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jueves, 6 de enero de 2011

GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ - VARGAS LLOSA: ¡PREMIO NOBEL VERSUS PREMIO "NOBLE"! / Fuente: www.elanotadordegilberto.blogspot.com - Registro: Enero 2011.




VARGAS LLOSA: ¡PREMIO NOBEL VERSUS PREMIO "NOBLE"!
Ensayo de GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ


En estos días, le bromeaba a mi amigo escritor Carlos Rigel que era preferible ganar un premio "noble", en alusión al certamen de Clarín en el que había participado, antes de obtener de la forma que obtuvo Vargas Llosa el Premio Nobel, más allá de sus posibles méritos literarios, estrictamente por su labor política o trabajo sucio a favor de los centros de poder unipolar. Con su trillada cantinela de defensor de la democracia liberal, entendida el sistema que nos viene expoliando a través de los siglos, su célebre sonrisa que ostenta los molares de dinosaurios o dentadura robada a la saqueada boca de Onetti, según el propio autor de LOS CACHORROS.

Con su cipayismo ilustrado, profesor privilegiado en las universidades norteamericanas, oh casualidad, desde donde surge su "pensamiento único" en formas periodisticas y literarias para ser distribuidas y publicadas globalmente en cadena de diarios que tiene por base a Miami y respaldada férreamente por la SIP. Vargas Llosa y su cachorro Alvaro, autor del MANUAL DEL PERFECTO IDIOTA LATINOAMERICANO, trabajan para la corona y reciben la paga por medio de los premios que ya se agotaron para el pergeñador de LA TÍA JULIA Y EL ESCRIBIDOR, no le queda nada por ganar, ya se embolsó todo, también el Cervantes y ahora el Nobel.

Las malas lenguas les llaman, al padre y al hijo, "los pluscuanperfectos idiotas latinoamericanos" por prestarse a denostar a todos aquellos que alguna vez y ahora se hayan propuesto oponerse al designio imperialista, sencillamente. Aunque otros dicen que Varguitas irá por el último premio que le queda por cazar, dentro de la elección de Miss Universo, hacerse acreedor de la corona de Miss sonrisa...

Pero el dato más llamativo que se comentó, a raíz del Premio Nobel, sobre el progenitor de PANTALEÓN Y LAS VISITADORAS fue su condición de púgil, supuestamente demostrada en el rostro de García Márquez y en defensa de su amada esposa. Seguramente, el Gabo cayó en la trampa de este mañoso y famoso escritorzuelo, al insinuar algún galanteo a Patricia Llosa y, respondiendo a un instinto natural de gustar siempre de las primas del amigo, en este caso, chocó contra los celos del Otelo peruano convertido en consorte reincidente e incestuoso de su propia pariente consanguínea.

El año pasado el Nobel de literatura se otorgó a una escritora de la ex Alemania democrática, cuyo nombre ya nadie recuerda, para homenajear los 20 años de la caída del bloque socialista y por cantar la supuesta muerte del comunismo. Todos recordarán, el de la Paz fue destinado a Obama, presidente del país que más armas produce y utiliza como amo de todas las guerras. Al recibir el premio, sin ruborizarse siquiera, anunció que enviará más soldados a Afganistán y que la única o muchas veces "la paz se defiende con la guerra". Si las gallinas fueran suecas, el Nobel de la Paz le hubieran otorgado al zorro que tanto les protege, que al recibir el premio el galardonado hubiera anunciado que seguirá comiendo a las gallinas porque la única o muchas veces la mejor manera de cuidarlas es comiéndolas.
En 2010, asistimos la premiación a un heraldo que trabaja anunciando la muerte de la liberación posible del imperio yanqui y pregona el neoliberalismo, cínicamente, como la restauración del conservadorismo, con golpes de estado incluidos como el de Honduras, pero en "formas revolucionarias" y lejos de "todo autoritarismo" según entiende el Pentágono.

La última vez que visitó Buenos Aires, a Vargas Llosa alguien le gritó: ¡Cortáte el piolín de tu máscara, Malinche travestido!

Registro: Enero 2011.

miércoles, 28 de julio de 2010

GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ - CANTOS DE MEMORIA POPULAR / Fuente: POEMAS Y CANCIONES DE AMOR Y LIBERTAD


CANTOS DE MEMORIA POPULAR
Poesías de:
(Enlace a datos bográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
.
CANTOS DE MEMORIA POPULAR

Canto / 1
En el principio mi pueblo vagaba
por el inmenso continente verde,
teniendo la libertad y la suerte
de no tener fronteras ni murallas.

Frutas dulces y mieles recogían,
labraban la tierra y rogaban al sol;
no conocían el hambre ni dolor,
con la Conquista vinieron un día.

Pero no pudieron matar al amor
y tampoco borraron la memoria.
Retoñaron de a poco la gloria
de combatir como ellos con valor.

Luego comenzaron los padeceres
y murieron millones de guerreros;
mujeres, niños y pueblos enteros;
Arakaré, Lambaré, eran jefes.

Y clavaron la cruz sobre su tierra,
la espada sobre sus cuerpos morenos,
un dios crucificado en madero,
biblia de castigos y recompensas.

Pero no pudieron matar el amor
y tampoco borraron la memoria.
Retoñaron de a poco la gloria
de combatir como ellos con valor.

Canto / 2

El viejo mundo pobló el nuevo,
en nombre de la civilización,
repartiendo progreso y religión,
esclavizando a nuestro pueblo.

Unos huyeron a las montañas,
otros fueron a las reducciones.
Los demás formaron poblaciones,
la patria nació una mañana.

Con pasión comunera
y altivez guaraní, un día
doctor Francia como guía
liberó nuestra bandera.

Y Paraguay fue una criatura,
primero lloró y luego cantó.
Hasta que creció y se plantó
ante los imperios con bravura.

La libertad cubrió la patria,
sembrando alfabetos por doquier,
el pueblo sentado en el poder
y Francia gobernando sin mancha.

Gaspar Rodríguez de Francia,
padre de nuestro Paraguay,
dejó pan, tierra y libertad
al pueblo que le dio su confianza.

Canto / 3

El doctor Francia rompió las cadenas
y la patria dejó de ser colonia.
Los apátridas tuvieron condenas
y Carlos Antonio inició su obra.

El pueblo libre y alfabetizado,
aró en el horizonte su idea
y con sangre su tricolor ha izado,
para siempre como un sol que flamea.

Paraguay no tenía más fronteras
que la que demarca la libertad,
y no defendía otras banderas
que los sueños del pueblo y su verdad.

El territorio era de maíz
y un ferrocarril lo transitaba.
Astillero tenía el país,
fundición de hierro y se armaba.

Todas las tierras eran del pueblo,
la escuela y la universidad.
Don Carlos tenia el gran sueño:
llenar al Paraguay de dignidad.

Paraguay no tenía más fronteras
que la que demarca la libertad,
y no defendía otras banderas
que los sueños del pueblo y su verdad.

Canto / 4

Paraguay estaba en pleno vuelo,
conquistando sueños de alegría,
expandiendo auroras cada día
y el Mariscal avanzando resuelto.

El águila acechaba a la paloma,
los serviles gavilanes del plata
ya tenían afiladas las garras,
tres caínes en alianza alevosa.

Y se echaron fieros sobre el ejemplo
de libertad sobre todas las cosas,
de dignidad con fusiles y rosas:
pueblo donde la lucha tiene templo.

Millón de hombres, niños y mujeres
entregando todo como ofrenda,
vida heroica con sangre violenta
y resistiendo todos los crímenes.

La liberación fue enterrada viva
y a un siglo está resucitando.
A López lo siguen asesinando
y la libertad nuevamente grita.
.
Y se echaron fieros sobre el ejemplo
de libertad sobre todas las cosas,
de dignidad con fusiles y rosas:
pueblo donde la lucha tiene templo.

Canto / 5

No quedó piedra sobre piedra,
sino campos de niños muertos,
hombres caídos tras los sueños
y las heroicas residentas.

Sobre escombros los legionarios
y aliadas levantaron banderas,
coloreadas y perversas,
sirvientas de los sanguinarios.

Desde entonces la guerra entre hermanos,
sobre cada muerte flamea un color,
cada color turnando su dictador
y el pueblo sobrevivió desangrado.

Y llamaron al exterminio
civilización y progreso,
dejando al Paraguay preso,
a los pies del imperialismo.

Y desfilaron los presidentes
rematando tierras y cosas,
rellenando tumbas y fosas
del pueblo que venció la muerte.

Desde entonces la guerra entre hermanos,
sobre cada muerte flamea un color,
cada color turnando su dictador
y el pueblo sobrevivió desangrado.

Canto / 6

Entre cuartelazos y cuartelazos,
golpes militares y palaciegos;
entre asonadas y levantamientos
marcha el pueblo entre balazos.

Entre conspiraciones y motines,
farsas elecciones y nuevos jefes;
y se repetía la historia siempre
como los tristes cuentos infantiles.

El pueblo haciendo de carne de cañón,
que sacó mbyky y puku por el gobierno;
desangrando porque sí al pueblo indefenso,
en décadas donde reinó la sinrazón.

Los partidos cumpliendo su misión,
desterrando al que no quiere morir,
condenando al que no quiere partir,
a ser personero de la traición.

Y la sangre no paraba de llover,
tiñendo de azul y rojo la patria;
sin que el pueblo tuviera esperanza
de que llegue el día de tener poder.

El pueblo haciendo de carne de cañón,
que sacó mbyky y puku por el gobierno;
desangrando porque sí al pueblo indefenso,
en décadas donde reinó la sinrazón.

Canto / 7

Dos águilas eran esta vez,
sobrevolando el gran Chaco,
avizorando el atraco
de Caín a su hermano Abel.

Dos empresas eran, yanki e inglés,
soñando en el oro negro,
regaron con sangre el desierto,
ganancia para la Esso y la Shell.

Dos hermanos contra sí se levantaron,
les dieron armas y aprendieron a matar,
sembraron de tumbas el Chaco Boreal;
Paraguay y Bolivia se desangraron.

Dos pueblos para un mismo dolor,
paraguayos y bolivianos
regalando cruces en vano,
los muertos haciendo combustión.

Dos imperios tras un negocio,
inventar guerras, vender armas,
encontrar naciones hermanas
que den petróleo y compren odio.

Dos hermanos contra sí se levantaron,
les dieron armas y aprendieron a matar,
sembraron de tumbas el Chaco Boreal;
Paraguay y Bolivia se desangraron.

Canto / 8

Volvieron victoriosos
del campo de batalla
y no encontraron nada
a cambio del sufrimiento.

Lo que ganaron en guerra
perdieron en negociación,
por eso la Revolución
de Febrero y la esperanza.

Revolución de Febrero
desenterró al Mariscal,
devolviendo al Paraguay
su memoria de guerrero.

Después de la pesadilla
resurgió por fin el sueño,
para consolar al pueblo
tantas vidas consumidas.

Las promesas eran muchas,
tierra, trabajo y libertad;
democracia y felicidad,
al final de tantas luchas.

Revolución de Febrero
desenterró al Mariscal,
devolviendo al Paraguay
su memoria de guerrero.

Canto / 9

Pasó febrero y un largo otoño
arreció el verdor del pueblo;
deshojó todo sin consuelo
y postergó cualquier retoño.

Nuevos dictadores pasaron
con las aventuras de siempre,
pisoteando a inocentes
y al extranjero se entregaron.

Y como un milagro llegó
la primavera política,
liberando en la práctica
lo que en la ley se prohibió.

Pero no confundir las cosas,
aunque el gobierno decretó
nuestro pueblo lo concretó
la libertad que se gozaba.

Los partidos y sindicatos
crecieron a los cuatro vientos,
agrupaciones, movimientos
y rebeliones en todos lados.

Y como un milagro llegó
la primavera política,
liberando en la práctica
lo que en la ley se prohibió.

Canto / 10

La primavera pasó a ser invierno,
geografía de muertos era la patria,
miles de paraguayos se hicieron parias;
la revolución parió hijos violentos.

Concepción era ombligo del Paraguay,
en Asunción pululaban campesinos;
el dictador se declaró ya vencido
y Perón con su ayuda hizo traicionar.

Revolución del 47,
flores del pueblo acribilladas,
y rebeliones crucificadas
por hordas fascistas coloretes.

La libertad multiplicó montoneras
y levantó en armas hasta a los santos;
pero la represión de sangre y espantos
arrasó con todo, ranchos y capueras.

De la fugaz primavera democrática
pasamos a la larga noche de terror,
donde el tiranosaurio surgió del rencor,
desde entonces la muerte fue sistemática.

Revolución del 47,
flores del pueblo acribilladas,
y rebeliones crucificadas
por hordas fascistas coloretes.

Canto / 11

El pueblo ya conocía todas las brutalidades,
pero jamás imaginó que habría todavía más;
con ejércitos y partidos contaba el mandamás
para sembrar la nación de cruces y calamidades.

Medio país voló espantado como golondrinas,
algunos prefirieron ponerse de pie y enfrentarlo,
otros retornaron armados soñando derrocarlo,
pero el tiranosaurio de los sueños hizo trizas.

El rubio criminal siguió adelante,
torturas, NN y desaparecidos;
usurpando varios períodos seguidos
el poder que robara golpe mediante.

Todos juntos: estudiantes, obreros y campesinos
opusieron dignidad más de tres décadas malditas;
aunque el dictador gobernó con temibles camarillas,
el pueblo siguió sin prisa ni pausa en su camino.

El rubio criminal quiso perpetuarse,
queriendo dejar al hijo putativo
el gobierno en acto conspirativo
y el tiro, por la culata al dispararse.

Canto / 12

Cuando el árbol de la corrupción
sacudía el pueblo con violencia
y empezaba a caer la excrecencia,
el temporal se hizo sublevación.

Pero no se crea que cambió todo,
sólo cayeron las frutas podridas,
quedaron las maduras bien prendidas
y el mismo árbol con ramas y tronco.

Y el refrán se hizo verdad con nosotros:
todo cambió para que nada cambie;
la dictadura pasó, era de antes
y los culpables siempre fueron otros.

La justicia parecía una broma,
los ladrones no serían juzgados
si devuelven partes de lo robado
y si apoyan la democracia ahora.

Los campesinos siguieron sin tierra
y los obreros entregando vidas.
Pero se desnudaron las mentiras:
la lucha del pueblo recién comienza.

La liberación nunca fue regalo,
la explotación un monstruo de papel;
como se dice, la libertad va nacer
«a Dios rezando y con el mazo dando».
.


Fuente:
Editorial El Lector,
Asunción - Paraguay.

martes, 20 de julio de 2010

CATALO BOGADO - ANTES DEL ATARDECER (POEMARIO) / Prólogo: PUÑO Y LETRA de GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ / Texto: POESÍAS DE LA PRIMERA PARTE, GUAIRÁ


ANTES DEL ATARDECER
Poemas de CATALO BOGADO
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
© Catalo Bogado
© Fundación Libre.
Foto de tapa: Roque González Vera.
Composición y Armado: A & C.
Hecho el depósito que marca la ley.
Derecho del autor en U.S.A.: 095-66-9350.
Asunción-Paraguay (197 pp.)
.
“Quemado por la voraz llama de las injusticias, herido por el puntiagudo puñal del techaga´a, condenado a vivir lejos del territorio de sus afectos más hondos, el poeta Catalo Bogado Bordón -nacido en 1955 en Charãrã, hoy Eugenio A. Garay-, se derrama en palabras que trazan su itinerario de artista comprometido con la historia de su tiempo. Subido al tren en el que empieza a ejercer su condición de hombre arrojado al camino, dejando atrás los amados aires de su terruño que mira al Ybytyruzú, recala en Asunción. Después, "oscuro fruto silvestre", como tantos otros campesinos, ancla en el puerto de Buenos Aires. Y de allí, ya andariego consumado, aterriza como inmigrante en New York. Este poemario es el testimonio de quien caminó acompañado permanentemente por un Paraguay desgarrado por el miedo, pero con las puertas siempre abierta a la esperanza y a los sueños. La noche es larga, pero existe la plena certeza de que el amanecer !llegará!. Por eso, en cada situación, su voz se vuelve trueno para reclamar justicia y se convierte en suave aroma de jazmín cuando el amor abre una ventana de dicha a sus días de soledades" - MARIO RUBÉN ÁLVAREZ, Aún otoño de 1996.

A MANERA DE PRÓLOGO
PUÑO Y LETRA
.
a Catalo Bogado
.
Hay puño que parece garrote amenazante
Hay otro que parece capullo de futuro.

Hay letra como escrita con puñal
Hay otra como estampilla con sangre.

Hay puño que sostiene la opresión
Hay otro abierto como el del sembrador.

Hay letra como con sílabas de fuego
Hay otra como hecha con cadenas.

Hay puño cerrado de negra mezquindad
Hay otro que empuña ideales como brasas.

Hay letra como creada para la derrota
Hay otro como forjada con huesos felices.

Hay puño que golpea con vehemencia
Hay otro que acaricia como mariposa.

Hay letra que enreda nuestra lengua
Hay otra que libera nuestro pueblo.

Hay puño que escribe
y letra que acuchilla.

Hay letra que ametralla
y hay puño que resisten en silencio.

Hay puño con simientes
y letra que brota en los surcos.

Hay letra que ofrece consigna
y puño que sostiene una bandera.

Hay hombres que luchan con puño
Hay hombres que luchan con letra.

Y hay otros que luchan con puño y letra.
GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ

PRIMERA PARTE
GUAIRÁ


LLEGÓ LA VIDA
En una aldea guaireña
entre la polvorienta luz
de un abril sereno,
llegó la vida
con el estómago vacío
y el corazón
sediento de ternura
y emociones.

Cimbreando la cintura,
irreverente,
se rió de los sueños de mis abuelos
y bailó alegre
sobre el desvío
y la confusión
de mi madre.

Vive.
Ella (la vida) parece no saber
cuanto durará el vuelo,
los caminos por andar;
el puerto, la hora
y dónde la barca sin rumbo
se estrellará.

¿PARA QUIÉN?
Yo pinto los torbellinos de mi alma
para aquellos que escriben
el cuaderno de la tierra,
con el arado
día tras día...
a los que abren túneles vegetales en los cerros,
como el trueno abre el cielo
para sepultarse en vida, soñando...

Para los obreros de las ciudades
que como yo
teniendo todas las puertas cerradas,
creen en Dios,
y que estando caídos,
marginados y olvidados,
se levantan del abismo
para sostener con grandeza
el estandarte de la justicia.

Para aquellos, quienes carecen de todo
por tener decencia,
A ellos van los torbellinos de mi alma.

EN MI PUEBLO
.
(Llanto en voz baja)
Desde niño llevo los ojos
hirviendo por este mi pueblo.

¡Qué cruel esta noche
que planta, en cada esquina
como árbol, las heridas!

Camino por los ranchos,
sombras de barros y pajas;
busco en los niños (descalzos)
la risa de inocencia, espantado,
solo encuentro llantos viejos
apenas callados.

Lloro por el destino.
Me duele tanto saber
que mañana serán (los niños)
"tristes viajeros sin regreso"...
Oh, tren de las angustias
que buscas el mar,
no quiero mirarte,
se me suben al corazón
las hormigas y
a la garganta
la rabia.

AMANECER
Cara de dormida aún tiene la casa,
en un aire de ensueño sale el campesino
con sus bueyes.

Sus pies esquivan los rastrojos
con intuición despierta.
Su andar es silencioso.
El viento acaricia con delicada ternura
su rostro abandonado de sueño.
Al este arde la aurora, su corazón la explora
y apura los pasos.

DOLORES
.
(Florecerán los labios)
Sí,
quisiera hablar de mis dolores,
porque de ellos hablaron muchas mentes,
hoy calladas a muerte.

Mis dolores son como las agujas bajo las uñas,
vienen de un niño descalzo en el surco,
de un pueblo ultrajado,
de los desterrados,
de los campesinos sin tierra,
vienen del hambre sin boca;
de un suicidio de fe,
de un pensamiento en muralla,
de una ansiedad de luz...

Vienen de los ahogos de ríos,
de una muerte de bosques,
de una ausencia de pájaro,
de una falta de mariposa;
mis dolores, vienen del dolor
de Dios,
de los presos sin proceso,
de las desesperanzas...

Vienen de las torturas nocturnas,
de los cadáveres en los ríos,
y de las proliferaciones de prostíbulos
y líderes corruptos.

¿Habrá un sol sobre esta tiniebla...?
¿Florecerán los labios enterrados
y las mentes derramadas...?
Quizás mañana nuestros hijos
nos den las respuestas.

MI GENTE
A una casa de barro y pajas
en un lugar
donde el viento es fuego,
donde la selva baja al estero,
ellos le llaman... Hogar.

Son los hombres invisibles
que los "señores" se niegan escuchar.

Algunos están "contentos"
otros no.
Algunos recuerdan tiempos mejores
otros tan sólo quieren olvidar...
Algunos ya están viejos,
otros son niños sin porvenir...

Son los fantasmas
que nos acosan con un silencio
en su mirar.
Sus pies desnudos,
en cada paso,
deja una estela de esmeralda...
para enterarnos de su existencia,
pintan de granos y surcos toda la patria.

VAN LOS CAMPESINOS
Como mariposas,
en la brisa serrana,
flotando sobre las briznas mojadas,
con los somnolientos bueyes,
adelantándose al sol,
van los campesinos
a trabajar la tierra del amo.

Seres silenciosos
de manos limpias,
abejas tiernas,
hormigas laboriosas,
fieles;
tus sudores son más codiciados que la miel
y tu inmenso desamparo me es
más amargo que la hiel.

campesinos:
el camino ya está hondo.

Me pregunto:
¿Por qué no levantar la mirada del fango
y cuelguen de la aurora?

¿Por qué no recogen en su sombrero los rayos?
¿Por qué no se mojan de luz
y acomete contra la noche opresora?

TARDE CAMPESINA
Detrás del horizonte
baja suavemente un pomelo de fuego,
el cielo bruñe su azul sedoso.

Oscuros,
de las glebas se alejan pies descalzos,
ellos vuelven sembrando la tarde
de gritos agrios.

Viejas penas marchan con ellos,
con los de los pies descalzos, mientras
el viento obstinado les besan la frente
y la boca llena de tierra.
Entero, el sol aún reverbera
como una aureola
en las espaldas,
ellos vienen sin prisa,
traen los ojos abismados
y al hombro,
colgando de las gastadas azadas,
inútiles esperanzas haraposas.

El crepúsculo se apaga,
en la tapia del rancho
las azadas lanzan sus últimos gemidos del día,
una anciana corre recogiendo su cabello,
es la hora del mate.
Sobre la colina del este
brilla un globo de azúcar.

NIÑO DE MI PAÍS
. Con una cara de guerrero vencido, profundamente dormido está el niño, en la materna cavidad de una batea podrida.
. Duerme, como si nunca despertar quisiera... y dormido se amamanta de sus escuálidos dedos; mientras los insectos se disputan el moco que de su nariz espesamente chorrea.
. Los vecinos dicen que es el retrato vivo del padre que fue torturado y masacrado por haberle dado un vaso de agua a un "subversivo" que andaba por el monte perdido.
. Dormido está el niño, de sus dedos se amamanta, de vez en cuando llora, como si despertar quisiera... cuando la gallina lo picotea.
. Por la semirrota sombra una mariposa danza hasta posarse en la frente del anciano niño dormido... pero, él no se inquieta por nada; y continúa dormido.
. En una mano abierta el amor le quema, y en la otra, cerrada, la piedra del odio crece.
. Como recién salida de una tumba, la madre se le acerca y con sus esqueléticas manos le unta de angustiosa ternura... y el niño se despierta.
. Despierto, tiene los ojos húmedos, grandes, que al hacerse mirada van abriendo una puerta imaginaria que refleja en las pupilas, el miedo trenzado con la esperanza.
. Apoyado en la musgosa sombra de su madre, el niño escudriña el horizonte en donde como un dinosaurio pasta el verdeoscuro misterio que precede al cementerio...
. Molesto por la repentina claridad, baja la cabeza, cierra la puerta que recién abriera y... la sucia tierra se estremece con el diamante salado que gotea de sus ojos envejecidos sin tiempo.



INDICE
A manera de Prólogo (Puño y letra a Catalo Bogado)
PRIMERA PARTE – GUAIRÁ: Llegó la vida / ¿Para quién? / En mi pueblo (Llanto en voz baja) / Amanecer / Dolores (Florecerán los labios) / Mi gente / Van los campesinos / El hijo del campesino y la yarará / Final del día / El abuelo / La abuela / Al Maestro (Dionicio Cabral, compañero de pesca) / Hombre agrario / Encuentro / Profanación / Los silenciados. / Tempestad / Pregunta / Tarde campesina / Horizonte en llama / Niño de ni país / La estatua, el invierno y las palomas / Insurrectos.
SEGUNDA PARTE – ASUNCIÓN: El monstruo, el silencio / El baldío / Balada del canillita muerto / Visión / Hay hombres / Libertad / Una semana histórica / Crónica paraguaya / Huérfana / Lluvia / Hoja de otoño / Hermano (A Hérib Campos Cervera) / Conciencia /Vivir es fácil / Diremos (Tiempo de soñar) / El río / Un tiempo que necesita ser compartido (Tiempo) / Despedida (A la dictadura)
TERCERA PARTE - BUENOS AIRES: Vengo de un pueblo / Patria / Y te esperaban para Navidad (Buenos Aires, diciembre 1976) / Aclaración / Aquí estancos (Aguardando la revolución) / Hora de crepúsculo (A Pablo Neruda) / Solo recuerdos / Fugas / Yo, un oscuro fruto silvestre (Campesino en Buenos Aires) / Destino
CUARTA PARTE - NUEVA YORK: Los hombres del sur (Ilegales en USA) / Hermano humano / Ha de estar mi niñez esperándome, deteniendo cada tren que pasa / Fragmento de la pesadilla de José (Pintor salvadoreño) / Como los hombres, las hojas (A orillas del Central Park) / Navegantes (A Denise Soffel) / Testamento / Reflexión / Viento sin regreso / Letargo del inmigrante / Vencido / Pesadilla / Desencanto / New York, New York (Pequeña semblanza de Manhattan) / El sumergido / Viviendo por vivir / La guerra (New York, junio de 1982) / Regreso / Color humano / Al mes de Febrero de 1989 / Será otro día / Allá en mi pueblo al sonar la campana irte estarán esperando / El final de lo gris / Oda a la muerte / Elegía (A Sebastián Larrosa)
QUINTA PARTE - DE AMOR Y ELEGÍAS: Recuerdo de adolescencia / Tengo ganas de gritarte / Declaración / El enamorado entusiasta (Poema Gua´i) / Mujer / Primer acto (Recuerdo de inocencia) / A los jazmines tibios / A tu ausencia / Compañera / Tomaré el camino que envejece sin tiempo / Elegía a una compañera / Soledad, nadie como tú / Sobre el papel como de la almohada / En la ventana empieza el camino / Amiga / Círculo mental / Llévame / Cosas de otoño / Mal tiempo / Ultima cita con la soledad / Cuando ya no esté / Desengaño.
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

viernes, 16 de julio de 2010

GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ - EL MALEFICIO (RELATO) / Fuente: EL MALEFICIO Y OTRAS MALDADES DEL MUNDO


EL MALEFICIO
Relato de
GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

.
EL MALEFICIO
.
“La desgraciada
estirpe que agoniza sin hogar
en la tierra como en el cielo”. (Tabaré)
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN
.
El día tan anunciado pero temido había llegado.
El pueblo hubiera querido ser escuchado por las autoridades. La intención de tomar por la fuerza el reducto sagrado de los Mbyá que trae la comitiva militar desde Asunción, nadie podría recomendar por la consecuencia que acarrearía al pueblo. Porque los memoriosos de Tatakua cuentan que sus antepasados refirieron que, cuando en 1848 el presidente del Paraguay don Carlos Antonio López nacionalizó las tierras con sus habitantes y legalizó su arrendamiento, se había producido un episodio muy similar. A raíz del levantamiento indígena, don Carlos se vio en la obligación de enviar una comitiva de apaciguamiento de los indios, consistente en abundante provisión de comida y fuerza militar, ante la situación de que los lugares sagrados y santuarios Mbyá fueron usurpados por algunos arrendatarios.
Entonces también los indios respondieron con la hechicería, sometiendo a la gente bajo el poder mágico del Payé de la tribu, cuyos efectos se podía observar en el embeleso colectivo de los habitantes de Tupärenda, lugar de Dios, donde fue usurpado por un terrateniente el pequeño cerro considerado altar de los hijos-dioses de Ñande Ru, padre primigenio. Pero la incredulidad de entonces como la de ahora, ante los malos presagios del chamán, resultan idénticas y vuelven más poderosa a la angurria de los terratenientes, como auténticos Yvymoñái, ogros de la tierra, y enceguecidos por la ambición no veían la necesidad de tomar precauciones ni llevar en cuenta semejante amenaza de convertir a todos en animales, mientras dure la violación del lugar sagrado.
El plan de desalojar a los indios de las tierras supuesta-mente usurpadas siguió su curso, que según la Ley de Catastro Nacional exige un título de propiedad para ser dueño de una parcela y quien lo exhiba tiene derecho a ocupar su predio en forma inmediata y legalmente. Nada ni nadie pudo persuadir a los responsables del operativo, la tribu fue expulsada del territorio que ocupaba desde tiempos remotos. Los Mbyá, una de las etnias guaraníes más reacia e indomable a la influencia occidental y conquistadora a través de los siglos, descendiente directa de los monteses primitivos y originaria del mítico Guairá que los jesuitas no pudieron someter a sus Reducciones. El sitio profanado había sido elegido por los cuatro dioses protectores de los Mbyá que provenían del Yvy Mbyté, centro de la tierra
y patria mítica, para vivir al pie del cerro Yvypuruä, ombligo de la tierra.
Ante el inminente desenlace, el mburuvicha Arakatu, cacique o jefe comunitario cuyo nombre significa el poder de la sabiduría del tiempo en guaraní, rodeado de otras autoridades y colaboradores de la tribu, entre otros, del Gran Hechicero Japorendy, el Hacedor Iluminado, y jefes guerreros como Yvytupo, la mano del viento, y Hu'ysyjara, dueño de la flecha madre, advirtió duramente a las autoridades represoras sobre la inevitable consecuencia que ocasionaría al pueblo, la necia decisión de desalojar a su gente del último reducto sagrado que conservaban en el Distrito de Tatakua. Explicó Arakatu que no se debía alborotar ni perturbar el sitio donde depositara el Creador la vara-insignia, símbolo del poder de Ñande Ru, el Padre Absoluto, con la cual creó la esencia del alma que es el lenguaje y creó también con ella los dioses que llevarían luego a la tierra el alma de los hombres. Aunque las autoridades parecían escuchar sin darle importancia al Cacique la sarta de nombres y aseveraciones en su idioma más ininteligible, éste proseguía con su prédica cosmogónica e iba presentando a las otras divinidades menores. Karaí, dueño del fuego, a quien mandó el Padre Absoluto que "vigilara aquello que ha de producir el ruido de crepitar de las llamas"; Jakaira, dueño de la sabiduría y poder para conjurar los maleficios, a quien ordenó que "vigilara la fuente de la neblina vivificante que engendra las palabras inspiradas"; Tupä, dueño de las lluvias, del trueno y del rayo, a quien dispuso que "vigilara los ríos y el extenso mar y sus ramificaciones en su totalidad"; Ñamandu, dios del sol, a quien encargó que "con la fuente de luz de su corazón y el sol, para que en toda la extensión de la tierra y el firmamento no hubiera nada que escapase a su vista". Dijo también que la tierra se sustentaba sobre cuatro columnas que constituían las varas-insignias y que moviendo cualquiera de ellas haría perder la estabilidad al suelo y al cielo.
Pero la férrea dictadura del gobierno de Stroessner, ya hacia el ocaso de su poder, había enviado a sus más insufribles esbirros para usurpar las tierras demarcadas por la Ley de Catastro, un cuerpo especial denominado "pará paraí", por el color de su uniforme de camuflaje, entrenado para guerra de guerrillas e insurgencia armada por instructores norteamericanos, que en la ocasión se hicieron acompañar por los elementos más fanáticos de la clase política pueblerina. A diferencia de otras oportunidades que las autoridades policiales y políticas se acercaron a los ranchos de los Mbyá, éstos los esperaban ataviados para la guerra, exhibiendo los hombres tatuajes en rojo y negro en el cuerpo y flechas decoradas y envenenadas al por mayor en su espalda, sin niños ni mujeres a la vista, como esperando ser atacados para responder. Pero aquellas visitas no eran sino con objeto de intimidación o anticipatorio de lo que vendría más adelante inexorablemente. Aunque esta vez, Arakatu, tal vez como táctica, mandó desatar las bolsas de ropa usada que habían recibido de una congregación de Hermanos Franciscanos, repartió a toda la comunidad para que se vistieran con ella y pudiesen esperar elegantes a los represores.
- Oú ñande piari, ñañemondé aó morotïme, jajogua-haguä chupekuéra, ikatu upéicha mba'e ñande poriahu rereko -vienen por nosotros, vistámonos para que nos vean como sus semejantes, tal vez así sientan conmiseración-dijo el cacique algo apesadumbrado ante la inminencia de la llegada del ejército y sus acompañantes.
Cuando llegó el contingente se sorprendió de no encontrar a ningún indio haraposo ni harapiento, nadie con chiripá ni corona de plumas de arapacha o guacamayo. Todos estaban disfrazados de Juruá, así llaman los Mbyá a los blancos, como decía Arakatu, los niños bien peinados vestían pantalones con tirador que parecían recién llegados de Chicago o alguna otra ciudad del norte americano. Quizás la ropa que recibieron provenía de Caritas u otras organizaciones llamadas no gubernamentales pero funcionales a las gubernamentales. Las mujeres lucían vestidos ceñidos al cuerpo con aire de última moda, cuya elegancia no podía disimular lo grotesco. Los hombres, en pleno verano que rondaba los 40 grados, con pulóveres tejidos para frío de bajo cero, olvidándose o desconociendo que antes debían vestir una camisa o algo liviano. La jauría de perros famélicos fue llevada al medio del monte para no ladrar e inquietar siquiera el ambiente pacífico que oponía a la decidida y brutal represión que presentía Arakatu. Pero los indígenas ya estaban acostumbrados a recibir amenazas y ser amedrentados, en ningún momento mostraron miedo ni deseo de abandonar las tierras que ocuparon sus ancestros a través de los siglos y milenios. Antes de comenzar el atropello militar, el Cacique se había explayado sobre el fundamento religioso de su comunidad y el derecho irrenunciable a permanecer en Tupärenda. Igualmente las autoridades a su turno expusieron sus argumentos jurídicos y, entre forcejeos, hubo un intenso intercambio de puntos de vista.
- Para ser el verdadero dueño de la propiedad hace falta el título -dijo el oficial de justicia al líder natural que llevaba la voz de oposición y resistencia.
- Es lo único que Uds. tienen, un papel que hicieron que dice que un fulano de tal es el dueño, por lo demás... no hay nada -respondió desafiante el nativo que se identificó como Cacique y responsable del grupo humano que le apoyaba en silencio pero activamente.
- Qué se entiende por lo demás, la propiedad hay que respetarla -reiteró el representante de la justicia casi irónicamente.
- Lo que hay que respetar es a la tierra, cuidándola y no destrozándola, como hacen los llamados propietarios, arrancándole sus árboles, quemándole sus campos, arándole sus valles, cerrándole el paso a sus ríos, echándole a sus hijos que somos nosotros... -decía cuando uno de la comitiva disparó un tiro al aire como para interrumpir el razonamiento formidable del indígena.
- No hemos venido a escuchar su opinión karaí Cacique, venimos a hacer cumplir la ley y punto... -arremetió una vez más el representante judicial, llamándolo despectivamente "señor" en guaraní, e indicó al jefe de los milicos a iniciar el procedimiento sin contemplación alguna.
Desde tiempos inmemoriales los Mbyá venían habitando el caserío llamado Tupärenda, hábitat de dios, hasta que llegaron los militares de Asunción, trayendo supuestos títulos en sus manos, acompañados por los políticos tatakueños, se acercaron a los Mbyá y les intimaron con hipocresía, al principio, pero sabiendo de antemano que no tendrían a dónde ir y que quedaban pocos montes para habitar. Pero la avaricia de los mandamás de la capital no supo de límites y procedieron violentamente al desalojo; que-mando uno a uno los precarios ranchos de palmera; esposando y amaniatando a los hombres que no habían opuesto resistencia; rodeando a las mujeres como si pudieran perpetrar de un momento a otro una matanza a los miembros de la poderosa fuerza; en medio de llantos y griterío de los niños, arriaron a los que no fueron apresados hacia las profundidades de la selva, para luego dejarlos a la deriva y que no puedan retornar nunca a Tupärenda.

“La tierra es sagrada desde siempre, la propiedad es una ley inventada para robarnos el lugar de nuestra existencia. Tierra y existencia para nosotros es la misma cosa, al quitarnos la tierra nos dejan sin vida”. El único que hablaba sin parar era Arakatu, y cada vez que lo hacía recibía en la espalda un culatazo del jefe militar, pero seguía advirtiendo que traería al pueblo un castigo de difícil reparación por violentar los designios de los Verdaderos Padres de las palabras-almas, que nunca descuidaron la morada terrenal de aquellos a quienes habían provisto de Ñe'ë Pará, palabras sagradas de los dioses; y que éstos lo último que hubieran perdonado era el haber sido alambrado Yvypuruä, que hacía miles de años fue elegido por las divinidades protectoras y utilizado por sus adoradores para rendirles culto.
La profecía indígena no se hizo esperar, a los pocos días en Tatakuá algo insólito había comenzado a ocurrir: una mutación profunda en el ser de las personas. Mucha gente amaneció sin habla, como si nunca hubieran hablado, adoptando un comportamiento absolutamente desconcertante.
Como por obra de magia y simulando un juego infantil con representaciones grotescas de animales, los habitantes de Tatakua se convirtieron en descontrolados seres irracionales. Unos gruñían como bichos desconocidos, otros bufaban en vez de hablar, algunos ladraban y aullaban. No faltaron quienes maullaban como gato montés u onzas, y croaban saltando como enloquecidos batracios. Todos se volvieron raros animales y comenzaban a caminar en cuatro patas por las calles, desesperados por ser socorridos. Hubo quienes intentaron volar como pesados pájaros, desplegando sus brazos en vano y tomaban carrera buscando la forma de despegar de una buena vez. Tampoco faltaron quienes se treparon a los árboles y permanecieron varios días en sus horquetas, alimentándose estrictamente con hojas, gusanos e insectos. Como aquellos también que, respondiendo a su condición de nuevos especímenes, fueron ganando lugar entre las malezas y refugiándose en los pajonales. Los pocos que permanecieron en sus cabales no pudieron hacer nada por el desconcierto que también los paralizó, algunas autoridades de segundo orden que no fueron afectadas se comunicaron con Asunción, para pedir ayuda y explicar el problema que había anticipado Arakatu como último recurso para abortar el desalojo. Pero nadie le había tomado muy en serio al principio, pero pronto se propaló a través de las poblaciones aledañas y empezaron a caer periodistas de algunas radios y diarios. Se publicó en grandes titulares en la prensa capitalina como "Todo un pueblo hechizado... Cacique enloqueció a todo un pueblo... Sobre Tatakua cayó una peste... La maldición de Arakatu... Hechecería Mbyá”; y aún así las autoridades de la capital tardaron varios días en tomar carta en el asunto.
Mientras Arakatu, el Hechicero y otros seguidores más cercanos fueron a parar con sus huesos en las celdas de Tatakua, la gente seguía bajo el encantamiento proferido por el cacique preso. Era de curiosos ver al intendente, tan conspicuo de los represores militares, removiendo basura con el hocico como un cerdo ruin por la calle principal del pueblo. El capitán que había golpeado con la culata del fusil sin piedad a Arakatu retozaba de un lado a otro imitando a un desbocado redomón, relinchando por momentos como parado en su dos patas traseras. El comisario que había identificado al cacique como cabecilla y responsable de la resistencia al desalojo, rebuznaba con raros soplidos como si fuera un despeluchado borrico. El juez de paz que acompañó al oficial de justicia para leer a los indígenas la sentencia inapelable, que el Instituto de Bienestar Rural mandó cumplir con la comitiva de fuerza, cacareaba sin parar y hacía que picoteaba el suelo como una gallina clueca. Así cada uno seguía como endemoniado hasta que alguien sugirió que se volviera a hablar con Arakatu para desanudar su payé y dejar sin efecto la maldición.
Pero expertos llegados de Asunción daban otras explicaciones, para los psicólogos se trataba sólo de sugestión y muy pronto pasaría el estado hipnótico que sufrían los pobladores, apenas se superara el conflicto con los Mby'a, que ocupaba ilegalmente un predio que pertenecía a un propietario con todos los papeles en regla. Uno de los psicólogos, el doctor Roque Vallejos, explicó que el maleficio produce efectos especialmente en las personas de escasa preparación cultural, porque tienen incorporado todavía el pensamiento mágico, por la falta de educación, y no la lógica racional fruto de una buena formación científica. Sin embargo, la realidad indicaba que en vez de desaparecer en la gente la rara conducta se fue generalizando hasta en los niños y se temía que no quedase nadie fuera del peligro del contagio. Para el común de la gente se trataba algo así como de un embrujo pero que se manifestaba en forma de enfermedad o parecida a una especie de rabia, porque se veía a los afectados babosear y despedir espumas por la boca como a los perros cuando tienen hidrofobia.
Aunque los especialistas venidos de la capital seguían hablando de “psicosis colectiva” ; “histeria generalizada” , “paranoia contagiosa”; o algo así, la gente sabía de ante mano que nada se podía hacer sin la colaboración de Arakatu y su hechicero Japorendy, que dentro del calabozo se habían llamado a silencio y no han pronunciado una palabra más después de lo ocurrido. Se pasaban durante el día mirando el cielo por la única ventilación que tenía la celda y por la noche, hincaban la cabeza en el suelo y permanecían inmóviles pero sin dormir. Sus compañeros de celda, también indígenas y estrechos colaboradores, decían que pronto hablarían y tendrían la respuesta para la gente que estaba sufriendo.
Decían también que el Cacique y el Hechicero por esos días estaban acompañando a sus seres queridos que fueron espantados hacia las selvas y protegiendo espiritual mente a los niños y ancianos de la tribu, que fueron expulsados de su tierra sagrada contra los designios de Tupä. Arakatu ni Japorendy por ahora no estaban en su cuerpo, por lo tanto también el habla estaba ausente. No podían atender ninguna cuestión relacionada con el maleficio que padecía el pueblo. Hasta que no lograran reubicar a su comunidad en algún claro de la selva, lejos del peligro de los indolentes invasores, no volverían en sí y no pronunciarían una sola palabra.
-Cuando el Mbyá pierde el habla por un tiempo, deja de existir en ese lapso- dijo el colaborador más próximo de Arakatu, llamado Yvytupo, la mano del viento, que parecía su ángel de la guarda.
-Ñe'ẽ ha ñe'ã petei mba'ente - el alma y la palabra no viven separadas, dijo el segundo acompañante del cacique encarcelado, conocido como Hu'ysyjara, dueño de la flecha-madre.
Pasaban los días y el contagio se extendía a más gente, parecía no tener contención solamente con explicaciones psicológicas. Algo había ocurrido para que la gente sufriera efectos tan visibles y palpables en sus organismos, se diría en lo metabólico para que cambiara de conducta humana a una animal sin encontrarle una evidencia razonable. Nadie quería llegar a Tatakua por miedo a la rara infección que hacía que una persona se volviera un émulo de cualquier bicho o animal doméstico. Sin embargo, uno de los etnólogos que había venido de la capital, el licenciado Laureano Segovia, contratado por el gobierno como especialista en temas indígenas, pidió que les escucharan para poder entender lo ocurrido. Explicó que, según la creencia de los Mbyá, Ñande Ru cuando creó la primera tierra original, Yvy Tenondé, envió a los hombres, a la víbora, a la pequeña cigarra roja, y al Y-amaí, un escarabajo acuático; y también envió a la perdiz grande y al armadillo. Esta primera tierra fue destruida por un diluvio y los hombres virtuosos se elevaron al cielo, donde conservaron su figura; pero los transgresores de la ley divina subieron también y fueron transformados en seres irracionales. Los animales que ahora viven sobre la tierra no son sino imágenes de los prototipos celestiales, esto es, de los hombres transformados en animales, terminó explicando el experto en las distintas etnias que habitan el Paraguay. Por lo tanto, dijo el etnólogo un tanto perturbado por la escasa atención que había obtenido en sus oyentes, las reacciones que se tenía a la vista responderían exactamente a este pasaje del libro de la creación de los Mbyá, llamado el Ayvu Rapyta, la raíz de la palabra o fundamento del lenguaje. Pero lo cierto es que a esta altura de las cosas, ya nadie dejaba de creer en cualquier superstición más o menos coherente y era cada vez más aceptada la idea de rescatar de la celda a los indígenas y pedirles que hicieran algo por la indefensa gente que no fue responsable del desalojo violento de sus familias.

En ese ínterin, uno de los soldados de la comisaría trajo al centro del pueblo la noticia de que Arakatu y Japorendy habían levantado la cabeza del suelo y parecían haber vuelto a su normalidad, aunque nadie les escuchó modular ninguna sílaba, pero le pareció que hablaban con sus seguidores que compartían el calabozo con ellos. Otro de los soldados explicó que los indios presos no estaban hablando sino orando a Ñamandu, dios del sol, como acostumbraban los Mbyá todas las mañanas: “Acuérdate de nosotros a quiénes has proveído de arcos y permanecen sobre la fierra en virtud de tu voluntad. Nosotros, unos pocos huérfanos del paraíso, volvemos a pronunciar al levantarnos tus palabras indestructibles que en ningún tiempo, sin excepción, se debilitarán, séanos permitido levantarnos repetidas veces, ¡oh! Verdadero Padre Ñamandu, el Primero”.
Los que podían fueron hasta la comisaría y lograron entrar junto al Cacique y el Hechicero, les hicieron saber que se había cumplido plenamente lo que habían presagiado. Tomó la palabra como siempre Arakatu, en nombre de todos, les habló serenamente y dijo que ellos no tenían responsabilidad alguna en lo sucedido, que sólo eran intérpretes de los dioses creados pero no engendrados por el Padre Absoluto, Ñande Ru, y podían explicar de esa forma el castigo recibido por el pueblo. Disparó diversas frases como flechas certeras al corazón de sus oyentes y pronunció cada palabra como letanía, sin perder nunca su tono ceremonioso:
“El Padre Absoluto que habita todo, más acá y más allá de las nubes, en la luz y la oscuridad, en el silenció y en los truenos, en el relámpago y en el tornado, en el fuego y en el agua... dispuso hacer justicia con los que violentaron su lugar sagrado y sólo la gente volverá a su mente anterior devolviendo la tierra usurpada, palmo a palmo, a sus verdaderos habitantes que son los Mbyá. Nadie puede ser dueño de la tierra, ella es dueña de todos nosotros. Los que la cuidan son sus hijos y a ellos les cabe poblarla en forma transitoria mientras vivan, hasta que se conviertan en Seres Privilegiados y puedan penetrar en la Tierra Sin Mal, Yvy Maraëy. La tierra tiene el remedió para todas las necesidades de sus habitantes, como también el veneno para los que la violentan. Somos muy pequeños para pretender poseer a la tierra, ella sí es capaz de acunar en su seno a toda la humanidad Nadie puede ir a la tierra, todos venimos de ella. Mejor que ella siga donde está, cuando la tierra decida partir nos llevará a todos detrás de ella.
Algún día, aunque tarde, como lo hicimos nosotros hace miles de años, aprenderán que tierra y existencia es la misma cosa, pero no al revés”.
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Julio,1991.

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Fuente:
EL MALEFICIO Y OTRAS MALDADES DEL MUNDO
Relatos GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ
Ilustración de tapa: dibujo de DIEGO RIVERA
Diseño de tapa: GRACIELA GALIZIA
Arandurã Editorial,
www.arandura.pyglobal.com
Asunción-Paraguay,
2008 (167 páginas).
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ - EL MALEFICIO Y OTRAS MALDADES DEL MUNDO / Comentario de ARMANDO ALMADA ROCHE.


EL MALEFICIO
Y OTRAS MALDADES DEL MUNDO
Relatos de
GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Ilustración de tapa: dibujo de DIEGO RIVERA
Diseño de tapa: GRACIELA GALIZIA
Arandurã Editorial,
www.arandura.pyglobal.com
Asunción-Paraguay,
2008 (167 páginas)

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El libro esencial,
el único libro verdadero,
un escritor no tiene que inventarlo,
en el sentido corriente, puesto que
ya existe en cada uno de nosotros,
sino traducirlo. El deber y la tarea
de un escritor son sobre todo
los de un traductor.
MARCEL PROUST

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Gilberto Ramírez Santacruz es en la actualidad, quizá, el más prolífico y recio escritor del Paraguay. A pesar de ser todavía joven, posee ya una vasta obra que toma distintos géneros como la poesía, la novela y el cuento en donde se mueve, cosa rara, como pez en el agua. Y es precisamente con el cuento que nos vuelve ahora a sorprender. Y decimos nos vuelve a sorprender porque los cuentos que publica en su nuevo libro están llenos de originalidad, poesía y factura del mejor estilo, que nos recuerdan a los más grandes del género.
EL MALEFICIO Y OTRAS MALDADES DEL MUNDO, de este libro estamos hablando, ya desde su título nos atrapa invitándonos a entrar en ese mundo para saber de qué maldades habla el autor. La sucesión de cuentos, uno más sorprendente que otros, escritos con pluma segura y vigorosa, en donde no falta la ironía, el humor y “lo real maravilloso”, que nos recuerda a Carpentier o a García Márquez, nos lleva de la nariz porque atrapa desde las primeras líneas y no lo podemos soltar. Ahí está el oficio y la maestría de un escritor cuando no permite que dejemos el libro y no queda más remedio que seguir hasta el final y leerlo de un tirón, y después lanzar un largo suspiro mientras aún seguimos disfrutando de las historias narradas.
El libro tiene obras brevísimas, a la manera de Monterroso –homenaje al maestro, dice el autor-, verdaderas joyas, pequeñas obras maestras, y otros cuentos breves, escritos con una perfección y maestría inigualables. En total son 25 cuentos. Destacan, a nuestro juicio: “El relato”(suerte de ponencia y cuento), “El día que los niños dejaron de jugar”, “Esopo y la dialéctica”, “Apología de Diógenes”, “El refutador”(en donde los principales personajes son Augusto Roa Bastos y Rodríguez de Francia, una feliz mezcle de ficción y realidad histórica), entre otros cuentos, que también sobresales por su eficaz desarrollo y remate feliz. En cuanto e EL MALEFICIO, que da título al libro, es un perfecto y acabado relato largo en donde predomina lo mágico, la poesía y la más cruda realidad. En síntesis, Gilberto Ramírez Santacruz con este libro a llegado a la verdadera madurez. Su verbo, ahora, alcanza niveles profundos, ricos y claros al mismo tiempo.
ARMANDO ALMADA ROCHE.

ÍNDICE DE CUENTOS:
** EL RELATOR / LACONIA / LA FOBIA / EL MALEFICIO / ES DESATINO / LA SALUD DE CRISTO / EL DÍA QUE LOS NIÑOS DEJARON DE JUGAR / ESOPO Y LA DIALÉCTICA / LA RIÑA / EL GRAN SOÑADOR / EL FÚTBOL SEGÚN PALANCA / CON EL ALMA HERIDA / OFERTAS DEL PARAÍSO / TRASNOCHADOS / EL TREN QUE PARTIÓ UN DÍA Y NO VOLVIÓ NUNCA MÁS / EL PASEO DEL SABIO / EL OYENTE / EL CELADOR / APOLOGÍA DE DIÓGENES / CON TACTOS / EL ARTE DE LLORAR / EL REFUTADOR / LA HORCA / LA BATALLA SEMÁNTICA / EL PARCO

ESOPO Y LA DIALÉCTICA
La polémica entre el gallo y el chancho ya es de vieja data, en cuanto a quién de los dos se lo considera más tonto y estúpido, teniendo en cuenta sus hábitos conyugales para denominar de alguna manera la cuestión.
El chancho con sentido común le apunta al gallo su gran incoherencia.
-Amigo Gallo, sólo un tonto puede dormir toda la noche con sus mujeres y a la mañana siguiente se pasa corriéndolas para pisarlas.-
El gallo, muy molesto por la humillación sufrida delante de otros animales, contesta al cerdo su disparate.-
-Por algo es chancho, además de revolcarse en el barro cuando se baña, se pasa la vida taladrandro lo que ya vino de origen agujereado

EL RELATO
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Cuando se escribe
se debe tratar de no artificializar
la naturaleza de los asuntos,
sino de naturalizar lo artificioso
de las palabras.
AUGUSTO ROA BASTOS
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Después de escuchar decir a uno de los mayores artífices de las palabras y las letras que la literatura para él siempre fue un juego, entendido el juego como uno de los ejercicios serios y nobles que una persona puede realizar con placer y vocación, tanto como lector y como autor. Y Borges es, sin dudas, uno de los mayores expertos en la construcción de un poema, en la urdimbre de un cuento y hasta en la elaboración de un ensayo para convertirlos en el vehículo maravilloso de un sentimiento, un episodio y hecho reelaborado o elucubrado, una idea filosófica en clave de metáforas y una destreza admirable, casi artesanal, para abordar y bordar su escritura que lo convierte con y en toda su obra en un relator lúdico y sabio.
En realidad, para mí todo es relato.
Sólo que hasta el momento nunca se me había presentado la necesidad de explicar o reflexionar de cómo construyo yo mi relato. Y como el mundo y la vida están hechos de relatos, uno naturalmente también elabora y cuenta su propio relato. Pero debo reconocer que la afición a los relatos me vino o me quedó como herencia de mis abuelas, que en las noches de mi infancia campesina, mientras contemplábamos el cielo de estrellerías, entre narraciones de casos y sucedidos, nos descifraban los astros y satélites del firmamento. Y había mencionado a Borges, a propósito, como una constatación de mi aprendizaje, bien lejos de los libros pero muy cerca del arte de contar.
En ocasión de recibir el Premio Nobel, José Saramago habló de todo cuanto aprendió de sus abuelos sabios y aclaró que ellos eran analfabetos. Como la mayoría de los campesinos de entonces, mis abuelas también eran analfabetas pero conmovedoramente sabias en materia de la vida y en el arte de la subsistencia. Históricamente, ellas fueron las primeras generaciones después del genocidio que resultó la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, que arrasó con todo y en especial contra la incipiente industria y las "escuelas de la patria", célebres por haber erradicado el analfabetismo en nuestro país ya en 1825, reconocido hasta por los propios detractores del dictador Rodríguez de Francia que gobernaba entonces. Mis abuelas formaban parte de esa población mayoritariamente de mujeres que había quedado después de la guerra y compartían un hombre entre muchas. Tal vez por eso nunca conocí a mis abuelos pero sí un tendal de tíos, tías, primos y primas en todos los grados que se pueda imaginar.
Ustedes se preguntarán qué tiene que ver mi relato familiar con la construcción de un relato literario. Yo me estoy haciendo la misma pregunta, sin embargo la clave de mis relatos está en esta circunstancia y realidad de mis abuelas que llenaban sus vidas de interminables historias y relatos graves. Sumado al analfabetismo heredaron también la cultura autóctona o indígena en su mestizaje directo, donde el legado guaraní se caracteriza esencialmente por su oralidad y en la cual la palabra constituye el don supremo, a tal punto de significar el mismo fundamento del ser y del alma. La palabra como origen de todo, con una interpretación estirada algo cercano a aquello de que "primero fue el verbo".
Y como en todas las culturas, el relato presentado como mito o génesis ha dejado como una matriz en nuestra mente para interpretar el mundo y la vida en general. Entonces, la forma de contar o el arte del relato conforma el estilo aprehendido en la infancia, en mi caso, la historia por descubrir gracias a las palabras elegidas del relator que revelarán finalmente la incógnita de un misterio o la causa o razón de un hecho o sucedido. En la narración o relación en todos los casos la expectativa es constante, la tensión permanente, el suspenso como atmósfera y el desenlace inminente como un borde resbaladizo del acantilado más peligroso.
Y a la distancia me doy cuenta de que lo que atrapaba en los relatos de mis abuelas no eran los hechos trágicos de las guerras, revoluciones y episodios pasionales que viven ciaron ni las experiencias sobrenaturales de genios y duendes de los mitos guaraníes, sino la forma estudiada y construida del relato para despertar interés y así aliviar el paso de las largas siestas y noches calurosas en el pueblo olvidado por el tiempo. Se sobreponían a su desgracia y adoptaban un discurso y una voz que disparaban innumerables historias como desde una trinchera de resistencia de la vida y su optimismo que desafiaba todo presagio y estadística.
Las dos abuelas, además de saber esquilar las ovejas, fabricar de la lana las hebras y tejer a mano y en los telares, y cuando hablaban demostraban la misma habilidad y delicadeza para variar los tonos de la voz y agregar, con un silencio repentino, el suspenso a la historia. Comenzaban a hablar de pronto, sin decir que iban a contar algo, sino describiendo un lugar o un momento de la noche, pero enseguida uno quedaba expectante y ya no podía dejar de escuchar y seguir el hilo de la narración. Contaban la historia como pelando una cebolla, en cada capa o vuelta del asunto se iba vislumbrando cada vez más el núcleo o corazón del relato.
Y yo digo que aprendí de mis abuelas el arte de contar. Cuento mis historias de una forma que pretende atrapar al lector y conducirlo dentro de un brete que, inexorablemente, desembocará en la sorpresa que uno se propuso al iniciar el relato. Se elige una historia para contar, luego se reúnen las palabras apropiadas que ayudarán a crear el clima y el espacio propicio para que acontezca determinado hecho y su consiguiente desenlace. Pero el relato surge no como un mero ejercicio intelectual sino una necesidad entrañable del relator. Aunque no siempre el relato se vuelca en escritura, cada uno de nosotros tiene su propio relato aunque no lo escriba y vaya narrando fragmentariamente a través de los diálogos cotidianos. Y también los pueblos tienen sus relatos, sus grandes relatos que guardan todo lo relativo a su mundo, su biblia digamos; incluso los pueblos indígenas tienen su propia biblia, varios rescatados del submundo sagrado y secreto donde tenían a resguardo para resistir la cultura aniquiladora de la conquista y poder transmitir a las generaciones sobrevivientes y venideras.
No hace mucho escribí algunas líneas para homenajear a nuestros dos maestros de la literatura paraguaya, el escritor Augusto Roa Bastos y el poeta Elvio Romero. Entre otras arriesgadas aseveraciones, escribí que la prosa de Roa Bastos estaba llena de poesía y la poesía de Elvio Romero, saturada de historias y relatos. Que los géneros literarios son muchos y tienen sus reglas, pero el relato adopta su modo y se adapta a la forma. El autor tiene un mensaje que volcar en escritura y elabora su relato de distintas formas, en poemas, cuentos, ensayos y novelas. También lo hace el autor que dice descreer de las preceptivas clásicas o experimentales, escribe su relato negando el argumento y/o contenido/ vacío de su obra esgrimiendo su propio argumento.
Lo que quiero significar también con este relato es que uno es el resultado de todos los relatos recibidos y reelaborados consciente o inconscientemente, para decir de una forma coloquial. Y todo lo que se escribe se hace desde un lugar específico, cuyo contexto determina la forma y el con-tenido de su obra. Aún los escritores que hacen ingente esfuerzo para evadir su circunstancia histórica, recurriendo a la ciencia ficción o un hecho histórico o prehistórico, lo que hacen es un relato no figurativo, digamos para usar un término pictórico. O también los otros escritores que hasta hace poco hablaban de la propia escritura como protagonista y argumento de su novela o cuento me resultaban tan pueriles y arrogantes al mismo tiempo. Creo que nadie escapa al rigor del relato que exige dos condiciones no negociables, "el qué" contar y la "necesidad insoportable y fisiológica" de narrar y dejar trascender la quemadura de una vivencia en un relato oral o escrito, buscando la forma exacta o más aproximada de transmitir al otro lo vivido y con la ilusión de que experimente también el mismo miedo, dolor o placer que hizo precipitar la narración.
Pero tampoco es para preocuparse, una cosa es lo que se dice o puedo decirles yo sobre la construcción del relato y otra cosa es lo que se escribe o lo que yo escribí en mis trabajos. El autor a veces resulta como esa gallina escurridiza o no domesticada que pone el huevo en un lugar y cacarea en otro, despistando a los curiosos o devoradores de huevos. También lo hacen los teros y los escritores mucho más. Hasta hace poco un diario importante de Buenos Aires publicaba en el suplemento cultural una página en donde cada escritor hablaba o explicaba su propia obra, cuyo título era algo así como "la cocina del escritor". Dónde uno podía deleitarse del ingenio de cada escritor para explicar su obra, pero también lamentaba que ese mismo ingenio no haya puesto para escribir su pésima obra que la ensalza tan bien. Por todo ello, diría un buen orador, por eso pienso, digo yo, que es mejor que la obra hable de su autor que el autor de su obra. En ese sentido, a Pablo Neruda en una ocasión le preguntaron qué podría decir de su poesía y él respondió "nada", pero les sugirió que probaran averiguar con su propia poesía por si algo pueda decir de él, su autor.
Para resumir, les reitero mi pensamiento sobre la construcción del relato, para mí todo es relato. Tengo algunos libros de poemas, cuentos y novelas. Y trato de que cada poema tenga el punto de vista de cada hombre y cada mujer que lo lee. Los personajes que viven o pasan por una misma experiencia que cada uno sienta desde su propia piel y alma, tanto como víctima o partícipe necesario que exige la trama policial. La motivación y la experiencia siempre son personales e intransferibles, tanto como escribir o leer un libro. En mi novela "ESA HIERBA QUE NUNCA MUERE", analizada, traté de resumir mi punto de vista al respecto, presentando a los guerrilleros que luchaban por derrocar la dictadura de Stroessner en los años 60, tenían sobrados motivos, coraje y mística para exponer y ofrecer la propia vida en pos de la libertad; asimismo los represores tenían demasiados privilegios que defender, suficiente pertrecho, asesoramiento, cobertura interna y apoyo externo para seguir gozando de las prebendas que ofrecía la lucha contra el supuesto comunismo internacional, cuando entonces todo era sospechado de comunismo lo referente a lo social, político, cultural ó estar simplemente disconforme. El Imperio que nos toca de turno o en desgracia elabora también su relato y lo llama "Hipótesis de conflictos" y lo aplica cómo una tesis concluyente y científica, nuestros pueblos pueden dar testimonios y hace décadas que sufren sus correlatos. Es decir, abordar un mismo hecho desde distintos puntos de vista, desde donde los personajes vivieron lo mismo pero relatan cada uno diferente, sin embargo todos al mismo tiempo confluyendo en el hecho de la lucha justificada por todos y la violencia ciega que devora también a todos, a víctimas, victimarios e inocentes en medio de dos fuegos.
Si me han escuchado hasta ahora y están esperando con interés mi conclusión, es porque la construcción de mi re-lato tuvo cierta atracción y aceptable eficacia. Y se lo debo este arte de relatar, tengan la plena seguridad, no a Borges que puede el maestro descansar sin culpas, sino a mis cuenteras abuelas Ángela y Lucía que, sin darnos cuenta, es posible que hayan estado escuchándome junto a Uds., o desde esos satélites espías de mi infancia que todo auscultaban ya como ahora, supervisando en qué medida logré cautivar al auditorio y lo poco que pude asimilar de este arte sencillo y maravilloso que es contar o relatar, y en el esforzado intento de develar el secreto y la argucia que se utilizan en la construcción de un relato.
* Ponencia del autor en el Cuarto Simposio Internacional de Narratología organizado por el Centro de Estudios de Narratología “Mignon D. de Rodríguez Pasgués" (CLN), de la Universidad de Buenos Aires, en ocasión de un análisis de su obra narrativa, y de otros importantes autores, con participación de estudiosos de Latinoamérica y España, llevado a cabo en la Biblioteca Nacional de Buenos Aíres, Argentina, los días 2,3, 24 y 25 de julio de 2007

CON EL ALMA HERIDA
Me despertó el teléfono; sonaba insistentemente. Una mujer reconoció mi voz aún adormecida y me lo hizo notar al llamarme por mi nombre. Antes siquiera de restregarme los ojos y contemplar que ya había amanecido, me remató con la noticia.
-Francisco murió anoche, estoy avisando a todos los amigos- dijo Griselda, me pareció que jadeaba de tanto dolor.
Con un esfuerzo pude abrir los ojos y cerciorarme de que no era un sueño lo que acababa de escuchar por teléfono. Porque hacía tiempo que nada sabía de mi arraigo, después que dejamos de publicar la revista y buscamos cada uno nuevos horizontes.
-¿Pero de qué?- atiné a preguntar algo más despierto.
-De su asma- contestó la novia como dando por terminada la comunicación.
Me senté de golpe en la cama y le grité que no cortara por favor.
-Dónde queda el velatorio- pregunté atropelladamente.
Dudó un instante.
-Rivadavia al diecisiete mil, entre Morón y Haedo-respondió nerviosa y cortó, excusándose que debía seguir llamando a los demás amigos.
Me levanté pesadamente de la cama y preparé el mate como un autómata. En mi mente fluían imágenes entremezcladas, donde Francisco aparecía con sus carcajadas y ocurrencias, su figura espigada y pensativo en la ventana de la oficina que compartíamos apenas unos años antes.
Busqué toda la tarde la casa de velatorios. Al parecer, había anotado mal la dirección. Recorrí todas las casas de la zona y en ninguna de ellas estaba el cuerpo de Francisco velándose.
Volví angustiado por la pérdida de un entrañable amigo, aunque estábamos distanciados sin proponernos. Pero más angustiado volví por no poder darle el adiós final y contemplarlo por última vez.
Pasaron casi tres años. Una medianoche volvía de ver la película La Hora de los Hornos, de Pino Solanas, y bajé en Plaza Once. Y, antes de tomar el colectivo que va hacia mi casa, mientras regaba con la micción el mausoleo que guarda los restos de Sarmiento, como una venganza paraguaya por sus crímenes en la Triple Alianza, una voz familiar me llamó por mi nombre.
De inmediato reconocí, a mi espalda, la voz de Francisco, aunque pensé que provenía del más allá. Quedé paralizado al ver al amigo en cuerpo y figura.
-No te espantes, soy yo, no me había muerto- explicó Francisco con grandes gestos para inspirarme confianza. Mi cuerpo estaba en levitación. No me salía una palabra. No corrí porque no sentía las piernas. Traté de bajar a tierra y recuperar la razón.
-No sabía que a vos también Griselda te mintió- agregó el amigo como aturdido por reiterarse la misma escena con tanta gente conocida.
-Qué pasó, Francisco- logré preguntar dentro de mi turbación.
Me contó, entonces, que había conocido una nueva chica y la dejó por ella. En represalia, robó su agenda y llamó a todos dando la misma noticia de su muerte.
Y dijo:
-Quedó con el alma herida y se vengó así.
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viernes, 21 de mayo de 2010

GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ - INDIGNACION, PUÑO Y LETRA y CONCIENCIA DEL PUEBLO / Fuente: POESÍA PARAGUAYA - TOMO I. Autora: TERESA MÉNDEZ-FAITH.


INDIGNACION, PUÑO Y LETRA y
CONCIENCIA DEL PUEBLO
Poesías de: GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
INDIGNACION
Me indigno...
porque cada vez que quiero ser bueno
me escupen en la cara,
porque cada vez que quiero gritar
me anudan la garganta,
porque cada vez que quiero empezar
me cierran el paso,
porque cada vez que quiero trabajar
me clausuran las manos
y porque cada vez que quiero descansar
me sacuden la cama.

Me indigno...
porque cada vez que quiero soñar
me roban la luna,
porque cada vez que quiero cantar
me enmudecen la guitarra,
porque cada vez que quiero amar
me espantan con burlas,
porque cada vez que quiero vivir
me fusilan con mentiras
y porque cada vez que quiero morir
me condenan a llorar.
.
(De: Golpe de poesía, 1986)
.
PUÑO Y LETRA
.
a Catalo Bogado
.
Hay puño que parece garrote amenazante
Hay otro que parece capullo de futuro

Hay letra como escrita con puñal
Hay otra como estampada con sangre

Hay puño que sostiene la opresión
Hay otro abierto como el del sembrador

Hay letra como con sílabas de fuego
Hay otra como hecha con cadenas

Hay puño cerrado de negra mezquindad
Hay otro que empuña ideales como brasas

Hay letra como creada para la derrota
Hay otra como forjada con huesos felices

Hay puño que golpea con vehemencia
Hay otro que acaricia como mariposa

Hay letra que enreda nuestra lengua
Hay otra que libera nuestro pueblo

Hay puño que escribe
y letra que acuchilla

Hay letra que ametralla
y puño que resiste en silencio

Hay puño con simientes
y letra que brota en los surcos

Hay letra que ofrece consigna
y puño que sostiene una bandera

Hay hombres que luchan con puño
Hay hombres que luchan con letra

Y hay otros que luchan con puño y letra.

CONCIENCIA DEL PUEBLO
.
a Rodolfo González, mártir estudiantil
.
Podrán deshojar un libro y hasta quemarlo,
pero no podrán ni siquiera herir a la cultura.

Podrán derribar un árbol y hacerlo astillas,
pero no podrán borrar la montaña del horizonte.

Podrán tronchar una, dos, cien y mil rosas,
-como dijo alguien- pero no detendrán la primavera.

Podrán matar innumerables hombres y desaparecerlos,
pero no podrán nunca aniquilar al pueblo.

Podrán violar a las mujeres y condenarlas sirvientas,
pero no podrán evitar que las madres paran combatientes.

Podrán balear a estudiantes, obreros y campesinos,
pero no podrán nunca contra las ideas esperanzadas.

Podrán asesinar los cuerpos y hasta incinerarlos,
pero no podrán contra la pasión libertaria de los caídos.

Podrán silenciar las radios, diarios, voces y cantos,
pero no podrán jamás acallar la conciencia del pueblo.
.
(De: Poemas y Canciones de Amor y Libertad,
1993)
.
TOMO I
Autora: TERESA MÉNDEZ-FAITH
Intercontinental Editora, 1995
Ilustraciones:
Enrique Collar
Asunción-Paraguay, 362 páginas
.
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lunes, 12 de abril de 2010

GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ - LA VIDA EN LA CIUDAD / Fuente: NARRATIVA PARAGUAYA DE AYER Y DE HOY TOMO II (M-Z) de TERESA MÉNDEZ-FAITH


CUENTO de
GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
LA VIDA EN LA CIUDAD
"De eso que somos y que queremos
muy poco queda realmente...".
Antonin Artaud.

Añorado amigo Remberto:
. Hace casi un año que estoy en la ciudad y recién me pongo a escribirte. Porque siento que por fin he llegado del todo y es como si hubiera nacido de nuevo o resucitado, después de haber conocido una vida anterior. Ahora sé también que algo murió en mí y algo volvió a nacer. Lo que murió debe ser la esperanza que tenía de poder vivir en Tatakuá y lo que nació, quizás la resignación de no tener otra alternativa que procurar-me la sobrevivencia y proyectar una nueva vida en lo posible. Como verás ya estoy sobreponiéndome a la tragedia que significó para mí dejar todo aquello, gracias a eso te escribo estas líneas y espero que al recibirlas te encuentres bien en compañía de los tuyos. Te ruego que al contestarme ésta no te olvides de ninguna novedad importante que haya ocurrido en el pueblo, durante mi ausencia.
Por mi parte, Remberto, no sé dónde empezar a contarte lo que es la vida en la ciudad. Lo único que debes saber es que todo cuanto aprendemos en el pueblo no sirve para nada en la ciudad. Estoy comenzando de uno nuevamente. Mis conocimientos sobre las plantas y los animales a nadie le interesa por acá. La agricultura apenas se menciona en los libros escolares. Aquí no tienen importancia las fases de la luna, los vientos no presagian nada, los pájaros cantan y lloran sin anunciar nada para los que habitan la ciudad. La lluvia no trae bonanza, sino tristeza y miseria porque inunda las villas y barrios pobres. ¡Cuántas veces nosotros, Remberto, mudábamos de lugar las cruces y haciendo rogativas con la gente hemos hecho llover a cántaros! Así el campo recuperaba su verdor y el maizal volvía a blandir al viento sus hoces de chalas y espigas. Pero aquí lamentablemente nada de eso importa. Nuestro arte para domar redomones desbocados no se cotiza en la ciudad como los otros oficios, relacionados con los fierros y motores en general, hasta los diarios piden por ellos. Pero de los problemas te seguiré hablando en cartas próximas, porque vos estarás más interesado en saber cómo es la ciudad y cómo se vive en ella.
Cuando llegué, lo primero que vi en la ciudad fueron sus luces infinitas, porque el tren que me trajo llegó de noche. De lejos parecía una interminable siembra de estrellas caídas. Lo más parecido que vi a una ciudad de noche fue la función patronal de nuestro pueblo, que traía consigo su ruidoso motor que hacía un milagro -según nosotros-haciendo encender por algunas horas cientos de tubos fluorescentes. Pero en vez de abarcar un solo predio, las luces se diseminaban como un mar de velas ardiendo. Y cuando uno está dentro de esa montaña de lámparas dispersas, la noche se vuelve remota y distribuida en pequeñas porciones de oscuridad. La ciudad está poblada de automóviles que parecen escarabajos gigantes y ojos encandilantes que suben y desaparecen por las calles desniveladas. Los letreros luminosos de mil colores se apagan y se prenden eternamente. Los maniquíes de ambos sexos sonriendo en los escaparates, vestidos de trajes o bikinis. Creo que, Remberto, nunca vimos en nuestro pueblo algo parecido. Hay tanta gente caminando apurada que por poco no me lleva por delante. No se puede realmente contar lo que es la ciudad, amigo mío, algún día podrás venir y verla con tus propios ojos. Porque tengo la impresión de que con dos ojos solos no alcanzan para ver tantas cosas nunca vistas, como tampoco alcanzan las palabras para describir mi añoranza por Tatakuá.
¿Y las mujeres, Remberto? Son todas como esas que veíamos en los viejos periódicos de artistas. Rubias, morochas, trigueñas, altas, bajas, flacas o gorditas, pero todas lindas como esas virgencitas que cada uno en nuestro pueblo tiene. Con esto no quiero decir que nuestras (¡nuestras?) mujeres sean menos hermosas, pero son de la clase con quienes imaginábamos siempre tener historias de amor, en las calurosas y largas siestas en el arenal del arroyo; mientras jugábamos con los amigos quién era el mejor dotado y sería elegido por una sirena si saliera de repente del agua junto a nosotros. ¿Te acordás, Remberto, de las fórmulas insólitas que aplicábamos para acrecentar nuestros dones viriles? ¿O lo siguen haciendo todavía ustedes, partida de sinvergüenzas? Si es así, ya es hora de que se dejen de perder tiempo y se aboquen a corresponder a nuestra comunidad de admiradoras. No vaya ser que después se arrepientan y como yo ahora que estoy lejos, mirando pasar a diosas con minifaldas y sin posibilidad de convertirme en devoto de ellas. O no te acordás, Remberto, que yo me hacía el arisco como ustedes y ahora estoy pagando caro tanta estupidez. Entonces, mi extrañado amigo, tienen que hacerme caso y no dejar ninguna virgen sin su espíritu santo. Y luego háganme saber todos los detalles. A propósito, quiero saber cuál de mis pretendidas se acordó con más insistencia de mi humilde persona; para escribirle luego y preparar el ambiente para cuando vuelva.
Quiero que vayas contando a las chicas que estoy trabajando bien (aunque a vos te confieso que apenas me alcanza para comer), que ya me compré para mi reloj, una radio portátil y que estoy juntando plata para cuando vuelva, y pueda comprar una moto. Porque no voy a ir de vuelta a montar mi viejo alazán, que ya debe estar a punto para picadillo. Pero vos, Remberto, como un buen amigo, tenés que dejarme bien cuando contás noticias sobre mí. Podés decir, por ejemplo, como es cierto, que vivo en una pensión (aunque acá signifique casi lo peor), porque en nuestro pueblo esas cosas suenan bien. Otra cosa que también podés decir, que ya estoy hablando bien el castellano y que de a poco voy pareciéndome en elegancia a los muñecos que hacen de modelos en las vidrieras. Bueno, ya sabés, tenés que mentir pero en forma creíble. Pero de verdad ahora te digo, cuando pueda nomás me compraré algunas ropas nuevas, reloj, zapatos, cadenilla, pulsera y anillo. Me sacaré una foto en alguna plaza y te enviaré para que le muestres a las chicas y amigos. Te cuento, además, desde que vine no me corté el pelo y estoy hecho un melenudo como esos cantantes de «nueva ola». En cambio, ustedes ya se estarán pelando para la reclutación y para terminar sirviendo en la casa de los capos militares. Como yo me voy a salvar por estar en el extranjero, procuraré llevar mucho dinero para comprar la moto que te dije y mi baja. Aunque por ahora estos no pasan de ser proyectos, yo me tengo mucha fe en cuanto a la plata que voy a ganar cuando aprenda algún oficio de buena remuneración.
Remberto, ya debés estar cansado de leer tantas cosas y ocurrencias que me vienen a la mente al escribirle. Pero yo te cuento todo para cuando salgas del Servicio Militar y puedas venir junto a mí a rebuscarte también. Así vas a venir con la cabeza fría y no con los pajaritos como vine yo. Aquí todo es raro. Yo anduve por montes y selvas solo, pero nunca sentí la soledad como ahora en la ciudad, aun entre la gente. El domingo pasado me sentí tan triste que decidí ir al circo, a ver si conseguía apartar de mí un instante siquiera tanta nostalgia. No vas a creer, cada gesto, cada chiste del payaso me hacía entristecer más y tuve que salir antes de que terminara la función. ¿Te acordás, Remberto, cuando íbamos al circo que visitaba de vez en cuando nuestro pueblo, y volvíamos roncos y con los ojos llorosos de tanto reír? Pero parece que cuando uno está mal no hay mono que le resulte simpático. Y hablando de monos y otros animales, en estos días visité el tan mentado zoológico. Me vi reflejado también en cada bestia enjaulada y me sentí más oprimido por la ciudad y la gente, que miraban con diversión a los animales entre rejas y se fotografiaban con ellos. Había miles de pájaros de todos los pelajes y tamaños, pero yo me sentía otro pájaro raro más entre ellos, aunque sin la admiración de la gente y con mi celda invisible. Algunos leones parecían no tener apetito y preferían aprovechar el sol que se filtraba entre los rascacielos. Unos osos regordetes se hacían los muertos y permanecían revolcados, indiferentes. Los monos, en cambio, como en nuestro pueblo y creo en todas partes, a pesar de estar enclaustrados, saltaban sin parar y repartían al público gestos obscenos.
A veces pienso, Remberto, que lo que otros ven con alegría yo lo estoy viendo con tristeza y desánimo total. ¿Será porque las cosas se muestran como uno se siente? Pero un amigo nuevo que hice en la ciudad, me dijo que él también cuando vino recién veía todo negro y que con el tiempo le fue cambiando a mejor color. Más de una vez pensé que no aguantaré por mucho tiempo más este sufrimiento, pero también pienso qué podré hacer en nuestro pueblo y con qué excusa volveré con las manos vacías. Como sabrás, yo soy la esperanza de mi familia y sin embargo ellos no saben que la pobreza también existe en la ciudad. Aunque a los pobres por aquí se les llama carenciados y el nuevo gobierno militar los está echando fuera de la ciudad. Dicen que la miseria no existe cuando no se ve. ¿Qué te parece, Remberto? Cuando vine la gente vivía en libertad y democracia. Pero las bombas explotaban minuto a minuto, como si fuera en fiestas de fin de año, en escuelas, hospitales, plazas, ministerios, calles y por todos lados. Un día yo iba viajando en colectivo y, mientras esperábamos que pasara un tren, alguien lanzó de un edificio alto una bomba y explotó a pocos metros de nuestro ómnibus. En los días previos al golpe militar, faltaba hasta para comer. No se conseguía alimentos ni medicamentos. Así se vivía hasta que una mañana amaneció aparentemente todo calmo. Las radios transmitiendo música sacra y marchas militares, la televisión comunicando los decretos de la nueva Junta Militar y la gente corriendo a los almacenes a comprar las mercancías que un día antes escaseaban. Llegaron hasta a regalar los artículos de primera necesidad y ese día se supo quiénes ponían las bombas y escondían las mercaderías. Para que tengas una idea, Remberto, pasó igual que en Paraguay pero mucho más desordenado. Es decir, salían los tanques y disparaban a la gente en plena calle. He visto sangre por todos lados y puertas derribadas a cañonazos. Ómnibus quemados y vehículos de secuestradores atormentando por los barrios. Aviones y helicópteros transportando presos y desaparecidos. Patrulleros y ambulancias de aquí para allá alocadamente. Sabemos, Remberto, que en nuestro país ocurre lo mismo, pero algo más sistematizado y sin despertar muchas sospechas. Y yo entre todo esto, buscando trabajo sin documentación alguna. Porque andaba ya a punto de conseguir la radicación y justo vino el golpe. Nos dijeron que teníamos que hacer de nuevo todos los trámites, que se perdieron los expedientes y no sé qué otros cuentos. Desde entonces, estoy sin ningún papel, ni para ir al baño como se dice.
Bueno, Remberto, espero no amargarte la vida con todo lo que te conté. Pero necesitaba contarle a alguien de confianza mi dolor y mi esperanza. Y no tengo otro amigo mejor que vos, a pesar de la distancia y el tiempo que nos separa. Pese a todo, sigo con optimismo y creo que pronto saldré de este pantano de problemas. Quiero que a vuelta de correo me hagas saber tu opinión sobre mi vida en la ciudad y las novedades de nuestro querido pueblo.
Un fuerte abrazo de tu amigo de siempre,
.
Baldovino ("Churí") 1982
De: Relatorios (Asunción, 1995)
Intercontinental Editora, Asunción-Paraguay 1999.
De la página 441 a la 847.
Ilustraciones: CATITA ZELAYA EL-MASRI
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