grocio o Samuel Pufendorf y el de los contractualistas John Locke o Jean Jacobo Rousseau. Por lo tanto "...en vísperas de la revolución hispánica, claramente pactista, con una visión de la sociedad aún tradicional en buena parte, aunque por las preocupaciones y los objetos de reflexión de muchas de las élites se estaba entrando ya en problemáticas modernas".
Por otro lado queda claro que muchos pensadores hablaban de una reforma de la Monarquía absoluta, muchos de ellos utilizando términos antiguos para expresar ideas nuevas, otros como Jovellanos buscaron en las antiguas leyes los argumentos para garantizar una nueva constitución de la monarquía en la que se garantice la libertad de los súbditos y por todos los medios evitar la arbitrariedad.
Este pactismo afloró como expresión política a través de las Juntas que se constituyeron en todo el reino ante el vacío del Trono, debido al famoso Rapto de Bayona. A partir de ese momento se abrió un bienio en el cual se debatieron en medio de las noticias recibidas de los resultados de la Guerra de Independencia, como sostiene Manuel Lucena "en primer lugar porque ante un vacío de poder real o supuesto, facilitaron un modelo de creación de nuevas autoridades políticas fundando en la tradición, a través de cabildos abiertos de origen medieval y de juntas de gobierno depositarias de soberanía. Según el patriota y jurista Gaspar Melchor de Jovellanos, éstas nacieron al amparo del derecho de insurrección de que gozaba el pueblo por sus leyes fundamentales y en situación extraordinaria".
En ese sentido se puede circunscribir el pensamiento de los líderes de la independencia paraguaya, cuando en el discurso inaugural de la Junta del 17 de junio de 1811, José Gaspar Rodríguez de Francia y Juan Valeriano Zeballos, dijeron que "La soberanía ha desaparecido en la Nación. No hay un Tribunal que cierta e indubitablemente pueda considerarse como un órgano o representación de la autoridad suprema. Por eso muchas y grandes provincias han tomado el arbitrio de constituirse y gobernarse por sí mismas".
Este marco ideológico será el que conducirá los primeros pasos de muchas de las Juntas que en un principio - entre 1808 y 1810-no tenían ninguna intención independentista.

EL GOBIERNO DE BERNARDO DE VELASCO
Antes de desarrollar los aspectos vinculados a los acontecimientos de 1811, creemos pertinente realizar algunas consideraciones sobre el gobierno del último gobernador intendente del Paraguay, BERNARDO DE VELASCO Y HUIDOBRO.
BERNARDO DE VELASCO nació en Villadiego en 1742, hizo la carrera militar. Participó en la campaña del Rosellón
Era Teniente Coronel del Regimiento de Vitoria cuando fue designado por el Rey Carlos IV como gobernador de las Misiones el 17 de mayo de 1803.
Debido a las quejas y los constantes conflictos ocasionados por el gobernador intendente LÁZARO DE RIBERA, Bernardo de Velasco fue designado Gobernador intendente del Paraguay el 12 de septiembre de 1805. En dicha designación se estableció que no perdía su jurisdicción sobre el territorio de las Misiones Guaranies. Es por dicho motivo que la República del Paraguay ejercía jurisdicción sobre este territorio desde el momento de su fundación.
En enero de 1807 fue llamado por el Virrey para colaborar en la defensa de Montevideo frente a la invasión Inglesa. Durante esos meses el Cabildo de Asunción le manifestó que no debía abandonar el gobierno de la Provincia, por ser el único Coronel veterano en dicha jurisdicción y que su obligación era gobernar y defender la Provincia. Pero como posteriormente fue destituido el Virrey Marqués de Sobremonte por decisión de la Real Audiencia, este cuerpo convocó a Velasco, quien se puso en marcha en marzo de 1807. Quedaron como jefe de las milicias el Teniente Coronel José de Zavala y Delgadillo y como Teniente Letrado Interino el Doctor José García Oliveros.
Fue nombrado Inspector General del Ejército y ascendido a Brigadier en 1808.
Decidió regresar al Paraguay y asumió nuevamente el mando el 19 de junio de 1809.
Durante su gobierno se decidió a apoyar el aumento de la producción de tabaco, así mismo a su regreso estableció un juzgado encargado de perseguir a los "afrancesados" o partidarios de la invasión napoleónica a España.
También buscó por todos los medios mantener a la Provincia leal al Consejo de Regencia, en líneas generales fue considerado un buen gobernador, pero sí fue muy resistido su sobrino Benito Velasco Marquina, quien era como una especie de válido del gobernador.

LAS INVASIONES INGLESAS
En varias ocasiones se ha mencionado a las Invasiones Inglesas como un antecedente directo de la Independencia de los países del Río de la Plata.
En ese sentido trataremos de entender de que forma estos sucesos que sacudieron al poder español en esta región favorecieron o desvirtuaron la figura monárquica.
El 27 de junio de 1806 una fuerza expedicionaria británica que zarpó del cabo de Buena Esperanza en África invadió y ocupó la ciudad de Buenos Aires. Dicha fuerza estaba comandada por el Almirante Popham y el comandante de las fuerzas de desembarco fue el General Beresford. Las tropas inglesas invadieron Buenos Aires, mientras el Virrey Sobremonte huía a Córdoba. Las milicias criollas comandadas por un oficial francés al servicio de la Corona hispánica organizaron la Reconquista de Buenos Aires, que ocurrió el 12 de agosto de 1806.
Apenas llegó la noticia a Asunción, se ordenó el envío de un contingente, compuesto por un Cuerpo de Voluntarios de Caballería, distribuido en siete compañías con 534 miembros. El comandante de dicho cuerpo fue el Coronel de Milicias José Espínola y Peña, y sus oficiales más importantes fueron el Sargento Mayor Fulgencio Pereira y el Mayor veterano Juan de la Cuesta.
El contingente embarcó el 4 de agosto de 1806 y desembarcó en San Nicolás de los Arroyos el 2 de septiembre del mismo año. Fueron incorporados a las tropas milicianas de la ciudad de Buenos Aires. El uniforme que se les proveyó, según Juan Francisco Pérez fue el de Chaquetas de paño azul con cordones al estilo de los húsares, pantalones de Mahón, sombreros de copa alta con escarapela y plumero, corbatines y botas.
Posteriormente se enviaron dos regimientos más con un total de trescientos catorce hombres, comandados por el teniente Pedro Antonio de Herrera y el capitán Manuel Antonio Cohene. Estos refuerzos estaban dirigidos a combatir a los ingleses en Montevideo, ciudad que fue invadida el 3 de febrero de 1807. Desde Montevideo los ingleses con 9.000 soldados volvieron a intentar el dominio de Buenos Aires, plaza que consideraban vital para instalar un control sobre el interior de la América del Sur. Pero las defensas organizadas por un comerciante y miembro del Cabildo, Martín de Alzaga, lograron repeler exitosamente el ataque.
La Provincia del Paraguay afrontó los gastos del envío de sus tropas es así que se pagó más de 15000 pesos entre gastos de flete y aprovisionamiento. Además el Cabildo de Asunción remitió al Cabildo de Buenos Aires dos remesas de colaboraciones recolectadas en su vecindario, la primera afirma Pérez fue de 5189 pesos y la segunda de 1550 pesos, además el obispo del Paraguay Don Nicolás Videla del Pino remitió una colaboración de 500 pesos.
Cabe señalar que cayeron prisioneros de los ingleses los paraguayos Francisco de Paula Ortiz, Esteban Antonio Ortiz, Miguel Lebriano e Ignacio Arzamendia.
Entre los integrantes del contingente se encontraban varios oficiales que luego tendrían una destacada actuación en los acontecimientos de 1811, entre los que podemos señalar al teniente Fulgencio Yegros, que era jefe de la segunda compañía, además de los capitanes, José Fernández Montiel, Cristóbal Insaurralde, Juan Manuel Gamarra, además del subteniente Benito Villanueva, y los alféreces Fernando de la Mora y Gervasio Acosta, además del entonces cadete Antonio Tomás Yegros.
Para el historiador inglés John Lynch las invasiones británicas demostraron que los criollos no tenían interés en que cambie el imperio al cual pertenecían. Así mismo se evidenció la fragilidad del poder militar español en América, pues la defensa la emprendieron los habitantes y no el estado español, y además a partir de dichos acontecimientos los regimientos de criollos permitieron demostrar su fuerza y desarrollaron un fuerte sentimiento de identidad, a pesar de que los peninsulares trataron de desmovilizarlos no pudiendo lograr su cometido.
Por su parte Juan Francisco Pérez afirma que los que regresaban -del Río de la Plata- llevaban necesariamente ese fermento, alentando por la conciencia del valor nativo..."
No es menos relevante el hecho de que un Virrey haya sido depuesto por la Audiencia, por la incapacidad demostrada en cumplir su cometido de defender al Virreinato en dos oportunidades, por lo que evidentemente dicho acontecimiento afectó notablemente el principio de que sólo el Rey o sus representantes podían deponer de su cargo a un alto dignatario.

LOS GOBIERNOS INTERINOS DE GUTIÉRREZ Y GIANNINI
Como Velasco fue llamado por la Audiencia de Buenos Aires para colaborar en la defensa del Virreinato ante la toma de Montevideo por refuerzos británicos. El poder de la Provincia quedó a cargo de un antiguo Coronel del Presidio de Buenos Aires, Manuel Gutiérrez Varona, quien interinó el cargo por casi un año y medio desde mayo de 1807.
Durante su gobierno se produjeron una serie de acontecimientos de roce con el Cabildo de Asunción, al igual que hubo una disminución en la producción de tabacos, la cual prácticamente se hundió.
Durante su gobierno el Cabildo el 24 de marzo de 1808 puso en alerta al gobernador en caso de que Portugal quisiese invadir la Provincia ante los acontecimientos ocurridos en la Península, como consecuencia de la Invasión Napoleónica a dicho país. Cabe señalar que el Cabildo era una autoridad compuesta por los representantes de la élite local, cuyos miembros elegían a sus sucesores anualmente.
Bajo el gobierno de Gutiérrez se realizó la Jura Solemne de Fidelidad al Rey Fernando VII.
Pero su avanzada edad y su frágil salud hicieron que el Virrey Liniers designará como gobernador interino en reemplazo de Gutiérrez al Capitán EUSTAQUIO GIANNINI BENTALLOL, quien nació en Badajoz en 1750.
Siguió la carrera militar, entonces reservada a los nobles. A los doce años ingresó como cadete del Regimiento en el cual servía su padre. En 1772 consiguió una orden del Rey Carlos III para poder estudiar en la prestigiosa Academia de Matemáticas de Barcelona.
Con los conocimientos de Ingeniería, regresó a su regimiento por un breve tiempo pues el 28 de junio de 1776 fue incorporado al entonces recientemente creado Real Cuerpo de Ingenieros de Marina.
Fue destinado a El Ferrol, prestando invalorables servicio allí y en La Coruña, el 22 de diciembre de 1782 se le ascendió a Alférez de Navío e ingeniero hidráulico. En 1784 fue ascendido a Teniente de Navío y a Capitán de fragata en 1792. Obtuvo el grado de Capitán de Navío el 1 de mayo de 1803. En 1804, fue destinado al Río de la Plata.
Giannini se encontraba en el Paraguay y cumplió la misión de recolectar e identificar maderas con el fin de construir barcos. Dicha misión le fue encomendada pues por el juramento de rendición en el primer ataque británico de 1806, no podía ser movilizado en la defensa del Virreinato contra los ingleses.
El gobierno de Giannini fue breve pues Velasco había decidido volver a gobernar el Paraguay, cargo que tornó a asumir 119 de junio de 1809.

TABLA: ALCALDES ORDINARIOS DE ASUNCIÓN 1800-1811
Año / Alcalde de Primer Voto / Alcalde de Segundo Voto
1800: José González de los Ríos / Francisco Cavañas de Ampuero
1801: Francisco Cavañas de Ampuero / Antonio Cabrera
1802: Antonio Cabrera / Gregorio Tadeo de la Cerda
1803: Gregorio Tadeo de la Cerda / José Castelví
1804: José Castelvi / Juan Manuel Grance
1805: José Fortunato de Roa / Bernardo de Jovellanos
1806: Sin datos / Sin datos
1807: Juan Valeriano Zeballos / Sebastián Martínez Sáenz
1808: José Gaspar Rodríguez de Francia / José Carísimo
1809: José de Astigarraga / Juan Antonio Fernández
1810: Bernardo de Haedo / Antonio de Recalde
1811: Bernardo de Haedo / Antonio de Recalde
1811(desde junio): Juan Valeriano Zeballos / Juan José Montiel

LA CRISIS MONÁRQUICA DE 1808
La crisis de la monarquía española fue considerada por el célebre historiador francés François Xavier Guerra como cataclísmica, pues permitió que el pueblo de las ciudades en nombre del rey prisionero reivindicase la soberanía expresada a través de las juntas, tanto en España como en América.
El trono vacío, implicó un factor de aceleramiento de la descomposición del imperio español, pues modificó las identidades de los americanos y los principios políticos.
Desde que en noviembre de 1788 falleció el reformista Carlos III, le sucedió en el trono su hijo Carlos IV, quien demostró una serie de inconsistencias en el manejo de su gobierno. En este sentido desde 1793 el gobierno se encontraba bajo el control del válido Manuel Godoy, quien no contaba ni con la formación ni la experiencia requerida para manejar la compleja maquinaria estatal española en ambos márgenes del Atlántico, además se concentraba en logar privilegios y premios de parte del monarca.
En 1807 Godoy acordó una alianza con el emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte, quien se encontraba en guerra con Inglaterra. Mediante dicho acuerdo Napoleón podía transportar sus tropas por el reino español con destino a Portugal - secular aliado inglés-, una vez conquistado Portugal, Napoleón le prometió a Godoy conformar un principado que le sería entregado en propiedad.
En marzo de 1808 se desencadenó el célebre motín de Aran-juez, originado en el hastío provocado por la influencia de Godoy y de sus partidarios denominados "los Afrancesados", que tenían un espíritu más liberal, además de los graves abusos cometidos por las tropas francesas de Napoleón contra la población española en las ciudades de Pamplona y Barcelona.
Como consecuencia de dichos eventos Godoy fue destituido y se refugió en Francia, por su parte el rey Carlos IV fue obligado a abdicar en su hijo el Príncipe de Asturias, que gobernaría con el título Fernando VII.
Napoleón Bonaparte no reconoció la legitimidad de Fernando VII y a través de artimañas invitó a Carlos IV y Fernando VII junto a sus respectivas familias hasta la ciudad de Bayona, en donde luego de varias negociaciones y finalmente amenazas; Fernando VII abdicó la corona en su padre, sin saber que éste firmó un acuerdo con Napoleón para entregarle la corona a quien pudiese garantizar la seguridad de España.
El 10 de julio de 1808, Napoleón por decreto designó a su hermano José Bonaparte como Rey de España, mientras los miembros de la familia real española fueron retenidos en diversos castillos en Francia, en carácter de prisioneros.

LA REBELIÓN DEL 2 DE MAYO DE 1808
Mientras el Rey Fernando VII se encontraba en Bayona, el pueblo congregado en la Plaza de Armas del Palacio Real se levantó cuando presenció el traslado de los dos últimos infantes Borbones Don Antonio y Don Francisco, de Madrid a Francia.
Los ánimos del pueblo se enervaron a tal punto que se rebeló con el grito de ¡Mueran los Franceses! La muchedumbre se congregó en la Puerta del Sol y en sus alrededores. Los 35.000 soldados franceses que se encontraban en los alrededores de Madrid pudieron reprimir con cierta facilidad la rebelión.
El 2 de mayo de 1808 se inició el proceso más negativo para los planes de dominación napoleónicos, porque el pueblo se levantó en armas en contra de los mismos, y en afloró una identidad nacional española frente al invasor.
Rápidamente el levantamiento madrileño cundió como reguero de pólvora en las demás ciudades ibéricas.
En las diversas provincias se organizaron Juntas inspiradas en la tradición del pactismo. En ese sentido cada provincia en la península trató en lo posible de organizar su defensa. Por su parte en los diversos dominios americanos hubo una gran inquietud con respecto a las noticias que provenían de España.
Luego de los primeros combates y tras la victoria en Bailén de las fuerzas españolas sobre las de Napoleón se organizó la junta Central Suprema y Gubernativa de España el 25 de septiembre de 1808.
En el seno de dicha Junta Suprema, se discutían dos propuestas por un lado convocar a las Cortes para mantener la unidad del Reino hasta que regrese el rey prisionero Fernando VII, por otro lado la mayoría de sus miembros consideraban urgente consolidar el gobierno.
Mientras tanto el Rey José Bonaparte, envió emisarios a todos los Virreinatos Americanos para que envíen representantes a los efectos de conformar una Convención en Bayona.
Como reacción ante dicha invitación. La Junta Suprema, decidió ampliar sus integrantes con la incorporación de representantes de los distritos de la América Española. De este modo sostiene el historiador ecuatoriano Jaime Rodríguez, la junta central reconoció las pretensiones de los americanos en el sentido de que sus tierras no constituían colonia sino reinos; que formaban parte integrante de la monarquía española y que poseían el derecho de representación.

LAS NOTICIAS LLEGAN A ASUNCIÓN
La Real Cédula expedida en nombre del Rey Fernando VII para que se le jure Fidelidad fue recibida por el Cabildo de Asunción el 10 de septiembre de 1808. Le cupo al Regidor Don Pedro Díaz de Bedoya, que fungía de Subdecano, el tomar la Real Cédula en nombre de la Ciudad, la besó y la puso sobre su cabeza, diciendo que la obedece y acata como a Cabeza y Real Prescripto de nuestro Rey y Señor Natural.
Pero a pesar de que en el momento de tomar conocimiento del gobierno de Fernando VII se estableció que se disponga el solemne acto público de Jura, el 13 de octubre de dicho año el gobernador-intendente interino Coronel Manuel Gutiérrez Varona urgió mediante dos oficios la realización de la ceremonia de Jura, por la calamitosa situación y ante el pedido del Cabildo de Buenos Aires "... de contribuir con nuestros socorros a beneficio de la Nación oprimida por la felonía de Napoleón Emperador de los Franceses, Robador [sic] sacrílego de la augusta persona de Nuestro Rey el Señor Don Fernando Séptimo y su Real Familia...".
Ante el planteamiento del gobernador en sesión del Cabildo, el Alcalde Ordinario de Segundo Voto José Carísimo sugirió que la jura se realice el 14 de octubre, día del nacimiento del Rey cautivo. Su moción la fundamentó en que se evidencie "su patriotismo" y que se vea "que son verdaderos españoles". Consideraba entre otras cuestiones Carísimo que "... en medio de esta escena, la más trágica, corriendo ríos de sangre española, nuestro Rey preso en un Castillo, la Patria inundada de Enemigos, tratando sólo de pelear para aniquilarlo, y por la conservación de su independencia e integridad nacional" no era pertinente realizar las diversas fiestas acostumbradas en el momento de la Jura de fidelidad a un nuevo monarca.
A pesar de contar con la mayor adhesión de los miembros del Cabildo, tanto el regidor Miguel Guanes, como el Alcalde de Primer Voto José Gaspar Rodríguez de Francia, fueron del criterio que se realice el 16 de octubre, para que haya una mayor asistencia de público a tan solemne acto.
Finalmente la jura de Fidelidad se realizó el 16 de octubre de 1808, con la solemnidad acostumbrada, además de haberse celebrado un Te Deum los miembros del Cabildo en homenaje al nuevo monarca ofrecieron un banquete a los cincuenta y cinco presos de la cárcel. Asimismo los fondos de los Propios de la Ciudad más las donaciones de los miembros del Cabildo Asunceno alcanzaron la suma 8019 pesos que fueron destinados a auxiliar a "nuestros hermanos de Europa".
También, los cabildantes ratificaron en que "...nuestro celo y lealtad que nada se ha minorado por la suma distancia que nos separa de la Metrópoli. Estos son Señor los Votos y sentimientos de esta Provincia que por su fidelidad y amor al Soberano y a la Metrópoli merece un muy distinguido lugar en la estimación y benevolencia de Vuestra Alteza que no dudamos; cerciorada esa Suprema Junta representable de la nación y la soberanía...".
Además de la donación de los Propios de la Ciudad, luego los Cabildantes recogieron fondos para cubrir 16.000 pesos de un préstamo patriótico, que según Manuel Lucena Giraldo son una expresión del pactismo, pues en 1809 el 75 % de los ingresos de la Junta Central provinieron de América, en 1810 disminuyeron al 56% para finalmente sólo representar el 35% en 1811.
En una carta fechada en Asunción el 19 de febrero de 1809, dirigida por el Cabildo de Asunción al Rey que le guiaban a dicho Ayuntamiento su "fidelidad, patriotismo y amor al Rey", que en los dos últimos meses del año 1808, ya se habían remitido a España 17146 pesos con 71/z reales además de una donación del clero provincial por un monto de 1996 pesos 1/z real.
La fidelidad de este primer momento, se fue modificando debido a las antiguas reivindicaciones y los anhelos de poder de las élites criollas recondujeron el proceso hacia la Independencia de Iberoamérica. Pero a la vez llevó a vasallos tan fieles a cambiar de posición, como el caso del entonces Alcalde de Primer Voto Rodríguez de Francia.
En ese sentido vale la pena significar lo sostenido por el historiador español Manuel Chust que con los acontecimientos de 1808 se evidenció "...no la debilidad del Imperio, sino su fortaleza ideológica política, el respeto a las autoridades e instituciones coloniales". Pero dicha situación va a cambiar según este historiador cuando lleguen las noticias a América de la derrota el ejército español en la Batalla de Ocaña ocurrida el 19 de noviembre de 1809.

LA ELECCIÓN DEL DIPUTADO ASUNCENO
El 22 de enero de 1809, la Junta Suprema Central para consolidar su posición de "gobierno nacional" que incluyera a los españoles de ambas márgenes del Atlántico, dispuso que los Cabildos debían elegir tres personas de "notoria probidad, talento e instrucción", para luego entre las tres elegir una por sorteo para que sea definitivamente el representante de dicho Cabildo de capital provincial ante la Junta Suprema Central.
Para Jaime Rodríguez, "las elecciones de 1809 constituyeron un considerable paso adelante en la formación de un gobierno representativo moderno para la totalidad de la nación española. Por vez primera se celebrarían elecciones en el Nuevo Mundo para elegir representantes de un gobierno unificado de España y América".
Por su parte Manuel Chust sostiene que el decreto de convocatoria a elecciones provocaría "...que los criollos americanos, y especialmente los cabildos, reconozcan la legitimidad de la junta Central por la participación que, por medio de su representatividad, también delegaban a los territorios americanos. Ello condujo a la creación de un espacio político representativo que antes no existía y, por ende, a la politización de una esfera pública".
A partir de dicha decisión los dominios de América pasaban a conformar el reino con derechos políticos que hasta la ausencia del Rey no le habían sido reconocidos.
En las nuevas circunstancias lo que se desarrolló fue el denominado criollismo autonomista, con la decisión de la junta Suprema, sostiene Chust, se promovió la idea provincial de representación, con lo cual se entendía que cada una de dichas jurisdicciones poseía una soberanía parcial que a través de la representación constituía la soberanía nacional, por medio de una monarquía federada. De alguna forma entonces el germen nacional americano se acrecentó "con el sentimiento de pertenencia a una determinada entidad territorial que coincidía, al ser dotada de representación, con las entidades de la división político-administrativa colonial de la monarquía".
El Cabildo de Asunción, recibió dicha orden el 12 de julio de 1809, mediante una orden emanada del Virrey de fecha 27 de mayo del mismo año, por la cual comunicaba las instrucciones para la elección de Diputados emitida por la Junta Suprema Central.
En la siguiente sesión del 17 de julio de 1809, se convocó a dos miembros ausentes el alcalde provincial, don Manuel Juan Mújica y el regidor Roque Antonio Fleitas, quedando fijada la elección para el 31 de julio. Pero debido a la enfermedad de uno de los miembros del Cabildo fue fijada nuevamente como fecha de elección del diputado de la Provincia del Paraguay ante la Junta Suprema para el 4 de agosto de 1809.
Dicho día con la presencia del gobernador-intendente Don Bernardo de Velasco se procedió a la conformación de la terna. El alcalde de primer voto, doctor José de Astigarraga, votó por el gobernador Don Bernardo de Velasco, el síndico procurador general don José Gaspar Rodríguez de Francia votó por el teniente coronel Don José Antonio de Zavala y Delgadillo. El voto del alcalde tuvo el respaldo casi unánime de los cabildantes con diez votos, por su parte la postura de Rodríguez de Francia fue apoyada por el alcalde de segundo voto Juan Antonio Fernández.
De tal forma la terna quedó conformada por el gobernador intendente Bernardo de Velasco, el doctor don José Gaspar Rodríguez de Francia y el teniente coronel don José Antonio de Zavala y Delgadillo. Sigue manifestando el acta que "... se procedió a realizar el sorteo, colocando en tres canutillos de plata en forma de teruelos, tres cédulas, una en cada uno de los nombres de los tres sujetos electos escribiéndose cada nombre en cada una de dichas cédulas [...] metidos estos tres teruelos en una jarra de plata, como se verificó se tuviese por elegido el primero que se sacase. Para esto se hizo venir a esta Sala Capitular a un niño español llamado don Manuel García Díez, de edad como de ocho años, al cual, meneada la jarra, se le mandó sacase uno de dichos teruelos, lo que verificado por dicho niño, se le tomó el que había sacado y extrayéndose de él la cédula [...] se encontró escrito en ella el nombre del señor sindico procurador doctor don José Gaspar Rodríguez de Francia".
Rodríguez de Francia aceptó la designación y en caso de que sea elegido diputado por todo el Virreinato del Río de la Plata, se trasladaría a la Corte a los efectos de ejercer dicha representación.
En carta fechada el 18 de agosto de 1809, los dos alcaldes ordinarios de la ciudad de Asunción, escribieron al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros a los efectos de presentar al diputado electo por dicho cuerpo municipal. De Francia informaron cuanto sigue:
Es natural de esta ciudad, hijo legítimo de padres notoriamente nobles, que lo fueron Don García Rodríguez de Francia, antiguo capitán comandante de milicias de Artillería de esta Provincia, y Doña María Josefa de Velasco, habiendo sido su tío abuelo Don Fulgencio de Yegros y Ledesma, que fue Gobernador y Capitán General de esta misma provincia. De cuarenta y tres años de edad, de estado soltero, persona de conocido talento y de una instrucción bastante general. Además lo describieron como carácter pacífico, prudente, moderado de una acreditada honradez e integridad, así como de arreglada conducta. Luego de mencionar sus estudios en la Universidad de Córdoba del Tucumán, destacaba el Cabildo asunceno que en el Real Colegio Seminario de San Carlos de dicha ciudad, ejerció las cátedras de Latinidad, así como la de Vísperas de Teología, tenida mediante el concurso de oposición. Además se aplicó estudio del Derecho, demostrando satisfacción del público y los magistrados, además de confirmar suficiente capacidad y tensión en los conocimientos en los varios encargos del Foro, como Defensor de Capellanías y Obras Pías, Promotor Fiscal de Real Hacienda, así como defensor de causas de los pobres. Concluían su larga acreditación diciendo que era un patricio cabalmente idóneo, celoso e instruido de los intereses de la provincia.

LA CRISIS EN BUENOS AIRES
Como se ha señalado antes, las fuerzas españolas tuvieron un duro revés en la batalla de Ocaña. Por tal motivo entre los meses de febrero a mayo de 1810, llega América la noticia, además de otras poco alentadoras "... llegan las noticias de la derrota de Ocaña, de la ocupación de Andalucía por parte de los ejércitos franceses, de la disolución de la junta Central y la creación de una regencia de cinco miembros y, finalmente, de la instalación en la corte de José I- señala Chust- y que la resistencia se redujo exclusivamente a Cádiz".
Pero además de las noticias poco alentadoras para el criollismo la disolución de la junta Central, significó la disolución de la posibilidad de lograr una participación en el gobierno de la monarquía. En este sentido es que varias Juntas surgidas en el año 1810, decidieron construir en nombre del rey un proceso de autonomismo esperando ver el resultado de los acontecimientos en la península.
El 13 de mayo de 1810, atracó en el puerto de Buenos Aires un bergantín inglés, el «Filipino» además de mercaderías trajo muy malas noticias para los leales a la Corona, las tropas francesas estaban en Andalucía.
El 18 de mayo el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, a través de un bando da las noticias a la población, a la vez que les pide calma. Dichas noticias aceleran el sentimiento en algunos sectores criollos. Debido a la agitación que se apoderó del vecindario de la capital virreinal, el virrey Cisneros convocó a un Cabildo abierto, al que fueron convocados de acuerdo a la usanza "la parte principal y más sana del vecindario".
El 22 se reunió dicha junta, en la cual se produjo una fuerte discusión sobre quienes debían ser los que debían gobernar. Los criollos liderados por Juan José Castelli, sostenían que el Virrey debía cesar en su mando, y una junta debería gobernar en nombre del Rey.
Adoptada dicha resolución, el cabildo compuesto en su mayoría por peninsulares, pretendieron modificar el sentir del vecindario, nombrando como presidente de la junta al propio virrey Hidalgo de Cisneros.
En la noche del 24, los jóvenes revolucionarios activaron y recogieron apoyo para modificar la situación creada en contra de lo resuelto unos días antes. El 25 de mayo en una sesión del Cabildo, el pueblo se juntó frente al cuerpo municipal y presentó el escrito de petición de conformación de la Junta de Gobierno. Ante la presión los cabildantes accedieron a integrar la Junta de Gobierno bajo la presidencia del Coronel Cornelio Saavedra, y como vocales a Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, José de Paso, el comandante Azcuénaga y el presbítero Alberti además de Domingo Matheu y Juan Larrea.
La junta de Buenos Aires, hizo circular una carta en la cual exhortaba a las demás provincias del Virreinato a que reconozcan su autoridad, de esa forma la junta porteña pretendía erigirse en sucesora del Virrey.
En este sentido fue enviado como emisario de la junta el Coronel José de Espínola y Peña, quien llevaba también las comunicaciones a Santa Fé y Corrientes.
A su llegada a Pilar, hizo jurar al Cabildo de dicha Villa su fidelidad a la Junta de Buenos Aires. El 21 de junio de 1810 llegó a Asunción, en donde entregó al gobernador Bernardo de Velasco la correspondencia remitida por la junta bonaerense.
Espínola, en vez de lograr la adhesión generó alarma y rechazó, pues -según Julio César Chaves-mencionó el hecho de que serían movilizados los pobladores para formar parte de una expedición armada. Además Espínola hablaba de tener instrucciones de deponer y apresar al gobernador Velasco.
Ante dichos rumores, Velasco ordenó a Espínola su confinamiento a la Villa Real de Concepción, orden que no cumplió y huyó aguas abajo, siendo perseguido por una partida armada comandada por el teniente Rafael Zavala.
Por tal motivo en forma conjunta con el Cabildo, el gobernador Bernardo de Velasco, hizo publicar una proclama en toda la Provincia, en la cual sostenía que eran el gobernador y los principales vecinos los que encabezarían a la provincia en armas para seguir demostrando su patriotismo y fidelidad al Rey.

EL CABILDO ABIERTO DEL 24 DE JULIO DE 1810
En estas circunstancias sumamente confusas, el gobernador Velasco junto con el Cabildo conformado en su mayor parte por españoles europeos, procedió a deliberar el 26 de junio de 1810. En dicha sesión manifestaron: "Que para proceder con la debida madurez y circunspección al reconocimiento de la junta Provisional Gubernativa erigida en la capital de Buenos Aires y a la elección del Diputado que debe enviarse a ella a fin de que represente esta Provincia en el modelo de Régimen que se adapte para mantener en orden estos Dominios y conservarle a nuestro amado Monarca el Señor Don Fernando Séptimo y a sus legítimos sucesores, debían mandar y acordaron: Que siendo este un asunto extraordinario de la mayor gravedad y en cuya resolución tiene interés toda la Provincia, se explore su voluntad y se diga al Clero, Jefes, Magistrados, Corporaciones, Sujetos de Literatura y vecinos arraigados por medio de una junta General o Cabildo Abierto que se celebrará el día cuatro del mes de julio próximo".
Debido a la dificultad de poder hacer las invitaciones principalmente a las demás villas de la Provincia, se difirió la fecha de la junta para el 24 de julio del mismo año.
En dicha ocasión, reunidos todos los invitados por el gobernador y el Cabildo en el Real Colegio Seminario de San Carlos, se dio lectura a una proclama en la cual explicaban la situación acaecida en Buenos Aires en los siguientes términos: "Se os ha congregado en esta Capital y en este paraje amados conciudadanos para haceros saber que el Pueblo de Buenos Aires receloso de la confusión que pudiera introducir en estas provincias un gobierno ilegítimo que suponían en España, fundado en las noticias conducidas por un barco inglés, o en el trastorno y peligro en que nos hallaríamos, si llegase a perderse aquella Metrópoli, como se temieron por las referidas noticias, para precaverlo, hallaron por conveniente subrogar el gobierno antiguo y legítimo que nos ha regido hasta ahora, con una junta Provisional".
Sostienen que en el Paraguay no será necesario dicha medida pues de acuerdo a una correspondencia recibida por el Señor Obispo fechada en Cádiz por el gobernador de dicha ciudad, comunicando que aún permanecen libres del dominio francés en dicha ciudad.
Dicha carta con la noticia recibida fue el argumento principal para jurar Fidelidad al Consejo de Regencia, en tanto que con respecto a la Junta de Buenos Aires esperaban que a la larga reconozcan también al mencionado Consejo.
Al respecto sostenía Velasco y los capitulares que “...ni se duda de la legitimidad de su Gobierno SOBERANO, ni se piensa que la mutación del Poder en la Regencia sea contraria al orden ni a los derechos de las Provincias, ni al bien y felicidad de la Metrópoli y de las Américas, a cuyos Diputados se convida para que concurran a las Cortes Generales del Reino, todo contra lo que hicieron creer los papeles ingleses al Pueblo de Buenos Aires, que debe estar ya desengañado de la equivocación de las gacetas extranjeras, que pintaron los hechos con exageración o malicia para sorprendernos, como lo lograron”.

TABLA: CABILDO ABIERTO DEL 24 DE JULIO DE 1810
Lugar de Sesión / Colegio Seminario de San Carlos
Presidentes: Bernardo de Velasco y Huidobro
Diputados de Número. 214
Principales Resoluciones:
1.- Jurar fidelidad al Consejo de Regencia.
2.- Mantener armoniosa correspondencia con la Junta de Buenos Aires lo resuelto en este Cabildo Abierto.
3.- Formar una Junta de Guerra para la defensa de la Provincia ante la proximidad de una potencia extranjera (Portugal).
4.- Dar cuenta de los resuelto al Consejo de Regencia.
En el Acta no se asentaron las discusiones en lo tratado, según Chaves, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, se presentó a dicho Cabildo bajando dos pistolas sobre la Mesa de la Presidencia, manifestando que una era para Buenos Aires y otra era para España, cuyo poder ya había caducado. Además de ser una anécdota que no puede certificarse en documento alguno, de alguna forma si podemos manifestar que es sumamente llamativo que Francia no esté entre los presentes que suscribieron el acta, pues habían sido llamados todos los hombres principales del vecindario, y en ese sentido Francia era uno de ellos, ejercía el derecho, había sido Alcalde de Primer Voto. Y para más era el Diputado electo para representar a la Provincia ante las Cortes que habían sido convocadas por la para entonces extinta junta Suprema Central
Al concluir las sesiones se resolvió cuanto sigue, primero que se jure fidelidad al Consejo de Regencia como legítimo órgano de gobierno en nombre del cautivo rey Fernando Séptimo, segundo que mantendría cordiales relaciones con la Junta de Buenos Aires, hasta tanto el Soberano disponga lo que sea de "real agrado", tercero conformar una Junta de Guerra para organizar la defensa de la Provincia ante el acecho de una potencia vecina (Portugal) y en último y cuarto punto comunicar lo resuelto al Consejo de Regencia y por Nota contestar a la Junta de Buenos Aires.
En un Bando publicado el 30 de julio de 1810, el gobernador Velazco comunicaba a la población de lo resuelto en la junta General al mismo tiempo que convocaba a los vecinos a que se alisten para defender a la Provincia exaltando el patriotismo (amor al país en que se nació) "a los ciudadanos y habitantes sin distinción para cuando la Patria los necesitase". Con dicha consideración nos indica que los tiempos estaban cambiando, pues ya no era suficiente convocar al sentimiento de súbditos del Rey, si no que un sentimiento mucho más fuerte debía aglutinar a los habitantes del Paraguay, el amor a su tierra, su sentido de pertenencia, no todavía con el objetivo de conformar una nación sino para defender a una de las partes de la compleja y extensa monarquía hispánica.
En dicha sesión participaron los principales vecinos, representantes de las villas y Poblaciones principales de la Provincia, además de miembros del clero y las milicias.

LA JUNTA DE GUERRA
La Junta de Guerra, de acuerdo a lo establecido fue presidida por el Brigadier BERNARDO DE VELASCO, e integrada por el Coronel ANTONIO ZAVALA Y DELGADILLO, además del coronel PEDRO GRACIA y el Coronel GREGORIO TADEO DE LA CERDA, además del Sargento Mayor MANUEL ATANASIO CAVAÑAS y los miembros del Cabildo de Asunción.
Entre las primeras medidas se ordenó a todos los vecinos que pusieran en el mejor estado posible las armas del rey así como las particulares. Además menciona Chaves, se integró un cuerpo de Urbanos integrado por "... todos los ciudadanos y habitantes sin distinción de patricios forasteros: todos somos españoles y todos hermanos y todos tenemos la más sagrada obligación de trabajar y morir por la patria". Dicha proclama evidentemente trataba de unificar a los que hasta entonces estaban divididos, pero posiblemente era muy tarde para hacer que criollos y peninsulares limen sus diferencias.
El Real Colegio Seminario de San Carlos, fue cerrado, y su edificio convertido en Cuartel General de las tropas provinciales. Además se ordenó un frenético recogimiento de todas las armas disponibles en la Provincia. Ante la carencia de armamento, el propio Velasco, al frente de seiscientos soldados, se trasladó hasta las Misiones para recoger armamento y pertrechos que había en dicha jurisdicción.

LA INVASIÓN DE BELGRANO
El 3 de agosto de 1810, la Junta de Buenos Aires, prohibió toda correspondencia entre las provincias aun leales a la Corona de Montevideo y Asunción. El 9 de agosto envía una nueva comunicación al Paraguay en la cual ya en términos menos amistosos conmina al gobernador, al obispo y al Cabildo de Asunción al reconocimiento de la Junta de Buenos Aires, así mismo comisione un diputado para deliberar sobre la forma de gobierno que sería adoptada.
Igualmente había comisionado en nueva misión al capitán Juan Francisco Arias, con el fin de convencer a los líderes criollos de que el gobernador pretendía entregar la Provincia a los portugueses. Arias llegó hasta Ñeembucú, pero tuvo que retornar a Buenos Aires, comunicando el fracaso de su misión, y por sobre todo que el Paraguay no se iba a someter fácilmente pues el gobernador interino Pedro Gracia había enviado una expedición naval de trescientos hombres a rescatar los buques paraguayos que habían sido detenidos en el puerto de Corrientes por instrucciones de la junta bonaerense.
La expedición al mando de Zavala y Delgadillo zarpó de Asunción el 21 de septiembre de 1810, llegó el 30 de dicho mes frente a Corrientes, luego de varias negociaciones los barcos fueron liberados, volviendo la flota el 1 de octubre de regreso a Asunción, dejando sólo una embarcación a los efectos de garantizar el libre paso de los barcos que eran enviados desde Asunción hasta Montevideo.
El 24 de septiembre de 1810, la Junta de Buenos Aires, decidió remitir una expedición armada al Paraguay para lograr el reconocimiento de su autoridad. Tres días más tarde se decidió enviar un nuevo emisario a Asunción, en esta ocasión a Juan Francisco de Agüero, quien fue portador de sendas cartas dirigidas a Gregorio Tadeo de la Cerda y a Pedro Gracia, Agüero fue denunciado y detenido por la misión que tenía encargada.
Dos días antes la Junta había dado sus instrucciones secretas a Belgrano sobre cómo debía proceder en cuanto llegue al Paraguay, tratando de convencer a las autoridades de Asunción el acatamiento a Buenos Aires. Además debía sacar de dicha provincia a todas las personas sospechosas de ser adversas a su causa, además "... si hubiese resistencia de armas, morirán el Obispo, el gobernador y su sobrino con los principales causantes de la resistencia".
Belgrano trató hasta el último momento evitar el uso de la fuerza para someter a la Provincia del Paraguay. A través del teniente gobernador de Corrientes Elías Galván hizo cruzar unos cuantos agentes quienes debían recorrer los pueblos del Paraguay esparciendo las noticias de que lo único que buscaban era protegerlos, restituir los derechos, suprimir el estanco del tabaco y eliminar los impuestos que se imponían a los productos paraguayos.
Posteriormente despachó al hijo de Espínola y Peña para llegar a los pueblos de las Misiones para lograr la adhesión a su causa. A fines de noviembre de 1810 regresó Espínola con firmes promesas más que optimistas para Belgrano. Supuestamente existía una gran simpatía por la causa bonaerense.
Posteriormente lanzó unas proclamas en Guaraní, dirigido a los habitantes de las misiones a los efectos de prometerles levantar los impuestos, liberalizar el comercio del tabaco e incluso liberarlos del régimen de comunidades.
Y en la ribera del Paraná, Belgrano hace un armisticio con el comandante Thompson del pueblo de Itapuá. Además envió un último emisario junto a Velasco con el fin de convencerle de que era inútil esta "guerra civil", el emisario era el teniente Ignacio Warnes, quien manifestó la relación de su familia con Velasco. Apenas llegado a Paso de Patria, Warnes fue detenido.
El 18 de diciembre de 1810, el ejército expedicionario al mando del vocal Manuel Belgrano cruzó el río Paraná con lo que oficialmente se iniciaron las hostilidades.

LA BATALLA DE PARAGUARÍ
El 29 de diciembre Velasco se dirige a enfrentar a las fuerzas de Belgrano. En la capital -según Chaves- dejó a tres capitulares a cargo del gobierno, pues el Teniente Letrado Pedro de Somellera estuvo vinculado al complot de septiembre. Los Alcaldes Bernardo de Haedo, Antonio de Recalde junto al regidor José Carísimo se hicieron cargo de la administración de la Provincia.
En Barrero Grande se concentraron las milicias provenientes del norte y en Yaguarón las del Sur.
Velasco lanzó una proclama que en su parte principal decía "¡A las armas! Valerosos habitantes de esta ejemplar provincia, La Divina Providencia nos protege visiblemente; ella nos ha proporcionado cañones y fusiles, pero vuestras lanzas son todavía más temibles: Soy viejo en la guerra, y conozco cuánto vale esta clase de armas manejadas oportunamente por manos como las vuestras. Moriré con gusto en medio de vosotros, y tendré la gloria de acabar mis cansados días al frente de una Provincia heroica, y de unos súbditos amables, en cuya defensa me parece un corto sacrificio el de mi vida", pero el heroísmo que trasuntan estas palabras no se cumplieron luego en el campo de batalla.
Velasco, estimaba débil a su ejército por ese motivo, Chaves considera, recurrió a dejar que el enemigo avanzase en medio del desierto, los habitantes abandonaron las poblaciones, tal era el vacío que Belgrano escribió a la junta de Buenos Aires "no encuentro a los enemigos; todo lo van dejando franco, sin duda se han refugiado hacia la ciudad donde parece que se fortifican".
Las tropas fueron organizadas de la siguiente forma, el primer regimiento estaba al mando del Comandante de Escuadrón Juan Manuel Gamarra y el segundo regimiento estaba comandado por el Teniente Coronel Manuel Atanasio Cavañas. Mientras que las tropas de reserva estaban comandadas por el coronel Pedro Gracia.
Se decidió presentar batalla en el pueblo de Paraguarí, en el medio se encontraban las tropas de Pedro Gracia, a la izquierda estaban las tropas comandadas por Cavañas y a la derecha las dirigidas por Gamarra. En el pueblo de Paraguarí estaba el Cuartel General de Velasco. En total el ejército provincial para-guayo con los pendones reales desplegados sumaban seis mil hombres, pero el armamento era sumamente precario, tan sólo 500 fusiles y 200 sables para la caballería el resto se encontraba armado con armas largas, principalmente lanzas.
El ejército de Belgrano mejor pertrechado y armado estaba compuesto por 1200 plazas.
En la madrugada del 19 de enero de 1811, ambos ejércitos avanzaron hacia el combate, las tropas paraguayos, afirma Chaves avanzaron hacia el Cerro Peró, mientras que la avanzada de Belgrano estaba al mando del Teniente Coronel asunceno José Ildefonso Machaín. A las cuatro de la mañana se produjeron las primeras escaramuzas y en medio de una gran confusión los soldados de Buenos Aires, lograron romper por el centro las defensas llegando hasta el cuartel General, Velasco apenas pudo salvarse perseguido por los porteños que pretendían matarlo. Al igual que Velasco, huyeron Gracia y de la Cuesta, con lo que el sector central de las tropas paraguayas ante la situación de desbande las alas comandadas por Cavañas y Gamarra atacaron por los flancos a las tropas de Belgrano que ocuparon Paraguarí. Quedaron más de cien soldados del ejército expedicionario prisioneros en la maniobra envolvente huyendo el resto del ejército de Belgrano, quien intentó detener la retirada pero el desorden en el que cayeron sus tropas le impidieron evitar la huída. Para el mediodía la victoria era de los paraguayos comandados por los criollos Cavañas y Gamarra.
Mientras a Asunción llegó el Mayor de la Cuesta, quien hizo saber las primeras noticias de lo ocurrido en la madrugada en Paraguarí. Ante tan infausta noticia, citando el parte del propio Velasco, Chaves, informa que "...17 buques se cargaron de hombres y propiedades, todo era llanto y congoja, las personas que no podían embarcarse se internaban en los bosques". Los que se embarcaron fueron los miembros del Cabildo y sus familias con bienes por un total de un millón de pesos.
A la tarde llega un nuevo emisario que da la noticia de la victoria de los criollos paraguayos, con lo cual los que se habían embarcado, desembarcaron con todos sus bienes.
Además de repeler al ejército invasor, en Paraguarí se produjo la pérdida del prestigio que aún le quedaba a un soldado veterano como Velasco. Ese prestigio en las circunstancias en la en la cual se encontraba la monarquía española era más que capital para mantener la fidelidad de la Intendencia del Paraguay. En ese sentido tiene algo de razón el historiador paraguayo Julio César Chaves, cuando afirma que " ... en Paraguarí ya ha caído el poder español...".
Luego de Paraguarí no se pudo perseguir al ejército de Belgrano, por la falta de una dirección clave, pues el comandante principal se encontraba ausente del campo de batalla.

LA BATALLA DE TACUARY
A medida que el ejército de Belgrano iba marchando hacia el Río Paraná, era perseguido por la vanguardia paraguaya al mando de Fulgencio Yegros, en las semanas que siguieron el jefe de la partida más avanzada Antonio Tomás Yegros intercambió correspondencia con el Vocal Belgrano e incluso parlamentó con él llevando correspondencia del Teniente Coronel Cavañas.
El plan de Velasco en cumplimiento de las instrucciones recibidas de Vigodet desde Montevideo era aislar a las tropas de Buenos Aires, con el apoyo de tropas portuguesas, es así que son constantes las comunicaciones entre Velasco y Cavañas con el General Diego de Souza, gobernador de Río Grande del Sur. Además se ordenó la ocupación de Corrientes por parte de las tropas realistas del Paraguay.
En los primeros días del mes de marzo de 1811, ambos ejércitos se encuentran frente a frente con el río Tacuary de por medio. Afirma Moreno que Cavañas solicitó refuerzos al Gobernador Velasco, pues sus tropas eran sólo mil hombres y siete piezas de artillería. El refuerzo remitido por Velasco estuvo compuesto por cuatrocientos soldados y tres piezas de artillería comandadas por Juan Manuel Gamarra y Pascual Urdapilleta.
Cavañas planea rodear a Belgrano en su posición, para ello ordena construir un puente a una legua más arriba del campamento del ejército de Buenos Aires. El encargado de construir el puente es el comandante Luis Caballero, quien fallece por el esfuerzo físico realizado para cumplir con la orden de Cavañas. Luis Caballero es el padre de Pedro Juan Caballero. El dirigió el ataque por ese flanco y el Comandante de Escuadrón Juan Manuel Gamarra tuvieron que atravesar pantanos para lograr rodear a las tropas de Belgrano.
Las tropas que debían hacer el movimiento envolvente eran cuatro cañones y ciento doce fusileros además de la caballería que tan sólo contaba con 80 carabinas.
Para evitar la confusión ocurrida en Paraguarí, las tropas llevarían un ramito de laurel en el sombrero y una cruz de palma en el pecho relata Fulgencio R. Moreno. La batalla se libró el 9 de marzo de 1811.
Para detener a la columna de Gamarra, fue destinado parte de las tropas comandadas por Belgrano el Teniente Coronel Machaín.
El plan de Batalla presentado fue el siguiente, en el centro una parte de la artillería estaba comandada por el capitán Antonio Zavala, con la protección de la tercera compañía al mando de García, en el ala izquierda se encontraba el Teniente Coronel Miguel Felíu con parte de la artillería protegidos por la compañía a1 mando del capitán Pedro Juan Caballero y la cuarta compañía a1 mando de José Mariano Recalde.
En el sector derecho se encontraba el resto de la artillería bajo las órdenes de Francisco Guerreros apoyados por la 2da compañía comandada por Antonio Tomás Yegros y la infantería de Blas José de Rojas. Los lanceros estaban comandados por Fulgencio Yegros y la caballería por Gamarra.
Belgrano se quedó con sólo doscientos cincuenta hombres tratando de atajar el ataque.
Cavañas le intima a Belgrano a través de un emisario para que se rinda, si no quiere ser pasado a cuchillo junto a sus hombres. La respuesta de Belgrano fue que las armas de Fernando VII no se rinden.
Finalmente luego de seis horas de combate, ya sin suficiente municiones de cañón, Cavañas acepta el armisticio propuesto por Belgrano quien pese a estar rodeado tenía aun pertrechos para sus cañones.
Los principales jefes paraguayos no estuvieron de acuerdo con dar la capitulación, pero finalmente Cavañas tomó la decisión.
Al día siguiente el 10 de marzo, Belgrano inicia el repaso del río Paraná, durante una legua las tropas de Cavañas acompañaron a las huestes derrotadas de Belgrano.
La victoria de Tacuary reafirmó el camino autonomista de la Provincia del Paraguay, y nuevamente ratificó el liderazgo de los comandantes criollos.
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LOS CONATOS INDEPENDENTISTAS
Pocas veces, se mencionan a los diversos movimientos que no tuvieron el éxito del plan de mayo de 1811, pero es relevante tenerlos en cuenta no sólo por curiosidad histórica sino para comprender la diversidad de núcleos conspiratorios en la Intendencia del Paraguay. En este sentido seguimos las investigaciones de Carlos R. Centurión sobre esta temática.
El primer grupo conspirador descubierto en septiembre de 1810, mientras se preparaba la defensa de la Provincia ante la eventual agresión de la Junta de Buenos Aires. Este grupo pretendía una vez ocupado el gobierno del Paraguay juraría lealtad a la junta de Buenos Aires, entre los complotados estaban, Gregorio Tadeo de la Cerda, Juan Manuel Grance, Dionisio Cañizá, Pedro Manuel Domeq, Narciso de Echagüe, Santiago de Araoz, José Antonio de Zelada entre otros. Los mismos fueron apresados y confinados al Fuerte Borbón.
El segundo intento conspiratorio fue descubierto el 6 de noviembre de 1810 en la Villa Real de Concepción, se trataba de una peña conspiratoria que buscaba ganar adeptos para el reconocimiento de la soberanía de la junta de Buenos Aires. Del mismo participaron Manuel José Báez y el comerciante porteño José María Aguirre, líderes del movimiento. Otros complotados eran Julián y Juan Manuel de la Villa, Gabriel Benítez, los sacerdotes José Fermín Sarmiento, Nicolás Ibarbalz y Juan Bautista Egusquiza, que fueron detenidos por el delegado José Ramón Pedrueza.
El tercer grupo de complotados estaban encabezados por Manuel Hidalgo y Marcelino Rodríguez, que tenían por objetivo asaltar el cuartel con el objetivo de liberar a los prisioneros de la expedición de Be1grano que se encontraban detenidos en una embarcación surta en la Bahía de Asunción. De este complot participaron Vicente Ignacio Iturbe junto a su hermano Manuel, quienes no fueron molestados por el gobernador Velasco, mientras que Hidalgo y Rodríguez fueron apresados en el Cuartel de la Plaza.
De hecho como consecuencia de estos acontecimientos, el Cabildo de Asunción, remitió a los prisioneros de la expedición de Belgrano a Montevideo. Fueron remitidos en total cerca de doscientos prisioneros el 6 de abril de 1811.

EL CARLOTISMO
Además de la ya complicada situación generada en el Virreinato, no debemos olvidar un elemento más entre las causas de la Independencia del Paraguay, que fue el «carlotismo». Fue conocido con ese nombre al movimiento que incluso tuvo adeptos en el Río de la Plata como en el General Juan Manuel de Goyeneche, impulsado por la infanta Carlota Joaquina, hija de Carlos IV hermana del rey Fernando VII, y esposa del regente de Portugal Don Joao, con quien huyó junto a toda la corte portuguesa a Río de Janeiro, en el Brasil.
Carlota Joaquina, ante los acontecimientos acaecidos en España, mandó cartas y manifiestos proclamando que ella era la legítima soberana -afirma Lucena- pues sostenía que era la única de la familia real que no estaba detenida en Francia y no había abdicado de sus derechos. Pretendió ser coronada como Reina del Río de la Plata y Charcas. Pero las autoridades americanas prefirieron gobernar en nombre de un rey ausente y una sitiada Junta de Sevilla antes que ser gobernados por una infanta que residía en Río de Janeiro. Dicho rechazo provenía de una secular rivalidad contra los lusitanos que habían emprendido diversa jornadas bélicas contra las provincias del Río de la Plata principalmente. Por consejo de los británicos, la infanta Carlota Joaquina no abandonó Río de Janeiro para ir a reclamar sus derechos.
Pero si bien hubo un general rechazo en los criollos americanos, Bernardo de Velasco, aceptó de alguna forma los ofrecimientos carlotistas, que obligaron a los criollos del Paraguay a reaccionar y de esa forma iniciar el proceso que concluiría con la independencia.
Podemos afirmar que es evidente que la posición Carlotista fue la que termino por activar el proceso de independencia del Paraguay, pues el temor a la presencia de los portugueses en la provincia será el principal motivo del aceleramiento del plan conspiraticio, que según algunas fuentes citadas el gobernador Velasco conocía.
Finalmente las pretensiones de la infanta no pudieron concretarse, debido principalmente al contexto de la Guerra contra Napoleón, pues los españoles eran aliados de ingleses y portugueses, y las pretensiones carlotistas podían ser interpretadas como un plan de expansión portugués sobre las posesiones hispanas.
De hecho esa es la interpretación que hicieron los líderes de la independencia paraguaya.

LA REVOLUCIÓN DE MAYO DE 1811
Una vez que Velasco se entera de la victoria de Tacuary se traslada hasta el frente, luego establece su cuartel general en Santa Rosa de las Misiones.
Desde allí Velasco ante el temor de que los criollos decidiesen rebelarse en contra de él, tomó una serie de disposiciones que a saber son desarmar a los criollos, desmovilizar a las milicias, libra órdenes de pago para los oficiales y soldados que deben trasladarse a Asunción para cobrar su emolumentos. Cavañas y Gamarra son dejados sin mando efectivo, sólo el Teniente Coronel Fulgencio Yegros queda como Teniente de Gobernador de las Misiones y Comandante de las fuerzas del sur.
Por otra parte, Velasco envió engrillados a Asunción a los oficiales del ejército que fueron hechos prisioneros, así mismo a la tropa los mantuvo en la bodega de un bergantín surto en la Bahía de Asunción en condiciones totalmente inapropiadas y lejos de las condiciones a la que se habían comprometido los jefes paraguayos en la batalla de Tacuary.
Dichos prisioneros fueron enviados por el Cabildo de Asunción al Virrey Elio en Montevideo el 6 de abril de 1811, luego de descubrirse el intento de liberarlos. Fueron enviados trece oficiales, y ciento noventa y cinco sargentos, cabos y soldados en la Polacra Nuestra Señora del Rosario. Dicha expedición le salió a la Real Hacienda más de 1300 pesos.
Los oficiales que fueron desmovilizados están decididos a derrocar al gobierno de Velasco, quien recibió las felicitaciones desde el Brasil del General Diego de Souza, quien en cumplimiento de las pretensiones carlotistas ofreció su colaboración al gobernador del Paraguay.
Pero no sólo Souza apoya a Velasco, desde Montevideo el Virrey Elio envió armamento y pertrechos así como una pequeña flota la cual permita que la comunicación entre ambas provincias se mantenga a pesar de los esfuerzos de Buenos Aires de que no sea así.
Además al mando de Jaime Ferrer zarpó una flota desde Asunción, que llegó a Corrientes el 7 de abril de 1811. Con la presencia de la flota proveniente de Montevideo el 17 de abril, Ferrer desembarcó en Corrientes e hizo jurar la fidelidad al Consejo de Regencia, el comandante de las tropas enviadas desde Asunción quedaron bajo la jefatura de Blas José de Rojas.
Eran constantes las reuniones conspiratorias, según Chaves uno de los principales propiciadores fue Fray Fernando Cavallero, quien estuvo presente en los acontecimientos acaecidos en Buenos Aires en mayo de 1810.
El plan original tenía por objetivo levantar las tropas en forma simultánea en Corrientes e Itapúa, así como en las Cordilleras ajo el mando de Rojas, Yegros y Cavañas.
Pero dicho plan no se cumplió pues a fines del mes de abril de 1811, se presentó en Itapúa un emisario del General Diego de Souza, quien traía el ofrecimiento de enviar tropas portuguesas para sustentar el "poder español" en el Paraguay.
El 30 de abril Abreu salió rumbo a Asunción, ciudad a la que llegó el 9 de mayo. El ofrecimiento que traía Abreu era el de ocupar la provincia con mil quinientos soldados portugueses para sostener los derechos legítimos de Fernando VII.
Velasco estaba de acuerdo con someterse a las pretensiones de la infanta Carlota Joaquina, pues consideraba que de esa forma cumpliría con su juramento de obediencia a la monarquía que se encontraba en crisis.
Algunos miembros del Cabildo no estaban de acuerdo con permitir la entrada de las tropas portuguesas, por el peligro que conllevaba dicha presencia.
Ante la ausencia de los líderes del movimiento programado a estallar a fines de mayo, Pedro Juan Caballero y sus compañeros consultan a Fray Fernando Caballero lo que debían hacer, ante la noticia de que Abreu abandonaría la ciudad llevando la res-puesta afirmativa de Velasco y el Cabildo de aceptar el ingreso de las tropas portuguesas a la Provincia.
Tanto Efraím Cardozo como otros autores coinciden en dar un rol destacado en el planeamiento de los sucesos del 15 de mayo, al Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia.
A las 10 de la noche del 14 de mayo, los complotados se presentan en el cuartel del Colegio en donde Mauricio José Troche y sus treinta y cuatro curuguateños estaban a cargo de la guardia.
Ante la nula resistencia, y los primeros movimientos un grupo de leales al gobernador se reúnen en la Casa de los Gobernadores. Desde allí se comisionó al Comandante Juan Manuel Gamarra para que averiguase qué ocurría pero no se le abrió la puerta al héroe de Paraguarí y Tacuary.
En las primeras horas de la madrugada, llegó la primera nota de intimación firmada por el capitán Pedro Juan Caballero, en ella se le exigía al Gobernador la entrega de las llaves de la tesorería del Cabildo así como también todo el armamento disponible en la provincia. Además continuará en el gobierno en forma conjunta con dos diputados designados por el Cuartel hasta tanto se resuelva en una junta General el destino de la provincia. La movilización era clara, no se sacrificaron las tropas para entregarse a una potencia extranjera, Portugal, por tal motivo querían tomar ellos la decisión que mejor convenga a sus intereses.
La respuesta fue bastante ambigua, se intentó tomar el Cuartel del Colegio con el cuerpo de Miñones y unos cuantos civiles que los apoyaron pero ante el tiroteo se dispersaron, con lo que el intento de resistir por la fuerza se vio desbaratado.
A la mañana las tropas salieron del Cuartel y colocaron seis piezas de artillería apuntando dos de ellas a la Casa de los Gobernadores, nuevamente es intimado Velasco, quien intenta mediante el obispo que los conjurados depongan su actitud. Ante la inminencia del ataque Velasco entrega el poder y procede a cumplir las demandas exigidas por el Cuartel. En la mañana del 15 de mayo, Velasco entrega las llaves de la casa de gobierno y de las Casas capitulares al Capitán Pedro Juan Caballero.
Esa misma tarde Velasco mediante un bando establece el toque de queda a partir de las 9 de la noche y prohíbe que tres o más personas se reúnan.

LOS CONSOCIOS DEL GOBIERNO
El día 16 de mayo el Cuartel designó a los dos Consocios del Gobierno que acompañarían a Velasco en el gobierno de la Intendencia hasta tanto se convoque a una junta General que resuelva la forma de gobierno más pertinente a los intereses de la Provincia.
Fueron designados como tales diputados el Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y el capitán Juan Valeriano Zeballos, ambos habían sido Alcaldes de Primer Voto por lo que tenían suficiente experiencia en los negocios públicos, además de contar con la simpatía de los oficiales del cuartel, ambas figuras eran respetadas.
El objetivo básico de dicho gobierno era de convocar a una junta General como la que se había reunido el año pasado, así como también mantener en calma a la población en general.
Una de las primeras medidas fue la de convocar a los diversos diputados de las Villas y Poblaciones así como organizar dicha Junta.
Además entre sus principales disposiciones podemos destacar la orden dada al comandante Rojas para que desocupe la ciudad de Corrientes, con el objetivo de demostrar un ejemplo de moderación y generosidad de la Provincia del Paraguay.

LA ELECCIÓN DE LOS DIPUTADOS
El 28 de mayo de 1811 el gobernador Velasco y sus dos consocios junto con el comandante del Cuartel General, remitieron convocatorias a los principales vecinos y a las corporaciones de la ciudad de Asunción (Cabildo Secular y Cabildo Eclesiástico) así como a las distintas Villas y Poblaciones principales. En la misma se mencionaba que el fin de dicha Junta consistía en "... establecer el régimen y gobierno que deba observarse en adelante y cimentar la forma de unión y relaciones que esta Provincia haya de tener con la de Buenos Aires".
La esquela en la que se ordenaba al Comandante de la Villa Real de Concepción, Teniente Francisco de Quevedo la elección de un diputado estaba firmada solamente por Rodríguez de Francia y Zeballos. En dicho documento se refería que "... para su cumplimiento disponga se convoque inmediatamente a los vecinos principales de esa Villa, y que a pluralidad de voto cuya discordia en caso de igualdad, deberá Vuecencia dirimirla, elijan un Diputado de ese mismo vecindario..."
La elección del diputado de la Villa Real de Concepción se realizó el 8 de junio de 1811. Del acto participaron treinta y nueve vecinos principales, en su mayoría funcionarios reales y jefes de las milicias. La votación resultó en paridad para Don Juan Manuel Gamarra y don José Miguel de Ibáñez, por lo que el Teniente Quevedo dirimió a favor de Juan Manuel Gamarra.
En la Villa de San Pedro de Ycuamandiyú, el acto se realizó el 11 de junio. De dicha asamblea participaron " los vecinos más antiguos de esta Población y los más ameritados por sus antiguos y fieles servicios en este Cuerpo de Guardia". Los diez y nueve vecinos unánimemente eligieron como a su representante al Teniente Reformado de Urbanos Don José Antonio Ibáñez. En la Villa del Rosario de Cuarepotí, fueron veinte y cuatro electores que designaron como Diputado al Capitán Don Pedro Regalado Martínez.
Con dicha medida si bien fueron pocas las poblaciones que pudieron elegir a sus diputados, pero de alguna forma dicho derecho otorgado bajo el régimen antiguo, pues solo eran electores los vecinos principales, a lo largo de los primeros años del proceso dicho derecho a sufragar será ampliado considerablemente.
Los representantes de las Corporaciones fueron invitados de acuerdo a su cargo, pero sólo cuatro españoles peninsulares participarían de la junta General del 17 de junio de 1811.

LA DEPOSICIÓN DE VELASCO
Bernardo de Velasco aceptó la imposición de las tropas del Cuartel, de gobernar en forma conjunta con dos asociados. Pero a pesar de dicha aceptación, el siguió manteniendo los contactos con los portugueses. De hecho un válido suyo, Carlos Genovés quien fue el que condujo a los prisioneros del ejército de Belgrano a Montevideo, le envió una carta en la cual recomienda que siga con sus contactos portugueses, no sólo con Río Grande sino también con los de Mato Grosso, y de esa forma recuperar para la corona española el dominio de la América del Sur.
Ante dichas pruebas irrefutables, tanto Velasco como los miembros del Cabildo de Asunción fueron detenidos en el Cuartel el 9 de junio de 1811, por lo tanto en un Bando publicado en la Ciudad por el capitán Pedro Juan Caballero y los demás oficiales sostenían que "No ha habido ni habrá un verdadero Patriota, que no se sienta horrorizado al oír y comprender la enorme criminalidad, que descubre tan execrable lenguaje. Este modo desconocido e inepto que sin otro oficio, mérito, ni carrera que lo de un vulgar escribiente, por una consecuencia del poder abusivo y de la arbitrariedad y despotismo de un gobierno desastroso [...], para que Don Bernardo Velasco, él, y sus viles parciales y colgados tiranos de la libertad de la Patria sean los Reyes de esta parte de la América. Pero es preciso explicar la verdad y mirar las cosas en su verdadero punto de vista".
A partir de dicha fecha hasta el 17 de junio el gobierno quedó a cargo de los dos consocios Zeballos y Francia, este binomio fue realmente el primer gobierno propiamente paraguayo, cuyo origen se encontraba en la elección de los oficiales del Cuartel revolucionario, comandados por el capitán Pedro Juan Caballero.
En una carta a la Junta de Buenos Aires fechada el 12 de febrero de 1812, la Junta del Paraguay manifiesta "No tanto por temor de que Don Bernardo de Velasco sea capaz de maquinar cosa alguna contra nuestro sistema [...] cuanto por sepultar las remotas esperanzas de sus allegados y desembarazarnos de su persona, cuya existencia en el Cuartel es gravosa hemos determinado en remitirlo hasta Santa Fe para que desde allí se sirva destinarlo a un lugar..."
Menciona que la remisión se realizará en un bote con su equipaje y un esclavo que poseía, creemos que dicha remisión finalmente no se realizó. ¿Cuál fue el destino de don Bernardo de Velasco?
La respuesta es realmente un misterio, en este sentido una aproximación sobre el final del último gobernador español del Paraguay nos lo da la historiadora paraguaya María Graciela Monte de López de Moreira quien afirma que Velasco posiblemente quedó a vivir en el Paraguay e incluso que seguía con vida en 1822.
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Fuente: EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA
DEL PARAGUAY 1780-1813

Por HERIB CABALLERO CAMPOS
© Editorial El Lector,
Asunción – Paraguay 2010.
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