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viernes, 16 de abril de 2010

RAÚL AMARAL - ESCRITOS PARAGUAYOS 2 - EL MAGISTERIO DE LA LIBERTAD.

ESCRITOS PARAGUAYOS 2
EL MAGISTERIO DE LA LIBERTAD
OBRAS DE
RAÚL AMARAL
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Distribuidora Quevedo de Ediciones Paraguayas.
Oscar del Carmen Quevedo
Correo: oscardelquevedo@hotmail.com
Asunción-Paraguay 2003 (319 páginas)


**/**
EXPLICACIÓN
1
** Puede afirmarse que en relación con el título general de ESCRITOS PARAGUAYOS este segundo y definitivo aporte es distinto del anterior pero, para mayor paradoja, también complementario. Cabe señalar al respecto que en la estructuración del primero se sigue un orden destinado a no quebrar, por lo menos del todo, la línea trazada desde 1956, cuyos orígenes (necesario es aclararlo) quedaron fijados en la conferencia pronunciada por el autor en el paraninfo de la Universidad Nacional, el 27 de noviembre de dicho año, sobre un tema que preanunciaba investigaciones documentales y bibliográficas posteriores: “FULGENCIO R. MORENO Y LAS IDEAS DE LA GENERACIÓN DEL 90”.
** Se trataba de exponer a la consideración pública algunos trazos de un agrupamiento en verdad excepcional: el de los nacidos entre 1870 y 1880, "en la época de escombros", como dijo Gualberto Cardús Huerta, uno de sus más eminentes representantes. También fue propósito esencial rescatar toda una época fijándola mediante una denominación temporal adecuada. Así surgió la del novecentismo, predominante desde los inicios del nuevo siglo, en una tarea ascendente que culmina en la posguerra del Chaco (1935).
** Pero todo ese proceso no podía ser explicado sino como una continuidad de otros más lejanos que partían del universo propio de la pre-independencia tomando como ineludible punto de partida la presencia y obra de Ruy Díaz de Guzmán (1560-1629), fundador de la historiografía y las letras patrias, mestizo descendiente de don Domingo de Irala y por consecuencia titular de la tradición eúskaro-guaraní, fundadora de esta nacionalidad.
2
** El autor debe confesar, con alguna tristeza, que la metodología aplicada resultaba aquí una novedad. Eso lo expresaron muy bien, con perspicacia y agudo ojo crítico el maestro don Juan E. O'Leary y el por entonces joven escritor don Roque Vallejos, en nuestro medio, y el filósofo Dr. Víctor Massuh en la Argentina a través de una carta personal de contenido tan clarividente como afectuoso y que pasa ahora a presidir el volumen respectivo anudándose así a la opinión igualmente generosa y justiciera de O'Leary, que encabeza la versión actualizada y modificada de la primera entrega que se identifica como una "Introducción a la cultura nacional, según se declara en el subtítulo.
** Nombres, gentes, hechos, figuran allí atendiendo a los tres movimientos más importantes, los que a su vez reflejan de modo fehaciente la inserción del Paraguay en el entramado, no siempre visible, de los principios de la universalidad, que conceden a cualquier país personería entre sus pares próximos o remotos.
** Se ha tratado, más bien, de una labor de recomposición, pues los escasos precedentes locales (y aún los extranjeros) sólo ofrecían los rasgos más elementales mantenidos al margen de una imprescindible interpretación contemporánea, quizá para no evadirse de los asedios del "menor esfuerzo", de culto y ejercicio tan común en Nuestra América, lo que hace sospechar que el clásico "ostinato rigore" de Leonardo pasó al galope por este enmarañado subtrópico o ignoró adrede sus contornos, tanto geográficos como espirituales.
** El escenario, incluso mental, ha cambiado hace mucho, aunque no por acción de los gobiernos sino por el impulso de individualidades conscientes de la responsabilidad de afrontar el momento en que se vive.
3
** Este segundo tomo incorpora la presentación del maestro O'Leary a la disertación universitaria aludida. No hay duda de que el carácter apologético, propio de su temperamento, está marcando el discipulado del conferenciante, convertido, con el transcurrir de los años, en su continuador y heredero intelectual.
** En esta ocasión se advierten notorias variantes respecto al anterior. Los capítulos en que se divide la obra responden al propósito de definir la situación de la cultura paraguaya dentro de una progresión que tienda, con mayor acentuación, a señalar la característica doctrinal de cada uno de ellos. El subtítulo: “El magisterio de la libertad” aspira a simbolizar, precisamente, no solo la particularidad principista adoptada desde sus comienzos por esta nacionalidad sino la participación de sus nacionales, no siempre reconocida en toda su dimensión, un poco por voluntario desconocimiento y otro poco por prejuicios de vecindario, difíciles de desarraigar.
** No será osado afirmar que la que se ofrece es una especie de antología temática o una compilación de tópicos de no frecuente dilucidación aún en sectores de avanzada formación teórica. En el recuerdo; esforzados y prestigiosos maestros aparecen como conductores de esa pasión de libertad nacida desde los albores de la Nación paraguaya en su pueblo, o sea como conjunto, no por intermedio de sus diferenciados estratos sociales. La intención está dirigida a orientar, y en algunos casos a revelar, los avatares de un emprendimiento cuyos resultados merecen ser trasladados a la comunidad.
4
** Alguno de los estudios o ensayos que aquí son presentados contienen ciertos elementos de originalidad que se traslucen en el riguroso tratamiento de la revisión histórica, de la cual Cecilio Báez (1862-1941) fue, con el hasta hoy ocultado antecedente de "Alón" (1863-1892), el insoslayable adalid hasta las vísperas de la polémica de 1902. Especial preparación ha tenido, por su parte, el trabajo dedicado a la identidad nacional y al siguiente, destinado a seguir y detectar las "líneas maestras" del pensamiento nativo.
** Asimismo los capítulos finales ofrecen dos auténticas sorpresas: una de ellas se refiere a las motivaciones propias del ámbito guaraní en la literatura argentina, principalmente en su aproximación al Paraguay, en quien el autor ha reconocido de antiguo su calidad fundadora en cuanto a los orígenes históricos del Río de la Plata.
** La otra está dedicada a una constatación infrecuente: el afanoso bregar, a veces en medio de injusto silencio, de guaranistas y guaraniólogos cuya nómina ilustre incluye al Padre Camaño, jesuita argentino especializado, en los tiempos de la Provincia Eclesiástica, en salvar y difundir el tesoro idiomático de la lengua madre, siguiendo la huella precursora de Ruiz de Montoya.
** Y por último se entrega a la consideración del lector toda una galería de argentinos relevantes, de probada proceridad, que estuvieron junto al Paraguay en la defensa de su "santa causa", como dice con palabra agradecida, el guaireño y patriota ejemplar que fue don Gregorio Benítes - (Isla Valle de Areguá, setiembre de 2003) (RAÚL AMARAL)
**/**
ÍNDICE
Presentación de un escritor.
Explicación
I. CULTURA
· El Magisterio de la Libertad (Tiempos, gentes, ideas)
· Salvador Villagra Maffiodo y la reforma ética del hombre
· Capitán de Corbeta Juan Speratti: la problemática militar
· Carlos Pastore: un irremplazable pensador paraguayo
· Benjamín Vargas Peña: de la ortodoxia ideológica a la heterodoxia histórica
· Vocación paraguaya de Eligio Ayala
II. HISTORIA
· Cecilio Báez y la revisión histórica
· Revisionismo histórico
· Antecedentes del Nacionalismo Paraguayo
III. LITERATURA
· Juan E. O'Leary, el poeta
· El poeta
· Testimonio guaireño de Natalicio González
· La poesía natural y profunda de Carlos Villagra Marsal
· La patria poética
· Los silencios de Areguá en la poesía de Carlos Federico Abente
IV. PENSAMIENTOS, IDEAS
· Meditación sobre la identidad nacional
· Historia de las ideas
· Obras de pensamiento
· Las líneas maestras del pensamiento paraguayo contemporáneo
V. EDUCACIÓN
· Bases históricas de la Educación Nacional
· Trayectoria de la enseñanza universitaria
VI. EL MUNDO GUARANÍTICO
· Literatura argentina del ámbito guaraní
· Guaranistas y guaraniálogos argentinos
VII. ARGENTINOS EN EL PARAGUAY
· Alberdi, el prócer maldito
· El maestro Escalada
· Carlos Guido y Spano
· Goycoechea Menéndez, iniciador y precursor
· El presidente Yrigoyen y el Paraguay
.
EL MAGISTERIO DE LA LIBERTAD
(TIEMPOS, GENTES, IDEAS)
EMPRENDIMIENTO CONTEMPORÁNEO

.
Con la denominación genérica de "el pensamiento paraguayo" se intenta cubrir un vacío y a la vez concretar la antigua premisa, no por olvidada menos vigente, que manda "informar para formar". De tal modo se procura, asimismo, trascender los lindes del saber meramente especulativo (que hace por lo común a la rutina de los especialistas) para entregar toda una toma de conciencia al conocimiento y a la consideración de la sociedad nacional.
El marco referencial elegido configura una verdadera comprobación, a la par que responde al influjo de una necesidad perentoria: la de devolverle a la cultura patria el horizonte que prefijó toda una generación, la del 900, abstrayéndola del anecdotismo barato y de la muchas veces desencontrada realidad ambiental.
Aunque representantes del país (sin calificación de sus cometidos) acudan hoy a foros internacionales y aunque hechos de la actualidad (los afirmativos, desde luego) lo ubiquen en una línea de respeto a la opinión de cada cual y que identifica a una de las libertades más difíciles de conseguir y mantener, lo cierto es que aquellos que de lejos observan (gentes, instituciones) no habrán de entender en toda su magnitud el sentido del emprendimiento paraguayo contemporáneo si antes no son aclaradas sus particularidades y hasta la gradación de sus épocas históricas.
Semejante situación dimana de otras dos igualmente importantes y que por supuesto derivan de procesos anteriores. Conviene citarlas:
a) la retracción casi visceral intramuros, o sea la tendencia a ventilar los acaeceres propios en el reducido espacio de lo que con dejo romántico podría calificarse de "color local";
b) la fijación, poco menos que "freudiana" (valga esto como adjetivo) que persiste en el exterior, o sea más allá de sus límites, al considerar al Paraguay una más que a través de algunos escasos capítulos de su existencia: el reflejo de las Misiones Jesuíticas, la herencia de posteriores gobernantes tenidos por "autoritarios" y la visión interesada y en ocasiones distorsionada que de él siguen ofreciendo sus dos poderosos vecinos geográficos.

EL MEDIO SIGLO
Pero así como "natura non facit saltus" tampoco las edades de una comunidad como esta pueden presentarse al margen de la marcha de su propia e intransferible evolución.
Y para que esto pueda percibirse con mayor nitidez habrá que refirmar el principio de que esos estadios de la vida institucional representan ciclos cumplidos, aunque no inertes.
Toca al historiador (no al simple exhumador de documentos), metodología mediante, equilibrar, como es debido, los extremos que se deslizan entre un pasado que se supone remoto y una actualidad que no se alcanza a delimitar en sus orígenes.
Cincuenta años, en proyección histórica quizás no sean muchos, pero quemados al fragor de los acontecimientos de una determinada comunidad, pueden representar una etapa decisiva, o en sentido contrario tan sólo una ráfaga. En especial si ellos llevan el signo de una época asediada por circunstancias mundiales, de las que el país no ha logrado o no ha podido sustraerse.
El inexorable calendario no deja caer sus hojas porque sí.
Hay que recordar, además, que ese "medio siglo" (1942 - 1992), que toca a nuestra contemporaneidad, no se parece a sus precedentes, a pesar de que haya debido sucederlos, sin advertir, quizá, que como paso previo se imponía la evaluación de una síntesis, a la manera de una simple conclusión, sin acudir a socorridas formulaciones hegelianas, a las que, entre-nos, son tan propensos los pensadores fuera de andarivel.
Esta partición temporal que se indica, no sin las debidas precauciones, y que se considera demasiado cercana para juzgarla sin la imperiosa objetividad (que no implica neutralismo ni evasión en cuanto a definiciones) contiene por igual una valoración apropiada y a la par un inconveniente: por un lado, la no abolida herencia generacional, ya citada, y por el otro, la comprobación subsistente en lo que trata de la interpretación de planos de idénticos niveles, pero de diferentes conclusiones por parte de pensadores que aunque de una común extracción intelectual (los posnovecentistas a partir de 1920) se muestran como ceñidos al deber de proporcionar sólo la versión que a cada una concierne, en contradicción con el espíritu unitivo de sus antecesores o maestros.
La medición de dichos cincuenta años debe ser ubicada con serenidad y ponderación de juicio y de opinión porque el ser testigo y parte exige, en actitud responsable, no separar los aportes del ayer inmediato o lejano, en la búsqueda de su auténtico sentido, trasladándolo, a pesar de ello, con sus afirmaciones y negaciones, a las vertientes de la propia experiencia.
Todo esto lleva a meditar sobre los resultados de cada una de las posguerras nacionales (1870 y 1935) y, además, en lo que se refiere a sus consecuencias internas o externas, debiendo analizarse en qué medida ellas han incidido (en conjunto o por separado con respecto a otros hechos de la historia nacional) tanto en la existencia institucional del país como en la conducta asumida por sus habitantes en el discurrir de los acaeceres sociales, económicos o políticos que abarcan una andanza en la que puedan detectarse las huellas de los imprescindibles componentes: el raciocinio y la lógica, no siempre bien avenidos a la hora de cotejar los resultados.

LAS DOS TENDENCIAS
Perduran en nuestro ámbito, y siempre a dúo, otras tendencias destinadas a mantener la antinomia ambivalente (valga el hallazgo) de aquello que nace o brota de la tierra (a veces sin alcanzar el propuesto matiz telúrico), y lo que por su lado se le debe a las ideas contenidas en un amplio espectro universal.
La inútil polémica ocasionada con respecto a su precedencia ha llevado a desvíos incalculables o a interpretaciones distorsionantes de lo que debería interpretarse por "el espíritu nacional", agregando al escenario nativo y teniendo siempre como destinatario final al pueblo.
Al no hacérselo pasar por el imprescindible tamiz universalista, conducente a un humanismo respetuoso de las conquistas intelectuales y morales de sus respectivos ciclos, se trocó por la vía del "volkgeist" (espíritu de la tierra) en aluvión bélico, alimentando por doctrinas mesiánicas, cuyos principios, si es que los tenían, estaban destinados a terminar con las esencias fundamentales de la independencia y soberanía de nuestra América. De tal manera se distorsionaba la idea de "pueblo" y el correspondiente "espíritu", remitiéndola a su no siempre disfrazada pretensión totalitaria.
La segunda tendencia, que podría parecerse a la primera, es la que hace pie, yendo al específico experimento paraguayo, no en una orientación meramente "inmediatista" sino en factores extraídos de la propia experiencia.
No otro fue el cometido de la generación del 900, que no blasonó siquiera de ser "cosmopolita", desde el punto de vista cultural, y que sin embargo acogió e hizo suya la prédica de los maestros krausistas españoles, que la orientaron y fueron sus mentores con un amplio sentido de universalidad.
Aquí ejercieron su apostolado laico desde 1870 hasta poco más allá del 900: Zubizarreta, Jordán, Olascoaga, Fernández Sánchez y López Sánchez. Resulta desde todo punto de vista sintomático que tanto las corrientes evolucionistas como las positivistas, insinuadas al avanzar este siglo, se hubieran manifestado de preferencia a través de lecturas de Renan, evidente en Manuel Domínguez; Spencer, en Pane, o Stuart Mill en Báez, los cuales ya estaban siendo cuestionados en los medios universitarios del Plata.
En cuanto al comtismo debe reconocerse que más bien quedó alojado en el sector educativo.
Mas, lo que no hay que olvidar es que en sus inicios el positivismo fue aceptado aquí más en sus lineamientos sociológicos que en los filosóficos, a partir de 1897. El auge que lo acompañó durante largas jornadas estaba unido al ansia de "progreso" y al respeto debido a la "ciencia" (globalmente designada) como una especie de retoma de los ideales primarios de la Patria Vieja (1840-1870) y cuyo emprendimiento había quedado interrumpido con el holocausto de Cerro Corá.
Esa particularidad fue interpretada con claridad por el doctor Pane al expresar que en nuestro medio se había aplicado más el "método" que la "doctrina", en especial en el ámbito de la enseñanza, esto último al aludir a la condición no concéntrica de los estudios vigentes en el Paraguay. (1)

HERENCIA EXTERNA
Conviene insistir en que hay que tener en cuenta que la orientación de las ideas está relacionada con la aplicación de modelos provenientes del exterior, ya sea por transculturación o por el tácito influjo de las minorías intelectuales, fenómeno al que no escaparon tampoco las otras secciones nacionales de nuestra América.
Y debe agregarse acudiendo al ejemplo paraguayo, que así tenía que ser, como lo señaló el polígrafo Dr. Rodolfo Ritter, dado el carácter inevitablemente tributario de dicho proceso cultural, expresado esto sin desmedro de los valores autóctonos, que los hubo aunque no desarrollados en plenitud. Mediaba, además, la ausencia de estados de decantación que pudieran justificar un nuevo aporte, en cierto modo autónomo, liberado del resto, entre lo propio y lo ajeno.
También debe adjudicarse esa situación al desnivel de una verdadera "dinámica" con respecto a la que se podía observar en lo interno y a los influjos que llegaban de afuera. Para una justipreciación seria y serena de aquella época no resultará ocioso regresar a las lejanas páginas del Dr. Ritter (2).
La mayoría de los novecentistas locales (excepto Blas Garay, que murió en las vísperas) no tuvo otra opción que la de tener que columpiarse entre los resabios, bastante pálidos ya, de una tradición inaugurada por don Carlos Antonio López (1841 en adelante) y la nueva edad que se anunciaba y de la que ellos serían inevitables titulares.
No ha sido, como se pretende, de tan prolongados alcances el impacto de la irradiación positivista (algo más adecuado que calificarla de "influencia" en términos contundentes y directos y mucho menos en plural), ni ella simbolizó la persistencia de un predominio intelectual que se quiere mostrar como cerrado e inexpugnable.
Es preciso indicar, en ese orden, que los que una década antes y otra después del 900 pudieron figurar como adeptos de perfiles bien definidos, en realidad no fueron tales, si de completar la imagen se trata, según es el caso de Domínguez, a quien en los alrededores de 1897 hubiera podido filiárselo, con las debidas precauciones, dentro de un condicionado eclecticismo espiritualista. Barrett alcanzó a indicar la seducción ejercida por "el positivismo a base evolucionista" en la obra del autor de "Causas del Heroísmo Paraguayo", pero se trata de una etapa de tránsito que por entonces (1906) estaba compartiendo con predilecciones de antigua data.
Por lo demás, lo que resalta en Domínguez es la interpretación doctrinaria de Renan (incluido, desde luego, su estilo) y en el aspecto sociológico la de Taine, atenido como estuvo, por no escaso tiempo, a coincidir con la conocida trilogía de "el medio, el momento y la raza", de la que nunca se apeó del todo. Otro de los nombres insoslayables, el de Fulgencio R. Moreno, provenía del materialismo "mecanicista" (Büchner, Vögt, Moleschott) al que se suele adjetivar de "vulgar", manifestado en 1901, pero que diez años más tarde se había diluido.
Corresponde aclarar que si él no intentó franquear los límites de una estricta ortodoxia positivista (¿cuántos lo insinuaron?) igual posición adoptaron algunos de sus compañeros con antecedentes doctrinales menos concretos, según fue el caso de Gondra, López Decoud, O'Leary, el mismo Garay y Cardús Huerta, entre varios. Si algunos reflejos les tocaron de pasada puede afirmarse que fueron pasajeros o que llegaron tarde.

LA NUEVA MODERNIDAD
Los grandes temas, que desajustes internos impidieron convertir en auténticas "líneas maestras" y que a la vez fueron guía de la generación novecentista, han sido los propios que extramuros (es decir: con proyección ultramarina) señorearon en esta zona durante las dos últimas décadas del siglo XIX y las iniciales del XX, a saber:
a) la idea liberal y democrática (bajo cuyo manto se formaron los dos partidos tradicionales nativos);
b) la concepción republicana, no como repulsa sino como variante de una misma estructura cultural, social y política. A esto deben sumarse las consabidas nociones de "ciencia" y "progreso", e igualmente la de "feminismo", exaltadas entre 1901 y 1903 y que representan toda una definición de época. Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial se acrecentarán los resplandores del socialismo, que podría ser motejado de "clásico" y preferentemente de extracción reformista, que habían sido anticipados, aunque en forma esporádica y en el plano local por Blas Garay, en 1898, y por los muchachos del periódico "Alón" (1905/6) con el liderazgo de Carlos García. Inquietudes coincidentes manifestarán Ignacio A. Pane, Telémaco Silvera y Lisandro Díaz León.
Por su lado, la vertiente "nacional" (sería riesgoso bautizarla como "nacionalista"), que en 1902 había ofrecido algunos anticipos, recién aparecerá debidamente codificada y explicada en 1919.
Y en lo relativo a los contenidos aparentemente antinómicos de "lo nacional" y "lo universal", en demanda de cuya síntesis bregó el novecentismo paraguayo, sin alcanzar una definición adecuada (salvo aportes individuales), debe recordarse que ambos quedarán enmarcados, más allá de la teoría, que en el orden local podría exhibir satisfactorias definiciones, o por lo menos constreñidos a los resultados de una "práctica" no siempre justificada en la validez de sus conclusiones (3).
Para una comprensión adecuada del problema habrá que detenerse en el conocimiento de la década que va de 1920 a 1930, que cronológicamente toca a los nacidos poco antes de 1890 y hasta algo después del 1900. Es lo que el doctor Juan Stefanich, uno de sus líderes, ha calificado de "generación del Centenario", por su aparición en 1911, que más tarde se reunirá en torno al liderazgo del Dr. Adriano Irala (4).
En su casi totalidad ellos habían recibido el legado cultural de novecentismo, viéndose, a su hora, en la disyuntiva de entender si les sería dado continuarlo o superarlo.
La guerra del Chaco, que terminó con la vida ejemplar y carismática del doctor Irala, cortó la posibilidad de establecer si lo que vendría después era el rumbo de una continuidad o su definitivo eclipse. Y ya se sabe que desde esa posguerra las cosas se manifestaron de otra manera.
Hay que reconocer que tarea urgente será determinar no sólo el cometido de conjunto sino la función individual de dichos herederos, pues ellos serán los que, desde a veces opuestas posiciones, habrán de tomar la posta desde 1935 en adelante. Lo que viene luego, aun por imposición de circunstancias institucionales, pertenece al juzgamiento de nuestra contemporaneidad. O en medida más modesta: nuestro presente.
El medio siglo que contiene este ensayo reconoce raíces que vienen de lejos; sin ellas no será dado detectar los logros y frustraciones y aún el sentido de esa herencia, porque se trata de saber, aquí y ahora, cómo y desde dónde podrán ser retomados los límites, a veces difusos pero reales, entre los que habrá de instalarse la "cuarta modernidad cultural paraguaya" (y quien pone por delante a la cultura asume lo otro) interrumpida por la paralización bélica de 1932/35, el quiebre de la continuidad educativa (1936/40) y las prolongadas distorsiones con tinte dictatorial a partir de ese año.
La mirada vuelta hacia atrás en el segmento temporal que se extiende desde el 900 y por casi una centuria, tiene como propósito fundamental el de rehacer una senda muchas veces insinuada pero de escaso o nulo recorrido. Y se hace preciso recordar que para iluminarla y trazar su perspectiva hacen falta algo más que palabras.
.
(1) Ignacio A. Pane. El Paraguai (sic) Intelectual. Santiago de Chile, 1902.
(2) Rodolfo Ritter. El Movimiento Intelectual del Paraguay, en El Economista Paraguayo, VIII (2). Asunción, enero 22 de 1916.
(3) Raúl Amaral. Antecedentes del Nacionalismo Paraguayo. El grito de Piribebuy. Asunción, 1995.
(4) Juan Stefanich, Generación del Centenario, en Paraguay en América, I (4), pág. 32-37. Buenos Aires, agosto de 1969.
RAÚL AMARAL - 1996
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jueves, 1 de abril de 2010

HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ - LA INCÓGNITA DEL PARAGUAY Y OTROS ENSAYOS / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES


La incógnita del Paraguay y otros ensayos

Hugo Rodríguez-Alcalá
(Enlace a datos biográficos y obras

en la GALERÍA DE LETRAS de www.portalguarani.com )

Edición digital:
Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),

Arte Nuevo, 1987.


Nota preliminar

** Estos trabajos son como inéditos en el Paraguay. Casi toda mi obra ensayística se publicó, durante casi cuarenta años, en Estados Unidos, México, España, Francia, Alemania, Italia, en revistas que no circulan en nuestro país. Por esto me place que la Editorial Mediterráneo publique en Asunción algunos ensayos que nunca vieron la luz entre nosotros.
** El ensayo que da título al volumen fue destinado al Homenaje a Luis Alberto Sánchez, libro publicado en Madrid en 1983 con motivo de los ochenta años del escritor peruano. Mi propósito, al rendir con otros treinta y dos escritores americanos mi homenaje a Sánchez, fue historiar el impacto de una frase suya en la intelectualidad paraguaya, y rectificar algunos asertos que no halagaron, precisamente, mis sentimientos patrióticos. El ensayo, por ello, adolece de cierta patriotería que debe disimularse.
** El trabajo sobre Narrativa paraguaya de 1960 a 1970 apareció en Nueva York en la revista dirigida por H. F. Giacoman Nueva narrativa hispanoamericana. Toda la información en él inserta fue obtenida desde California, tras muchos años de ausencia del país.
** El extenso trabajo sobre José Ferrater Mora se publicó como feature article, también en Nueva York, en la REVISTA HISPÁNICA MODERNA a la sazón dirigida por Ángel del Río. Este eminente crítico ya hace tiempo desaparecido quiso con la aparición de mi estudio en su revista honrar al filósofo catalán cuando la obra de éste adquiría prestigio internacional.
** «Francisco Romero y el ensayo filosófico» se publicó en volumen Homenaje a Francisco Romero con que la Universidad de Buenos Aires honró al que era entonces su mayor filósofo con motivo de cumplir éste los setenta años, en 1964.
** «En el cincuentenario de las 'Orientaciones' de don Pedro Henríquez-Ureña» apareció en Cuadernos Americanos, México, en 1977. El lector verá cómo las famosas 'Orientaciones' del humanista dominicano se prestaron para una reflexión sobre el llamado boom de la narrativa hispanoamericana.
** «Sobre Elio Vittorini y Juan Rulfo: dos viajes en la cuarta dimensión» fue leído en Madrid, en 1975, durante el Congreso de Literatura Iberoamericana, y publicado ese año en la revista La palabra y el hombre. El mismo estudio se reproduce en el libro Homenaje a Andrés Iduarte, Indiana, The American Hispanist, 1976.
** El ensayo sobre Eloy Fariña Núñez y Hérib Campos Cervera vio la luz en Hispanic Review, Philadelphia, en enero de 1965. Es pura casualidad el que se republique justamente al celebrarse el centenario del autor del Canto secular.
** Otro de los trabajos que destaco entre los del presente volumen, es el artículo inspirado por el 40º aniversario de CUADERNOS AMERICANOS. Publicado en esa revista en 1982, es un homenaje, un homenaje como los anteriormente aludidos, que me fue solicitado. Mi correspondencia con don Jesús Silva Herzog fue muy intensa durante más de treinta años. En 1980 el gran anciano me escribió para decirme que en el plazo de 26 años dos escritores batían el récord como colaboradores de su revista: Felipe Cossío del Pomar y yo. Esto explica -la larga amistad- el fervor de mi homenaje al prócer mexicano. - Asunción, 1985 - H. R.-A


Letras paraguayas
Un clásico y un superrealista, o dos visiones de una misma realidad: el Paraguay

... spectatum admissi risum teneatis, amici?
Horacio

... Dictée de la pensée, en l'absence de tout contrôle exercé par la raison, en dehors de toute préoccupation esthétique ou morale.
André Breton


I

** Los dos poemas más famosos de la poesía paraguaya fueron escritos en Buenos Aires. Llenos ambos de la nostalgia del terruño, tratan de ser una síntesis de la patria ausente. El primero es el «Canto secular» de Eloy Fariña Núñez, compuesto en 1911 para celebrar el centenario de la independencia del Paraguay. Es obra de un poeta de ideales clásicos, de un erudito en la antigüedad grecorromana que, nacido en Humaitá en 1885, vive casi toda su vida expatriado en la Argentina, llamándose a sí propio «guaranizante». Falleció Fariña Núñez en Buenos Aires en 1929.
** ¡Raro el caso de Fariña Núñez! Se forma intelectualmente en el Seminario de Paraná, Argentina. Allí aprende griego y latín y él, nacido por así decir entre los escombros de la heroica ciudad destruida por los cañones de la Triple Alianza, tiene desde sus estudios clásicos dos patrias: Grecia y el Paraguay. La cultura en él era un país viviente, una gran morada espiritual. Y es bien curioso que el autor del «Canto secular», de los «Cantos dóricos», de las «Melopeas jónicas» y de los Mitos guaraníes vaya a mirar siempre lo guaraní desde lo griego y, también, en cierto modo, lo griego desde lo guaraní.


** El segundo poema es de Hérib Campos Cervera, escrito unos cuarenta años después del «Canto secular»; esto es, hacia 1950. El poema se titula significativa mente «Un puñado de tierra». Es un canto de desterrado. Campos Cervera pertenece a una generación no muy posterior a la de Fariña Núñez. Nace el poeta en Asunción, en 1908. Se educa en un ambiente modernista y en sus comienzos es un tardío modernista. Campos Cervera es toda su vida un rebelde, un hombre de agudo sentido cívico. Sufre por esto dos destierros. El primero, en 1931. Entonces va al Uruguay, donde convive con poetas jóvenes, e intima con García Lorca. El desterrado descubre la nueva poesía y, deslumbrado, se desentiende de lo que llamó después su pasatismo. Cuando regresa a su patria, Campos es ya un artista maduro y algo así como un místico de la Vanguardia. En Asunción inicia una intensa labor intelectual y forma discípulos. Lee mucho, discute, predica, persuade. Y, sobre todo, hace leer libros nuevos. Hacia 1945 él y un grupo de escritores jóvenes han asegurado el triunfo de la nueva poesía y despertado una alerta conciencia artística. Dos años después estalla la guerra civil. Campos Cervera sufre el segundo destierro. Se radica en Buenos Aires. Allí intima con Alberti y otros poetas famosos. Y allí escribe «Un puñado de tierra».
** Si desaparecieran todos los poemas del Occidente de los últimos siglos y sólo se salvaran dos, el de Núñez y el de Campos como únicos testimonios de la poesía de la mitad del siglo XX, estos únicos testimonios bastarían para dar una idea de la vertiginosa rapidez con que evolucionó la sensibilidad artística en muy pocas décadas.
** Vamos a citar aquí trozos de ambos poemas acompañados de algunos comentarios. Nuestro propósito es hacer resaltar el contraste entre dos maneras de poetizar en épocas muy próximas sobre un mismo tema, el Paraguay, en dos poetas representativos del mismo país americano.


II



** El «Canto secular» de Eloy Fariña Núñez es muy extenso: más de 1.000 versos. La idea del canto le vino al «guaraní de alma helénica» como se le llamó, del Carmen saeculare de Horacio. Al menos el título y algunas sugestiones, pero no lo imitó en la longitud: el Carmen saeculare consta sólo de 76 versos. Hay que indicar aquí sin embargo que las Odas seculares de Leopoldo Lugones son de 1910 y que el gran poeta argentino tuvo que ser una incitación más próxima que el romano.
** La invocación del «Canto secular» revela de por sí el alma «guaranizante» y helenizante de Fariña Ñúñez:


Oh gran Tupá que, bajo el cielo de Ática
Fuiste el divino Pan, el Nous inmenso

le dice el poeta al dios de los guaraníes.


Tupá, padre del sol y de la luna,
Protector de los bosques,
Protector de los ríos,
Autor de los eclipses...
Enemigo de Pora,
Negación de Pombero...
A quien loan los monos en el alba,
Por quien chistan agüeros las lechuzas,
Contradictor de Añá, genio maligno,
Propicio rige el centenario carmen,
Desde el obscuro e inescrutable fondo
De la teogonía de la raza


** En el prólogo del «Canto» cuenta Eloy Fariña Núñez : «Comencé a escribir este poema bajo la inquietud que dejó en mi ánimo una discusión con uno de los más grandes poetas de nuestro idioma sobre el verso libre o sin rima, que me proponía emplear...» (Este poeta, dicho sea aquí de pasada, no puede ser otro que Leopoldo Lugones, el cual, como bien se sabe, preconizaba la rima «como elemento esencial del verso moderno». Fariña Núñez, como después Jorge Luis Borges, no está en esto de acuerdo con Lugones. Al comienzo del «Canto secular», el paraguayo exclama:

Y es justo que los versos sean libres
Y que los pensamientos sean nobles

«... Dificultaba, por otra parte, mi tarea -agrega el autor del «Canto» en su prólogo- la magnitud del propósito que tuve en vista desde el primer momento: encerrar al Paraguay en mi canto... Y cuando mi espíritu adquirió el temple definitivo, experimenté la desconocida y suprema emoción de ser el intérprete, bien humilde por cierto, del alma colectiva»:

¡Paraguay, Asunción! Murmura el labio
Y la visión del paraíso bíblico
Hace entornar los párpados y puebla
La retina de pompas tropicales:
Una tierra de sol y de silencio,
De plátanos, naranjos y perfumes,
Donde el invierno es primavera riente,
Y sin cesar florecen las potencias
Húmedas y vitales de Deméter,
En desbordante plenitud de vida
Y en henchimiento pródigo de savia.
O una selva total, densa y sonora
Con gratos claros para los ensueños
Y para los vaivenes de la hamaca.
O un naranjal sin término que inunda
De blancura la cámara suntuosa
De la noche del trópico, en que brillan
Con resplandor intenso las estrellas,
Como en la protonoche.
O un pájaro polícromo y parlante
De cola abierta en forma de abanico,
De pico rojo, de penacho de oro
Y con pintas azules en el pecho.
O una escena geórgica arrancada
Del opulento texto virgiliano.
O un cuadro colonial de suaves sombras,
Con su plaza, su iglesia, su Cabildo,
Sus carretas inmóviles, sus mozas
Con cántaros, y, en fin, toda la vida
De las generaciones precedentes.

** El «Canto secular» exalta todo lo que en el Paraguay es mito, historia, realidad social, fauna, flora. La patria se le aparece al poeta como una síntesis de la belleza y armonía del Cosmos. Tupá y Deméter vivifican perpetuamente el paraíso tropical. Todos los seres, hasta los insectos, adquieren especial significación como participantes en la fiesta vital de la tierra paradisíaca. Y lo griego y lo guaranítico se funden en poéticas alusiones míticas. Veamos qué dice el poeta de la cigarra, hemíptero cuyo clamor es nota esencial de los veranos guaraníes:

La cigarra estival hiere el silencio
De tus atardeceres y tus siestas,
Con su estridente cantinela grata
Al viejo Anacreonte dionisíaco.
Quizá por sugestiones ancestrales
O por virtud de su cantar sereno,
Parece que evocara la cigarra,
En la radiante tarde sin rumores,
El divino y recóndito equilibrio
De la belleza griega, sabia síntesis
De la serenidad del Universo
Y de la geometría de las cosas.
Ya posada en la rama del naranjo
U oculta entre la fronda de algún sauce,
La lírica cigarra inspira ritmos
De hexámetros augustos, cuyo vuelo
Rememora un rumor de abejas áticas
O un susurro de bosque de laureles.

** Como se ve, el poeta no puede invocar a Tupá sin nombrar a Pan ni aun cantar la cigarra criolla sin evocar a Anacreonte. Paraguay y Grecia. Grecia y Paraguay. Esa misma cigarra escondida en la fronda del naranjo o del sauce es para el «guaraní de alma helénica»

Evocadora de sandías dulces
Y de diálogos de Platón el Ático...
Oigamos el elogio de la selva:

La selva, la sagrada y vasta selva,
Tus pompas tropicales magnifica,
Con el verdor eterno de sus frondas,
Con sus flores, sus aves y sus sones,
A las que sirven de sedante acústica
Las paralelas y vecinas aguas.

(Alusión a los ríos Paraná y Paraguay).

Bajo el sol calcinante que la incendia,
Agítase sonora en los crepúsculos
Con pausado aleteo, o bien se puebla
De mansas olas de rumores vagos.
Cuando el viento sacúdela en la noche
Y con lento cantar la arrulla el río,
Tiembla como una lira y se estremece
Musicalmente, bajo el rayo suave
De la luna, que asoma entre las copas
De la distante quinta de naranjos...

** Todo en este canto a la patria hispanoguaraní es claro, lógico, equilibrado. Es obvia en el poeta una concepción del mundo y de la vida, del hombre y de la cultura, en que predomina una voluntad de orden, de armonía y una fe en la belleza concebida como proporción, simetría y serenidad. Intérprete del alma colectiva del Paraguay, Fariña Núñez parece que quisiera ser también intérprete

De la serenidad del Universo
Y de la geometría de las cosas.

** En su entusiástica enumeración de seres y cosas bellas de su patria, el poeta se complace una y otra vez en nombrar al naranjo, árbol paraguayísimo. Se diría que sus endecasílabos fueran brotando como hilos ansiosos de formar collares con brotes verdes y con flores blancas del árbol favorito de su tierra:

Símbolo arbóreo de la zona tórrida,
El naranjo florece eternamente,
Creando en torno suyo, contra el tiempo,
La primavera, universal sonrisa.
Todo es en él estético y fructífero:
Desde la copa redondeada en cúpula,
Asilo de los loros y tucanes...
..................................
Hasta el gayo azahar de dulce néctar.

** ¡Más de cuarenta son los versos al naranjo, sus flores y sus frutos! Tales versos son inevitables. Inevitables en un poema como éste, en que lo objetivo de la realidad cantada impone al poeta sus notas más características. La realidad cantada está allá, distante, pero bella y suficiente, parte de un mundo racional, sereno y armonioso, regido por un Nous clarividente.


III



** Hérib Campos Cervera está de vuelta del Modernismo. Es más: lo que aquí llamamos Vanguardia, o, más concreta mente, el superrealismo, es en Campos Cervera una segunda naturaleza. Difícil hallar un poeta más convencido de los valores de la «escuela» a que se ha adscripto. Núñez era un clásico que admiraba, como Darío, a Hugo, Verlaine y Wagner, mas cuya querida no era de París sino de la Hélade. Campos Cervera, más que preferencias o afinidades o simpatías, tenía una mística. Ésta era la Vanguardia.
** Al producirse su segundo destierro, en 1947, el poeta ya había logrado su plena madurez artística. El éxodo de los vencidos de la guerra civil de aquel mismo año fue tan numeroso que Buenos Aires se convirtió si no en la primera, en la segunda ciudad de paraguayos. Los exilados llegaron en masa a la capital argentina y allí, nostálgicos de la patria enlutada, buscaron, no ya como los exilados de otras luchas civiles las columnas de un periódico para sus desahogos políticos, sino un intérprete de su dolor, capaz, más que del anatema, de la elegía y de la profecía. Ese intérprete fue Campos Cervera. Él lo sabía. Lo comprendió acaso con la angustia de quien adivina que el fin de la propia vida no está lejano. Y Campos Cervera fue la voz elegíaca, fue el clamor apocalíptico, fue también el anatema y la profecía. Él era, como se llamó a sí mismo, el «Designado». Murió el poeta tres años después de publicar sus mejores versos, en 1953.
** Dijimos arriba que los dos poemas, el «Canto secular» y «Un puñado de tierra», escritos en Buenos Aires, tratan de ser una síntesis de todo el Paraguay. Ahora bien: si el «Canto secular» es un poema muy extenso y «Un puñado de tierra» es relativamente breve (72 versos), hay que hacer aquí una aclaración. El único libro de Campos Cervera, Ceniza redimida, de 1950, se divide en siete partes. De éstas, la primera consta de cinco poemas. Los cuatro primeros están inspirados por la guerra civil de 1947 y sus secuencias: son cantos del destierro. El quinto, «Amanecer sobre París», no es un poema paraguayo por su tema. Canta la liberación de París, de París visto como «París del mundo».
** Los cuatro primeros poemas de Ceniza redimida constituyen, por consiguiente, uno solo, pues son variaciones sobre un mismo tema: el tema del Paraguay perdido por sus hijos desterrados. Algo así como podría ser una composición musical de cuatro movimientos.
** Es por esto por lo que el autor de estos poemas del destierro resulta, en la poesía de Vanguardia, alguien que, como Fariña Núñez en la poesía anterior, «quiso encerrar el Paraguay en su canto». En 1911, año del centenario, el «Canto secular», por otra parte, no fue en rigor un poema único sino una serie de odas a la patria vista en sus múltiples aspectos. Fue algo así como una serie de «Odas seculares».
** Leamos unos versos de Hérib Campos Cervera:

Un puñado de tierra
de tu profunda latitud;
de tu nivel de soledad perenne,
de tu frente de greda
cargada de sollozos germinales.

Un puñado de tierra,
con el cariño simple de sus sales
y su desamparada dulzura de raíces.

Un puñado de tierra que lleve entre sus labios
la sonrisa y la sangre de tus muertos.

Un puñado de tierra
para arrimar a su encendido número
todo el frío que viene del tiempo de morir.

** Para Fariña Núñez, insistamos, la realidad Paraguay, dentro de la total realidad del Universo, era un ordenado conjunto de seres y cosas. El poeta se complace en trazar el perfil individual de los más representativos de estos seres y cosas, ya a la luz cegadora del sol del trópico, ya bajo la magia del plenilunio. Seres y cosas integran, armoniosamente, esa gran realidad llamada Paraguay, limitada por caudalosos ríos. Núñez mira, pues, el Paraguay objetivamente. Si se permiten estas expresiones, lo mira mitológicamente, históricamente, socialmente, geográficamente. Siempre la razón está en él aliada a la fantasía. Los seres y cosas evocados por el poeta se comportan poéticamente, sí, pero también razonablemente. Nada de lo que son o hacen sorprende a nuestra manera habitual de concebir un dios, un río, un árbol, un pájaro, una flor.


** En Hérib Campos Cervera no sucede así. El puñado de tierra que postula el poeta tiene labios. Evidente mente, esto no puede ser cierto, pero tampoco carece de sentido. Los labios pueden hablar, confortar, besar. Y el puñado de tierra que quiere el poeta debe en su pequeñez telúrica darte toda la tierra y toda la patria: esto es, la palabra, el consuelo, el beso, el amor; en suma: todo lo perdido. Campos Cervera, sin embargo, no explica, no aclara esa extraña atribución de labios a una realidad inerte. Hay en él, como en todos los superrealistas, una desestima de lo puramente intelectual, de las comparaciones lógicas. Además, en este agonista -que lo era y profesaba serlo con orgullo- mundo y vida son cualquier cosa menos espectáculo de racionalidad, de orden, de armonía. En su agonismo hay hasta una suerte de morbosa complacencia de mirar el mundo como algo caótico y desolado, y la vida como radical angustia y frustración. De aquí que la Belleza en sí carezca para él del prestigio arrebatador manifiesto en el «Canto secular». El poeta, nostálgico de la patria, evoca, sí, realidades bellas pero las evoca desde su angustia y, por consiguiente, así, previamente insufladas de angustia, pueden ya entrar en su mundo poético. Es menester que lo bello primero se colore de tristeza y cargue de sombrío patetismo para obtener carta de ciudadanía en su agonística poética.
** Veamos ahora cómo Campos Cervera, el paraguayo Campos Cervera, tiene que hablar de naranjales perfumados tal como lo hizo el paraguayo Fariña Núñez. Y veamos también la diferencia en el tono de la evocación, evocación tras la cual hay una cosmovisión radicalmente diversa:

Quise de ti tu noche de azahares;
quise tu meridiano caliente y forestal;
quise los alimentos minerales que pueblan
los duros litorales de tu cuerpo enterrado,
y quise la madera de tu pecho.

** Esos azahares florecen en naranjos paraguayos: son símbolos de muchas cosas bellas. El poeta agonista, consecuente con su sombría visión del mundo, echa sobre su blancura y su fragancia algo como un velo luctuoso: más que símbolo nupcial, el azahar evocado aparece como flor fúnebre. Se podría argüir que esta hora de la creación poética es una hora luctuosa para el poeta. Cierto. Pero debe reargüirse que las horas luctuosas son para el poeta todas las horas de creación: antes y después del drama de su patria. El agonista sentía el vivir como un incesante ir muriendo. Por eso lo hemos llamado, en otra ocasión, poeta de la muerte.
** Interesa anotar aquí que el paraguayo vanguardista rechaza la serenidad, ideal clásico exaltado por Fariña Núñez. ¡Qué lejos está de la visión de Campos aquello que en el «Canto secular» era una síntesis

de la serenidad, del Universo
y de la geometría de las cosas!

** Y esto es porque para Eloy Fariña Núñez el Universo es un Cosmos y, para Hérib Campos Cervera, un Caos.
** A la objetividad del poeta del «Canto secular» sucede la egocéntrica visión del vanguardista. Para Núñez la patria, vista desde Buenos Aires, estaba allá, río arriba. Para Campos la patria no está allá, sino dentro de su ser agonista, en su angustiada subjetividad:

Estás en mí, caminas con mis pasos.
Hablas por mi garganta, te yergues en mi cal
y mueres, cuando muero, cada noche.
Estás en mí con todas tus banderas,
con tus honestas manos labradoras
y tu pequeña luna irremediable.

Inevitablemente
-con la puntual constancia de las constelaciones-
vienen a mí, presentes y telúricas,
tu cabellera torrencial de lluvias,
tu nostalgia marítima y tu inmensa
pesadumbre de llanuras sedientas.
Me habitas y te habito;
sumergido en tus llagas
yo vigilo tu frente que muriendo, amanece.

** Se insinúa en el poema una personificación de la patria. Esto es, la visión de la tierra nativa como una mujer de «frente de greda» de «honestas manos labradoras», de «cabellera torrencial de lluvias». Pero esta figura queda en esbozo como las que se suelen ver en cuadros superrealistas. Nada debe ser demasiado concreto. O, si lo es, debe serlo en choque con otras realidades que poco o nada tienen que ver, de manera lógica, con lo concretamente aludido.
** En el segundo de los cantos del destierro, Campos Cervera quiere dar un testimonio poético de lo que fue la tragedia de la guerra. Quiere hacer, como él mismo lo indica, «el inventario» de todos los horrores de la guerra:

Necesito bajar hasta el obscuro
nivel de la tormenta encadenada
y hacer el inventario de esta lenta yacija;
juntar las manos rotas, las frentes y los párpados,
clasificar el vasto trabajo del osario;
ver en qué forma suben las substancias terrestres
por los acantilados de la cal deshojada.

Tengo que custodiar desde hoy y para siempre
los surcos y los hoyos de los túneles
donde la estalactita de los ojos yacentes
y la pisoteada guitarra de estos labios


esperan la llegada de una aurora invencible.
Yo soy el Designado..

** Y el poeta, porque es el Designado, el testigo, el intérprete de tanto dolor y de tanto amor de patria perdida, se yergue como sobre un paisaje apocalíptico de montones de escombros y cadáveres, y grita:

No moriré de muerte amordazada.
Yo tocaré los bordes de las brújulas
que señalan los rumbos del canto liberado.

Yo llamaré a los grandes capitanes
que manejan el Viento, la Paloma y el Fuego
y frente a la segura latitud de sus nombres

mi pequeña garganta de niño desolado
fatigará la noche gritando:

«¡Venid, hermanos nuestros!
¡Venid inmensas voces de América y del Mundo;
venid hasta nosotros y palpad el sudario
de este jazmín talado de mi pueblo!

«Acércate a nosotros, Pablo Neruda, hermano,
con tu presencia andina, con tu voz magallánica,
con tus metales ciegos y tus hombros marítimos;
acércate a la sombra de tu estrella despierta
y contempla estas llagas ateridas...!

** Tres son los poetas a quienes llama Campos: los tres de Vanguardia y de Izquierda. Llama a Neruda, llama a Nicolás Guillén

desde su Continente de tabaco y azúcar

y llama a Rafael Alberti

marinero en desvelo
pastor de los olivos taciturnos de España.
Todos estos poetas y otros infinitos seres humanos tienen que venir a contemplar el Paraguay: un Paraguay terrible, como pintado por José Clemente Orozco.
* * *
** Las citas de ambos poetas paraguayos no dan, ni mucho menos, una idea adecuada de sus logros poéticos.
Y, sin embargo, los versos citados de uno y otro, arrancados casi al azar y por tanto casi sacrílegamente de sus respectivos cuerpos poéticos, dan testimonio, por sí mismos y sin comentarios, del cambio radical producido en poesía en pocas décadas; esto es, entre las que comienzan en 1910 y terminan en 1950.
** Eloy Fariña Núñez aún escribe su poema atento a aquellos versos de Horacio que traducidos dicen: «Si quisiera un pintor unir una cerviz equina a una cabeza humana y adaptarle variedad de plumas y miembros tomados de acá y de allá, por manera que lo que comenzó en mujer hermosa acabara feamente en monstruoso pez; invitados a contemplar tal cosa, ¿pudierais, amigos, contener la risa?», Campos Cervera, invitado a contemplar un cuadro así, es bien posible que quedara pensativo, ensimismado, como ante una revelación estética de profunda, maravillosa significación.
** Y es que gran revolución se había operado en el arte. Campos Cervera, el superrealista, fue uno de los revolucionarios. El arte nuevo de hacer poemas, cuadros, estatuas, se complacía en contradecir, como nunca en la historia, la Epístola milenaria, la que puso en versos eternos principios casi tan viejos como el Occidente.
University of California, 1965 - Riverside.


Enlace al ÍNDICE a la versión digital de La incógnita del Paraguay y otros ensayos


A manera de prólogo - Hugo Rodríguez-Alcalá: Breve radiografía de un hombre
Nota preliminar
Luis Alberto Sánchez y el Paraguay - Historia de una incógnita
Letras paraguayas

Filósofos y ensayistas

Dos trabajos sobre Juan Rulfo

miércoles, 24 de marzo de 2010

UBALDO CENTURIÓN MORINIGO - MARIO HALLEY MORA Y LA LITERATURA PARAGUAYA - Opinión: JOSEFINA PLÁ / Texto: ¿QUOSQUE TÁNDEM...? de EUGENIO A. GARAY

MARIO HALLEY MORA Y LA LITERATURA PARAGUAYA
Por UBALDO CENTURIÓN MORINIGO
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Serie HEROISMO Y PENSAMIENTO
Editora Paraguaya S.R.L. (EDIPAR)
Asunción-Paraguay 1993
**/**



**/**
UNA OPINIÓN DE JOSEFINA PLÁ:
** Ubaldo Centurión Morínigo, según constancias fehacientes, tiene publicados hasta la fecha treinta títulos: relacionados casi todos con nombres o hechos de relieve jurídico. Cifra que en sí misma es ya un ejemplo de acumulación de esfuerzos, que nos agradaría ver extendido a través de mayor número de cultores, a otras áreas o aspectos literarios. Se contribuirá así a la divulgación de las personalidades cuya obra las amerita para el conocimiento y reconocimiento de sus conciudadanos; a más de ser punto esencial para mayor conocimiento, también, en el exterior, de los valores de las sucesivas generaciones creadoras, algunas de ellas anónimas para quien, desde afuera del país, quiere captar nuestra imagen cultural.
** En la obra individual mencionada, vemos, junto a trabajos dedicados a temas específicos del derecho, otros de carácter histórico; sumarios de vida y obra de autores (con visos de reportaje más de uno), compilaciones de breves ensayos, otros. "TEMAS DE INTRODUCCIÓN AL DERECHO", que es el postrero en la edición, no lo es en su lanzamiento; es una reedición de unívoca dedicación al título; está formado por nueve breves ensayos referidos todos a temas de los que en lenguaje periodístico caen bajo el epígrafe "de candente actualidad": sin bautismo jurídico por siglos y en continentes. (Candentes de veras, en su desgarradora evidencia desamparada, estos derechos; hoy prodigados en letras de molde, y, por contradicción y a contramano, conculcados a diario en los cinco continentes y cada día en un país más...).
** Se dirá que su puesta en evidencia crítica en letras de molde y rosarios de antena prueba que se trata de tomar conciencia de ellos; pero esta conciencia no se manifiesta en los hechos que concurren tendiendo a superarlos con la vocación entrañable que demuestre que si el ente humano crece en conocimiento, ello significa que está prioritariamente, creciendo en conciencia.
** El trabajo efectivamente último de este autor, al que hoy nos queremos referir. se intitula HOMBRES DE LA CULTURA Y DEL DERECHO.
** Vemos en él los nombres ilustres de Bioy Casares, Pablo Ramella, Mariano Grondona -nuestro huésped grato hace unos días-, García Belaúnde, Ángel Mazzei; a los que se añade el humano interés de un reportaje póstumo a Borges; intérprete, María Kodama: La mayoría de los trabajos son aproximaciones a figuras argentinas que asentaron criterio en sus respectivos ámbitos profesionales. Del resto, tres están dedicados a temas que podríamos llamar universales, y dos sendas figuras paraguayas de distintas generaciones, y diferente mensaje vocacional; pero modelos ambas en sus áreas respectivas: Eusebio Ayala, el estadista "Presidente de la Victoria", y José María Rivarola Matto, ejemplo este, en su actuación jurídica, y autor teatral que asienta, definitivamente-te, en nuestra no muy nutrida lista de la literatura escénica lograda, algo que podríamos, en cierto sentido, llamar piedra fundamental del teatro "de ideas". (En Rivarola Matto y dos o tres figuras más, importantes, olvidadas, nuestro teatro busca, desde décadas previas ingratas, su continuidad y depuración; ser el teatro que debía, en virtud del proceso universal, pasar por el cedazo crítico de épocas no trasegadas todavía, históricamente, mediado el siglo. Sobre todo la del realismo costumbrista, que buscó su molde en el teatro de Correa, primero, y después, --n parte paralelamente, en castellano, con el teatro de Mario Halley Mora).
** Se trata, pues, de una compilación de textos escritos en momentos diversos, aunque muy próximos entre sí, en ocasión inclusive de viajes al vecino país. (En sus capítulos argentinos, ofrece algunos datos recogidos durante la asistencia a la última Feria del libro, en Buenos Aires). Estas aproximaciones ofrecen, aun las que más parecieron al margen de la preocupación doctrinaria, fidelidad a un eje dialéctico. Así, aunque por su forma parecen asumir una sencilla motivación informativa - periodística, digámoslo otra vez-son una invitación a la revisión de valores; la "puesta en valor" de aportaciones culturales decisivas en las últimas décadas. Su trabajo sobre Hugo Rodríguez-Alcalá, visando el reportaje, es un buen testimonio de ello, y otras manifestaciones en su lista de títulos no harían sino confirmarlo.
** Centurión Morínigo inicia quizá con su capítulo en este libro la reconsideración de lo que significa, como caballero del teatro nacional, José María Rivarola Matto. Otros muchos esperan los alcances de ese "reconocimiento" que no puede estar ausente del "conocimiento". No hace mucho desfiló por esta misma sección más de medio centenar de nombres olvidados. Otro medio centenar largo, regateado hasta en la muerte, espera su turno.

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ÍNDICE
1- Una opinión de Josefina Plá
2- Eugenio A. Garay
3- César garay
4- José Antonio Bilbao
5- Mario Halley Mora
6- César Alonso de las Heras
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¿QUOSQUE TÁNDEM...?
SIGUE SILBANDO LA SIERPE

Autor: EUGENIO A. GARAY
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )


¿Sois fuertes?. ¿Sois brillantes?. ¿Sois buenos?. Como sobresalga vuestra cabeza más allá de lo señalado por el cartabón de Pilatos, guardaos. Mientras estéis dormidos, o descuidados, irán los bichos a roeros los zancajos, o a saltar sobre vuestras cabezas. Son proteiformes, como los elementales de los teósofos, ya pesados, ya escurridizos, ya coriaceos, ya gelatinosos. Sus fases varían desde el aspecto del buey hasta el perfil del ratón; pero la altura de sus almas es la misma: ni muy baja, ni muy alta; su ley es la medianía, su odio a lo superior, a los que los dominan, es instintivo; guardaos!. Ellos son los que envenenarán vuestro perro, os robarán vuestro gato, echarán el sapo zolesco en vuestro puchero. Sois sus enemigos naturales: les hacéis el cruel daño de ser más fuertes, más brillantes, más buenos que ellos. Sí siquiera fuesen imbéciles!. Pero no, ellos tienen la suficiente cantidad de talento para conocer que se les supera, y entonces, no teniendo la divina virtud de admirar, procuran hacer daño; y ya que no les es posible morder, roen: son la rata y el raté. -Rubén Darío-.
Cada vez que oigo ladrar contra la propaganda de "Los Sucesos", suelo sin quererlo, casi instintivamente, volver los ojos en la dirección del ruido, y siempre ha tropezado mi vista con bichos más o menos enriques, ricarditos o heribes, gentes, en una palabra, definitivamente hors concours. Sumiso a los consejos de la sensatez y de la cordura, nunca me dí por notificado de estas hostias caninas, nunca me he detenido para repelerlas, y he seguirlo serenamente mi camino.
Pero ayer ha salido a ejercitar sus bríos en el sucio palenque de “La Patria” un paladín nuevo, que, al incorporarse francamente a la jauría, ha escalado desde luego la jefatura de ella. Pues bien, a este feroz literato que declara fétida la propaganda de mi diario y encuentra en ella signos reveladores de abyección nauseabunda, servilismo, bajeza, incondicionalismo, sin contar otras condiciones tan recomendables como éstas; a este escritor que ha ilustrado su nombre conquistando la noble fama de ser el más procaz, el más desleal, el más ruin de los campeones del insulto y de la difamación quiero darle el gusto de dejarme contemplar por él barriendo la porquería que puso en "La Patria" de ayer.
"Dice del atacado": carece de capacidad para juzgar la propaganda de mi diario. Su alma perversa y envenenada, su corazón podrido y deforme no pueden de ninguna manera permitirle concebir ni sentirlos altos, desinteresados, honestos y patrióticos propósitos que constituyen el objetivo, el fin, el norte de "Los Sucesos". No ve todo esto, ni lo puede ver, siquiera lo intentase, porque el chancho es el único ejemplar zoológico que no mira hacia arriba".
El artículo "Mirando hacia el porvenir" publicado el viernes, que aparentemente provocó el desatamiento de las iras, ni aun leído con toda clase de lentes denunciará incondicionalismo, ni abyección, ni nada censurable: al contrario, los espíritus justos no podrán menos que hallarlo informado en tendencias y criterio cuya difusión redundaría ciertamente en beneficio de la salud del país.
¿En obsequio a qué, con motivo de qué, sería yo un incondicional? ¿Qué debo yo a los hombres de la situación?. Probablemente se hablará del empleo administrativo que desempeño fuera de mi gusto, que por ende no he perdido ni pienso conservar.
"Los Sucesos" no defiende ni ataca sin convicción a determinados políticos o partidos, ni tiene compromisos con nadie. Esta hoja, sirve exclusivamente los intereses positivos de la República.
Es la primera vez que, venciendo resistencias tan fuertes como íntimas recojo el guante de un bandido periodístico. Queda con la culpa, y yo con la vehemente aspiración de no verme en lo sucesivo obligado a dedicar a ese menguado otra cosa que la punta de los zapatos, lo único que merece, como perro que es"
EUGENIO A. GARAY
(De "Los Sucesos", N° CXCV, Asunción, 8 de mayo de 1906)
.

Bacón Duarte Prado, brillante periodista, escritor, sociólogo, suele recordar en las charlas a las que aporta su inteligencia y amenidad que Eugenio A. Garay dijo una vez, con terrible ironía, acerca de un hombre a quien consideraba de muy pocas luces: "Si la ignorancia no es una enfermedad, puede decirse que esta persona goza de perfecta salud".
La noticia del repentino fallecimiento de quien forjó glorias como soldado de la Patria y alcanzó igualmente prestigio como soldado de la pluma, adquirió repercusiones internacionales.
Uno de los principales diarios argentinos. informó así acerca del infausto suceso, agregando a los datos consignados un comentario que hacia justicia a la personalidad del ilustre desaparecido:
FALLECIO AYER EN ASUNCION EL CORONEL EUGENIO A. GARAY
Asunción, abril 17 -Inesperadamente falleció hoy en esta capital a la edad de 65 años, el coronel de la nación Eugenio A. Garay, descendiente de una antigua familia paraguaya.
La noticia del fallecimiento del nombrado militar causó hondo sentimiento de pesar en los círculos oficiales, sociales y militares, a los que el extinto se hallaba estrechamente vinculado.
Los restos del coronel Garay serán velados en el Círculo Militar, y mañana serán inhumados en el panteón de dicha institución con los honores militares correspondientes a su alta jerarquía. (U. P.)
El militar que acaba de extinguirse en la capital paraguaya prestó a su patria largos y meritorios servicios, tanto en las filas del ejército nacional como en la diplomacia. Realizó sus estudios primarios y secundarios en Asunción y una vez graduado de bachiller ingresó como cadete en la Escuela Militar de Santiago de Chile, de la que egresó como sub-teniente con muy buenas calificaciones, incorporándose después a las lilas del ejército de esta última nación, en las que prestó servicios como oficial subalterno en diversas unidades militares.
En 1903 regresó a su país, incorporándose al ejército de su patria y le tocó intervenir en el movimiento subversivo de 1904 en defensa del gobierno del coronel Escurra, participando con tal motivo en el combate trabado entre el buque gubernamental "Sajonia" y el revolucionario "Villarrica". en cuya acción resultó con siete heridas graves.
Terminada la revolución, el señor Garay se dedicó al periodismo y poco después ingresó en la diplomacia, siendo designado ministro plenipotenciario ante el gobierno de Bolivia y después de una corta permanencia en La Paz regresó a su país y participó activamente en el movimiento subversivo de 1908 contra el presidente general Ferreira.
Producido el derrocamiento del presidente Ferreira, el nuevo gobierno reincorporó a la diplomacia al señor Garay, quien desempeñó varias plenipotencias en el extranjero.
Al estallarla guerra con Bolivia, el coronel Garay desempeñaba la dirección del diario "El Liberal", cargo que abandonó inmediatamente para presentarse al gobierno, el que aceptó sus servicios y le dio el comando de una división en el Chaco, en el que tuvo oportunidad de poner de relieve sus excepcionales aptitudes militares, las que fueron premiadas otorgándosele la gran cruz del Chaco.
La desaparición del coronel Garay ha de ser justamente lamentada en su patria, a cuya sociedad y círculos militares el extinto se hallaba estrechamente vinculado".
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Desde Cuba, ANSELMO JOVER PERALTA, transmitió a César Garay sus sentidas condolencias por la muerte del héroe ejemplar, trazando una bella semblanza sobre su personalidad.
Decía la carta:
"La Habana, 27 de mayo de 1937
Señor César Garay
Asunción
Estimado amigo y c:
Con profunda pena me he enterado por los diarios de Asunción de la muerte de su señor padre, el Coronel de la Nación D. Eugenio Garay. Baja a la tumba el esclarecido compatriota cargado de laureles que supo conquista a punta de sable y de pluma. A decir verdad, yo lo creía mas literato que guerrero. En esto, como en tantas otras cosas, la guerra con Bolivia nos dio muchas sorpresas. En realidad, el Coronel Garay fue tan buen militar como excelente escritor. En ambas actividades, su talento dejó huellas que el tiempo respetará. Era un admirador entusiasta del genio nativo al cual su pluma hizo justicia en páginas que no morirán. Demostró en la campaña del Chaco que no era solamente un estudioso de batallas -que el Coronel Garay sabía relatar con el arte de los viejos maestros del género- sino que era también capaz de ganarlas. Me dijeron quienes saben de: estas cosas, que su victoria de Pampa Grande fue una obra maestra de táctica y estrategia bélicas. Era una de nuestras mejores cabezas militares. Pero si como jefe se le respetaba hasta el punto de que en el frente no se hacía nada sin consultársele, se le tenía como hombre de ingenio. Con maestría incomparable, hacía motes o epigramas en el habla nacional. He oído contar algunas de sus famosas "salidas", magistrales por el acierto cómico de la imagen y de la expresión. Su buen humor esparció sobre la tragedia de las trincheras la alegría de un enjambre de chistes y de dichos notables, a los que somos, por ingénita condición, tan afectos los paraguayos. Poseía en alto grado el talento de lo ridículo que es un rasgo dominante de nuestra sicología nacional. Por eso, y por lo otro, porque sabía ganar batallas más por arte de astucia y de valor que por superioridad de fuerzas de aparato bélico, los soldados le querían y tenían fe en su mando.
En el campo de las letras, hizo casi exclusivamente vicia periodística, Su estilo era inconfundible por la pureza y la elegancia clásica de los giros; rico de cultura, no abusaba de la erudicción.
Escribir era en él una necesidad implacable ante la cual inmolaba gustoso sus horas y quizá sus convicciones. No creo que le haya gustado la política. Supo cernir su espíritu por encima de las facciones y encontrarse a sí mismo en la dávida que hacía de su talento, con el desinterés de un perfecto gentleman.
Ni aun en la excitación de la polémica -en que era maestro- perdía la línea. Era un mosquetero espiritual, un hombre que hacía amable la vida por el ingenio y el valor que derrochaba, un alma capaz de darse toda entera por aquello que lograba entusiasmarlo. Así es también nuestro pueblo, el hombre humilde del campo o de la ciudad. Por eso, se puede decir que el Coronel Garay que era más que un ejemplo, un ejemplar admirable de la estirpe paraguaya.
Con su muerte se apagó una chispa del ingenio nativo. Las letras nacionales pierden a uno de sus más preclaros representantes y la Patria, un ciudadano que supo enaltecerla con su pluma y honrarla con acciones heroicas.
Lleguen al buen amigo y compañero, junto con estos recuerdos de justicia que dedico a la memoria del gran patriota fenecido, las expresiones de mis más sentidas condolencias.
Suyo affmte.
ANSELMO JOVER PERALTA"

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martes, 23 de marzo de 2010

RAÚL AMARAL - ESCRITOS PARAGUAYOS 1 - INTRODUCCIÓN A LA CULTURA NACIONAL / Texto: CARTA DE UN FILÓSOFO de VICTOR MASSUH.

ESCRITOS PARAGUAYOS 1
INTRODUCCIÓN A LA CULTURA NACIONAL”
OBRAS DE
RAÚL AMARAL
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Distribuidora Quevedo de Ediciones Paraguayas.
Oscar del Carmen Quevedo,
E-mail:
oscardelcquevedo@hotmail.com
Asunción-Paraguay 2003 (320 páginas)
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CARTA DE UN FILÓSOFO
Buenos Aires, 15 Oct. 1984
Mi querido Dn. Raúl Amaral
"He leído su libro de un tirón, pese a ser un severo análisis de un proceso cultural sometido a definidas periodizaciones: romanticismo, novecentismo, modernismo. Pero se lee con el interés de una novela o se lo admira como un gran fresco cuyas grandes líneas van demarcando la identidad de un país. Desde cualquier ángulo que se mire el fresco, desde cualquier página que se acceda a su libro, uno percibe siempre la unidad del conjunto: la aventura de una cultura cuyos momentos creadores de ningún modo resultan ser fragmentos o retazos Dispuestos dentro de un "collage" azaroso. Aunque Ud. señale algunos momentos de ruptura, siempre predomina la continuidad de una historia, la voluntad de una realización colectiva, el alma de un país.
"Pero esta vida macroscópica del fresco, no impide que se la descubra también en los detalles, en las escenas fugaces, la pintura de los personajes, sus obras, sus vicisitudes.
La técnica de la minisemblanza, el dibujo rápido, casi periodístico, de abras y protagonistas, todo eso está encarado con objetividad y "esprit de finesse". Un arte de escuela flamenca hay en este libro donde el conjunto es tan preciso como el detalle microscópico. Y donde la gran imagen de un período está -emitiendo a la pequeña anécdota o a la breve frase citada de un libro, y a la inversa. Las dos dimensiones se alimentan mutuamente, manteniendo ambas su individualidad. Excelente arte hermenéutico no muy frecuente en la ensayística Hispanoamericana.
"Ud. ha tenido el mérito de haber podido volcar en su obra una actividad literaria de años, un saber histórico inmenso. Al cabo de los años uno acumula, con frecuencia, peso muerto, hojarasca, páginas circunstanciales. Escribir es -in ejercicio de despojamiento. Ese no ha sido su caso. Ud. acumuló un material selectivo que, con el paso del tiempo, siguió vivo: la prueba es el esplendor de a mayoría de sus páginas en las que se advierte, además, la maestría de un escritor de primer orden. No vacilo en afirmarlo enfáticamente: su estilo es brillante, vivaz, transparente, nada ampuloso ni grandilocuente, de trazo firme, severidad intelectual pero no menos apasionado. Estilo de ensayista sin pelos en la lengua, tentado por el tono polémico o agresivo (sobre todo si se trata de algún país vecino) pero sin caer en él porque priva siempre la mesura o porque le interesa más la verdad que ridiculizar a un adversario. Páginas como las de los dos primeros ensayos sobre Casaccia son memorables. Y tantas otras.
"A propósito de su saber histórico. Es sencillamente apabullante: fechas, nacimientos, muertes, parientes de los protagonistas, relaciones, aniversarios, fechas de ediciones y reediciones; un prodigioso ejercicio de la memoria que se confunde con el trabajo de la inteligencia y la voluntad de comprensión de lo particular insustituible, que no puedo dejar de comparar con nuestro Dr. Pedro Henríquez Ureña. Él era así: su erudición no era un material adventicio sino un modo de dar más color y sabor a la vida. Lo mismo se advierte en Ud. Sus datos no juegan al azar sino que siempre ordenan un contexto, hacen nítida una relación para mayor comprensión y vivacidad del cuadro cultural. Nuevamente: no hay de ninguna manera en Ud. una idolatría del dato sino un acto de amor por el hecho particular, la fidelidad a una vida rica y ejemplar que Ud. quiere salvar de la marea del olvido. El olvido: ese enemigo mayúsculo del espíritu, de la toma de conciencia de una identidad perdurable. El olvido, ese compinche de la neo-barbarie.
"Uno advierte que su hermenéutica tanto histórica como literaria es objetiva pero no inerte, es tanto puntillista como omnicomprensiva. Se cuida de no caer en las trampas del subjetivismo, la ideología, el resentimiento aldeano, el pueblerino culto al héroe, o el artificial engorde de acontecimientos comunes. Hay una notable mesura en sus trazos, aun cuando no ahorre comentarios intencionados sobre los prejuicios cristalizados de una historiografía egolátrica o perezosa. Quiero decir nuevamente que detrás de su metodología cuidadosa hay, sobre todo, un acto de amor a un pueblo, una fidelidad vigilante a su destino que Ud. quiere comprender y enaltecer...
"No se me oculta la dignidad de la intención: el que su obra contribuya a una autoconciencia paraguaya de la propia identidad a lo largo de una historia de sufrimiento, orgullo y ensimismamiento. En sus páginas se advierten tres grandes llamados: el primero responde al afán de que el habitante de esas tierras no vuelva la espalda a los ricos contenidos de su cultura; el segundo responde a la necesaria inserción americana de su identidad espiritual, y el tercero a su inserción universal. Estas tres vocaciones transitan permanentemente por el libro de modo ejemplar y lo convierten en un producto noble, un acto de creación, un ejercicio iluminativo. Y sobre todo, inscriben su nombre, estimado Dn. Raúl Amaral, en la tradición de los grandes humanistas preocupados por el destino de nuestra América".
VICTOR MASSUH
N. de la D.: El Prof. Dr. Víctor Massuh es un eminente filósofo argentino y un pensador de prestigio en nuestra América. Ha sido, además, embajador de su país en la UNESCO.
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EXPLICACIÓN
** Los temas propios de este libro están vinculados a una idea de conjunto que ha presidido de las investigaciones culturales y bibliográficas emprendidas por el autor desde casi cincuenta años a esta parte. Esto quiere significar que ellos siguen una línea de unidad que en definitiva habrá que comprender todo el proceso de la cultura nacional o, cuanto menos, su evolución moderna.
** Aunque los estudios incluidos aquí corresponden a épocas distintas se ha considerado oportuno reunirlos no de acuerdo a un orden cronológico que permita agruparlos conforme al tiempo en que fueron redactados, sino en capítulos que se refieren al quehacer de esta cultura, a su lento pero efectivo transitar por límites de creación, en lo que hace a su vecindad rioplatense y a su proyección hispano-americana.
** En la mayoría de los casos estas páginas incorporan de preferencia a determinados autores por sobre aquellos nombres cuya justificación podría encontrarse, más que nada, en la perdurabilidad de su tarea histórica. Pero no por ello de considerárselos fuera de ese proceso, ya que su ausencia determinaría un verdadero vacío, difícil de explicar por su misma trascendencia.
** El sector destinado a Los Precursores incluye a Ruy Díaz de Guzmán y al Dr. Francia no porque pudieran haberlo sido la de la subsiguiente etapa dedicada al Romanticismo, sino porque sus antecedentes los ubican como antecesores en el hacer de una cultura que después de ellos comenzaría a advertir los síntomas de una aleación no drástica pero sí efectiva, aún en pequeña escala por entonces y hasta poco después.
** Los aportes alusivos al Romanticismo propiamente dicho se inician con el emprendimiento cultural de don Carlos Antonio López, desde la fundación del aula de Filosofía y la aparición do la revista La Aurora hasta el reintegro al país de las hermanas Speratti, pasando por la actuación de algunos escritores que en mucho no superaron la línea del siglo XX.
** Entre los maestros nacionales que condujeron el avance de toda una generación debe citarse, indudablemente, a Cecilio Báez, titular de la famosa y aún no del todo desentrañada polémica histórica de octubre de 1902. Importa señalarlo, además, por no haber sido -a pesar de aquellas circunstancias y porque razones de época se lo impedían- antes que un novecentista nato, su más firme orientador hasta la quiebra generacional ya mencionada.
** En cuanto a la proyección del NOVECENTISMO, bien se sabe que aunque su trayectoria se inicia con los albores del siglo, la prolongación de su influencia llega hasta las vísperas de la guerra del Chaco, suceso éste que corta en dos la vida paraguaya, terminando con ese conflicto la vigencia de una modernidad iniciada en la posguerra del 70.
La presencia de varios de sus integrantes, a través de rápidos apuntes, anticipa los capítulos que les estarán destinados en la segunda parte de esta obra, complementándose así la interpretación de un mismo proceso de cultura por medio de sus nombres más representativos.
** La parte dedicada a la evolución del MODERNISMO toca igualmente la actuación de escritores de militancia definida en ese movimiento y en años distintos, según es el ejemplo de Fariña Núñez y Ortiz Guerrero, que participaran de los comienzos, el primero, y el de los tramos finales el segundo, simbolizando a la vez dos posiciones: la de captación externa, por un lado, e interna por el otro. La prosa que trata del insoslayable testimonio de Facundo Recalde sobre Ortiz Guerrero, volcada en páginas tan lejanas como olvidadas, tiene su continuación en el capítulo siguiente en el no menos valioso de Oscar Ferreiro respecto de Hérib Campos Cervera, quien se iniciara como poeta modernista pero cuyo carisma (de acentuación personal) y cuya obra pertenecen a la promoción denominada "del 40", no obstante su notoria diferenciación cronológica.
** Se cierra la serie con Otras Páginas, que por cierto no corren separadas sino virtualmente unidas al conjunto. En tal sentido conviene aclarar que los trabajos relacionados con don Arturo Alsina y con la novelística de Gabriel Casaccia, han servido de prólogo a dos obras totalmente agotadas y puestas hijo el sello editorial ya desaparecido.
** Y como de acuerdo al refrán "los últimos serán los primeros", quedan para el final las palabras que conforman la Introducción, la que no pretende ser más que un anticipo del desenvolvimiento de esa evolución y de las consecuencias que tuviera en etapas posteriores, más próximas a nuestro tiempo.
** Este libro, en su serie inicial, quiere simbolizar el compromiso del autor tanto con la historia como con la interpretación teórica del proceso cultural estudiado, de cuyos tramos actuales y a lo largo de más de cinco décadas ha creído ser, antes que testigo indirecto, actor de un emprendimiento cuya vigencia todavía dura. Por ello puede afirmarse que estas páginas no comprenden una especie de "paseo arqueológico" por las edades muertas de nuestras letras, sino la recreación de varios de sus fragmentos.
** Conviene aclarar también que ESCRITOS PARAGUAYOS debe su título a la voluntad intransferible de haber sido pensado y redactado en el Paraguay, con el espíritu orientado hacia el destino de esta comunidad nacional, de la que el autor se considera tan antiguo como indoblegable servidor. - (rl.al) Isla valle de Areguá 28 de julio de 2001
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INTRODUCCIÓN A LA CULTURA NACIONAL
1
Los fundamentos teóricos de estos trabajos tienen lejanos orígenes: deben señalárselos a partir de diciembre de 1954, cuando el autor logra esbozar, desde su residencia aregüeña de Isla Valle, los primeros lineamientos, por entonces circunscritos a la evolución propia de la literatura nacional. Más tarde y desde 1968, aquéllos quedarán notoriamente ampliados al sumárseles capítulos que se relacionan con las bases históricas, sociológicas y educacionales de la cultura paraguaya.
Con el correr de los años y la parcelación de las épocas por las que los mismos fueron atravesando se logra un más seguro ajuste, el que permitirá, a la vez una adecuada separación entre lo meramente expositivo de un Curso –que a eso estuvo destinado el plan 1969-1970 y el trazado de un esquema previsto para integrar la estructura de un libro.
Tales elementos pasarán después a reunirse en tres capítulos, con sus correspondientes subdivisiones, sin que esto signifique la pérdida de la unidad de conjunto. Debe advertirse por igual que esas particiones temáticas no responden a una disposición caprichosa sino al propósito de orientar el proceso de la cultura nativa hacia más amplios niveles (región, continente) dentro de un orden referido a las esencias universales.
A ese respecto se hace necesario aclarar que los ensayos ofrecidos con anterioridad por otros autores están lejos de justificar la verdadera imagen del país, ya que ellos se han manifestado a través de pautas de no difícil delimitación, pero a los que por lo común suele soslayárselos en beneficio de un menor esfuerzo, que casi siempre traduce resultados de copia.
No escapa a la atención del autor, ni a su mismo interés como investigador, la circunstancia de que al iniciar este trabajo con los precursores y con el romanticismo habrían de quedar en la sombra vastas zonas que abarcan desde el Mundo Guaranítico -de suyo ineludible- hasta la realidad de la Colonia primero y de la Independencia después.
En este caso se ha preferido acudir a especificaciones más accesibles, no tan aquejadas de historicismo, aunque no menos urgidas de aclaración en lo particular. Quedan comprendidas como tales -no estará demás recordarlo aquellas que puedan ofrecer elementos más aproximados a una interpretación que trascienda las fronteras geográficas o políticas y que consiga poner al Paraguay en trance de superar su antigua retracción, en cuyos resultados lo mediterráneo apenas si juega un papel secundario.

2
Es así que romanticismo, aunque la aparición temporalmente tardía por causas no exentas de explicación -justificativos aparte- a lo largo del accidentado proceso de esta nacionalidad, podría servir de punto clave para una definición que sobrepase los límites naturales y las restricciones observadas en su propia trayectoria.
Se trata de saber qué vínculos o que desencuentros han unido o separado a los integrantes de ese agrupamiento del quehacer de otras nucleaciones románticas de nuestra América, partiendo de las más cercanas. Y qué es lo que, en resumen, ha anudado o distanciado al romanticismo paraguayo de los que a su hora surgieran en la Argentina o el Uruguay.
Si bien este capítulo romántico -en su rigurosa acepción- se detiene en los lindes del 900, habrá que reconocer la supervivencia de una prolongación posromántica que, demorándose en una época distinta y con diferenciación de personas y matices, se mantendrá hasta 1915, aún cuando en una valoración comparativa externa esto pudiera representar un flagrante anacronismo.

3
El novecentismo, por su lado, muestra no meras fórmulas escritas, ni simples expresiones propias de los finales del siglo -ya que por su misma índole estaba en el deber de asumir ciertas actitudes de rebeldía juvenil- sino todo un tiempo de actuación, en el que figuran incluidos el estilo y los modos de una época determinada de la vida nacional o, en último término, de la ciudad-capital, convertida en obligado puerto de cultura.
Y de idéntica manera a cómo el romanticismo asume continuidades a primera vista truncas (neoclasicismo y pre-romanticismo, entre ellas) la tarea de ese novecentismo abarcará expresiones de variada conformación que comprenderá, en un mismo nivel, a las de carácter fragmentario y a aquellas que desde un principio permanecieran incompletas.
Varias corrientes y no desdeñables movimientos se descubren, así, durante el predominio novecentista -dentro del cual será posible distinguir sucesivas etapas- en relativa contradicción con la actualidad en que se expandía, si bien puede admitirse que se trataba de influencias que corrían por debajo del cauce real, sin desplazarse ni desprenderse de él.
Es por eso que en el ámbito mismo del 900, como no ocurriera en otras latitudes de nuestra América, tiene lugar a la vez, en lo literario: el pos romanticismo, el premodernismo, el auge modernista propiamente dicho - uno detrás del otro-, y en el aspecto doctrinal o del pensamiento: el Krausismo español, el positivismo y las primeras reacciones pragmatistas, vitalistas, metafísicas y espiritualistas, en un tramo de tan sólo treinta y cinco años (1900-1935).

4
Desgraciadamente, tampoco de esa que hemos denominado progresión dialéctica habrán de extraerse signos de una corriente única, y tanto es así que el modernismo consigue proyectar su ascendiente hasta un lustro después de la guerra del Chaco, cuando empezaban a asomar tímidamente algunas tendencias innovadoras si bien no en una plena exaltación vanguardista, como se ha dado en suponer.
En su contorno se mueven por igual el posmodernismo y un condicionado intento de poesía social que nace, reiterando la paradoja, con el tercer agrupamiento modernista, en los alrededores de 1915, y no con lo que después fue la "vanguardia literaria", de limitadas proporciones, ya bastante avanzada la década del 40. Iniciadores de la primera han sido: Ángel I. González, desde el librepensamiento, y Leopoldo Ramos Giménez, desde una actitud libertaria de inspiración vernácula y sentimental. En cuanto a la segunda, no estará demás agregar la comprobación aquella de Oscar Ferreiro cuando recordaba que en pleno 1946 se leía aquí, como novedad traída por Hérib Campos Cervera, el añejo Crepusculario de Neruda.
Curioso resulta señalar que los núcleos promocionales que asistieron al nacimiento del tercer grupo modernista -identificado con la revista "Crónica"-y los posteriores de "Juventud", que integran un cuarto y final- fueron reuniéndose en torno al novecentismo. En esa disposición de ánimo, que si no de aceptación era de acompañamiento, adoptaron, en no escasas ocasiones, sus gustos literarios, sus experiencias intelectuales y hasta su postulación histórica.
No hubo entonces polémica alguna que pudiera crear un rumbo generacional, ni la proposición de una reforma de fondo -siquiera en el ámbito educativo universitario- que a su vez aireara o modificara los ideales del novecentismo, que a esas alturas algunos desgastes habían sufrido. Todo se redujo a proseguir o adoptar los encauces propios de una evolución en declive. Esto se observa con facilidad en el terreno de la literatura y hasta tiene su explicación concreta en el hecho de que el primer grupo modernista, es decir, el que inicia el modernismo, parte del propio novecentismo (1901) y configura uno de sus más importantes experimentos generacionales.
Pero en el sector de las ideas no ocurre lo mismo porque comienzan a delinearse en él ciertas posiciones que, si bien no se muestran antagónicas, tampoco lo serán de plena concordancia. Este y no otro es el motivo por el cual no pueda ser reconocida como típicamente modernista una exclusiva etapa literaria, sino- y ese es el caso del novecentismo- todo un movimiento que se inicia con las primeras señales del posmodernismo -convertido en mundonovismo por algunos poetas significativos- desde 1920 en adelante y que confina en la ruptura que produce la posguerra del Chaco.
Lecturas de Maeterlinck y Boutroux (con anterioridad se había producido el impacto de Bergson) singularizan a esta época, que terminará recalando en las difundidas meditaciones de Ortega y en el historicismo de Croce. En lo que a las letras alude, las preferencias se dirigirán hacia una línea que va de Baroja a Lorrain, en prosa, y de los modernistas rioplatenses (Lugones, Herrera y Reissig) a algún lejano mundonovista como el mexicano González Martínez, en poesía. Esto no implica dejar de insistir en la aclaración -que aquí mismo se formula- de que en cuanto a creación el modernismo no retrasó su arribo al Paraguay, teniendo en cuenta que su influjo se extiende hasta la muerte de Rubén Darío (1916) y mucho más allá, como lo indica Max Henríquez Ureña, pues habría de verificarse con el "precursorato" (y en su caso, magisterio) de Goycoechea Menéndez, López Decoud y Domínguez, desde 1901, y con los poemas declaradamente modernistas de Marrero Marengo, Toranzos Bardel, Freire Estéves y Roberto A. Velázquez, entre 1904 y 1907.
De tal manera se demuestra, que el advenimiento del modernismo se produce doce años antes de la aparición de la revista "Crónica" y a sólo cuatro de la edición de Cantos de Vida y Esperanza, de Darío, y Los Crepúsculos del Jardín, de Lugones, ambos de 1905.
Mas, si romanticismo y modernismo pueden representar etapas sobre cuya definición no existen dudas por su carácter de expresiones literarias - puesto que no han sido más que eso- no pasa igual cosa con el novecentismo, que, en cambio, comprende todo un ciclo, tributario a su vez de otro sumamente extenso, que ya hemos dimensionado y que abarca nada menos -no está demás repetirlo- que la marcha corriente de treinta y cinco años, superando en mucho hasta el propio ciclo vital de varios de sus componentes.
Aún así será preciso recalcar que la coexistencia -un tanto paradójica-con modernismo y posmodernismo -el primero de ellos, como hemos visto, generado en sus entrañas, no se debe a simple casualidad sino a su propia y extensa condición de movimiento.

5
El recuento respectivo finaliza en 1935, admitiendo su prolongación a un lustro más tarde. Porque en lo que a esa fecha atañe, habrá que decir que no es sólo la vida institucional del país la que ve interrumpida su continuidad.
Se trata nada menos que del resquebrajamiento de un mundo -especialmente en el orden político, económico y social- venido del desconcierto de la posguerra del 70 y de las ilusiones originadas en la panacea constitucional (el cumplimiento estricto de la Constitución, por otra parte de inspiración foránea, que por arte de magia conjura o resuelve todos los problemas) no pudo alcanzar, por acto de simple existencia como suponían los románticos y sus inmediatos sucesores -encandilados por los modelos norteamericano y argentino- a la contención de desbordes y a la solución de las contradicciones que la vida misma crea, en forma de anticuerpos enquistados en su propia sociabilidad. Manifestado esto a nivel de los que en distintas épocas se han autodominado hombres prácticos, para quienes la única teoría aceptable era la que emanaba de la Carta Magna, a pesar de que en no escasas oportunidades ella fuera ignorada o violada a sabiendas - por razones igualmente prácticas- y no obstante estar presente en las invocaciones públicas de los mandatarios juramentados para respetarla.
Incluso ese "constitucionalismo" se transformó en una rama casi poética del Derecho cuando uno de sus más eminentes maestros, el doctor Manuel Domínguez, tuvo que ir a compartir "con las alimañas del Chaco" –según expresara don Arsenio López Decoud- sus fervores por aquella disciplina, aludiendo, sin eufemismo alguno, a un confinamiento sufrido, con ese motivo, por el mencionado pensador novecentista.
Por supuesto que no ubicamos allí, en la atmósfera propicia a los escarceos de los hombres prácticos, a aquellas mentalidades doctrinarias que, sin mucho éxito pero con indudable entereza moral, actuaron a través de esos setenta años esquivando, en no pocos trances los asedios de una política basada en el ejercicio del mbareté, y avituallada o alimentada hasta en las mismas filas a que aquellos pertenecían.
Esos nombres -desde luego que sin desmedro de otros- pueden ser salvados de la indiscriminación común por haber sido los encargados de rescatar, en momentos dramáticos, el ideario de un Paraguay capaz de evidenciarse con respecto de las respectivas procedencias partidarias, sin necesidad de atizarlas o enfrentarlas.
La lista que a ese propósito y ciñéndose a rigurosa cronología, podría trazarse no resultará muy extensa, aunque sí selecta, de acuerdo al siguiente orden: Juansilvano Godoi, José Segundo Decoud, Cecilio Báez, José de la Cruz Ayala ("Alón"), Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno, Blas Garay, Gualberto Cardús Huerta, Juan E. O'Leary, Eligio Ayala, Ignacio A. Pane, Ricardo Brugada (h), Lisandro Díaz León, Juan Stefanich, Federico García, Adriano Irala, Pedro N. Ciancio, Pedro P. Samaniego, Anselmo Jover Peralta, Justo Prieto y Natalicio González.
Un giro sin precedentes, no por cierto un tímido paliativo reformista, tendría que haberse producido irreversiblemente como consecuencia de la inevitable mutación de valoraciones universales, a las que el país no había podido permanecer ajeno. Todo un mundo de grandezas y apariencias (cuyo desgaste ha desmenuzado Gabriel Casaccia en sus novelas) amenaza derrumbarse sin remedio. Es que, por nueva y terrible paradoja, la victoria de la guerra del Chaco se convierte en derrota para quienes la orientaron y condujeron. Desde aquellos tiempos la vida nacional ha de ser otra y es por eso que el Paraguay se ve en la situación de asimilar también aquella experiencia, la que a su vez pasará a tener distintos lineamientos y un diverso destino.
Para mal de los males tres de esas mentalidades de excepción -por lo que fueron- que hubieran podido llevar el proceso a buen fin, cada cual desde sus distintas posiciones, desaparecieron jóvenes aún, en un lapso de apenas trece años (1920-1933): Ignacio A. Pane, que murió a los 39, en pleno prestigio intelectual y lucidez teórica; Eligio Ayala, a los 50, después de haber desempeñado la presidencia de la República con un afán sólo comparable al de don Carlos Antonio López, y Adriano Irala, a los 40, cuando no terminado su brillante liderazgo universitario y patriótico, cae vencido por enfermedad contraída en la contienda chaqueña. Las anteriores y lejanas frustraciones podrían llamarse: Blas Garay (1899) o Carlos García (1906).

6
Regresemos a nuestro planteamiento para señalar que varios de los escritores que accedieron al modernismo entran en eclipse sin que quienes les suceden logren mantener el ritmo heredado. Todo lo que tiene lugar a partir de 1940 habrá que medirlo con materiales adecuados y con infinitas precauciones, porque ya no se trata de desentrañar las particularidades que se insinúan intramuros, sino esas otras que vienen impactando desde el desenlace de la segunda guerra mundial.
Es en relación con esas comprobaciones que nos afirmamos en la idea de no insistir en la primacía de aquello que pueda presentarse como telúricamente remoto.
En tal sentido nuestra posición se asienta en dos razones:
1) Los designios nada claros de algunas normas en boga y de dudosos orígenes o intenciones;
2) El intento de no avanzar -momentáneamente, se comprende- sobre aquellos sectores que todavía son del dominio de la etnografía, la antropología o la lingüística, consideradas en su capacidad deductiva o analítica y junto a las cuales el exclusivo matiz literario carece de la imprescindible riqueza documental y de antecedentes bibliográficos confiables.
Aun aquellas especialidades (de alguna manera hay que denominarlas) que, como en ese caso, se hallan en nuestro medio en su frase experimental - a pesar de una insoslayable tradición- no resultan del todo útiles, por ahora, para explicar su cometido por aleación con la literatura, en un campo cultural que sigue persiguiendo la urgencia de saber cuáles han sido, o son, sus bases esenciales.
Tampoco resultaría lógico dejar de lado, para una compulsa más o menos exhaustiva, los estudios de profesionales o autodidactos -éstos en mayoría- en una perspectiva no superior al medio siglo. Pero habrá que extremar los cuidados al respecto, con vistas a una ampliación del panorama, pues faltan datos concretos y formulaciones ciertas, tanto como ediciones o reediciones de textos que permitan aventurarse a modificar programáticamente una historia cultural que ha fincado su más celebrada perdurabilidad en las inseguridades de la versión oral.
Los testimonios surgidos de documentos fundacionales y los imprescindibles de los Padres jesuitas -a quienes no se ha rendido la debida justicia- no bastan.
Es preciso ahondar un poco más porque para el hecho de la literatura, considerado como tal, no ha de servir cualquier explicación que pudiera destinarse a procesos culturales con otro desarrollo.
Debemos asimismo ajustar nuestra visión, preparándonos para un lento y cuidadoso ingreso al mundo vernáculo, sin especulaciones de sabor pytaguá -simuladamente en auge- para así poder ofrecer un recuento completo y veraz desde la prehistoria, si fuera posible, pero apartando de la cultura propiamente dicha lo que corresponde a otras disciplinas.
Y nos asiste la sospecha que a corto o largo plazo tendremos que hacerlo, no para regodeo íntimo, ni para seguir contemplando absortos nuestra airosa fragata intelectual anclada en el angustioso espacio de una botella (de acuerdo a los cánones de la artesanía marinera) sino para proyectarla, externarla y establecer su conexión con los respectivos períodos de dentro y de fuera, a fin de reconocer su raíz americana y brindarle el derecho que tiene a una ciudadanía universal, más en consonancia con estos tiempos que los desahogos de un cosmopolitismo vacío e inadaptable.
Mientras tanto no debemos silenciar los aportes, de León Cadogan, Natalicio González, Anselmo Jover Peralta y Gumersindo Ayala Aquino, dignos continuadores del grupo precursor que integraran Domínguez, Gondra, O'Leary, Pane, Rosicrán, Osuna y Guillermo Tell Bertoni, por no aludir sino a los más representativos.
Como desde 1940 en adelante la realidad en que el país se ha movido adquiere otras tonalidades -bien que distintas, por cierto- procedemos a clausurar en aquella fecha el tiempo de esta Introducción, que en última instancia no pretende ser más que eso. Además, los tramos siguientes a ese año entran ya en nuestra contemporaneidad, son parte de nosotros y en esa condición no nos sería posible tratarlos con objetividad, ni con la apropiada amplitud de espíritu y la necesaria perspectiva histórica.
Y porque es cosa ardua la imparcialidad, tendríamos que mezclar los juicios críticos con las preferencias personales, antes de llevarlos a una distancia mayor que la distinga de la pasión doméstica. ¡Y quién sabe si ésta terminaría siendo todo lo apropiada y útil como para merecer la atención del lector de nuestros días!

7
La interpretación doctrinal -vinculada al país- que implícitamente se manifiesta en estas páginas, tiende a favorecer el concepto de que es preciso presentar a la cultura paraguaya en toda su dimensión, sin olvidar la misión americana que le es consustancial.
E insistimos, una vez más, en la idea de que el plan ha sido concebido con el propósito de informar para formar, regla de oro de toda buena pedagogía, aunque aquí lo pedagógico quede reducido a la intención de ordenar y sistematizar conocimientos, más que a imponer una norma o trazar el camino de esta o aquella enseñanza.
En el cumplimiento de esa función confesamos que no nos ha interesado la presencia de algún interlocutor en abstracto, sino la del "hombre de carne y hueso" (como quería Unamuno), que aunque anónimo, indiscriminado y hasta sin rostro aparente, procura -sin que nosotros muchas veces lo sepamos- arribar a la terra incógnita de una cultura que cuenta con más de cuatro siglos de existencia, pero que tiene como haber a cubrir esta quemante situación: que más es lo que se ignora que lo que se sabe de ella.
(1984)
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ÍNDICE
Carta de un filósofo / Dr. Víctor Massuh
Explicación
Introducción a la cultura nacional
LOS PRECURSORES
· Ruy Díaz de Guzmán, primer escritor paraguayo
· El Dr. Francia y las ideas de su tiempo
· El Dr. Francia y los tiranos
· El Dr. Francia: Revolución y República
· Juan Andrés Gelly (Ciudadano del Plata)
ROMANTICISMO
· El romanticismo paraguayo
· Don Carlos Antonio López y la cultura nacional
· El pensamiento de Don Carlos
· El Mariscal de pie
· El Mariscal romántico
· La posteridad del Mariscal
· Natalicio Talavera y la literatura de época
· Juansilvano Godoi, el último romántico
· Juansilvano Godoi
· Enrique Solano López
· Victorino Abente
· Delfín Chamorro
· El primer Ateneo Paraguayo
· Los dos Ateneos
· Los estudios normalistas de Adela Speratti
· Ercilia López de Blomberg
EL MAESTRO: Cecilio Báez
NOVECENTISMO
· Manuel Domínguez
· Manuel Gondra
· Fulgencio R. Moreno
· Alejandro Guanes
· Blas Garay
· Juan Francisco Pérez Acosta
· Juan E. O'Leary
· O'Leary: Una amistad ejemplar
· Eligio Ayala
· Ricardito Brugada
MODERNISMO
· Recuento de "Crónica"
· Fariña Núñez y el modernismo poético
· Prosa testimonial : 1 - Ortiz Guerrero
· Ortiz Guerrero y la evolución del modernismo en el Paraguay
PÁGINAS DIVERSAS
· Prosa testimonial: 2 - Hérib Campos Cervera
· Arturo Alsina: Realidad lejana, recuerdo presente
· Gabriel Casaccia, una novelística en profundidad
· El mundo existencial de "Los Huertas"
· Casaccia y su obra
· Pastor Urbieta Rojas
TEMAS UNIVERSITARIOS
· Rectores de la Universidad Nacional
· Precursores de la Reforma (1918-1928
· Los primeros graduados
TEMAS HISTÓRICO-LITERARIOS
· Una dedicatoria de O'Leary a Borges
· Epílogo paraguayo
· Un gesto heroico de Rafael Barrett
· Los rostros ocultos del Coronel Albino Jara
· Valoración de un álbum con historia
· Meditación cervantina ante el Guairá
LIBROS Y BIBLIOGRAFÍA PARAGUAYA
· El mundo del libro en el Paraguay
· Primera bibliografía literaria del Chaco
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